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El umbral de PerryAG

Mi jefe me citó a primera hora de la mañana. Era el gran día: iban a entrevistarme. Me sentía como si fuera a una feria ganadera.

Incluso así, podía mirar atrás y verme a mí mismo, de pie, junto al recinto para las bicicletas y la puerta giratoria, bajo las grandes letras sobre el edificio blanco. PerryAG. Soñando con los ojos abiertos con estar en ese lugar. Me acercaba un poco más.

Me puse los zapatitos de charol y el traje de las bodas y las entrevistas y tomé el autobús para preservarlo todo.

Era una empresa fuerte en el sector de la automoción. Me darían una de esas tarjetas que se enganchaban al cinturón y podría pasar la barrera giratoria. Con un poco de suerte podría ver a mis amigos esa mañana. Todavía quedaría un poco más hasta que me dejaran jugar con ellos. Ya estaba tan cerca.

Me sentía incluso bien. Aún así, el desayuno, o el café, me habían sentado mal, así que tenía las tripas en un puño. Esto me ocurría tan a menudo como la mitad de los días de la semana, hubiera o no entrevista. Era normal; nada de lo que preocuparse.

Nos recibió a la entrada el que más tarde sería mi segundo jefe después del de la consultora. Era el tim líder del grupo de par motor. Era moreno y pequeñito. Nos condujo a un ascensor y después a una habitación donde, yo suponía, me querría conocer. Después de todo, si la cosa iba bien, estaría trabajando para él.

 

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Me preguntó si sabía usar un ordenador. Le dije que hasta podía encender luces programando en C. Esa es una manera extraña de encender luces. La gente suele usar interruptores.

Me hubiera gustado poder hablarle en alemán, pero lo de hablarlo durante más de cinco segundos era todavía demasiado para mí entonces, así que le hablé en inglés y le conté la vez en que tenía una moto de 75cc y le cambié el cilindro por otro de más potencia y cuando terminé de montarlo salía el agua de refrigeración por la camisa.

Eso le probó que sabía algo de motores y le hizo reír, especialmente cuando le expliqué que después, al comprobar que la moto no arrancaba, decidí tirarme con ella cuesta abajo. Tampoco así arrancó. Tuve que empujar la moto cuesta arriba. Todavía tardé algo más en darme cuenta de lo que había ocurrido. Cuando desmonté el cilindro y salió agua, comprendí exactamente qué había pasado y por dónde.

Mi futuro jefe disfrutó con la entrevista, así que miró a mi otro jefe y le dijo que vale, que el chico podría trabajar allí pero lejos de las motos. Mi jefe se puso más contento que con zapatos nuevos y me marché de PerryAG con él saludando a los amigos que encontré por el camino.

Lo había hecho. Lo había conseguido. Lo que unos meses antes sólo era una visión, grande y brillante y colorida, ahora estaba tan cerca y era tan grande y tan real que era a tamaño natural y había entrado en ella.

Había cruzado otro umbral.

El umbral de PerryAG.

Hipnosis, Programación Neuro-Lingüística e Ingeniería.