Recapitulación pre-curso

Mañana saldré de casa en dirección a Barcelona. Por fin, después de tantos preparativos, después de trabajar con tanta alegría e ilusión, mañana será el día en el que dé todavía un paso más en mi camino, y lo haré conscientemente, con la confianza de que mi inconsciente se encargará de que los detalles que todavía están por ocurrir, tendrán lugar de una manera fluida, agradable y divertida. Y oye, así da gusto vivir.

Hace ya siete años que me bajé de una especie de rueda. Tomé mi decisión. Apagué el ordenador. Caminé por el pasillo. Pasé la tarjeta por la puerta. Empujé la puerta. Descendí por las escaleras. Un piso, y otro, y otro, y otro… Empujé otra puerta. Respiré.

Caminé y me alejé del lugar. Cientos de metros después, desde el puente sobre la autopista, volví la vista atrás y vi el enorme edificio. Era como una noria gigantesca.

Otros edificios, en otras partes del mundo, estaban enganchados a esa rueda. Sus dimensiones eran colosales. La rueda giraba lentamente.

Esa rueda, en su girar, creaba un mundo entero. Las personas se levantaban de sus camas por las mañanas, desayunaban o no, se duchaban o no, y salían de sus casas para subir a uno de esos cangilones y pasar allí el día, para después regresar a sus casas de nuevo, cuidar de sus niños o no hacerlo, cenar o no y volver a tumbarse en sus camas para que de nuevo, al día siguiente, la gigantesca rueda diera una nueva vuelta y las personas volvieran a trepar a sus puestos. Era realmente enorme.

Viéndola allí, de pie, sobre el asfalto del puente, a la luz del día, podía verla con claridad. La rueda giraba. Las personas caminaban con la rueda. Algunas personas corrían. Otras renqueaban. A veces la rueda iba demasiado rápida para algunas personas y las personas se mareaban y se ponían enfermas, y entonces tenían que quedarse en sus casas hasta que se recuperaran para volver a subir a la rueda.

Algo había ocurrido en mí que me había hecho tomar la decisión de bajar de la rueda.

Había hecho unos buenos ahorros. Eso ayudó. Yo corrí en la rueda. Miré el saco y dije: “Me atrevo”. Bajar de la rueda de otro modo era saltar de la rueda, y eso era como saltar de un tren en marcha. El tren iba muy rápido. Las cosas pasaban a toda velocidad.

No sabía lo que haría a continuación. Encontraría un lugar para vivir. Encontraría algo nuevo que aprender. Haría cosas nuevas. Viajaría. Lejos. Me interesaba el mentalismo.

Fui a ver a Luis pardo. Dobló un tenedor con el poder de su mente ante mis ojos. Fui a ver a Anthony Blake. El tipo podía leer la mente. Vi vídeos de Derren Brown durante días. El tipo podía hacer prácticamente cualquier cosa, desde predecir el futuro a… ya te digo, prácticamente cualquier cosa. Hacía que las personas parecieran peleles confusos.

Estuve en Indonesia, en una curiosa isla con forma de enorme  pulpo. Se llamaba Sulawesi.

Aprendí a bucear con botella, una de las experiencias más alucinantes de mi vida. Buceé entre los restos de un avión reposando a veinte metros de profundidad.

Algo me llamó poderosamente la atención allí. La gente parecía feliz. De hecho, la gente estaba radiante. Saludaban a mi paso. Con enormes sonrisas decían “¡Hello Mister!” y saludaban con la mano. Yo me preguntaba “¿Cómo hace esta gente para estar tan feliz?”.

Tenían poco. Era un país  pobre. Aunque tenían sus antenas parabólicas, ya ves. Pero la gente parecía feliz. Eso me hizo pensar acerca de la rueda.

Cuando sales de la rueda, todo sigue girando. Es como estar borracho. Es como estar colocado. La gente parece que está loca. Dicen que no tienen tiempo. No tienen tiempo para detenerse. No tienen tiempo para tomarse un momento. Todo el mundo parece correr frenéticamente en todas direcciones. Todo parece ir a cámara rápida.

La gente se atropella cuando habla. Va demasiado rápido. Pronto te sientes muy solo. Pocas personas caminan fuera de la rueda. Los coches circulan a toda velocidad. Las noticias son siempre iguales. Hoy guerra con Eurasia. Terremoto en Singlamir. Hombre mata a mujer. Mujer mata a hombre. Hombre es encontrado haciendo lo que no debe hacer. Mujer es encontrada haciendo lo que no debe hacer. Último disco de Vainilla. Llega el Caloret. Suben las temperaturas.

Miras los periódicos y te entra la risa. Las portadas de los años pasan a toda velocidad. El papel se torna ponzoñoso. Rezuma el Prestige. El Partido impopular derrota al partido de los trabajadores. Escándalo económico. Caso de corrupción. Gran Hermano 35. El Madrid gana la enésima.

Entretenimiento.

Aprendes a estar solo. Al principio no hay quien te aguante. Luego empiezas a dudar de ti. Es como intentar detener la colosal rueda con tus propias manos desnudas. Es imposible. Solamente el zumbido hace temblar el suelo a su alrededor. Sales a la calle sin rumbo.

La gente camina en todas direcciones frenéticamente. Te sientes como Neo al colgar el teléfono, solo que lo de salir volando todavía está fuera de tus posibilidades. Miras a la gente. Empiezas a reconocer patrones. Observas sus comportamientos. Encuentras los programas.

Es inútil hablar con alguien más acerca de ello. Eres el pez del banco que decidió darse la vuelta. Millones de peces continúan nadando en la misma dirección. Ves millones de caras a través de las que sabes que tienes que pasar, pero es un banco muy grande y ¿qué puedes hacer tú?

¿Cómo detener la rueda? ¿Cómo alertar a las personas? ¿Cómo hacerles llegar que hay otro mundo abajo de esa rueda?

Es una tarea demasiado titánica. Sus dimensiones son desmesuradas, inconmensurables.

Así que te detienes. Una y otra vez. Cuando la succión del giro de la colosal rueda tira de ti, te resistes. Te detienes.

Cuando te detienes completamente, te encuentras. Cuando te encuentras, algunas cosas suceden. La primera es que te das cuenta.

Descubres una rueda todavía más grande. Si pones la rueda colosal al lado de esta otra rueda, la rueda colosal ni siquiera se ve. Es menos que un punto. Es todavía más pequeña de lo que tu ojo puede ver. Es una rueda universal.

Eso relativiza mucho la rueda. De hecho, le da un lugar a la rueda en el que girar. Sólo eso ya es algo bueno, si te gustan las ruedas que giran. Yo encuentro algo hipnótico en todo eso. ¿Lo encuentras tú también?

Así, aprendí algunas cosas después. Aprendí PNL y aprendí hipnosis. Descubrí que tenía un talento natural para eso. Con estas herramientas pude tomar el control de mí mismo y de mi vida para aprender a vivir de otra manera, a mi propio ritmo, a mí propia velocidad… a mi manera. Eso me permitió encontrar todavía algo más allá, todavía algo más importante, y eso es precisamente lo que quiero compartir con otras personas en este curso.

Mira, odio el marketing. Me encanta el inglés y cómo suenan sus palabras, pero marketing es una palabra que me da escalofríos. Incluso así, cuando empecé a trabajar como programador neuro-lingüístico e hipnotista, me di cuenta de que se acercaba el momento de aprender acerca del marketing.

Lo llamé mercadeo. Eso me lo hizo más fácil: algunas personas están interesadas en lo que yo puedo enseñarles. Así, puedo prestar un servicio.

Incluso así, todavía sigo aprendiendo acerca de cómo comunicar el valor de lo que enseño. ¿Qué precio pongo a mis servicios? Esa es una pregunta importante. Pero eso ya pasó.

Ahora, todavía quedan plazas para el curso de este fin de semana. Empezamos el sábado a las 10 de la mañana y estaremos hasta las ocho con las pausas correspondientes para pasarla muy muy agradablemente y al día siguiente todavía estaremos aprendiendo algunas cosas más desde las 10 hasta la hora de comer.

Cuando trabajaba como ingeniero, creaba funciones para el software. Cada coche lleva una centralita, un ordenador pequeñito, que gestiona del orden de 10.000 variables diferentes. Los manuales de cada lanzamiento de software tenían el mismo número de páginas. Yo me sabía todas las mías, y todavía algunas más allá. Ignoraba, por ejemplo, algunos detalles sin importancia como que, en lugar de detestar mi trabajo, podía cambiar lo suficiente como para disfrutarlo, porque no se trata de lo que haces, sino de la alegría y del amor que pones en lo que haces.

Yo tuve que dejar mi trabajo para eso. Tuve que bajar de la rueda, mirarla y darme cuenta de algunas cosas importantes. Por ejemplo, puedes disfrutar de trabajar.

Yo sé que muchas personas diferentes te convencieron de lo contrario. El pan se gana con el sudor de la frente, los billetes no crecen en los árboles y algunas frases de ese tipo te pusieron en un trance, y formaste la creencia de que no podías disfrutar de trabajar. Yo, por ejemplo, creía que el arte tenía que surgir del sufrimiento, que tenías que perder una oreja para pintar un gran cuadro o un brazo para escribir un gran libro.

Tenemos creencias que nos dieron nuestros padres, nuestros familiares, nuestros profesores y nuestros amigos. Tenemos creencias que nos dieron los periódicos y los telediarios, y tenemos creencias que surgieron una vez en que nos caímos de culo. Entrar en un trance te permite alterar tu estado de consciencia lo suficiente como para formar nuevas creencias, más poderosas, más útiles, más funcionales… Creencias que te permiten tomar tu vida, mirar a tu futuro y ver nuevas posibilidades, nuevos modos, nuevos caminos.

Ahora, yo mañana saldré de casa y tomaré un tren hacia Barcelona, donde el fin de semana estaré enseñando hipnosis. Puedes aprovechar la oportunidad y dedicar algo de tu tiempo para aprender algunas cosas verdaderamente importantes para ti.

Curso de hipnosis

Ahí tienes la información. Apúntate; aún tienes tiempo.

 

Recapitulación pre-curso

Miscelánea pre-curso

En unos días más estaré en Barcelona dando el curso de hipnosis que llevo ya un par de meses preparando y tengo muchas ganas ya de empezar. La documentación para el curso ya está preparada y lista, Sandra me informa de los últimos detalles y de las cosas que pondrá a nuestra disposición en la sala y le quiero dar las gracias aquí por el magnífico trabajo que está haciendo, por todas las acciones que está llevando a cabo para que el curso sea un éxito y el trabajo que se toma para que yo esté a gusto cuando me encuentre allí. Por el placer y la alegría de estar teniendo la oportunidad de trabajar con ella, ¡gracias Sandra!

Hace algunos años tuve la oportunidad de asistir a un curso de coaching impartido por Joseph O’Connor y organizado por PNL Madrid. Guardo magníficos recuerdos de aquella experiencia, tanto por el lugar como por la altísima calidad del mismo, así como de lo mucho que disfruté de lo que aprendí allí. Ahora que estoy preparando este curso, recordar aquella experiencia me sirve para apreciar el trabajo de Joseph aquellos días.

El hombre estuvo durante cinco días desgranando el coaching, y lo hizo con un ritmo, con una habilidad y con un conocimiento que ahora aprecio. Cinco días hablando acerca de un mismo tema a dos docenas de personas ¡Eso es mucho trabajo!

Uno de los acontecimientos más interesantes para mí tuvo lugar al terminar el curso, cuando me invitaron a una charla introductoria de PNL. Allí tuve la oportunidad de conocer a un chico ciego que estaba aprendiendo PNL.

A mí siempre me había llamado la atención el hecho de que, cuando las personas pierden un sentido, agudizan los demás. Mi respuesta había sido: “¡¿Para qué esperar?!”

Así, cuando tuve la oportunidad de hablar con esta persona acerca de lo que podía percibir y hacerlo con la profundidad que permite el Meta-modelo de la PNL para recopilar información precisa, esa experiencia fue un gozo para mí.

Le pregunté qué podía ver. Me preguntaba si los ciegos podían tener algún tipo de percepciones visuales. No poder ver con los ojos no significa, necesariamente, no ver nada. Me respondió que sí que veía algunas imágenes. No eran imágenes como las que podemos ver ahí fuera (él podía hacer la diferencia porque había habido una etapa de su vida en la que sí había visto), sino que eran imágenes construidas internamente. Encontré eso muy interesante.

Al terminar la charla, nos fuimos todos a tomar algo por ahí. Durante el camino, me sorprendió descubrir que aquel chico podía situar las fuentes sonoras en el espacio mejor que yo, ubicando con precisión los lugares desde los que provenían los distintos sonidos que podíamos oír. Más tarde entramos en una cafetería. Le pregunté acerca de lo que podía percibir de la forma de la sala solamente por los sonidos. Me sorprendió que podía hacerse una idea muy precisa acerca de cuántas personas había allí, así como de la forma de la sala, que se dividía en dos estancias.

Poco después, encontré un vídeo de Derren Brown en el entrevistaba a una persona ciega. A esta persona le habían extirpado los ojos a los 13 meses de edad. Ahora, se dedica a enseñar a otras personas a percibir su entorno de la misma manera en que un murciélago percibe su entorno. Enseñan a generar un sonido, que puede ser el chasqueo de la lengua, y a percibir el sonido que los objetos y las personas reflejan de vuelta. Esa es una cosa muy interesante.

Daniel explica que no tiene una percepción visual, así que la percepción de su entorno viene, completamente, a través del sentir y del oír.

 

 

Solamente ayudado por el sonido reflejado por su entorno, puede describir el mundo a su alrededor con gran detalle. Me llama la atención que dice “Vamos a ver qué tenemos aquí”.

“Puedes pensar en ello como estar en un coro o en una orquesta o en un concierto, en donde tienes muchas muchas cosas ocurriendo a la vez y, si escuchas, realmente tienes esa sensación del entorno, de sonido rodeándote. Así que lo que muchas veces digo a la gente es que el mundo es realmente una sinfonía viviente. Cada sonido hecho en el mundo, y cada textura presentada en el mundo transmite su propio significado. Este coche, en un sentido, es una especie de instrumento excepto que, en lugar de hacer su propio sonido, está reflejando los sonidos que estoy haciendo.”

 

Uno de mis mayores descubrimientos en los últimos años ha sido el de las neuronas espejo.

Aprendí que unos científicos estaban haciendo un experimento cuando descubrieron una cierta clase de neuronas que se activaban cuando una persona observaba a otra persona realizar una acción. De hecho, descubrieron esto con un mono.

Tenían un mono con uno de esos capuchones llenos de electrodos sobre la cabeza. El mono estaba sentado a una mesa (cómo se lo montan los científicos) y en la mesa había una cesta con frutas. El propósito del experimento era encontrar qué neuronas se activaban en el cerebro del mono cuando éste cogía una fruta de la cesta.

Pero el experimento todavía no había comenzado, y uno de los experimentadores estaba arreglando la cesta con frutas cuando otro se dio cuenta de que algunas neuronas del cerebro del mono se iluminaban incluso antes de que el mono realizara la acción por sí mismo. De hecho, sólo la estaba viendo.

A partir de esto se descubrió la existencia de una determinada clase de neuronas que se activan en nuestros cerebros cuando vemos a alguien llevar a cabo una acción, y es por esto que estas neuronas se consideran la base de la empatía, porque nos permite ponernos en el lugar de otro. Se dice que la empatía es la capacidad de hacer esto, pero para mí es una habilidad que se puede desarrollar.

Como hipnotista, un fenómeno que encuentro fascinante es el llamado phantom limb o brazo fantasma. Consiste en que, algunas personas, tras perder una extremidad, por ejemplo un brazo, continúan experimentando sensaciones en un miembro que… ya no está ahí. Encuentro eso fascinante.

He oído a Richard Bandler hablar con humor acerca de eso cuando tuvo que trabajar con un hombre que tenía dolores en un brazo que le había sido amputado. Los médicos le inyectaban drogas para calmar los dolores… en el otro brazo. ¿Cómo hace la droga para pasar desde el brazo que está ahí al brazo que no? Esa es una pregunta interesante.

En un trance las percepciones se alteran. El dolor puede ser una sensación. Si te cortas en un dedo, tus sensores en la piel envían señales eléctricas en dirección al cerebro. Estas señales eléctricas recorren el brazo, ascienden por el cuello y llegan hasta el cerebro, donde son interpretadas como dolor. ¿Alguna vez te has cortado y ni siquiera te diste cuenta hasta que lo viste? ¿Cómo funciona eso? En un trance puedes encontrar muchas maneras diferentes de gestionar el dolor.

Ahora, el siguiente vídeo que traigo mezcla las neuronas espejo con el brazo fantasma con la comunicación hipnótica. Me encanta cuando Derren dice “Sé que cuando mueves la mano así ese eres tú diciendo “No, no puedo hacerlo”; así que piensa más en términos de “Sí, puedo hacerlo”. Algunas cosas pueden ser así de sencillas. Eso simplifica muchas cosas más todavía.

Personas como estas, que se enfrentan a sus limitaciones y, en lugar de pensar en todo lo que no pueden hacer, se preguntan qué pueden hacer, qué pueden aprender, qué nuevos caminos pueden explorar… me resultan de gran inspiración.

 

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