DIY Desarrollo personal

Me sentía raro, pero muy raro. Podía notar mis pies a ratos. Arriba estaba yo, flotando, muy lejos de los pies. Por entremedias podía ver mi cuerpo si miraba hacia abajo. La lógica me decía que tenía que estar notando un cuerpo entero entre los pies y el punto flotante que parecía contener mi conciencia. Sin embargo, no lo hacía.

Me di cuenta de que tenía mucho trabajo que hacer conmigo mismo. Continuaba pensando todo el tiempo. Seguía siendo una experiencia desagradable.

Además de eso descubrí que, completamente libre, sencillamente no sabía qué hacer. Llevaba toda mi vida siguiendo instrucciones. En ausencia de alguien que me las diera, debía aprender a dármelas a mí mismo. Encontraba tantas posibilidades que me bloqueaba. ¿Qué hacer con mi tiempo?

Todavía por otra parte, tendría que hacer durar el dinero, así que tendría que administrar el que tenía. Tendría que aprender a vivir solo y gestionar una casa, asumir sus gastos y llevar a cabo todas sus tareas. Tendría que aprender a cocinar. Tendría que aprender a llevar una rutina y plantearme objetivos, y también tendría que aprender a motivarme. Todo lo que hasta ese momento había dejado en manos del mundo de una manera o de otra, tendría que aprenderlo por mi cuenta esta vez. Hasta allí me habían llevado las circunstancias.

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De cómo me convertí en un punto

Cuando exploré por primera vez, con ayuda de las submodalidades de la PNL, el estado de mi consciencia en profundidad, me sorprendió rápidamente encontrar que las imágenes que veía eran planas. Estaban cerca, muy cerca. Eran grandes, muy grandes. Eran nítidas, muy nítidas. De hecho este es un patrón común que he encontrado en muchos de los clientes con los que he ido trabajando a lo largo de los ya casi últimos tres años. Lo que sea que produce ansiedad se hace más intenso cuando la persona lo hace grande, nítido y lo acerca mucho.

A lo largo de este tiempo, gracias a estas experiencias y también a la meditación, he ido dándome cuenta de cómo la mente y el cuerpo se relacionan. En cierto modo, cuando estás sentado sobre el suelo con las piernas cruzadas, esa es una de las cosas que puedes hacer. Pones atención a tus percepciones y empiezas a hacer distinciones más precisas.

Con el tiempo, aprendí a darme cuenta de cuándo pensaba. Eso fue un logro para mí. Podía darme cuenta de cuándo estaba hablándome en mi interior o estaba haciendo imágenes o ambas cosas a la vez. Más adelante, empecé a darme cuenta de cómo hacía para hacer estas cosas. Podía ver las imágenes formarse en mi mente, y todavía después pude darme cuenta de cómo, inconscientemente, hacía para formar esas imágenes: tensando músculos. Era algo verdaderamente sutil.

Todavía después me di cuenta de que, cuando hablaba conmigo mismo en mi interior, estaba moviendo los mismos músculos que cuando hablaba en voz alta, solamente que los movía con una intensidad del orden de cien veces inferior. Estas son distinciones muy sutiles que aprender a hacer mientras meditas. Te ayuda a comprender más.

Escribo todo esto para comenzar el artículo porque es la manera que he encontrado para motivarme a profundizar en un estado de consciencia que se caracteriza principalmente por el dolor.

Pero manos a la obra. Es el momento de experimentar un poco.

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Masaje a la crisis

Los periódicos empezaban a hablar de la crisis. Crisis crisis crisis. Podías verlo en cada portada. Era oficial. Había sucedido por fin: había explotado la burbuja inmobiliaria. Terminó el ciclo. Casi inmediatamente, la cosa estuvo muy mal.

Yo pienso que en el fondo todos lo veíamos venir. Habíamos visto los diez años anteriores. La situación había terminado por hacerse insostenible. El crecimiento infinito empezaba a resquebrajarse. Era el momento de detenerse y replantearse las cosas.

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