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Yoga in Deutschland

Al empezar a poner la atención en mí mismo, algunas cosas ocurrieron. Empecé a intuir qué cosas podrían beneficiarme. Una de ellas era hacer Yoga.

El yoga me parecía una disciplina oriental milenaria. Pensaba que eso de moverse tan despacio y poner tanta atención a la respiración debía de ser una de las cosas más aburridas del mundo. Era mejor tocar la guitarra, salir a correr o hacer una tira de Bilo y Nano. Eso de estar tan quieto me daba mala espina. No sé, no me parecía algo que pudiera darme alguna satisfacción. Además, tampoco conocía a nadie que hiciera yoga. Tendría que ir yo solo.

Descubrí que en la Volkshochschule (escuela alta del pueblo) impartían un curso de yoga para principiantes. Constaba de 10 clases que tenían lugar un día a la semana durante dos meses y medio. Me obligué a hacer de nuevo una de esas cosas que carecían de sentido para mí. De alguna manera, una parte de mí me llevó a hacerlo. Además, pensé, habría chavalas con mallas ajustadas. Si podía ver películas sólo porque la protagonista estaba buena, bien podría convencerme fácilmente para ir a las clases de yoga.

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Un mundo interior

Probando la idea de la realidad subjetiva, me di cuenta de algunas cosas. Por ejemplo, podía cambiar lo que pensaba. Eso me sorprendió.

Durante toda mi vida había considerado a mi propia mente como algo fuera de mi control. Yo estaba ahí y mis pensamientos estaban ahí. Simplemente se sucedían. Tenían lugar uno detrás de otro. Era tan natural como respirar.

Iba en bici, y mis pensamientos estaban ahí. Caminaba, y mis pensamientos estaban ahí. Hacía mi trabajo y mis pensamientos estaban ahí.

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Realidad subjetiva

Llevaba ya un buen tiempo leyendo www.stevepavlina.com. Este hombre se dedicaba al desarrollo personal, y lo hacía de una de las maneras más congruentes y coherentes en que pienso que se puede entrar en este campo: experimentando. Especificaba sus objetivos, hacía sus planes y luego escribía sobre lo que descubría. Era interesante darme cuenta de cómo sus creencias iban cambiando a medida que se sumergía en cada uno de sus proyectos de desarrollo personal.

Poco a poco, el hombre fue escribiendo sobre sus diferentes experimentos. Fue así como conocí los sueños lúcidos o la rutina de sueño polifásico. Este hombre llegó a dormir cuatro horas diarias en ocho siestas de media hora cada vez a lo largo de las 24 horas del día. Yo quería hacer más en mi vida. Me faltaban horas cada día, así que había hecho mis propios experimentos con mis patrones de sueño. Una de las cosas de las que me di cuenta era que, para lograr algo así, era necesaria mucha determinación. Algunas personas lo llaman voluntad.

Escuché todos sus podcasts. Tenía ideas nuevas para mí. Podía utilizar esas ideas para mejorar mi vida. Uno de estos podcasts hablaba de la realidad subjetiva. Eso me interesó.

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Creatividad, Programación Neuro-Lingüística e Hipnosis