Back to Spain

Cuando el avión aterrizó, estaba de regreso en España. La aventura alemana había, oficialmente, terminado.

Me quedé en casa de mis padres. Estaba otra vez en mi habitación. En silencio, miraba la estantería. Gruesos archivadores contenían los apuntes de ingeniería que había ido acumulando durante la carrera. ¿Qué haría ahora con eso? Si dejaba la ingeniería, ¿qué haría entonces? Me resultaba aterrador.

Me senté en mi habitación y me quedé mirando por la ventana.

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Auf Wiedersehen, liebe Deutschland.

Estaba escribiendo asignaciones para el CAN espec del último proyecto en el que me había embarcado. Había llegado a pensar que sería imposible que funcionara todo, pero a medida que habían ido pasando las revisiones de software empecé a darme cuenta de cómo sería posible que todo funcionara.

El CAN espec daba una flexibilidad sorprendente. En un momento, cualquier cosa podía ser cualquier otra cosa. Eso me permitía hacer cambios rápidamente y con gran flexibilidad.

Tras el monitor, el jefe del proyecto hablaba con la chica que se ocupaba de que las cosas se hicieran. El puesto tenía un nombre en concreto que olvidé, pero básicamente ella se encargaba de perseguirnos hasta que le decíamos que habíamos hecho lo que nos había pedido. Lo hacía muy bien. Lo hacía divertido y lo hacía agradable.

Llegó el jefe de mi dominio. Empezó a charlar con el jefe del proyecto. El proyecto avanzaba. Javier se lo estaba currando. Javier se iba.

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Una experiencia de iluminación

Mis creencias se derrumbaban una detrás de otra. Mi mente trataba desesperadamente de aferrarse a algo que pudiera imaginar o que pudiera decir y que fuera una verdad permanente. Bajo mi escrutinio interno, experimentaba los pensamientos uno detrás de otro y cada uno de ellos era cuestionable.

Me di cuenta de que todos eran perecederos. Unos se desvanecían inmediatamente bajo la luz de mi consciencia. Para otros, podía imaginar cómo serían falsos en algún momento del futuro. No es un estado mental agradable que experimentar.

Para cada cosa que pensaba, era sólo aparentemente verdadera. En ese estado, las cosas y las personas se volvían extremadamente nítidas y cercanas, interesantes. Podía tomar un objeto en mis manos y empezar a apreciar más y más detalles. Cuanto más tiempo permanecía observando el objeto, más detalles surgían del mismo. Acostumbrado a pensar en palabras, a dividir y a categorizar las cosas y las personas, me resultaba aterrador tener que dejar ir todo eso y enfrentarme al mundo… sin esa ilusión de conocimiento.

¿Qué sabía de mí mismo como ser humano? Podía recordar los dibujos en los libros del colegio. ¿Qué sabía del mundo? Podía recordar los mapas y las clases de historia. Pero, realmente, ¿yo qué sabía de todo eso? Imágenes y sonidos en mi mente, libros y páginas llenas de dibujos y esquemas.

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