Maestría: Por qué no lo logramos y qué hacer al respecto

Has decidido introducir un cambio en tu vida. Podría ser cualquier cosa significativa para ti, aunque digamos que has decidido embarcarte en el camino de la maestría con una nueva habilidad y quieres desarrollar una práctica habitual. Se lo cuentas a tus amigos. Lo pones por escrito. Haces el cambio. Funciona y te sientes bien. Estás contento y y tu entorno está contento. Tu vida, en términos generales, ha mejorado. Y entonces sufres un retroceso.

¿Por qué? ¿Acaso eres un gusano sin ningún tipo de fuerza de voluntad? No necesariamente.

Experimentar retrocesos es una experiencia universal. Todos nos resistimos al cambio, da igual si es para mejor o para peor. Nuestros cuerpos, cerebros y comportamientos tienen una tendencia natural a seguir de la misma manera dentro de unos límites bastante estrechos. Tendemos a volver al punto de equilibrio ante cualquier cambio, exterior o interior, y en el fondo es muy bueno que así sea.

George Leonard llama a la tendencia de los sistemas a permanecer en equilibrio “homeostasis”. Cualquier sistema que se autoregule presenta esta tendencia, ya sea un cuerpo, un grupo o una sociedad entera. Esta regulación se lleva a cabo mediante infinitos bucles de realimentación. De hecho, la vida misma no es algo estable sino un proceso en continuo cambio.

Estos bucles de realimentación también tienen lugar en entornos sociales. Las familias permanecen estables a través del aprendizaje, la comunicación, el castigo, los privilegios, los regalos, los signos de aprobación y afecto, y también por medio de formas extremadamentes sutiles de lenguaje corporal y expresiones faciales. Grupos más grandes añaden otros componentes de realimentación.

Uno de los problemas de la homeostasis es que tiende a mantener las cosas como están incluso aunque no sean consideradas muy buenas. La naturaleza, los sistemas, no entienden de bueno y malo. Entienden de equilibrio. La ética y la moral son consideraciones humanas.


“No existen el bien y el mal. Es la mente humana la que da vida a estos conceptos”

—William Shakespeare


Imagina el siguiente caso. Un padre de familia es alcóholico. Mientras bebe, y durante algunos días después, la familia entera está alterada. Con el tiempo, estas alteraciones periódicas se convierten en el nuevo equilibrio. Un día, por la razón que sea, el padre deja de beber. Podrías pensar que la familia entera estaría feliz por ello, y durante un tiempo así es. Sin embargo, hay muchas probabilidades de que un miembro de la familia, por ejemplo un hijo adolescente, haga algo, por ejemplo traficar con drogas, para crear el mismo tipo de alteración en el ambiente familiar que provocaba el padre. Sólo un ojo profesional puede concluir que el hijo, de manera inconsciente, ha tomado el papel del padre para mantener el sistema familiar en una condición que para ellos se ha convertido en estable y normal. En un sistema, cualquier cambio afecta, en mayor o menor medida, a todos los componentes del mismo.

En general, tanto organizaciones como culturas resisten el cambio y tienden a volver al equilibrio anterior. Esta resistencia suele ser proporcional al “tamaño” del cambio y a la velocidad a la que ha tenido lugar, y no importa si el cambio ha sido “bueno” o “malo”. En general, el problema no es lograr un cambio, sino saber manejar las consecuencias que ese cambio supondrá. Y sin embargo, todo cambia continuamente.

¿Cómo manejar la homeostasis? ¿Cómo se facilitan los cambios? ¿Cómo se hacen perdurables? Esas son preguntas interesantes, especialmente si uno decide embarcarse en el camino de la maestría.


1. Sé consciente de la homeostasis y de cómo funciona

Cuando suenen las alarmas, no significa necesariamente que estés enfermo o que te hayas vuelto loco o que hayas hecho una mala decisión. De hecho, las alarmas son un buen indicador de que tu vida está cambiando, y eso es exactamente lo que querías. Cualquier cambio que hagas en ti mismo tendrá un impacto en aquellos que te rodeen, y no siempre estarán contentos con lo que para ellos signifique.

Si algunas personas a tu alrededor, gente a la que amas, empiezan a sabotear tu desarrollo conscientemente o inconscientemente, piensa que no es que quieran hacerte daño. Es simplemente la homeostasis en funcionamiento.


2. Disponte a negociar con tu propia resistencia al cambio

La negociación es la clave para el cambio exitoso a largo plazo. Da igual si quieres hacer cambios en una organización o simplemente correr durante más tiempo. El corredor de larga distancia negocia consigo mismo utilizando el dolor no como un adversario sino como el mejor guía para el progreso.

La negociación es un arte, y en este caso puede implicar estar dispuesto a avanzar dos pasos y retroceder uno. También requiere la determinación de seguir avanzando, y hacerlo de una manera consciente. Hacer el proceso inconscientemente te puede llevar a ignorar las señales que recibas, te privará de la guía que eso significa y correrás el riesgo de dañar el sistema. El mero hecho de continuar progresando ignorando las señales aumenta la probabilidad de experimentar un retroceso.

Nunca sabrás exactamente de dónde vendrá la resistencia. Puede ser un aumento de la ansiedad, problemas psicosomáticos, tendencia al autosabotaje, problemas con familiares, amigos o colegas. Mantente alerta y ábrete a la negociación.


3. Creáte un sistema de apoyo

Podrás hacer cualquier cosa que te propongas tú sólo, pero las cosas serán mucho más fáciles si cuentas con otros con los que compartir los peligros y las alegrías del cambio que estás efectuando. El mejor sistema de apoyo involucra a personas que han pasado ya por lo que estás pasando o que están en el mismo punto que tú. Gente que te contará sus historias y escuchará las tuyas, que te echará una mano cuando retrocedas en el camino y que te animará cuando avances.


4. Sigue una práctica regular

Aquellos que se embarcan en cualquier tipo de cambio pueden ganar estabilidad y confort a través de la práctica regular. Alguien que esté en el camino hacia la maestría está de enhorabuena en ese sentido, pues la práctica es el empedrado del mismo camino. Si ya te has embarcado antes en el mantenimiento de una práctica habitual, te resultará mucho más fácil hacerlo de nuevo que si no lo hubieras hecho nunca. Se trata de un patrón que conoces y que podrás reaprovechar. La práctica es un hábito, y cualquier práctica regular proporciona una especie de homeostasis, una base estable durante la inestabilidad implícita en el cambio.


5. Dedícate a toda una vida de aprendizaje

A veces se nos olvida que el aprendizaje es más que aprender de un libro o de un profesor en una clase. Aprender es cambiar. La educación es un proceso que cambia a aquel que aprende. No tiene por qué terminar al acabar el colegio o la universidad, y el mejor aprendizaje es el de aprender a aprender. Esto es, aprender a cambiar. Alguien que aprende toda la vida es alguien que ha aprendido a manejar la homeostasis por el mero hecho de que está cambiando todo el tiempo y ha llegado a sentirse cómodo en ese cambio perpétuo.