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Podcast: ¿Qué es la PNL?
Este es mi primer podcast para esta página, el primero de una serie que quiero hacer sobre la PNL. En este audio cuento una breve historia de la PNL, en qué consiste y cuál es mi relación personal con ella.
Puedes escucharlo pulsando el siguiente enlace: ¿Qué es la PNL?
También puedes descargarlo pulsando con el botón derecho sobre este enlace (¿Qué es la PNL?) y eligiendo “Guardar enlace como” del menú desplegable.
Espero que lo disfrutes. Una vez lo hayas oído, déjame un comentario con algo de feedback para que pueda mejorar en los siguientes podcasts.
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La importancia de hacer cosas diferentes
Generalmente nos movemos todos los días en nuestra “zona de seguridad” o “zona de comodidad”. Esta zona está compuesta por todo aquello que nos sentimos seguros y cómodos haciendo, diciendo, las personas con las que tratamos, etc. La ventaja de moverse en esta zona es, precisamente, que nos sentimos cómodos. Nos sentimos seguros. Las cosas resultan sencillas y fáciles. Nos exponemos muy poco.
La otra cara de la moneda está compuesta por las desventajas. Al hacer todos los días lo mismo, no corremos “riesgos”, hacemos lo habitual, hablamos con las mismas personas y nos movemos en los mismos ámbitos, así que aprendemos muy poco, tanto del mundo como de nuestras propias posibilidades. Cuando uno se expone a situaciones diferentes o insólitas, se ve obligado a reaccionar de otras maneras, lo que hace que descubra que es capaz de hacer y decir cosas que no había pensado antes que pudiera hacer.
En PNL se hace especial hincapié en la importancia de la flexibilidad. El mundo en el que nos movemos es un sistema. Cualquier cosa que hagamos genera repercusiones en lo que nos rodea y trae ecos, ondas, resultados, de vuelta. Al hacer siempre cosas parecidas, estamos obteniendo de vuelta cosas parecidas, y estamos también perdiendo resultados potenciales más interesantes que los que conseguimos una y otra vez. Lo que es peor: a menudo queremos que las cosas cambien y nos frustramos porque no lo hacen, sin darnos cuenta de que no cambian porque seguimos haciendo lo mismo. Las cosas no cambian por sí solas. Tampoco el tiempo cambia las cosas; las cambiamos nosotros. El tiempo carece de todo poder salvo del de permitir que la experiencia de la vida se desarrolle. El poder recae sobre la persona, sobre el ser, y otorgárselo a “las cosas” o al tiempo hace que nos olvidemos de que la responsabilidad de crear nuestra propia vida es nuestra.
Me recuerda a esas personas que te dicen algo que no entiendes y, en vez de expresarlo de otra manera, te lo repiten más alto.
“Locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes”
—Albert Einstein
Para ilustrar lo que quiero decir, pondré un ejemplo personal.
Llevo ocho años escribiendo en El Sentido de la Vida. Escribo generalmente una vez a la semana, y obtengo resultados similares una y otra vez, con pequeñas variaciones. Hace unos días decidí grabar un vídeo y colgarlo en la página para un chico que me escribió diciendo que quería suicidarse y con el que no conseguí recontactar después. Tras de ocho años simplemente escribiendo, esta vez comparto media hora de imagen y sonido. Esto supone romper un patrón muy arraigado, hacer algo diferente. Por tanto, obtendré resultados diferentes a los habituales.
El mero hecho de grabar el vídeo ya me aportó mucho. Me expuse a mí mismo frente a miles de personas (potencialmente, todo Internet), con lo cual ya he abierto la puerta para volver a hacerlo en el futuro. Pude comprobar la acogida que tuvo el vídeo por parte de los lectores. También me di cuenta de cómo me sentía en esa situación. Me sentía incómodo, expuesto, nervioso. Tuve la oportunidad de verme desde fuera, de ver cómo reacciono en un contexto de este tipo. Aprendí que podía estar media hora delante de una cámara hablando de un tema en concreto. Me di cuenta de que muchas de las técnicas y patrones de la PNL ya han arraigado en mí y fluyen de manera más o menos natural. Y muchas otras cosas que se me escapan. Todo esto que he descubierto son recursos de los que ahora dispongo para utilizar en mi vida, y eso es muy importante para mí, pues son nuevos elementos de mí mismo con los que jugar en mi vida.
Por otra parte, estoy ya obteniendo resultados diferentes en forma de eco desde el mundo que me rodea. De entrada, he cambiado la percepción que muchos lectores tenían de mí, lo cual también tendrá consecuencias. No me refiero a consecuencias “buenas” o “malas”, simplemente a que reaccionarán de manera diferente a lo que lean en el futuro pues ya tienen una idea más acertada de quién soy. De otro lado, nuevas personas han entrado ya en mi vida, poniéndose en contacto conmigo para contarme experiencias personales o simplemente para entablar amistad. Personalmente me siento un poco más cerca de todos y más conectado con el mundo, ya que he derribado algunas barreras internas al compartir una gran parte de mi vida y de mis “secretos” con todos.
Hacer algo diferente significa obtener resultados diferentes. Conviene estar atento, pues cualquier cosa que hacemos acarrea consecuencias en el sistema y trae ecos de vuelta. Estos ecos a veces son muy sutiles, de manera que conviene afinar los sentidos y amplificar la atención para reconocer cualquier cosa que pudiera estar relacionada con este cambio. Cada cosa diferente que hacemos es como una piedra arrojada en un estanque: provoca ondas que se alejan para luego regresar, tanto más potentes como cercano sea aquello sobre lo que se haya reflejado.
Así pues, sé flexible. Haz todos los días algo diferente, y estáte atento a lo que el mundo te refleja de vuelta. Mucho de ello es aprovechable, y alguna de las respuestas puede ser precisamente aquello que estabas esperando. Esa puerta o esa ventana que te abre paso a otra experiencia de la vida.
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La humanidad como un cuerpo
La perspectiva mecanicista del mundo concibe al ser humano como un ente definido y claramente separado de todo lo demás. Es decir, existe una separación clara entre un ser humano y otro, así como entre ellos y los demás. Ambos son considerados “objetos” independientes. Este paradigma genera una sensación de separación entre los humanos, estableciéndose una serie de principios sobre el pensamiento “Yo y los otros”.
La perspectiva mecanicista es el resultado de lo que resulta obvio a nuestros sentidos. Desde luego, parece obvio y evidente que existe una separación entre el observador y lo observado, y no fue hasta hace relativamente poco que la ciencia comenzó a cuestionar esta presuposición. Esta visión mecanicista, que parece que inicia ahora su decadencia, continúa presente en nuestra manera de pensar y por tanto se refleja en nuestro lenguaje. A menudo hablamos de “los demás” o “la gente” como si fuéramos independientes de esos conjuntos, conscientes de una frontera bien definida. Nos resulta fácil hablar de “Los otros”.
Es posible que esta división esté equivocada. De hecho, la PNL tiene sus propias presuposiciones al respecto.
De acuerdo a la Programación Neurolingüísitica, un ser humano es un sistema inmerso en un sistema mayor. Esto significa que cualquier acto humano, por pequeño que sea, genera un cambio en el sistema mayor y unas consecuencias que se propagan por el mismo. Cada uno de nuestros actos tiene consecuencias, seamos conscientes de ellas o se produzcan fuera de nuestro radar. Observa una conversación con detenimiento y te darás cuenta de que es más bien una danza que una interacción perfectamente definida.
Un pequeño ejemplo sobre cómo las acciones y las energías se propagan. Un jefe tiene problemas con su mujer. Al llegar al trabajo, descarga su frustración sobre un empleado en forma de bronca. El empleado sale a tomar un café y descarga su frustración sobre el camarero. El camarero llega a su casa y descarga su frustración sobre su mujer. Su mujer… en fin. La cadena se propaga hasta que la energía inicial se disipa en el sistema. Seamos o no conscientes de ello, cada acto genera repercusiones en el resto del sistema. En esencia, energías positivas generan consecuencias positivas y viceversa.
Quizá alguna vez te hayas hecho preguntas del tipo ¿Por qué debería ayudar a otras personas? ¿Está bien vivir sólo para uno mismo? ¿Es suficiente con no hacer daño a nadie?
En ocasiones es conveniente salir del problema para resolverlo. Ampliar las miras y observar este problema desde otra perspectiva permite solucionar fácilmente estas preguntas.
“Es imposible resolver un problema desde el mismo nivel de pensamiento que lo creó”
—Albert Einstein
Empleemos una metáfora para observar el problema desde otra perspectiva más amplia.
De la misma manera que nuestros cuerpos están compuestos por células, si aumentamos la escala, el cuerpo de la humanidad está constituido por cada uno de nosotros. Tú y yo somos células de ese cuerpo mayor; el cuerpo de la humanidad.
La humanidad en su conjunto posee una memoria colectiva e incluso una consciencia de grupo. De acuerdo con Jung, existe también un inconsciente colectivo. Cuando una serie de unidades se unen en un grupo para lograr un fin común, el grupo adquiere vida propia. Posee una consciencia propia, una mente propia y una intención propia y conjunta. Las emociones y los pensamientos se comunican inconscientemente y se dispersan a gran velocidad, facilitando que el grupo actúe como un ente con vida y voluntad propias. El grupo dirige a sus unidades y sus unidades dirigen al grupo. La frontera de la identidad se diluye.
Dentro de la perspectiva de la humanidad como un cuerpo, encontramos tres categorías básicas de comportamiento. Éstas corresponden a las tres mentalidades fundamentales a la hora de relacionarse desde la individualidad con el resto del sistema.
- Egoísmo tóxico: Utilizo esta definición para definir a aquellas personas que actúan en beneficio propio (algo que recomiendo a todo el mundo), pero en detrimento de los demás. De acuerdo a la PNL, se diría que actúan de una manera poco ecológica. Prefieren ignorar el entorno en el que se mueven y prescinden de evaluar las consecuencias de sus actos en el conjunto del sistema. Carecen de visión sistémica.
- Neutralidad: Este planteamiento podría resumirse mediante la frase “Vive y deja vivir”. Estas personas prestan atención a las posibles consecuencias de sus actos y se conforman con evitar consecuencias negativas sobre otros. Desde un punto de vista del sistema, sus acciones arrojan en conjunto un resultado neutro. No hacen el mal, pero tampoco hacen el bien.
- Unidad: En este caso, las personas reconocen que viven en un sistema y que el bienestar del mismo depende también de ellas. Enfocan sus actos de manera que el impacto de los mismos sobre su entorno tenga un balance positivo sobre el sistema.
En el siguiente artículo veremos los diferentes casos en detalle.
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