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La importancia de hacer cosas diferentes
Generalmente nos movemos todos los días en nuestra “zona de seguridad” o “zona de comodidad”. Esta zona está compuesta por todo aquello que nos sentimos seguros y cómodos haciendo, diciendo, las personas con las que tratamos, etc. La ventaja de moverse en esta zona es, precisamente, que nos sentimos cómodos. Nos sentimos seguros. Las cosas resultan sencillas y fáciles. Nos exponemos muy poco.
La otra cara de la moneda está compuesta por las desventajas. Al hacer todos los días lo mismo, no corremos “riesgos”, hacemos lo habitual, hablamos con las mismas personas y nos movemos en los mismos ámbitos, así que aprendemos muy poco, tanto del mundo como de nuestras propias posibilidades. Cuando uno se expone a situaciones diferentes o insólitas, se ve obligado a reaccionar de otras maneras, lo que hace que descubra que es capaz de hacer y decir cosas que no había pensado antes que pudiera hacer.
En PNL se hace especial hincapié en la importancia de la flexibilidad. El mundo en el que nos movemos es un sistema. Cualquier cosa que hagamos genera repercusiones en lo que nos rodea y trae ecos, ondas, resultados, de vuelta. Al hacer siempre cosas parecidas, estamos obteniendo de vuelta cosas parecidas, y estamos también perdiendo resultados potenciales más interesantes que los que conseguimos una y otra vez. Lo que es peor: a menudo queremos que las cosas cambien y nos frustramos porque no lo hacen, sin darnos cuenta de que no cambian porque seguimos haciendo lo mismo. Las cosas no cambian por sí solas. Tampoco el tiempo cambia las cosas; las cambiamos nosotros. El tiempo carece de todo poder salvo del de permitir que la experiencia de la vida se desarrolle. El poder recae sobre la persona, sobre el ser, y otorgárselo a “las cosas” o al tiempo hace que nos olvidemos de que la responsabilidad de crear nuestra propia vida es nuestra.
Me recuerda a esas personas que te dicen algo que no entiendes y, en vez de expresarlo de otra manera, te lo repiten más alto.
“Locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes”
—Albert Einstein
Para ilustrar lo que quiero decir, pondré un ejemplo personal.
Llevo ocho años escribiendo en El Sentido de la Vida. Escribo generalmente una vez a la semana, y obtengo resultados similares una y otra vez, con pequeñas variaciones. Hace unos días decidí grabar un vídeo y colgarlo en la página para un chico que me escribió diciendo que quería suicidarse y con el que no conseguí recontactar después. Tras de ocho años simplemente escribiendo, esta vez comparto media hora de imagen y sonido. Esto supone romper un patrón muy arraigado, hacer algo diferente. Por tanto, obtendré resultados diferentes a los habituales.
El mero hecho de grabar el vídeo ya me aportó mucho. Me expuse a mí mismo frente a miles de personas (potencialmente, todo Internet), con lo cual ya he abierto la puerta para volver a hacerlo en el futuro. Pude comprobar la acogida que tuvo el vídeo por parte de los lectores. También me di cuenta de cómo me sentía en esa situación. Me sentía incómodo, expuesto, nervioso. Tuve la oportunidad de verme desde fuera, de ver cómo reacciono en un contexto de este tipo. Aprendí que podía estar media hora delante de una cámara hablando de un tema en concreto. Me di cuenta de que muchas de las técnicas y patrones de la PNL ya han arraigado en mí y fluyen de manera más o menos natural. Y muchas otras cosas que se me escapan. Todo esto que he descubierto son recursos de los que ahora dispongo para utilizar en mi vida, y eso es muy importante para mí, pues son nuevos elementos de mí mismo con los que jugar en mi vida.
Por otra parte, estoy ya obteniendo resultados diferentes en forma de eco desde el mundo que me rodea. De entrada, he cambiado la percepción que muchos lectores tenían de mí, lo cual también tendrá consecuencias. No me refiero a consecuencias “buenas” o “malas”, simplemente a que reaccionarán de manera diferente a lo que lean en el futuro pues ya tienen una idea más acertada de quién soy. De otro lado, nuevas personas han entrado ya en mi vida, poniéndose en contacto conmigo para contarme experiencias personales o simplemente para entablar amistad. Personalmente me siento un poco más cerca de todos y más conectado con el mundo, ya que he derribado algunas barreras internas al compartir una gran parte de mi vida y de mis “secretos” con todos.
Hacer algo diferente significa obtener resultados diferentes. Conviene estar atento, pues cualquier cosa que hacemos acarrea consecuencias en el sistema y trae ecos de vuelta. Estos ecos a veces son muy sutiles, de manera que conviene afinar los sentidos y amplificar la atención para reconocer cualquier cosa que pudiera estar relacionada con este cambio. Cada cosa diferente que hacemos es como una piedra arrojada en un estanque: provoca ondas que se alejan para luego regresar, tanto más potentes como cercano sea aquello sobre lo que se haya reflejado.
Así pues, sé flexible. Haz todos los días algo diferente, y estáte atento a lo que el mundo te refleja de vuelta. Mucho de ello es aprovechable, y alguna de las respuestas puede ser precisamente aquello que estabas esperando. Esa puerta o esa ventana que te abre paso a otra experiencia de la vida.
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Una vida con propósito
En un artículo anterior hablaba sobre el sentido de la vida. Escribí sobre si existía un propósito en la existencia y sobre si habría vida después de la vida o no. El punto fundamental era señalar que cada uno es libre de creer lo que quiera, y que cualquier perspectiva es interesante siempre y cuando resulte de utilidad.
En esta ocasión quiero abordar con más profundidad el tema del propósito. ¿Existe un propósito en la vida? ¿Venimos con un plan bajo el brazo?
Responder a estas preguntas es difícil. Como siempre, unos dirán que existe un propósito inherente a la vida y otros afirmarán todo lo contrario. Podemos pasarnos la existencia entera debatiendo si existe, o no, un algo en el interior de cada uno que pugna por salir al exterior y plasmarse en el mundo. La respuesta es la habitual en estos casos: quizá sí y quizá no. Depende, sobre todo, de a quién se le pregunte.
Personalmente, pienso que cada uno nace con un propósito interior, con un algo que pugna por salir y plasmarse en el exterior. Si se trata de un talento o no, eso es irrelevante. La secuencia es más bien:
- Me gusta hacerlo
- Deseo repetirlo
- Lo repito una y otra vez
- Como lo disfruto, me gusta hacerlo y siento la urgencia de continuar haciéndolo, siento el deseo de hacerlo cada vez mejor.
- Debido a la repetición y al interés, cada vez voy haciendo distinciones más sutiles y el resultado es, efectivamente, cada vez mejor.
Cualquier talento pasará desapercibido si no se plasma, y aquello que se plasma pasará desapercibido si no contiene trazas de talento. Es curioso el talento, pues precisa siempre de alguien que lo juzgue.
Volvamos al tema del propósito y consideremos las posibilidades.
Por un lado tenemos una opción: la vida carece de propósito. Si adoptamos esta perspectiva, ¿qué encontramos?
La vida queda reducida a la búsqueda del placer y a esquivar el dolor. El objetivo de la existencia es maximizar el placer y reducir al mínimo el dolor. Vagamos por la vida acercándonos a aquello que nos resulta placentero y rehuyendo aquello que nos duele. Nos convertimos en entes casi sin voluntad que, sistemáticamente, se acercan a lo caliente y se alejan de lo frío. Está bien, es aceptable. Mucha gente vive así. También lo hacen las polillas.
Mediante esa estrategia vital se puede llegar lejos. Es una forma válida de funcionar, y de hecho es la forma más habitual de vivir. El problema es que es una estrategia extremadamente limitada, basada en la gratificación instantánea. Uno pasa la mayor parte de su tiempo asegurándose de no sentir dolor y buscando la siguiente fuente de satisfacción. A grandes rasgos, así es como funciona la sociedad moderna. Alivio rápido y placer instantáneo. Los objetivos se trazan a corto plazo y se circula por el camino más corto hacia la siguiente satisfacción. Los criterios son sencillos: frío y calor. El movimiento está perfectamente delimitado. Está bien, es aceptable. Mucha gente vive así. También lo hacen los perros.
En el otro extremo: la vida tiene un propósito determinado. Esta opción se torna bastante más exigente que la anterior.
Para empezar, uno precisa conocerse. Esto implica pasar tiempo en soledad, hablando con uno mismo y sintiéndose las tripas. Implica establecer un sistema de valores que actuará como principio rector en la vida, y que deberá respetarse a toda costa.
Un sistema de valores conlleva unas condiciones de contorno en el juego de la vida. En ocasiones el camino hacia el placer será obvio, y uno deberá abstenerse de emprenderlo porque prefiere respetar sus propias reglas. Algunas acciones estarán permitidas y otras estarán prohibidas. No permitidas y prohibidas por algún tipo de autoridad externa, sino por una firme autoridad interna. Quizá surja la posibilidad de timar a alguien fácilmente y sin consecuencias para ganar una gran cantidad de dinero, pero si timar está prohibido por uno mismo, esa acción quedará fuera del repertorio. Quizá sea fácil perforar en Alaska para extraer crudo y ganar miles de millones de dólares. Si el respeto al medio ambiente es uno de tus valores, entonces esa acción quedará fuera del repertorio. Dentro de todas las posibles estrategias que uno podría emprender en el juego de la vida, algunas pasan a estar vetadas. El juego se complica.
Una vida con propósito es deliberadamente más dura que una vida en la que cualquier cosa vale. Uno se ve obligado a limitarse a sí mismo para lograr un objetivo superior. En ocasiones será fácil acercarse al calor y uno decidirá pasar por el frío varias veces.
Una vida sin propósito es sencilla: sólo hay que vivir. Todo está permitido. Cualquier cosa vale.
En una vida con propósito, uno crea sus propias restricciones y sus propias limitaciones.
A primera vista puede parecer un mal negocio decantarse por vivir con un propósito determinado. ¿Qué gana uno, pues, al dar un sentido a su vida?
- Claridad: Si observas los niveles neurológicos, y sabes que los niveles superiores dominan a los inferiores, te darás cuenta de lo que significa que el nivel de propósito se encuentre en lo alto del todo. Es decir, es el principal principio rector y el principal motivador de todo lo demás. Una vez sabes lo que quieres hacer, una vez has creado tu propia visión del mundo, resulta fácil saber qué valorarás en el proceso, qué te conviene creer, qué vas a hacer y cómo, dónde y con quién. Aliados y enemigos se separan con una línea definida. Una vez el propósito está claro, el resto adquiere claridad de manera automática.
- Motivación: Aquel que sabe para qué vive encontrará fácilmente la energía necesaria para llevar a cabo su propósito. En cualquier momento puede cerrar los ojos, evocar su propia visión del mundo y cargar sus pilas con las emociones y sensaciones asociadas a esa visión.
- Decisión: Aquel que sabe adónde desea llegar lo tiene fácil a la hora de tomar decisiones. En ocasiones el camino se bifurcará y la dirección no estará clara, pero el norte siempre es el norte. Si el camino que ha decidido tomar deja de marchar hacia el norte, el caminante siempre, en cualquier momento, contará con la opción de abrir otro camino hacia su objetivo. Quizá se adentre por un tiempo en la selva y tenga que echar mano del machete. Quizá tenga que matar algún dragón por el camino, pero siempre sabrá que marcha en la dirección correcta.
- Satisfacción: En la sociedad en la que vivimos, raro es aquel que se preocupa por su satisfacción a largo plazo. Es mucho más fácil desviarse a cada tanto y sentir el calor una y otra vez. Pocos son aquellos que se trazan una dirección y se comprometen a seguirla, haya o no camino, y pase éste por amplios valles o por cumbres borrascosas. La ventaja de comprometerse con uno mismo en un propósito determinado es la posibilidad de acceder a una sensación indescriptible. Es un sentimiento de satisfacción que nace en el interior de uno mismo y que, a cada día que pasa, se va haciendo más y más grande. Cada día cuenta. Cada ladrillo que se pone, por mucho que cueste, forma parte de una pared que se levanta día a día. Cuando la marcha se pone difícil, uno puede dar unos pasos atrás y observar el tamaño del muro con la certeza de que cada pequeño esfuerzo ha valido la pena. Nadie habla de estas sensaciones, y son fabulosas. Fabuloso es consagrar el tiempo y las energías a una creación personal que cada día toma más y más forma. La satisfacción emana del proceso, no del objetivo mismo, de manera que uno disfruta cada etapa.
- Certeza: Cuando uno vive de acuerdo a un propósito, todos los por qués y todos los para qués están resueltos por unas pocas palabras que lo envuelven todo. La certeza causa anticipación. La anticipación causa excitación. La excitación contenida desemboca en un enorme placer a medida que uno va alcanzando diferentes etapas del camino. La mayor parte del placer que uno obtiene al vivir de esta manera proviene de la capacidad de saborear el premio mientras se siente la certeza de que se va a conseguir.
Vivir un propósito es, en gran medida, rendirse ante uno mismo. Significa admitir que uno es más grande de lo que piensa o cree. Significa aprender a tener fe en uno mismo, comprometiéndose a actuar en función de lo que considera importante incluso cuando no parece la opción más adecuada. Vivir tu propósito es convertirte en la mayor expresión posible de ti mismo, significa convertir tu vida en tu mensaje.
Vivir una vida con propósito es arriesgado, ya que es precisamente la propia vida lo que está en juego. Vivir de esta manera significa decir “Esto es lo que entiendo yo por estar vivo”, significa convertirse en el mismo ejemplo.
A cambio, uno obtiene principalmente una existencia significativa. Cada día cuenta, porque cada día es parte de un camino en el que todo lo que uno hace tiene sentido. Cada jornada forma parte de un viaje, cada acción es una pincelada sobre un lienzo.
No se trata sólo de vivir para algo, sino de vivir para algo grande. Vivir para algo significativo. Vivir para echar la vista atrás y sentir que lo que uno ha hecho valió la pena. Hacer algo grande para honrar los propios sacrificios. Hacer algo grande para que las propias renuncias expliquen el valor de las victorias.
Para mí, una vida con propósito es una vida digna de ser vivida. Conozco la diferencia. Sé lo que se siente al levantarse por las mañanas en uno y otro caso. Sé lo que uno siente al preguntarse “¿Qué sentido tiene que me levante hoy?” y sé lo que uno siente cuando esas preguntas se evaporan para dejar paso a las respuestas.
Conozco la diferencia, y entre una opción y la otra, te recomiendo encarecidamente una vida con sentido. La pregunta no es si la vida tiene un sentido o no, sino si quieres darle un sentido a tu vida.
La elección es sólo tuya.
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Miedo al éxito
El miedo puede ser una emoción que impregne muchas áreas de nuestra vida. No sólo existe el miedo al fracaso y estamos muy familiarizados con él, sino que también existe un miedo mucho más sutil y desconocido: el miedo al éxito.
Sí; uno también puede temer conseguir lo que tanto ansía. Y no sólo eso, sino que es posible que haga todo lo necesario para evitar conseguirlo. El autosabotaje inconsciente es un patrón muy habitual en este camino.
En ocasiones nos ponemos metas que deseamos cumplir, resultados vitales que deseamos obtener. Sin embargo, con el tiempo, no parece que estemos avanzando hacia nuestro objetivo. No es el miedo al fracaso lo que nos detiene. Tampoco es el miedo al rechazo. El camino hacia la meta está relativamente claro, y de vez en cuando hacemos un progreso en el mismo, pero la mayor parte del tiempo no somos capaces de entrar en ese estado de flujo en el que avanzamos de manera fácil y natural hacia nuestro objetivo. Este escenario suele tener lugar con resultados a medio o largo plazo que requieren de acción intermitente, como pueden ser perder peso o emprender un negocio que nos permita dejar nuestro trabajo actual.
Hay varias razones que explican esta ralentización en el progreso, ese estado en el que sentimos que vamos con el freno de mano puesto.
La primera razón es, en términos de PNL, la razón ecológica. Cada uno de nosotros está inmerso en un sistema o en varios: la familia, los amigos, el ambiente laboral. Mientras avanzamos en nuestro camino hacia el objetivo, vamos cambiando. Esos cambios se van propagando al resto del sistema y tienen un impacto sobre el mismo. Si por ejemplo quiero dejar de fumar pero el resto de mi familia fuma, deberé contar con que el sistema me pondrá las cosas especialmente difíciles. Cada uno de los miembros fumadores se sentirá cuestionado en su hábito y reaccionará en consecuencia. Cualquier cambio que emprendas en ti mismo tendrá consecuencias sobre el área social en el que te muevas. ¿Estás preparado para ellas? ¿Puedes anticipar esas consecuencias y actuar para minimizarlas? ¿Cómo podrías reducir las resistencias en tu entorno?
Otra razón por la que a menudo sentimos miedo al éxito es porque hemos asociado lo que hacemos con lo que somos. Si fumo, soy fumador. Si estoy gordo, soy gordo. Las cosas que hacemos o nuestras circunstancias se han convertido en parte de nuestra identidad, y nos resistimos a abandonar estas cosas porque sentimos que abandonamos también una parte de nosotros. ¿Qué pasará si dejas de fumar? ¿En quién te convertirás? ¿Qué pasará si adelgazas? ¿En quién te convertirás? ¿Realmente estás preparado para asumir una nueva identidad? ¿Realmente estás preparado para dejar de ser una cosa y pasar a ser otra? ¿Estás listo para ser ex-fumador? ¿Estás listo para ser alguien delgado? Pueden parecer preguntas poco relevantes, pero a nivel inconsciente este tipo de transformaciones generan enormes resistencias.
De acuerdo con los niveles neurológicos, estamos hablando de cambios en el nivel del ser, en lo alto de la pirámide. Ser fumador implica una determinada identidad, y es muy diferente de ser no-fumador. Esta diferencia afecta al resto de niveles de la pirámide. Cuando efectúes la transición, cambiarán tus creencias y tus valores. Además del hábito de fumar, otros hábitos secundarios se verán afectados. Quizá cambien el tipo de personas con el que te relaciones y los sitios a los que vayas. Cualquier cambio en el nivel de la identidad tendrá consecuencias importantes en la vida, y no siempre estamos preparados para afrontar todo lo que de ese cambio se deriva. En ocasiones un cambio en la identidad altera demasiado nuestro comportamiento habitual como para resultar soportable, tanto para bien como para mal.
Una pregunta interesante en cualquier cambio vital relevante es la siguiente “¿Qué sucederá si lo consigo?”. Olvídate de lo que esperas que suceda o tengas miedo de que suceda. Simplemente, considera lo que sucederá con toda probabilidad. Imagina que consigues tu meta. ¿Y entonces? ¿Qué cambiará una vez hayas conseguido tu objetivo?
Evita las respuestas breves y obvias del tipo “Si pierdo peso estaré delgado”. Apaga la tele, la radio y otras distracciones y tómate unos minutos para pensar largo y tendido en qué sucederá una vez hayas logrado tu meta. A menudo hay muchos efectos secundarios que puedes haber pasado por alto y que inconscientemente estén oponiendo resistencia. Por ejemplo, si pierdes peso, ¿qué sucederá? Estas son algunas de las cosas que puedes encontrar: la gente se dará cuenta y te lo señalará, estarás expuesto a posibles piropos o a que alguien reconozca tu esfuerzo, otros pueden pedirte consejos al respecto, puede que sientas la necesidad de continuar con un cierto estilo de vida para mantener tu peso, necesitarás comprarte ropa nueva, probablemente te encuentres más atractivo y otros lo noten, puede que haya gente que sienta envidia porque has conseguido adelgazar, tu familia puede resistirse a tus cambios de peso por distintos motivos, puede que te preguntes si serás capaz de mantenerte en tu nuevo peso, puede que te preocupe no volver a comer determinados alimentos, etc. Cada meta conseguida viene acompañada de una serie de consecuencias que a menudo se nos pasan por alto. Sucesos en principio positivos, como recibir piropos o reconocimiento, pueden ser difíciles de encajar para determinadas personas.
El éxito requiere cambio, y el cambio siempre conlleva un precio que pagar. Incluso pasar a ser millonario puede resultar complicado, y mucha gente que gana la lotería pierde todo su dinero en unos pocos años porque no es capaz de manejar su nueva situación. A veces queremos lograr determinadas cosas sin darnos cuenta de que el precio a pagar es demasiado alto, o que las consecuencias negativas superan con creces las consecuencias positivas. Una manera de reducir el impacto de las consecuencias negativas es tomarse el tiempo para ponerlas sobre la mesa y examinarlas de una en una. Para cada una de ellas, las posibilidades son: eliminarla, reducir su impacto, o aprender a vivir con esa consecuencia.
Por supuesto es agradable y útil mantenerse enfocado en la parte positiva de la meta, pero recuerda que cualquier logro tiene una cara oculta y que tendrás que aceptar la moneda completa. Obtener los resultados que estás buscando te reportará consecuencias de todo tipo, y debes estar dispuesto a hacerte cargo del lote completo.
A diferencia de otros miedos, como el miedo al fracaso o el miedo al rechazo, el miedo al éxito es más complejo porque generalmente es inconsciente. ¿A quién se le va a ocurrir que ganar la lotería pueda tener también una cara negativa? ¿Dejar de fumar puede tener consecuencias negativas?
No se trata tanto del miedo al éxito sino del miedo a las consecuencias del éxito, del miedo a sus efectos secundarios. Muchos de estos efectos secundarios pueden ser muy poco deseados. Los miedos que no son evaluados conscientemente tienden a hacerse cada vez más grandes. La razón es el mero condicionamiento: cuando evitas algo, automáticamente fortaleces el patrón de evitar ese algo, ya sea consciente o inconscientemente. Cuando evitas trabajar en tus metas debido al miedo al éxito, refuerzas el hábito de la postergación y, con el tiempo, cada vez te resulta más difícil emprender acciones.
La mejor manera de atajar este tipo de comportamientos es ir directamente a la raíz del miedo preguntándose “¿Qué sucederá si lo consigo?”. Analiza las consecuencias “negativas” de tu logro y observa qué es lo que se encuentra detrás de cada una de esas consecuencias que te disgusta. El miedo tiende a encogerse bajo el escrutinio de la consciencia, ya que es aquello que desconocemos lo que realmente tememos. Si no te gusta la palabra miedo para definir estos comportamientos, puedes pensar que, cuando uno analiza estos patrones de huida, éstos tienden a parecer más sencillos y rectificables.
Una ventaja adicional a la hora de solventar las posibles consecuencias negativas es que, una vez que son conocidas, uno puede solucionarlas de una manera inteligente. Por ejemplo, de vuelta al ejemplo de perder peso, si pierdes muchos kilos, probablemente necesitarás ropa nueva. Si no dispones de dinero para comprar ropa nueva, este pequeño problema puede ser suficiente para que tu inconsciente te impida adelgazar. Una vez que examinas la situación conscientemente y aseguras maneras de solucionar las consecuencias de tu adelgazamiento, estás dando luz verde al inconsciente para que trabaje en hacerte perder peso.
¿Qué sucederá si lo logras? ¿Qué sucederá si dejas de fumar, si pierdes peso, si creas tu propio negocio, si abres tu propio restaurante? ¿Qué sucederá?
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