JavierMalonda.com

Desarrollo personal inteligente

Archive for the ‘proactividad’ tag

Invertir en uno mismo

with 19 comments

Una de las primeras cosas que recuerdo a mi padre tratando de transmitirme era esta: “En mi vida, el primero soy yo”. No lo decía exactamente así, sino que decía “Para poder hacer felices a los demás, primero debo ser feliz yo”. Por obvio que resulte el concepto cuando uno lo comprende, mucha gente sigue entendiéndolo como algún tipo de derivado del egoísmo. Sin embargo, tú no eres tu ego; eres algo más grande y que contiene a tu ego aparte de muchas otras cosas. Y yendo un poco más lejos, varios niveles neurológicos por encima, tú eres lo que haces. Fundamentalmente eres una expresión de tu propósito en la vida. Puede que para ser feliz quieras hacer felices a otros a tu alrededor. Ambas cosas pueden estar perfectamente alineadas, y visto así tiene muy poco que ver con lo que normalmente se entiende por egoísmo.

Graba esto en tu mente porque es un pilar principal de toda esta experiencia: “En tu vida, lo más importante eres tú”. Si no lo comprendes todavía, actúa como si fuera cierto igualmente. Tus resultados cambiarán espectacularmente. Tú eres el centro de tu vida. Todo tu universo personal, toda tu experiencia de la vida, emana de ti mismo. Serás incapaz de respetar a otros hasta que no te respetes a ti mismo; tampoco los demás te respetarán si tú no te respetas a ti mismo. Si quieres que te respeten, debes mostrar a otros cómo lo haces tú. Serás incapaz de hacer felices a otros hasta que no seas capaz de hacerte feliz a ti mismo; tampoco otros te harán feliz hasta que no lo hayas hecho tú antes contigo mismo. Serás incapaz de amar a otros hasta que no te ames a ti mismo; tampoco otras personas te amarán hasta que tú no te ames a ti mismo. Amarse a uno mismo incluye conceptos como el respeto, la autoestima, la honestidad y la consciencia entre otros.

¿Cómo puede hacerte alguien feliz si tú no sabes lo que es estar feliz? ¿Cómo te lleva alguien a un estado que tú desconoces en ti mismo? ¿Cómo se supone que vas a llegar hasta allí si no sabes adónde vas? ¿Cómo muestras a otros lo que significa para ti ser respetado? ¿Pides a los demás que te amen cuando tú no te amas a ti mismo? Tú debes ser el ejemplo, tú debes dar el primer paso. Tú debes encontrar el camino en tu interior. Los demás te respetarán de manera natural cuando tú les muestres cómo lo haces contigo.

Hablando en términos generales, vivimos en una época en la que nos respetamos muy poco. Carecemos de criterios según los cuales estimar nuestros actos, y desconocemos qué son exactamente el bien y el mal según nuestro propio entendimiento. No somos conscientes de nuestros valores y, por tanto, vivimos ajenos a ellos. No tenemos una visión de la sociedad a la que podamos contribuir con nuestras acciones. No tenemos objetivos. No sabemos lo que queremos para nosotros más allá del fin de semana o de las vacaciones de semana santa. Nos conocemos muy poco, desconocemos las cosas que nos hacen realmente felices y nos llenan y, por tanto, a menudo nos sentimos vacíos e insatisfechos llenándonos el espíritu de actividades vacuas y consumismo caro que pagamos con nuestro tiempo y nuestra energía, con nuestra propia vida. Vivimos una época de soluciones rápidas, buscando experiencias que se asemejan a un chute de droga. Las sensaciones nos llenan un rato y luego quedamos igual o peor de lo que estábamos. Bienvenidos a la era de la gratificación instantánea. Hoy, el mundo se arregla con una pastilla.

Invertir en uno mismo puede ser extremadamente barato. Un primer paso puede consistir en tomarse algo de tiempo en investigar las fuentes de la propia satisfacción; darse cuenta de qué es lo que uno realmente valora, qué actividades le resultan gratificantes y le llenan por dentro dejándole una mezcla de satisfacción interna y de ganas de repetir. Saciar el hambre del espíritu. Investigar y establecer criterios y valores que nos ayuden a decidir lo que queremos para nosotros y lo que no.

Empezar a tomar decisiones en este sentido puede tener un gran impacto en tu vida. Decidirás a qué lugares quieres ir y a cuáles no irás bajo ningún concepto. Decidirás de qué personas te quieres rodear y de cuáles no quieres saber nada por considerarlas simplemente tóxicas para ti. Explorarás qué comida te sienta bien y qué te sienta mal e introducirás cambios en tu dieta. Dejarás atrás tus adicciones y cambiarás tus hábitos por otros alineados con tu estilo de vida.

El mero hecho de tomar consciencia de tus criterios y de tus valores tiene un gran impacto en tu vida y te puede llevar a cambiar de amigos, de trabajo o de actividades. Por otra parte, regirte mediante tus propios criterios te convierte automáticamente en una persona más atractiva para los demás. Al valorarte a ti mismo, con el tiempo adquieres cada vez más valor y, para otros, el simple hecho de estar contigo resulta estimulante a muchos niveles. Sabes lo que quieres y lo persigues. Si quedas con alguien, la otra persona sabe que no se trata de que no tuvieras nada mejor que hacer, sino que tienes un interés activo en encontrarte con ella para pasar un buen rato. Al tomarte en serio tus actividades y disfrutar con ellas, mucha gente se interesará por las mismas. Regirte por tus propias directivas te permite crear una vida ajustada a tus necesidades, con la gente que te gusta y llena de actividades que te sacian interiormente y que son un reflejo de lo que, en el fondo de ti, eres.

Invertir en uno mismo no es necesariamente una cuestión de dinero; basta con invertir algo de tiempo y atención sobre uno mismo y sus circunstancias para lograr cambios importantes. Por supuesto, el dinero nos permitirá acceder a otros recursos que nos resultarán de gran ayuda en nuestra evolución o desarrollo personal. Puedes invertir en ti mismo en cualquier momento dependiendo de la cantidad de dinero que puedas destinar.

Cualquier empresa que desee mantener una evolución sostenible en su mercado invierte aproximadamente en torno al 10% de sus ingresos en su propio desarrollo. Esa parte de los beneficios se emplea en cursos de formación de los trabajadores, renovación de la maquinaria, investigación de nuevos procesos, exploración de mercados… Puedes considerar tu propia vida como tu empresa. ¿Inviertes tiempo en ti mismo? ¿Inviertes dinero? ¿Qué cantidad anual inviertes en tu desarrollo? ¿Cómo esperas crecer si no dedicas parte de tus beneficios a descubrir y potenciar tus propios recursos? Ten en cuenta que tú eres tu mayor valor, tu principal activo, de la misma manera que la empresa es el principal activo de la propia empresa.

Puede ser algo tan sencillo como hacer algo que te haga sentir mejor. Hace sol; sal y compra un helado. Te interesan los ordenadores; compra un par de revistas mensualmente. Quieres desarrollar la memoria; cómprate un libro sobre el tema y comprométete a practicar. Quieres mejorar tus posibilidades laborales; aprende inglés o asiste a algún seminario relacionado con tu sector. Aprende, desarrolla nuevas habilidades, explora nuevas posibilidades. Invierte en conocimiento. Invierte en tus relaciones. Cada pequeño avance tendrá repercusiones futuras en diferentes áreas de tu vida. Haz todo lo necesario para sentirte bien y fomentar tu felicidad futura, una felicidad sólida, estable y cimentada en ti mismo y no en circunstancias externas ajenas a tu control. La suerte es la suma de la preparación más la oportunidad. Sólo aquel que está preparado es el que repara en esa ventana que se abre apenas un instante en el tiempo.

En mi caso, y gracias a los consejos de mi padre, siempre tuve claro más claro que muchos que yo era lo primero. Ahora estoy llevando este entendimiento a un nivel superior y cada vez soy más consciente de mi importancia en mi propia vida. El mero hecho de escribir que soy lo más importante de mi vida me resulta ya casi estúpido por excesivamente obvio. Sólo en los dos últimos años he invertido 3.000 euros en mi propia formación y adquisición de conocimientos y experiencias, y sólo en el próximo año ya invertiré otros 3.000 euros más. Los beneficios de esta inversión me resultan más y más obvios cada mes que pasa, y estoy tremendamente satisfecho con estas decisiones.

Para mí, el trainer y el master de PNL han sido una gran experiencia. Para poder transmitir lo que ha significado para mí adquirir estos conocimientos te plantearé la siguiente metáfora:

¿Recuerdas cuando ibas al colegio? En tu día a día te preocupabas por la ropa que llevabas, por lo que otros pudieran pensar de ti, porque se te viera con determinadas personas, porque nadie te encontrara en determinados lugares. Que otros pudieran hablar mal de ti te podía quitar el sueño. Hoy, quizá 20, 30 ó 40 años después, has adquirido una serie de conocimientos, una experiencia, que te permite recordar aquellos tiempos y reírte de ti mismo, de tu ignorancia sobre cómo funcionan las cosas de la vida y de lo mal que lo pasaste en comparación a cómo te encuentras hoy en día. En todo ese tiempo has cambiado o, como se dice comúnmente, has madurado. Yo prefiero el término ‘evolucionar’. Mientras vivas, estarás evolucionando. En las próximas décadas adquirirás una serie de conocimientos y una sabiduría que hará que de aquí 20, 30 ó 40 años te permitas observarte a ti mismo ahora y reírte de ti, de tu ignorancia sobre cómo funcionan las cosas de la vida y de lo mal que lo puedas estar pasando en estos momentos. Bien. Ahora imagina que pudieras adquirir esos conocimientos, en vez de 20, 30 ó 40 años, en 2, 4 ó 6. Imagina que pudieras cubrir ese proceso evolutivo en un tiempo diez veces menor. ¿No sería fantástico? ¿Cómo cambiaría tu vida? ¿Cuáles serían las consecuencias? ¿Qué te depararía el futuro? ¿Qué puertas se abrirían? ¿Con qué nuevas opciones contarías? ¿Qué sueños podrían resultar entonces asequibles? ¿Cómo sería haber integrado gran parte de la sabiduría sobre la vida y haber tenido acceso a una gran fuente de conocimiento humano? Piensa que podrías ser una nave espacial y estar conduciéndote a ti mismo como un 600. ¿Realmente crees que has terminado de aprender a hablar? ¿Realmente piensas que has terminado de aprender a manejarte a ti mismo? ¿Qué te hace pensar eso? La vida es un aprendizaje que continúa cada día hasta el último.

En mi caso he comprobado en dos años, fundamentalmente, una reducción drástica del drama en mi vida, una mayor comprensión de mí mismo y de los que me rodean, una significativo aumento de mi autoestima, un mayor entendimiento de los procesos mentales y del impacto que tienen en mi vida, una enorme comprensión del lenguaje y de las implicaciones de su uso sobre mí y sobre otros, una mayor facilidad para detectar aquellas influencias negativas en mi entorno y una gran efectividad a la hora de deshacerme de ellas. También he tomado consciencia de mis valores y he establecido criterios en mi vida que me permiten decidir qué es para mí importante y qué es completamente irrelevante y por tanto directamente descartable. El cambio ha sido tan radical que a veces me pregunto qué tipo de vida llevaba yo antes y cómo pude sobrevivir tanto tiempo en esas condiciones. Ahora me resulta fácil ilusionarme con mis proyectos futuros e imaginar posibilidades. Saber cómo eres y cómo funcionas, e ir descubriendo poco a poco quién eres y para qué, es para mí la única manera digna y merecedora de vivir.

Invierte en ti mismo. Es una gran decisión.


“La mayor parte de la gente sobreestima lo que puede hacer en un año e infravalora lo que puede hacer en cinco”

—Anthony Robbins

–––––
Puedes contactar con el autor aquí.

Written by jmalonda

abril 28th, 2010 at 9:12 am

El coraje necesario para vivir tu propia vida (II/III)

with 7 comments

“La vida se contrae o se expande en proporción al propio coraje”

—Anais Nin

“Acumulas fuerza, coraje y confianza en cada experiencia en la que, de verdad, te detienes a mirar al miedo a la cara. Debes hacer aquello que crees que no puedes hacer”

—Eleanor Roosevelt

La salida del círculo vicioso del miedo se encuentra cuando uno reúne su coraje y se enfrenta a su propia voz interior. Vete a un lugar en el que te sientas a gusto y tranquilo y puedas escribir. Escucha esa voz y enfréntate a lo que te dice, no importa lo difícil que sea escucharla. Puede que no se trate de una voz, sino de imágenes o sentimientos. Puede que descubras que tu matrimonio ha estado roto los últimos diez años y que no has tenido el valor de enfrentarte a ello porque tienes miedo del divorcio. Puede que te diga que tienes miedo de empezar tu propio negocio porque vas a fracasar, y esa es la razón por la que sigues en un trabajo que ya no te motiva. Puede que te diga que ya te has rendido en tu meta de adelgazar porque ya has fracasado muchas veces antes y eres un adicto a la comida. Puede que te diga que tus amigos no encajan con tu manera de ver la vida y que sigues viéndolos porque tienes miedo de dejar un grupo de referencia y construir uno nuevo. Puede que te diga que siempre quisiste escribir sobre desarrollo personal pero estudiaste ingeniería industrial porque parecía más cómodo y seguro. Puede que te diga que estás desperdiciando tus talentos.

Trata de reducir lo que te dice esa voz a una o dos palabras. ¿Qué te dice? Vete. Deja el trabajo. Habla. Escribe. Baila. Haz ejercicio. Vende. Cambia. Deja ir. Pregunta. Aprende. Perdona. Diga lo que diga, escríbelo.

Ahora toca el difícil paso de hacerte consciente de que esto es lo que de verdad quieres hacer. Está bien si piensas que no es posible para ti. Está bien si crees que no hay una manera de que lo puedas hacer. Pero acepta que lo quieres. Cuando te mires la panza, admite que te gustaría tener un cuerpo en forma. Cuando te enciendas el próximo cigarro, admite que quieres dejar de fumar. Cuando encuentres a esa persona, admite que te encantaría estar con ella. Cuando encuentres a alguien que esté en paz consigo mismo, admite que te gustaría estar igual. Escapa de ese estado de negación. En su lugar admite que “Realmente deseo esto, aunque no siento que lo pueda hacer o conseguir”. Está perfectamente bien admitir que deseas algo que no puedes tener. Y desde luego estás completamente equivocado si crees que está fuera de tu alcance.

Lo primero: deja de mentirte y de hacer como que en realidad no lo quieres.


Pasa del miedo a la acción, incluso aunque esperes fracasar.

Ahora que eres consciente de que hay cosas a las que has tenido miedo de enfrentarte, ¿cómo te sientes? Es probable que sigas paralizado, incapaz de entrar en acción. Eso está bien. Cuando uno se enfrenta a este tipo de cosas, es normal encontrar que será necesario más coraje del que puedes reunir ahora mismo. Lo más importante que debes recordar es que el valor es una capacidad mental, no emocional. A nivel neurológico, significa que debes emplear el neocortex en tu cerebro para sobreponerte a los impulsos del sistema límbico. En otras palabras: debes utilizar tu inteligencia humana, tu lógica y tu voluntad para superar las limitaciones que heredaste como mamífero emocional.

Esto puede tener sentido, aunque se dice mucho más fácil que se pone en práctica. Tu lógica te puede decir que no estás corriendo ningún riesgo real si sales a un escenario a hablar frente a mil personas, pero el miedo aparece igualmente, y ese miedo imaginario te impide involucrarte en semejantes actividades. O puedes tener la certeza de que tu trabajo es un callejón sin salida y sin embargo no ser capaz de pronunciar las palabras “Lo dejo”.

El coraje, sin embargo, no precisa de acciones drásticas, sino que es una habilidad mental que puedes desarrollar. Es como un músculo que se puede desarrollar progresivamente. De la misma manera que uno no entra en el gimnasio el primer día y levanta cien kilos, no es posible atajar tus miedos más arraigados en un par de días.

Un método para entrenar tu coraje es similar al que seguirías en el gimnasio. Empieza por pesas ligeras y levanta cada vez más peso a medida que vayas haciendo músculo. Enfréntate a tus miedos más asequibles y ve levantando el listón poco a poco a medida que te sientas cada vez más capaz. Levantar cien kilos es fácil cuando ya has levantado noventa. Hablar delante de mil personas es fácil cuando ya lo has hecho delante de novecientas.

Escribe uno de los miedos a los que te quieras enfrentar. Después escribe diez variaciones de este miedo y ordénalas en función de la ansiedad que te produzcan. Estas diez variaciones serán tu juego de pesas. Por ejemplo puedes tener miedo de pedirle a alguien que salga contigo en una cita. El primer paso podría ser ir a un lugar público y sonreír a alguien que te resulte atractivo. Luego puedes sonreír a diez personas atractivas cada día. El último paso puede ser pedirle a alguien que salga contigo delante de todos sus amigos teniendo la certeza de que te va a decir que no (totalmente aterrador).

Si quieres superar un miedo, debes comprometerte a hacerlo. Debes dedicar energías y disciplina. Ve escalando en la lista y haciendo cada una de las cosas que te propongas. Si el siguiente paso de la lista te da demasiado miedo, puedes adaptar el gradiente para que te resulte más asequible, aunque asegurándote de que cada prueba es más difícil que la anterior. Si puedes levantar noventa kilos pero no cien, prueba a levantar noventa y cinco. Puedes repetir un paso varias veces si crees que te va a preparar mejor para el siguiente. Sé tu propio entrenador y entrena a tu propio ritmo asegurándote de que avanzas.

Siguiendo con este entrenamiento estarás consiguiendo dos cosas. Por un lado, estarás rompiendo la asociación entre miedo e inacción, y por otro estarás condicionándote para actuar con más coraje en futuras situaciones.

Un segundo método para desarrollar el coraje consiste en adquirir nuevos conocimientos y habilidades que te ayuden con un miedo concreto. Confrontar tus miedos directamente puede ser muy efectivo, aunque si tu miedo está relacionado con tu ignorancia o tu falta de habilidades, entonces puedes reducir o eliminar el mismo adquiriendo más información al respecto o entrenando alguna capacidad. Por ejemplo, si tienes miedo de empezar tu propio negocio aunque te encantaría, puedes dedicar un tiempo a leer al respecto, a informarte o a tomar cursos. Aprende cada vez más hasta que tengas la certeza de que estás preparado para hacer lo que quieres hacer. Este proceso puede ayudarte a actuar de manera más valiente y con más coraje una vez que finalmente te lances. Este método es especialmente apropiado cuando gran parte de tu miedo se debe a lo desconocido. A veces leer un libro o dos sobre un tema determinado puede disipar gran parte de tus miedos.

Además de estos métodos, hay muchos otros que te pueden ayudar a superar tus miedos, como la PNL, la desensibilización sistemática y la auto confrontación. En realidad, la manera en que aumentes tu coraje es irrelevante. Lo importante es que lo hagas de una manera consciente. Del mismo modo en que los músculos se atrofian si no se utilizan, el coraje se encoge si dejas de afrontar todos tus miedos. Si no ejercitas tu coraje de manera habitual, estás desarrollando tu miedo.

El miedo no es tu enemigo, sino una brújula apuntando a lugares que debes explorar para desarrollarte. Cuando encuentres un miedo, celébralo como una oportunidad para el crecimiento.

–––––
Puedes contactar con el autor aquí.

Written by jmalonda

marzo 10th, 2010 at 10:36 am

El coraje necesario para vivir tu propia vida (I/III)

with 7 comments

Nota: Esta columna es, mayormente, una traducción de un artículo de Steve Pavlina.

La seguridad es, básicamente, una superstición. No existe en la naturaleza, ni tampoco la experimentan los hijos de los hombres como tal. A largo plazo, evitar el peligro no es más seguro que exponerse directamente. La vida es, o una aventura audaz, o nada. Mantener nuestras miradas puestas en el cambio y comportarnos como espíritus libres en presencia del destino nos otorga una fuerza imparable.

—Helen Keller

En el mundo en que vivimos, el coraje no es una virtud a la que se preste demasiada atención. El coraje es un cualidad que parece reservada a los soldados o a los bomberos. La seguridad y la prudencia son los valores más arraigados. Quizá te enseñaron a que no fueras demasiado atrevido o valiente. Es demasiado peligroso. Es mucho mejor no tomar riesgos innecesarios. No atraigas la atención en público. Sigue las tradiciones familiares. No hables con extraños. Ten cuidado con la gente sospechosa. Ten cuidado en general.

En principio se trata de una buena idea, pero el efecto secundario de hacer demasiado énfasis en la seguridad personal es que puedes terminar viviendo tu vida de una manera estrictamente reactiva. Dejas de hacer tus propios planes, de perseguir tus propios sueños, para optar por la seguridad. Sigues trabajando en el mismo empleo estable, aunque no te satisfaga en absoluto y te pases el día quejándote de lo que haces. Perpetúas una relación sentimental aunque no te proporcione la misma pasión que una vez experimentaste. ¿Quién se supone que eres para cuestionar el sistema? Acepta tu lugar en el orden de las cosas y trata de pasarlo lo mejor posible. Sigue la corriente y no sacudas la barca. Y así pasas los días, rezando para que las corrientes de la vida te lleven a donde tú quieres.

Claro que existen peligros en la vida que conviene evitar, pero hay una gran distancia entre la imprudencia y el coraje. No me refiero al coraje necesario para sacar a alguien de un edificio en llamas. Hablo de la capacidad de atravesar todos esos miedos mentales y reclamar tu propio poder.

Miedo al fracaso. Miedo al rechazo. Miedo a no tener un duro. Miedo a estar solo. Miedo a la humillación. Miedo a hablar en público. Miedo a ser dejado de lado por la familia o los amigos. Miedo al arrepentimiento. Miedo al éxito.

Miedo al propio miedo.

¿Cuántos de estos miedos te están reteniendo? ¿Cómo vivirías tu vida si pudieras despojarte de todos estos temores? Dispondrías todavía de tu inteligencia y de la capacidad de navegar entre los peligros de la vida pero, sin sentir la emoción física del miedo, ¿estarías dispuesto a vivir de manera más arriesgada, especialmente en aquellos casos en que ni siquiera te enfrentes al dolor físico? ¿Hablarías más a menudo, hablarías con extraños, te zambullirías en todos esos proyectos que nunca te has atrevido a afrontar? ¿Y si pudieras aprender a disfrutar de todos esos miedos? ¿Cómo estarías viviendo tu vida ahora?

Puede que te hayas convencido en este punto de tu vida de que no tienes miedo de nada, de que, sencillamente, existen explicaciones perfectamente lógicas para evitar todas esas situaciones. Es de mala educación presentarte a un extraño. Da igual si hablas en público o no porque no tienes nada que decir. Pedir un aumento no sería apropiado porque tienes que esperar a la siguiente revisión salarial.

Son sólo racionalizaciones. Imagina cómo podrías vivir tu vida si pudieras tener el coraje de hacer con confianza todas esas cosas a las que todavía tienes tanto miedo.


¿Qué es el coraje?

“Coraje no es la ausencia de miedo, sino la idea de que algo es más importante que el mismo miedo”

—Ambrose Redmon

“Coraje es la resistencia al miedo, el dominio del miedo, no su ausencia”

—Mark Twain

“Coraje es estar acojonado y hacerlo igualmente”

—John Wayne

De acuerdo con el diccionario de la RAE, el coraje tiene dos acepciones:

1. m. Impetuosa decisión y esfuerzo del ánimo, valor.

2. m. Irritación, ira.

Me encanta la segunda, ya que muchas veces el valor necesario nace de la irritación y la ira. Es una transformación de energías.

En general se entiende el coraje como la capacidad de llevar a cabo una acción a pesar del miedo. A menudo el coraje es más cosa del intelecto que de la emoción. Precisa poner en juego una parte del sistema nervioso humano, el neocortex, para tomar el control sobre el sistema límbico emocional que compartimos con el resto de los mamíferos. El sistema límbico nos avisa del miedo, y el neocortex se impone afirmando que el miedo no es real, así que tenemos la capacidad de sentir el miedo y actuar igualmente. Cuanto más aprendes a actuar a pesar del miedo, más humano te haces. Cuanto más te dejas dominar por el miedo, más vives como un mamífero inferior.

La gente valiente siente el miedo, pero evita que éste les paralice. La gente que no tiene coraje tiende a actuar dirigida por el miedo más a menudo, lo que a la larga refuerza este comportamiento. Cuando evitas algo que te da miedo, el alivio posterior actúa como una recompensa psicológica que refuerza este tipo de acciones. Así que cuanto más evites enfrentarte a un miedo, más te condicionas a seguir este patrón en el futuro.

Este patrón causa, a la larga, estancamiento. A medida que pasa el tiempo, refuerzas estos comportamientos hasta que llega un punto en el que ni siquiera puedes imaginarte enfrentándote a tus miedos. Empiezas a pensar que tus miedos siempre han estado ahí, que son reales. Creas una burbuja que te protege de ellos: un matrimonio estable pero infeliz, un trabajo poco exigente, unos ingresos que simplemente te mantienen cómodo. Después racionalizas tus comportamientos: tienes una familia que mantener y no puedes asumir riesgos, eres demasiado viejo para cambiar de trabajo, no puedes adelgazar porque tu familia siempre ha sido gorda. Pasan cinco, diez y veinte años y te das cuenta de que tu vida ha cambiado muy poco. Te has estancado. Todo lo que queda es la esperanza de vivir los años que te quedan de la manera más resignada posible y esperar que un día alcances la seguridad completa.

Pero siempre habrá algo en el fondo de tu alma. Quizá una voz que te recuerde que esta no es la vida que querías vivir. Quiere más, mucho más. Quiere más dinero, quiere una relación apasionada, quiere que tu cuerpo esté en forma, quiere aprender nuevas habilidades, quiere ver el mundo, quiere tener amigos maravillosos, quiere ayudar a otras personas más necesitadas, quiere marcar una diferencia en el mundo. La voz te dice que vender escobas el resto de tu vida no es lo que querías. La voz se queja cuando te ves la barriga en el espejo o te ahogas al subir unas escaleras. Te dice que la razón por la que no harás nada decente en tu vida es porque tienes miedo. Y te niegas a escuchar.

Siempre estará ahí, recordándote tu mediocridad hasta que mueras lleno de arrepentimiento por lo que podría hacer sido.

Una vez leí una frase que me encantó:

“La gente no tiene miedo de morir; tiene miedo de no haber vivido”

¿Cómo vas a responder a esa voz que no parece callar? ¿Qué vas a hacer al respecto? ¿Qué haces cuando sientes esa sensación de que algo en tu vida no es lo que tendría que ser? ¿Cuál es tu método favorito para silenciarla? ¿Te enchufas a la tele o a la radio? ¿Trabajas horas interminables en un trabajo que no te dice nada? ¿Te empapas en alcohol?

Cuando lo haces, reduces tu nivel de consciencia. Te comportas como un animal asustado y te alejas de lo que significa ser un ser humano consciente. Reaccionas ante la vida en vez de hacer a la vida reaccionar ante ti. Caes en un estado de impotencia en el que empiezas a pensar que tus metas ya están fuera de tu alcance. Te conviertes más y más en un ratón, e incluso te convences de que no está tan mal después de todo, sobre todo teniendo en cuenta que todo el mundo parece estar de acuerdo al respecto. Te rodeas de amigos ratones y, cuando alguna vez encuentras a un ser humano completamente consciente, te cagas encima al recordar cuánto de tu coraje se perdió por el camino.

–––––
Puedes contactar con el autor aquí.

Written by jmalonda

marzo 8th, 2010 at 8:52 pm