Archive for the ‘proactividad’ tag
Tienes derecho a equivocarte
El derecho a la equivocación no se encuentra en las páginas de la declaración de los derechos humanos, pero quizá debiera incluirse. Grandes noticias: No sólo tienes derecho a equivocarte, sino que también tienes derecho a fracasar.
“Éxito es la capacidad de pasar de un fracaso a otro sin pérdida de entusiasmo”
—Winston Churchill
Cada uno de nosotros tiene derecho a equivocarse, derecho a cometer errores, derecho a fracasar. Jamás hubiéramos aprendido a andar si hubiéramos pensado que lo teníamos que hacer bien a la primera. Alguno cumpliría los treinta y se diría “Hoy, hoy es el día. Por fin estoy listo para ponerme en pie”.
Los niños no se preocupan por lo que otros vayan a pensar de ellos, o lo que otros les vayan a decir. Simplemente hacen. Lo intentan una y otra vez hasta que lo consiguen. Cuando se deciden a hacer algo, es muy difícil que no lleguen a hacerlo, y casi imposible disuadirles.
Parece obvio que tenemos el derecho a equivocarnos. Sin embargo, ¿por qué nos cuesta tanto ejercer ese derecho? Pienso que se debe a que creamos una imagen de perfección personal que queremos mantener a toda costa. Si salgo a hablar en público y me equivoco, ¿en quién me convertiré? ¿Seré un idiota, un imbécil, un gilipollas? Como no nos gusta identificarnos con ninguna de esas etiquetas del ser, evitamos exponernos. Pero sólo son palabras. A veces puede resultar muy conveniente convertirse en un idiota, en un imbécil, en un gilipollas o en una combinación de las anteriores. Son recursos fantásticos que están ahí para ser utilizados.
¿Qué hay de malo en estar equivocado? Si nunca estás equivocado, demuestras que nunca te arriesgas, que nunca haces nada que se salga del molde, que nunca das un paso más allá y te expones a la crítica. Está bien y es una manera aceptable de actuar, pero rara vez evolucionarás. La evolución misma es un proceso de prueba y error. A cada iteración hay novedades que se prueban inútiles. El proceso evolutivo descarta lo que no funciona y respalda lo que sí que lo hace. El ser humano no existiría sin los errores porque rara vez algo funciona a la primera.
Sin embargo, en la sociedad moderna parece que sólo se valora a aquellos que siempre aciertan, que siempre hacen lo correcto. Se nos educa para conocer las respuestas, no para plantear nuevas preguntas o para proponer respuestas novedosas. En los círculos empresariales, el que asciende es aquel que parece que nunca se equivoca, aunque detrás de las bambalinas uno observe que esa imagen se forja a costa de culpar a otros de sus propios errores. Aquel que se equivoca es humillado y vilipendiado.
Atrévete a moverte en los límites de tu propia certidumbre. Esta es una de las mejores maneras de aprender. Expresa tus ideas y permite que otros reaccionen a las mismas. Observa y escucha sus reacciones y aprende de ellas, porque esto te ayudará a refinar tus ideas y a encontrar nuevos matices y perspectivas que antes se te habían pasado por alto. Si no compartes tus ideas te estarás privando de los puntos de vista de otros y de su aportación en forma de feedback.
En ocasiones otros reaccionarán aportando nuevos hechos y datos, profundizando en los detalles. Otras veces las reacciones serán meramente emocionales, lo que te permitirá acostumbrarte a desarrollar resiliencia a la hora de lidiar con las reacciones de otros. En cualquier caso, siempre puedes salir ganando. Es una cuestión de actitud.
Despójate de tu ego
Nos resistimos a estar equivocados porque nos identificamos con nuestras ideas. Si las ideas son malas, entonces nosotros somos malos y nos sentimos humillados. Sin embargo, tú eres algo más grande que tus propias ideas. Tu identidad está por encima de lo que dices y de lo que haces. Incluso cuando otros te recuerden tus errores, puedes sentirte orgulloso por haberte atrevido a cometerlos. Tus errores sólo son el resultado de experimentar en el mundo.
Cuentan, sea cierto o no, que Edison fracasó mil veces antes de inventar la bombilla. Uno de los discípulos que trabajaba con él en el taller le preguntó “¿No se desanima usted después de fracasar tantas veces?”, a lo que él respondió “¿Fracasar? No sé de qué me hablas. En cada pasó descubrí un motivo por el que la bombilla no funcionaba. Ahora ya sé mil maneras en que no se debe fabricar una bombilla”.
“No hay fracaso, sólo feedback”
—Presuposición de la PNL
Identificarte con tus resultados es una inversión improductiva, innecesaria e inútil. Si piensas que el fracaso de una idea es un fracaso personal, entonces tomarás muy pocos riesgos, riesgos que podrían haber significado una diferencia sustancial en un primer momento. Si no arriesgas al máximo desde el principio, estás haciendo menos de lo que puedes hacer. No se trata de arriesgar la vida, se trata de arriesgarte a ser criticado. Sobrevivirás. En serio.
Una de tus ideas puede estar equivocada y tú puedes permanecer tranquilo, alegre y relajado. Puedes incluso divertirte con tu equivocación. Puedes hacer chistes al respecto.
¿Cómo podrías ejercer en tu vida tu derecho a estar equivocado? ¿Hay alguna idea que hayas estado temiendo expresar? ¿Hay algo que hayas estado dejando de hacer porque tenías miedo a parecer tonto o idiota? ¿Hay algo que no te hayas atrevido a hacer ahora por miedo a fracasar? ¿Qué podrías hacer si te permitieras estar equivocado? ¿Qué podrías aprender? ¿Hasta dónde podrías llegar si te permitieras equivocarte?
Evita identificarte con tus errores. Recuerda, se trata de una limitación en tus habilidades. Aunque te falten ciertas facultades y conocimientos, sigues siendo un ser humano.
Tienes derecho a estar equivocado. Permite que tus ideas fracasen, permite que tus capacidades muestren sus limitaciones, permite que tu conocimiento te revele tus lagunas. Nada de todo esto eres tú.
Cuando fracasas descubres tus fronteras. Creas un mapa más preciso de los límites de tus capacidades. Esto te permite, finalmente, superarte. Mañana harás cosas que ayer te parecieron imposibles. Siempre ha sido y siempre será así, y te conviene hacer el proceso consciente para poder acelerarlo y convertirlo en más eficiente.
Estar equivocado te permite, finalmente, estar en lo cierto. Y en cualquier caso es un camino mucho más interesante que no estar en absoluto.
–––––
Puedes contactar con el autor aquí.
¿Qué sentido tiene el desarrollo personal?
¿Qué sentido tiene el desarrollo personal? ¿Para qué evolucionar? Estas son algunas preguntas interesantes.
Vivimos en un país, España, en el que la gente es perfecta, o al menos recorre largas distancias para dar esa impresión a los demás. Desde esa perspectiva, el desarrollo personal no tiene ningún interés. Si uno es perfecto, ¿para qué evolucionar? ¿Evolucionar hacia dónde? ¿No es acaso la perfección el estado último del ser humano? ¿No hemos llegado ya ahí? ¿No estamos ya en la cima?
La realidad es, como uno puede suponer, bastante distinta.
Otras personas razonan sus argumentos de una manera más elaborada. Dicen: ¿Para qué mejorar? Nacemos. Morimos. Todo lo demás comparte el mismo destino. ¿Por qué ese interés en mejorar? ¿Cuál es el propósito? Las expectativas sólo llevan a la frustración cuando no se ven colmadas. ¿Por qué no llevar una vida sin expectativas y ver qué sucede? ¿Alguien ha probado a llevar una vida sin fijarse objetivos, sin competir, sin mejorar? ¿No nos trae eso la paz? ¿No es eso lo que estamos todos buscando?
Esas son algunas preguntas lícitas, lógicas, razonables comprensibles e interesantes.
La respuesta general es que no es necesario ponerse metas ni mejorar. Mucha gente lo hace. El desarrollo personal es una elección consciente, una elección que está a tu disposición en cualquier momento. Esta página tiene la intención de ayudar a aquellos que han elegido tomar ese camino. Si perteneces a otro grupo de personas y estás leyendo esto, sencillamente estás perdiendo el tiempo. No tiene ningún sentido para ti continuar, y te animo a que hagas cualquier otra cosa.
¿Existe un conflicto entre mantener la intención de mejorar continuamente y encontrar la paz interior? En absoluto. Ambas opciones pueden, de hecho, ser halladas en el mismo camino. Mantener la intención de crear un futuro mejor que el pasado y encontrar la paz interior pueden ser dos cosas más bien íntimamente relacionadas, puesto que soñar con un mañana mejor es algo que se encuentra profundamente grabado en la propia naturaleza del ser humano, al igual que la paz. En caso contrario nos hubiéramos quedado por el camino y no habría hoy nadie para escribir estas líneas. Lo que causa el problema de paz interior es el concepto del apego.
Cuando mantienes tu apego hacia un resultado concreto, cuando tratas de controlar todos los elementos de una situación, incluso aquellos sobre los que no tienes ningún tipo de influencia, es cuando pierdes la paz interior. Pero cuando creas la intención y después te desapegas de la necesidad de que las cosas salgan de una manera determinada, entonces puedes experimentar un enorme crecimiento y cambio positivo manteniendo la sensación de paz interior. Acepta que las cosas no siempre saldrán como has planeado y que existen fuerzas más allá de tu control. La vida tiene vida propia.
Al crear esta página y escribir artículos, mi principal intención es ayudar a la gente a evolucionar. Esto me proporciona una cierta paz interior porque es una actividad que me satisface espiritualmente y se encuentra alineada con mi propia visión del mundo. Al mismo tiempo, me mantengo desapegado de la necesidad de obtener un resultado en particular. Tengo una idea de lo que quiero que suceda y a la vez permanezco abierto y acepto cualquier posible escenario que se desencadene como resultado de mis acciones. Algunas personas sentirán que les he ayudado en gran medida; otras puede que malinterpreten lo que escribo y que se sientan incluso ofendidas por lo que digo. Ambas posibilidades son perfectamente aceptables para mí. Las reacciones de los lectores son algo que escapa completamente a mi control, y estar mínimamente confuso al respecto pondría una gran presión sobre mis hombros. Si permanezco a expensas de las reacciones de otros, jamás encontraré un sentimiento de paz interior en esta actividad. Creer que puedes controlar lo que está fuera de tu control es la receta fundamental para el estrés y la frustración.
En cualquier actividad que emprendas, puedes presuponer que un tercio de la gente estará a favor, un tercio estará en contra y al tercio restante le traerá sin cuidado. Procura hacer todo lo que hagas por tu propia satisfacción y no para la satisfacción de otros. De lo contrario, te encontrarás permanentemente frustrado. Careces de control sobre las reacciones de los demás. Acéptalo y habrás recorrido una gran distancia.
Mi perspectiva respecto al desarrollo personal es que se trata del mayor camino que uno puede emprender. Se trata de una sana competición con uno mismo, haciendo las cosas mejor cada día que pasa, buscando nuevos retos cuando los anteriores han sido superados, ampliando las miras y ensanchando la perspectiva ante la vida. Evolucionar supone dolor y placer. La propia vida se compone de estos mismos elementos. Está perfectamente bien vivir una vida esperando nada, pero eso es exactamente lo que conseguirás: una vida de nada. Estás en tu derecho y mucha gente lo hace. No estás sólo en ese camino.
¿Cuál es el sentido de la vida? La vida está ahí sentada haciéndote a ti la misma pregunta: ¿Cuál es el sentido de TU vida? Esto es algo que cada uno debe responder por sí mismo. Si no respondemos, la respuesta que estamos dando es “ninguno”, y terminaremos haciendo exactamente eso: vivir una vida sin sentido.
Es posible que el sentido más profundo de la vida sea la evolución. Desarrollarse y ayudar a otros a hacer lo propio, aunque sea simplemente sirviendo como modelo. Esta es una actitud ante la vida que carece de un final. Uno siempre está aprendiendo. Lo importante es el mismo camino. Si uno compite en un evento, la victoria o el fracaso es irrelevante; es la misma competición la que debe resultar excitante y divertida. Si uno fija un objetivo, la consecución del mismo importa poco; es el proceso mismo el que debe tener sentido para uno. Lo contrario compra demasiados boletos para el descalabro. Y es, paradójicamente, precisamente cuando uno consigue desapegarse del resultado que se encuentra en la mejor posición para obtenerlo. Diviértete con todo lo que hagas. La vida es diversión. Es algo que tenemos muy claro cuando somos niños y que olvidamos por el camino.
¿Qué importa si ganas millones de euros o montas un gran negocio o ganas un concurso? En un horizonte temporal lo suficientemente amplio, todas esas cosas son polvo. Es el proceso de conseguir todas esos objetivos, el acabar con los dragones del miedo, el aprender nuevas habilidades, el explorar nuevas perspectivas, el influir a otras personas por el camino, el caer y el volver a levantarse. Eso es lo realmente importante. La vida se vive día a día. Si cada uno de tus días está lleno de sufrimiento y frustración, tu vida será sufrimiento y frustración. Elige crear alegría, diversión, contribución y pasión, y toma los pasos necesarios para que cada uno de tus días sea significativo para ti.
Nadie tiene por qué elegir el crecimiento de manera consciente. La vida misma garantizará el crecimiento personal en cualquier caso. ¿Quién puede vivir en la tierra y no crecer? O te desarrollas de manera consciente o la vida te pondrá las pruebas necesarias para que aprendas determinadas lecciones. Hasta que estés muerto y enterrado, el crecimiento y el aprendizaje están asegurados. Mi decisión es abrazar este hecho y fluir con el mismo proceso evolutivo y de cambio consciente. La alternativa es el desarrollo inconsciente. He probado ambos y el primero me resulta mucho más agradable, significativo y satisfactorio.
“¿Qué es la felicidad sino el desarrollo de nuestras facultades?”
—Germaine de Staël
PD: Este artículo está basado en “Why pursue personal developmente at all?“ de Steve Pavlina.
–––––
Puedes contactar con el autor aquí.
Invertir en uno mismo
Una de las primeras cosas que recuerdo a mi padre tratando de transmitirme era esta: “En mi vida, el primero soy yo”. No lo decía exactamente así, sino que decía “Para poder hacer felices a los demás, primero debo ser feliz yo”. Por obvio que resulte el concepto cuando uno lo comprende, mucha gente sigue entendiéndolo como algún tipo de derivado del egoísmo. Sin embargo, tú no eres tu ego; eres algo más grande y que contiene a tu ego aparte de muchas otras cosas. Y yendo un poco más lejos, varios niveles neurológicos por encima, tú eres lo que haces. Fundamentalmente eres una expresión de tu propósito en la vida. Puede que para ser feliz quieras hacer felices a otros a tu alrededor. Ambas cosas pueden estar perfectamente alineadas, y visto así tiene muy poco que ver con lo que normalmente se entiende por egoísmo.
Graba esto en tu mente porque es un pilar principal de toda esta experiencia: “En tu vida, lo más importante eres tú”. Si no lo comprendes todavía, actúa como si fuera cierto igualmente. Tus resultados cambiarán espectacularmente. Tú eres el centro de tu vida. Todo tu universo personal, toda tu experiencia de la vida, emana de ti mismo. Serás incapaz de respetar a otros hasta que no te respetes a ti mismo; tampoco los demás te respetarán si tú no te respetas a ti mismo. Si quieres que te respeten, debes mostrar a otros cómo lo haces tú. Serás incapaz de hacer felices a otros hasta que no seas capaz de hacerte feliz a ti mismo; tampoco otros te harán feliz hasta que no lo hayas hecho tú antes contigo mismo. Serás incapaz de amar a otros hasta que no te ames a ti mismo; tampoco otras personas te amarán hasta que tú no te ames a ti mismo. Amarse a uno mismo incluye conceptos como el respeto, la autoestima, la honestidad y la consciencia entre otros.
¿Cómo puede hacerte alguien feliz si tú no sabes lo que es estar feliz? ¿Cómo te lleva alguien a un estado que tú desconoces en ti mismo? ¿Cómo se supone que vas a llegar hasta allí si no sabes adónde vas? ¿Cómo muestras a otros lo que significa para ti ser respetado? ¿Pides a los demás que te amen cuando tú no te amas a ti mismo? Tú debes ser el ejemplo, tú debes dar el primer paso. Tú debes encontrar el camino en tu interior. Los demás te respetarán de manera natural cuando tú les muestres cómo lo haces contigo.
Hablando en términos generales, vivimos en una época en la que nos respetamos muy poco. Carecemos de criterios según los cuales estimar nuestros actos, y desconocemos qué son exactamente el bien y el mal según nuestro propio entendimiento. No somos conscientes de nuestros valores y, por tanto, vivimos ajenos a ellos. No tenemos una visión de la sociedad a la que podamos contribuir con nuestras acciones. No tenemos objetivos. No sabemos lo que queremos para nosotros más allá del fin de semana o de las vacaciones de semana santa. Nos conocemos muy poco, desconocemos las cosas que nos hacen realmente felices y nos llenan y, por tanto, a menudo nos sentimos vacíos e insatisfechos llenándonos el espíritu de actividades vacuas y consumismo caro que pagamos con nuestro tiempo y nuestra energía, con nuestra propia vida. Vivimos una época de soluciones rápidas, buscando experiencias que se asemejan a un chute de droga. Las sensaciones nos llenan un rato y luego quedamos igual o peor de lo que estábamos. Bienvenidos a la era de la gratificación instantánea. Hoy, el mundo se arregla con una pastilla.
Invertir en uno mismo puede ser extremadamente barato. Un primer paso puede consistir en tomarse algo de tiempo en investigar las fuentes de la propia satisfacción; darse cuenta de qué es lo que uno realmente valora, qué actividades le resultan gratificantes y le llenan por dentro dejándole una mezcla de satisfacción interna y de ganas de repetir. Saciar el hambre del espíritu. Investigar y establecer criterios y valores que nos ayuden a decidir lo que queremos para nosotros y lo que no.
Empezar a tomar decisiones en este sentido puede tener un gran impacto en tu vida. Decidirás a qué lugares quieres ir y a cuáles no irás bajo ningún concepto. Decidirás de qué personas te quieres rodear y de cuáles no quieres saber nada por considerarlas simplemente tóxicas para ti. Explorarás qué comida te sienta bien y qué te sienta mal e introducirás cambios en tu dieta. Dejarás atrás tus adicciones y cambiarás tus hábitos por otros alineados con tu estilo de vida.
El mero hecho de tomar consciencia de tus criterios y de tus valores tiene un gran impacto en tu vida y te puede llevar a cambiar de amigos, de trabajo o de actividades. Por otra parte, regirte mediante tus propios criterios te convierte automáticamente en una persona más atractiva para los demás. Al valorarte a ti mismo, con el tiempo adquieres cada vez más valor y, para otros, el simple hecho de estar contigo resulta estimulante a muchos niveles. Sabes lo que quieres y lo persigues. Si quedas con alguien, la otra persona sabe que no se trata de que no tuvieras nada mejor que hacer, sino que tienes un interés activo en encontrarte con ella para pasar un buen rato. Al tomarte en serio tus actividades y disfrutar con ellas, mucha gente se interesará por las mismas. Regirte por tus propias directivas te permite crear una vida ajustada a tus necesidades, con la gente que te gusta y llena de actividades que te sacian interiormente y que son un reflejo de lo que, en el fondo de ti, eres.
Invertir en uno mismo no es necesariamente una cuestión de dinero; basta con invertir algo de tiempo y atención sobre uno mismo y sus circunstancias para lograr cambios importantes. Por supuesto, el dinero nos permitirá acceder a otros recursos que nos resultarán de gran ayuda en nuestra evolución o desarrollo personal. Puedes invertir en ti mismo en cualquier momento dependiendo de la cantidad de dinero que puedas destinar.
Cualquier empresa que desee mantener una evolución sostenible en su mercado invierte aproximadamente en torno al 10% de sus ingresos en su propio desarrollo. Esa parte de los beneficios se emplea en cursos de formación de los trabajadores, renovación de la maquinaria, investigación de nuevos procesos, exploración de mercados… Puedes considerar tu propia vida como tu empresa. ¿Inviertes tiempo en ti mismo? ¿Inviertes dinero? ¿Qué cantidad anual inviertes en tu desarrollo? ¿Cómo esperas crecer si no dedicas parte de tus beneficios a descubrir y potenciar tus propios recursos? Ten en cuenta que tú eres tu mayor valor, tu principal activo, de la misma manera que la empresa es el principal activo de la propia empresa.
Puede ser algo tan sencillo como hacer algo que te haga sentir mejor. Hace sol; sal y compra un helado. Te interesan los ordenadores; compra un par de revistas mensualmente. Quieres desarrollar la memoria; cómprate un libro sobre el tema y comprométete a practicar. Quieres mejorar tus posibilidades laborales; aprende inglés o asiste a algún seminario relacionado con tu sector. Aprende, desarrolla nuevas habilidades, explora nuevas posibilidades. Invierte en conocimiento. Invierte en tus relaciones. Cada pequeño avance tendrá repercusiones futuras en diferentes áreas de tu vida. Haz todo lo necesario para sentirte bien y fomentar tu felicidad futura, una felicidad sólida, estable y cimentada en ti mismo y no en circunstancias externas ajenas a tu control. La suerte es la suma de la preparación más la oportunidad. Sólo aquel que está preparado es el que repara en esa ventana que se abre apenas un instante en el tiempo.
En mi caso, y gracias a los consejos de mi padre, siempre tuve claro más claro que muchos que yo era lo primero. Ahora estoy llevando este entendimiento a un nivel superior y cada vez soy más consciente de mi importancia en mi propia vida. El mero hecho de escribir que soy lo más importante de mi vida me resulta ya casi estúpido por excesivamente obvio. Sólo en los dos últimos años he invertido 3.000 euros en mi propia formación y adquisición de conocimientos y experiencias, y sólo en el próximo año ya invertiré otros 3.000 euros más. Los beneficios de esta inversión me resultan más y más obvios cada mes que pasa, y estoy tremendamente satisfecho con estas decisiones.
Para mí, el trainer y el master de PNL han sido una gran experiencia. Para poder transmitir lo que ha significado para mí adquirir estos conocimientos te plantearé la siguiente metáfora:
¿Recuerdas cuando ibas al colegio? En tu día a día te preocupabas por la ropa que llevabas, por lo que otros pudieran pensar de ti, porque se te viera con determinadas personas, porque nadie te encontrara en determinados lugares. Que otros pudieran hablar mal de ti te podía quitar el sueño. Hoy, quizá 20, 30 ó 40 años después, has adquirido una serie de conocimientos, una experiencia, que te permite recordar aquellos tiempos y reírte de ti mismo, de tu ignorancia sobre cómo funcionan las cosas de la vida y de lo mal que lo pasaste en comparación a cómo te encuentras hoy en día. En todo ese tiempo has cambiado o, como se dice comúnmente, has madurado. Yo prefiero el término ‘evolucionar’. Mientras vivas, estarás evolucionando. En las próximas décadas adquirirás una serie de conocimientos y una sabiduría que hará que de aquí 20, 30 ó 40 años te permitas observarte a ti mismo ahora y reírte de ti, de tu ignorancia sobre cómo funcionan las cosas de la vida y de lo mal que lo puedas estar pasando en estos momentos. Bien. Ahora imagina que pudieras adquirir esos conocimientos, en vez de 20, 30 ó 40 años, en 2, 4 ó 6. Imagina que pudieras cubrir ese proceso evolutivo en un tiempo diez veces menor. ¿No sería fantástico? ¿Cómo cambiaría tu vida? ¿Cuáles serían las consecuencias? ¿Qué te depararía el futuro? ¿Qué puertas se abrirían? ¿Con qué nuevas opciones contarías? ¿Qué sueños podrían resultar entonces asequibles? ¿Cómo sería haber integrado gran parte de la sabiduría sobre la vida y haber tenido acceso a una gran fuente de conocimiento humano? Piensa que podrías ser una nave espacial y estar conduciéndote a ti mismo como un 600. ¿Realmente crees que has terminado de aprender a hablar? ¿Realmente piensas que has terminado de aprender a manejarte a ti mismo? ¿Qué te hace pensar eso? La vida es un aprendizaje que continúa cada día hasta el último.
En mi caso he comprobado en dos años, fundamentalmente, una reducción drástica del drama en mi vida, una mayor comprensión de mí mismo y de los que me rodean, una significativo aumento de mi autoestima, un mayor entendimiento de los procesos mentales y del impacto que tienen en mi vida, una enorme comprensión del lenguaje y de las implicaciones de su uso sobre mí y sobre otros, una mayor facilidad para detectar aquellas influencias negativas en mi entorno y una gran efectividad a la hora de deshacerme de ellas. También he tomado consciencia de mis valores y he establecido criterios en mi vida que me permiten decidir qué es para mí importante y qué es completamente irrelevante y por tanto directamente descartable. El cambio ha sido tan radical que a veces me pregunto qué tipo de vida llevaba yo antes y cómo pude sobrevivir tanto tiempo en esas condiciones. Ahora me resulta fácil ilusionarme con mis proyectos futuros e imaginar posibilidades. Saber cómo eres y cómo funcionas, e ir descubriendo poco a poco quién eres y para qué, es para mí la única manera digna y merecedora de vivir.
Invierte en ti mismo. Es una gran decisión.
“La mayor parte de la gente sobreestima lo que puede hacer en un año e infravalora lo que puede hacer en cinco”
—Anthony Robbins
–––––
Puedes contactar con el autor aquí.