La humanidad como un cuerpo
La perspectiva mecanicista del mundo concibe al ser humano como un ente definido y claramente separado de todo lo demás. Es decir, existe una separación clara entre un ser humano y otro, así como entre ellos y los demás. Ambos son considerados “objetos” independientes. Este paradigma genera una sensación de separación entre los humanos, estableciéndose una serie de principios sobre el pensamiento “Yo y los otros”.
La perspectiva mecanicista es el resultado de lo que resulta obvio a nuestros sentidos. Desde luego, parece obvio y evidente que existe una separación entre el observador y lo observado, y no fue hasta hace relativamente poco que la ciencia comenzó a cuestionar esta presuposición. Esta visión mecanicista, que parece que inicia ahora su decadencia, continúa presente en nuestra manera de pensar y por tanto se refleja en nuestro lenguaje. A menudo hablamos de “los demás” o “la gente” como si fuéramos independientes de esos conjuntos, conscientes de una frontera bien definida. Nos resulta fácil hablar de “Los otros”.
Es posible que esta división esté equivocada. De hecho, la PNL tiene sus propias presuposiciones al respecto.
De acuerdo a la Programación Neurolingüísitica, un ser humano es un sistema inmerso en un sistema mayor. Esto significa que cualquier acto humano, por pequeño que sea, genera un cambio en el sistema mayor y unas consecuencias que se propagan por el mismo. Cada uno de nuestros actos tiene consecuencias, seamos conscientes de ellas o se produzcan fuera de nuestro radar. Observa una conversación con detenimiento y te darás cuenta de que es más bien una danza que una interacción perfectamente definida.
Un pequeño ejemplo sobre cómo las acciones y las energías se propagan. Un jefe tiene problemas con su mujer. Al llegar al trabajo, descarga su frustración sobre un empleado en forma de bronca. El empleado sale a tomar un café y descarga su frustración sobre el camarero. El camarero llega a su casa y descarga su frustración sobre su mujer. Su mujer… en fin. La cadena se propaga hasta que la energía inicial se disipa en el sistema. Seamos o no conscientes de ello, cada acto genera repercusiones en el resto del sistema. En esencia, energías positivas generan consecuencias positivas y viceversa.
Quizá alguna vez te hayas hecho preguntas del tipo ¿Por qué debería ayudar a otras personas? ¿Está bien vivir sólo para uno mismo? ¿Es suficiente con no hacer daño a nadie?
En ocasiones es conveniente salir del problema para resolverlo. Ampliar las miras y observar este problema desde otra perspectiva permite solucionar fácilmente estas preguntas.
“Es imposible resolver un problema desde el mismo nivel de pensamiento que lo creó”
—Albert Einstein
Empleemos una metáfora para observar el problema desde otra perspectiva más amplia.
De la misma manera que nuestros cuerpos están compuestos por células, si aumentamos la escala, el cuerpo de la humanidad está constituido por cada uno de nosotros. Tú y yo somos células de ese cuerpo mayor; el cuerpo de la humanidad.
La humanidad en su conjunto posee una memoria colectiva e incluso una consciencia de grupo. De acuerdo con Jung, existe también un inconsciente colectivo. Cuando una serie de unidades se unen en un grupo para lograr un fin común, el grupo adquiere vida propia. Posee una consciencia propia, una mente propia y una intención propia y conjunta. Las emociones y los pensamientos se comunican inconscientemente y se dispersan a gran velocidad, facilitando que el grupo actúe como un ente con vida y voluntad propias. El grupo dirige a sus unidades y sus unidades dirigen al grupo. La frontera de la identidad se diluye.
Dentro de la perspectiva de la humanidad como un cuerpo, encontramos tres categorías básicas de comportamiento. Éstas corresponden a las tres mentalidades fundamentales a la hora de relacionarse desde la individualidad con el resto del sistema.
- Egoísmo tóxico: Utilizo esta definición para definir a aquellas personas que actúan en beneficio propio (algo que recomiendo a todo el mundo), pero en detrimento de los demás. De acuerdo a la PNL, se diría que actúan de una manera poco ecológica. Prefieren ignorar el entorno en el que se mueven y prescinden de evaluar las consecuencias de sus actos en el conjunto del sistema. Carecen de visión sistémica.
- Neutralidad: Este planteamiento podría resumirse mediante la frase “Vive y deja vivir”. Estas personas prestan atención a las posibles consecuencias de sus actos y se conforman con evitar consecuencias negativas sobre otros. Desde un punto de vista del sistema, sus acciones arrojan en conjunto un resultado neutro. No hacen el mal, pero tampoco hacen el bien.
- Unidad: En este caso, las personas reconocen que viven en un sistema y que el bienestar del mismo depende también de ellas. Enfocan sus actos de manera que el impacto de los mismos sobre su entorno tenga un balance positivo sobre el sistema.
En el siguiente artículo veremos los diferentes casos en detalle.