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Curso introductorio a la PNL en Valencia
L’Escola de Vida, la escuela en la que me formo actualmente en PNL, ofrece todos los años un curso introductorio. Hasta donde sé, el contenido de este curso introductorio es el correspondiente al primer módulo del temario del grado Practitioner de PNL. Acudiendo a este evento, el interesado tiene la oportunidad de tener un primer contacto con el mundo de la Programación Neurolingüística. Este primer acercamiento permite hacerse una idea del contenido del curso y permite valorar si nos interesará o no involucrarnos en el curso completo.
El taller tendrá lugar el Sábado 3 de Julio, desde las 10h hasta las 20:30h, supongo que con una pausa para comer. L’Escola de Vida está situada junto a la lonja de Valencia, concretamente en el número 8 de la calle Taula de Canvis (mapa).
El precio del taller es de 100 euros. Esta cantidad se descontará de la matrícula en caso de que el alumno decidiera finalmente acceder al curso completo.
Detalles del taller de Introducción a la PNL.
Por mi parte, como entusiasta de la PNL, os recomiendo a aquellos que tengáis la oportunidad de asistir que lo hagáis. Tendréis la oportunidad de acceder de primera mano a lo que significa participar en un taller de PNL, podréis aprender un poco sobre esta materia y tendréis la posibilidad de conocer a otras personas con inquietudes similares a las vuestras.
Si finalmente os animáis, os ruego indiquéis a María que vais de parte de Javier Malonda. Espero que disfrutéis de ese día y de la experiencia de un taller de PNL.
Detalles de la escuela:
Nombre del centro: Escola de Vida
Dirección: C/ Taula de canvis, 8
Teléfono: 96 392 59 17
Email: pnl@escoladevida.com
Página web: http://www.escoladevida.com/
Responsable: María Clavel
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Puedes contactar con el autor aquí.
¿Quién tiene la culpa?
Hace ya casi dos años que volví de Alemania. Allí estuve trabajando durante cuatro años en SiemensVDO, la filial de automoción del gigante alemán comprada más tarde por Continental. La manera de trabajar era muy diferente a la española, primero por la propia manera de pensar de los alemanes y segundo por el modo de reaccionar de los jefes ante los problemas que surgían en el día a día.
Una de las cosas que más me sorprendió ver en la empresa fue la manera en que se gestionaban los errores, en ocasiones graves. En España, cuando se comete un error en el algún punto del proceso, la primera pregunta que se hace un jefe suele ser “¿De quién es la culpa?”. Se corre a depurar responsabilidades, a encontrar al culpable y a meterle una bronca para que “no se vuelva a repetir”. Mediante esta estrategia, no solamente es normal que el error se vuelva a repetir sino que además, mientras se busca y se encuentra un culpable o cabeza de turco, el problema sigue sin solucionarse y el tiempo corre.
En Alemania, lo primero que el jefe hacía era preguntar “¿Cómo lo resolvemos?”. La gente se empezaba a mover y el problema quedaba resuelto en la mayor brevedad posible. Una vez el error había sido subsanado, entonces se investigaba qué había sucedido exactamente y se aseguraban las medidas para evitar que ocurriera lo mismo en el futuro. El proceso, mental y operativo, era diametralmente opuesto al que se suele realizar en España, y a mí me parecía que funcionaba mucho mejor.
La culpa.
“La culpa es tuya” o “Esto es por tu culpa” son frases que oímos a menudo, no sólo en entornos laborales, sino también en relaciones de pareja e incluso amistosas. La culpa es, de acuerdo a la PNL, una nominalización. Esto es cuando le damos nombre a algo que no existe físicamente. La próxima vez que te digan que tienes la culpa, puedes mirarte los bolsillos y decir “Yo no la tengo. Me la habré dejado en casa”.
La culpa es más bien un sentimiento muy desagradable. Es una de las sensaciones más desagradables que uno puede generar en su cuerpo. Nace de una sociedad en la que parece que equivocarse es un error capital. Esta manera de pensar hace que no nos atrevamos a hacer cosas diferentes, a pensar cosas diferentes siquiera, porque corremos el riesgo de equivocarnos. Esto es una estupidez altamente contraproducente para todos. Recuerda, todo es feedback. Y lo más importante: tienes derecho a equivocarte. Tienes derecho a hacer las cosas mal. Saca de tu vida a aquellos que se enfadan ante tus equivocaciones, porque están en oposición a tu desarrollo y a tu creatividad.
La culpa nace de una forma especial de utilizar el lenguaje, generalmente empleada por los padres, y que hace uso de los verbos “tener que” y “deber”. “Tienes que hacer esto”, “Debes hacer esto”. Cuando oigas frases de ese tipo, pregúntate ¿Y qué sucede si decido hacer otra cosa?, ¿Cuáles serán las consecuencias? Si aceptas este tipo de mandatos te sumerges en un mundo en el que cada vez hay más normas, reglas y obligaciones. En tu mente se crea una maraña de cables entrecruzados que terminan por restringir tu libertad física e incluso tus reacciones. Queda un fino espacio entre tanto deber hacer esto y tener que hacer lo otro, y por ahí es por donde te mueves, cada vez más ahogado. No es difícil estar en una situación de este tipo, y uno no se da cuenta hasta que se empieza a sentir asfixiado. Créeme, he estado ahí.
Es curioso que, en un mundo tan dominado por el ansia de posesiones, precisamente la culpa otorgue prestigio a aquel que no la tiene. Y es precisamente el que suele tener la culpa el único que, de entre todos los demás, decidió hacer algo. El único que tomó una iniciativa. La culpa se pasa de mano en mano como si fuera un billete y, cuando la música se para, aquel que la tiene es vilipendiado. En esta sociedad casi todos juegan a lo mismo, y se empieza a hacer muy aburrido. Y, si uno se fija, se da cuenta de que es aquel que echa la culpa a otro el que la tuvo en primera instancia y ahora se deshace de ella.
Este juego es inútil para todos. Que alguien desarrolle un sentimiento de culpa y que éste eche raíces en su cuerpo para quedar ahí latente a la espera de ser activado de nuevo es algo terrible. Esta somatización permite que nazcan otras malas hierbas como la rabia, el resentimiento y el remordimiento. En cuanto estos arbustos están instalados en la mente, desarrollan sus propias ramas en forma de argumentos mentales y despliegan sus hojas en forma de pensamientos, intoxicando los procesos mentales y consumiendo el cuerpo de aquel que los alberga.
De acuerdo a la RAE, la culpa no es un sentimiento sino una acción concreta cometida voluntariamente con la intención de hacer daño a terceros. Así pues, conviene ir sustituyendo la culpa por la responsabilidad. Responsabilidad es una palabra compuesta de dos términos: respuesta y habilidad. Es decir, la responsabilidad es la habilidad de ejecutar una respuesta. Una persona responsable es aquella que es capaz de responder de una manera hábil y acertada, tanto con palabras como con acciones.
De acuerdo a estas definiciones, mientras que la culpa esclaviza (y por eso se utiliza con tanta vehemencia), la responsabilidad nos hace libres. Mientras que la culpa es un sentimiento que nace de la frustración y de la intolerancia, de la responsabilidad surge el sentimiento de ser honesto y proactivo. Las personas responsables saben que lo que sienten en su interior tiene el poder de cambiarlos y evitan ceder a otros sus propias responsabilidades, así como también deciden dejar de asumir aquellas responsabilidades que son competencia de otros. El responsable se hace cargo del riesgo de ser perseguido y criticado por aquellos que emplean la culpa para manipular, pero lo prefiere a ser esclavizados por ellos.
Si sueles pensar que la culpa siempre es de otros, te estás equivocando. Cada uno es responsable de lo que hace y de lo que dice. Culpabilizar a otros sólo es una manera de intentar manipularlos. Y mientras culpas, estás poniendo tu poder sobre los demás e ignorándolo. Si ignoras tu propia responsabilidad cuando las cosas van mal, también tenderás a ignorarla cuando las cosas vayan bien, y te estarás perdiendo una demostración de tu propio poder que podrías emplear para fundamentar nuevas creencias sobre ti que serían muy valiosas para el futuro.
Deja de culpar a otros y asume la responsabilidad en tus acciones. Todos ganaremos mucho.
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La humanidad como un cuerpo
La perspectiva mecanicista del mundo concibe al ser humano como un ente definido y claramente separado de todo lo demás. Es decir, existe una separación clara entre un ser humano y otro, así como entre ellos y los demás. Ambos son considerados “objetos” independientes. Este paradigma genera una sensación de separación entre los humanos, estableciéndose una serie de principios sobre el pensamiento “Yo y los otros”.
La perspectiva mecanicista es el resultado de lo que resulta obvio a nuestros sentidos. Desde luego, parece obvio y evidente que existe una separación entre el observador y lo observado, y no fue hasta hace relativamente poco que la ciencia comenzó a cuestionar esta presuposición. Esta visión mecanicista, que parece que inicia ahora su decadencia, continúa presente en nuestra manera de pensar y por tanto se refleja en nuestro lenguaje. A menudo hablamos de “los demás” o “la gente” como si fuéramos independientes de esos conjuntos, conscientes de una frontera bien definida. Nos resulta fácil hablar de “Los otros”.
Es posible que esta división esté equivocada. De hecho, la PNL tiene sus propias presuposiciones al respecto.
De acuerdo a la Programación Neurolingüísitica, un ser humano es un sistema inmerso en un sistema mayor. Esto significa que cualquier acto humano, por pequeño que sea, genera un cambio en el sistema mayor y unas consecuencias que se propagan por el mismo. Cada uno de nuestros actos tiene consecuencias, seamos conscientes de ellas o se produzcan fuera de nuestro radar. Observa una conversación con detenimiento y te darás cuenta de que es más bien una danza que una interacción perfectamente definida.
Un pequeño ejemplo sobre cómo las acciones y las energías se propagan. Un jefe tiene problemas con su mujer. Al llegar al trabajo, descarga su frustración sobre un empleado en forma de bronca. El empleado sale a tomar un café y descarga su frustración sobre el camarero. El camarero llega a su casa y descarga su frustración sobre su mujer. Su mujer… en fin. La cadena se propaga hasta que la energía inicial se disipa en el sistema. Seamos o no conscientes de ello, cada acto genera repercusiones en el resto del sistema. En esencia, energías positivas generan consecuencias positivas y viceversa.
Quizá alguna vez te hayas hecho preguntas del tipo ¿Por qué debería ayudar a otras personas? ¿Está bien vivir sólo para uno mismo? ¿Es suficiente con no hacer daño a nadie?
En ocasiones es conveniente salir del problema para resolverlo. Ampliar las miras y observar este problema desde otra perspectiva permite solucionar fácilmente estas preguntas.
“Es imposible resolver un problema desde el mismo nivel de pensamiento que lo creó”
—Albert Einstein
Empleemos una metáfora para observar el problema desde otra perspectiva más amplia.
De la misma manera que nuestros cuerpos están compuestos por células, si aumentamos la escala, el cuerpo de la humanidad está constituido por cada uno de nosotros. Tú y yo somos células de ese cuerpo mayor; el cuerpo de la humanidad.
La humanidad en su conjunto posee una memoria colectiva e incluso una consciencia de grupo. De acuerdo con Jung, existe también un inconsciente colectivo. Cuando una serie de unidades se unen en un grupo para lograr un fin común, el grupo adquiere vida propia. Posee una consciencia propia, una mente propia y una intención propia y conjunta. Las emociones y los pensamientos se comunican inconscientemente y se dispersan a gran velocidad, facilitando que el grupo actúe como un ente con vida y voluntad propias. El grupo dirige a sus unidades y sus unidades dirigen al grupo. La frontera de la identidad se diluye.
Dentro de la perspectiva de la humanidad como un cuerpo, encontramos tres categorías básicas de comportamiento. Éstas corresponden a las tres mentalidades fundamentales a la hora de relacionarse desde la individualidad con el resto del sistema.
- Egoísmo tóxico: Utilizo esta definición para definir a aquellas personas que actúan en beneficio propio (algo que recomiendo a todo el mundo), pero en detrimento de los demás. De acuerdo a la PNL, se diría que actúan de una manera poco ecológica. Prefieren ignorar el entorno en el que se mueven y prescinden de evaluar las consecuencias de sus actos en el conjunto del sistema. Carecen de visión sistémica.
- Neutralidad: Este planteamiento podría resumirse mediante la frase “Vive y deja vivir”. Estas personas prestan atención a las posibles consecuencias de sus actos y se conforman con evitar consecuencias negativas sobre otros. Desde un punto de vista del sistema, sus acciones arrojan en conjunto un resultado neutro. No hacen el mal, pero tampoco hacen el bien.
- Unidad: En este caso, las personas reconocen que viven en un sistema y que el bienestar del mismo depende también de ellas. Enfocan sus actos de manera que el impacto de los mismos sobre su entorno tenga un balance positivo sobre el sistema.
En el siguiente artículo veremos los diferentes casos en detalle.
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