Haciendo reír a otros

La risa es un magnífico instrumento para el cambio. Es fácil reírse de lo que uno piensa.

A veces hilo razonamientos que encuentro perfectamente coherentes y después, cuando se los cuento a alguien, sencillamente me entra la risa. El mero hecho de oírmelo decir junto con la reacción del otro me sirve para que eso que me sonaba tan razonable en mi cabeza se muestre absurdo por sí mismo. Reírse tiene un efecto tonificante similar a un orgasmo, está bien visto públicamente y además ayuda a expandir el propio mapa del mundo. Reírse de un problema es también un excelente primer paso para llegar a una solución. La gente suele decir “De aquí unos años me acordaré de esto y me reiré”. Yo digo, ríete ahora.

Durante muchos años evolucioné la capacidad de escribir de manera divertida. Se convirtió en algo tan habitual y cotidiano para mí que lo hacía de una manera natural y fácil. Durante ese tiempo, desarrollé multitud de estrategias inconscientes para hacer los problemas divertidos. Sigo ignorando cómo hago gran parte de ese proceso, ya que sus entresijos permanecen todavía en mi mente inconsciente.

Así pues, me resultaba fácil hacer reír a otros mediante lo que escribía. A la vez, me resultaba tremendamente difícil hacer reír a otros en mis interacciones en carne y hueso. Me sentía incómodo en tales situaciones y eso afectaba a mis habilidades humorísticas. Por tanto, hice lo que vengo haciendo desde hace un tiempo: le  pedí a mi mente inconsciente que trasladara mis habilidades escritas a otros contextos. Mi mente inconsciente se puso en marcha, y a las pocas semanas ya estaba recopilando mis evidencias de que el proceso estaba dándome resultados. A día de hoy, me resulta fácil hacer que alguien se parta de risa, lo que me ha resultado útil en alguna intervención terapéutica que he realizado como practicante. Cuando alguien tiene un problema que cree que es realmente serio y termina descojonándose, me resulta evidente que se libera una gran cantidad de energía que llevaba un tiempo bloqueada. Yo lo experimento de la misma manera.

Ayer viví otro de esos episodios.

Llamé por cuarta o quinta vez a la atención del cliente de Paypal por un problemilla con el que vengo lidiando desde hace ya más de medio año. Resulta que mi cuenta bancaria ya está asociada a otra cuenta Paypal de otra persona completamente ajena a mí. Canela fina.

La señorita que me atendió comenzó a interesarme por mi asunto haciéndome algunas preguntas. Mientras yo respondía, mi teléfono inalámbrico comenzó a hacer algunos ruidos característicos que hace de vez en cuando. Oigo un chisporroteo y la comunicación se deteriora. Yo estoy acostumbrado. Ella no. La señorita sonó como si lo estuviera pasando mal. Al tercer chisporroteo, aludió al problema telefónico.

—Estoy oyendo como… como un ruido en la línea —dijo con voz queda.

—Sí —respondí yo como quien oye llover.

—¿Lo oye usted también? —preguntó de nuevo, esta vez casi con preocupación.

—Sí, yo también —respondí con voz de notario—. Señorita, le confirmo que está usted en plena posesión de sus facultades mentales y físicas.

Tras un momento de silencio, la mujer empezó a reír. Lo hizo durante varios segundos. De hecho, me sonó como si hubiera entrado en uno de esos bucles en los que uno sencillamente no puede parar de reír. La imaginé en su cubículo, sacudiéndose a cuerpo completo con los auriculares y el pinganillo, mientras sus compañeros comenzaban a girar las cabezas en su dirección preguntándose qué estaba sucediendo. Una enorme sonrisa surcó mi rostro. La señorita tardó todavía un poco más en recuperar la compostura.

Desde ese momento, la conversación adquirió un tono completamente diferente que yo sentí mucho más próximo y distendido. Se comprometió a resolver mi problemilla y, por cómo utilizó la negación inconscientemente en su última frase, supe que tendría que volver a enviarles los mismos documentos que les envié hace un mes. A base de oír hablar a la gente estoy desarrollando una especie de sentido arácnido que me permite leer entre las palabras para saber lo que están diciendo exactamente. Me gusta, creo que empiezo a hablar de inconsciente a inconsciente, lo que me resultará muy útil.

La vida, con risa, es más divertida. Y sienta mucho mejor.