Dispara, apunta, dispara.
Hay un error muy común que solemos cometer a la hora de iniciar la acción, y es el de sobreprepararnos. Tenemos tal miedo al fracaso que damos mil y unas vueltas antes de hacer algo, convencidos de que si lo preparamos a conciencia, de que si intelectualmente y mediante el pensamiento cubrimos todas las posibilidades, entonces saldrá bien a la fuerza. Queremos hacerlo perfecto a la primera, especialmente por el miedo que tenemos a fallar y a exponernos a la crítica, a que alguien nos diga que lo hicimos mal. El resultado más común es la inacción, la llamada parálisis por análisis. Incapaces de cubrir todos los parámetros de la situación, temerosos de los imprevistos, seguros de no meter la bola en la tronera de una sola tacada, optamos por hacer nada. Esto contribuye a solidificar la idea de que carecemos de poder sobre nuestras propias vidas.
“No existe el fracaso, sólo hay feedback”
—Presuposición de la PNL
El “fracaso” es parte de todo proceso encaminado a lograr un objetivo. Se actúa, se observan los resultados, se ajusta y se vuelve a actuar. Así se llega a la meta. Sólo puedes decir que has fracasado si decides abandonar tu camino, y eso es algo que sólo tú puedes decidir.
Cuenta Anthony Robbins que una vez trabajó para el ejército en un programa de entrenamiento de prácticas de tiro. Observó que lo que los tiradores noveles hacían era apuntar, apuntar y finalmente disparar, así que propuso una nueva estrategia en el entrenamiento. La idea era disparar, apuntar y volver a disparar.
Cuando uno dispara con un arma hay muchas variables en juego. Cada arma, incluso dentro del mismo modelo, dispara de modo diferente. Hay ligeras diferencias de peso, de calibración y también de construcción. Incluso cada bala tiene sus propias características.
Al efectuar rápidamente un primer disparo, uno cuenta ya con un resultado que puede observar inmediatamente. La bala ha ido a la izquierda, a la derecha, arriba o abajo del objetivo. Luego sólo se trata de corregir en la dirección apropiada y el segundo disparo cuenta con muchas más opciones de alcanzar el blanco. Mediante esta técnica se redujo el tiempo y la munición empleada en el entrenamiento, y los aprendices conseguían obtener resultados mucho mejores en una fracción del proceso habitual.
Lo que quiero sugerir con esta historia es que dejes de elucubrar, que dejes de trazar planes que cubran todos y cada uno de los posibles imprevistos bajo la premisa de que, si está todo bajo control, alcanzarás el resultado que te propones. Nunca estará todo bajo control, así que te conviene saber moverte en un mundo inestable y en continuo cambio. Actuar incluso sabiendo que no lo lograrás a la primera.
En PNL se hace especial hincapié en la acción. Cuando uno decide enfocarse en un objetivo, lo primero que hace es establecer un primer paso, una acción, que permita obtener resultados inmediatos que nos indiquen si nos estamos acercando o si nos estamos alejando de nuestro objetivo. Si funciona, entonces haremos algo similar. Si no funciona, es el momento de hacer algo diferente.
Así pues, deja de tratar de saberlo y controlarlo todo. La acción disipará todas las dudas que la inacción alberga y te permitirá saber si estás avanzando en la dirección correcta. Elige el resultado final que quieres obtener, realiza una primera acción y corrige tu actuación en función del resultado alcanzado en la primera iteración. Después vuelve a hacer algo.
Dispara, apunta y vuelve a disparar.