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Desarrollo personal inteligente

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Miedo al éxito

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El miedo puede ser una emoción que impregne muchas áreas de nuestra vida. No sólo existe el miedo al fracaso y estamos muy familiarizados con él, sino que también existe un miedo mucho más sutil y desconocido: el miedo al éxito.

Sí; uno también puede temer conseguir lo que tanto ansía. Y no sólo eso, sino que es posible que haga todo lo necesario para evitar conseguirlo. El autosabotaje inconsciente es un patrón muy habitual en este camino.

En ocasiones nos ponemos metas que deseamos cumplir, resultados vitales que deseamos obtener. Sin embargo, con el tiempo, no parece que estemos avanzando hacia nuestro objetivo. No es el miedo al fracaso lo que nos detiene. Tampoco es el miedo al rechazo. El camino hacia la meta está relativamente claro, y de vez en cuando hacemos un progreso en el mismo, pero la mayor parte del tiempo no somos capaces de entrar en ese estado de flujo en el que avanzamos de manera fácil y natural hacia nuestro objetivo. Este escenario suele tener lugar con resultados a medio o largo plazo que requieren de acción intermitente, como pueden ser perder peso o emprender un negocio que nos permita dejar nuestro trabajo actual.

Hay varias razones que explican esta ralentización en el progreso, ese estado en el que sentimos que vamos con el freno de mano puesto.

La primera razón es, en términos de PNL, la razón ecológica. Cada uno de nosotros está inmerso en un sistema o en varios: la familia, los amigos, el ambiente laboral. Mientras avanzamos en nuestro camino hacia el objetivo, vamos cambiando. Esos cambios se van propagando al resto del sistema y tienen un impacto sobre el mismo. Si por ejemplo quiero dejar de fumar pero el resto de mi familia fuma, deberé contar con que el sistema me pondrá las cosas especialmente difíciles. Cada uno de los miembros fumadores se sentirá cuestionado en su hábito y reaccionará en consecuencia. Cualquier cambio que emprendas en ti mismo tendrá consecuencias sobre el área social en el que te muevas. ¿Estás preparado para ellas? ¿Puedes anticipar esas consecuencias y actuar para minimizarlas? ¿Cómo podrías reducir las resistencias en tu entorno?

Otra razón por la que a menudo sentimos miedo al éxito es porque hemos asociado lo que hacemos con lo que somos. Si fumo, soy fumador. Si estoy gordo, soy gordo. Las cosas que hacemos o nuestras circunstancias se han convertido en parte de nuestra identidad, y nos resistimos a abandonar estas cosas porque sentimos que abandonamos también una parte de nosotros. ¿Qué pasará si dejas de fumar? ¿En quién te convertirás? ¿Qué pasará si adelgazas? ¿En quién te convertirás? ¿Realmente estás preparado para asumir una nueva identidad? ¿Realmente estás preparado para dejar de ser una cosa y pasar a ser otra? ¿Estás listo para ser ex-fumador? ¿Estás listo para ser alguien delgado? Pueden parecer preguntas poco relevantes, pero a nivel inconsciente este tipo de transformaciones generan enormes resistencias.

De acuerdo con los niveles neurológicos, estamos hablando de cambios en el nivel del ser, en lo alto de la pirámide. Ser fumador implica una determinada identidad, y es muy diferente de ser no-fumador. Esta diferencia afecta al resto de niveles de la pirámide. Cuando efectúes la transición, cambiarán tus creencias y tus valores. Además del hábito de fumar, otros hábitos secundarios se verán afectados. Quizá cambien el tipo de personas con el que te relaciones y los sitios a los que vayas. Cualquier cambio en el nivel de la identidad tendrá consecuencias importantes en la vida, y no siempre estamos preparados para afrontar todo lo que de ese cambio se deriva. En ocasiones un cambio en la identidad altera demasiado nuestro comportamiento habitual como para resultar soportable, tanto para bien como para mal.

Una pregunta interesante en cualquier cambio vital relevante es la siguiente “¿Qué sucederá si lo consigo?”. Olvídate de lo que esperas que suceda o tengas miedo de que suceda. Simplemente, considera lo que sucederá con toda probabilidad. Imagina que consigues tu meta. ¿Y entonces? ¿Qué cambiará una vez hayas conseguido tu objetivo?

Evita las respuestas breves y obvias del tipo “Si pierdo peso estaré delgado”. Apaga la tele, la radio y otras distracciones y tómate unos minutos para pensar largo y tendido en qué sucederá una vez hayas logrado tu meta. A menudo hay muchos efectos secundarios que puedes haber pasado por alto y que inconscientemente estén oponiendo resistencia. Por ejemplo, si pierdes peso, ¿qué sucederá? Estas son algunas de las cosas que puedes encontrar: la gente se dará cuenta y te lo señalará, estarás expuesto a posibles piropos o a que alguien reconozca tu esfuerzo, otros pueden pedirte consejos al respecto, puede que sientas la necesidad de continuar con un cierto estilo de vida para mantener tu peso, necesitarás comprarte ropa nueva, probablemente te encuentres más atractivo y otros lo noten, puede que haya gente que sienta envidia porque has conseguido adelgazar, tu familia puede resistirse a tus cambios de peso por distintos motivos, puede que te preguntes si serás capaz de mantenerte en tu nuevo peso, puede que te preocupe no volver a comer determinados alimentos, etc. Cada meta conseguida viene acompañada de una serie de consecuencias que a menudo se nos pasan por alto. Sucesos en principio positivos, como recibir piropos o reconocimiento, pueden ser difíciles de encajar para determinadas personas.

El éxito requiere cambio, y el cambio siempre conlleva un precio que pagar. Incluso pasar a ser millonario puede resultar complicado, y mucha gente que gana la lotería pierde todo su dinero en unos pocos años porque no es capaz de manejar su nueva situación. A veces queremos lograr determinadas cosas sin darnos cuenta de que el precio a pagar es demasiado alto, o que las consecuencias negativas superan con creces las consecuencias positivas. Una manera de reducir el impacto de las consecuencias negativas es tomarse el tiempo para ponerlas sobre la mesa y examinarlas de una en una. Para cada una de ellas, las posibilidades son: eliminarla, reducir su impacto, o aprender a vivir con esa consecuencia.

Por supuesto es agradable y útil mantenerse enfocado en la parte positiva de la meta, pero recuerda que cualquier logro tiene una cara oculta y que tendrás que aceptar la moneda completa. Obtener los resultados que estás buscando te reportará consecuencias de todo tipo, y debes estar dispuesto a hacerte cargo del lote completo.

A diferencia de otros miedos, como el miedo al fracaso o el miedo al rechazo, el miedo al éxito es más complejo porque generalmente es inconsciente. ¿A quién se le va a ocurrir que ganar la lotería pueda tener también una cara negativa? ¿Dejar de fumar puede tener consecuencias negativas?

No se trata tanto del miedo al éxito sino del miedo a las consecuencias del éxito, del miedo a sus efectos secundarios. Muchos de estos efectos secundarios pueden ser muy poco deseados. Los miedos que no son evaluados conscientemente tienden a hacerse cada vez más grandes. La razón es el mero condicionamiento: cuando evitas algo, automáticamente fortaleces el patrón de evitar ese algo, ya sea consciente o inconscientemente. Cuando evitas trabajar en tus metas debido al miedo al éxito, refuerzas el hábito de la postergación y, con el tiempo, cada vez te resulta más difícil emprender acciones.

La mejor manera de atajar este tipo de comportamientos es ir directamente a la raíz del miedo preguntándose “¿Qué sucederá si lo consigo?”. Analiza las consecuencias “negativas” de tu logro y observa qué es lo que se encuentra detrás de cada una de esas consecuencias que te disgusta. El miedo tiende a encogerse bajo el escrutinio de la consciencia, ya que es aquello que desconocemos lo que realmente tememos. Si no te gusta la palabra miedo para definir estos comportamientos, puedes pensar que, cuando uno analiza estos patrones de huida, éstos tienden a parecer más sencillos y rectificables.

Una ventaja adicional a la hora de solventar las posibles consecuencias negativas es que, una vez que son conocidas, uno puede solucionarlas de una manera inteligente. Por ejemplo, de vuelta al ejemplo de perder peso, si pierdes muchos kilos, probablemente necesitarás ropa nueva. Si no dispones de dinero para comprar ropa nueva, este pequeño problema puede ser suficiente para que tu inconsciente te impida adelgazar. Una vez que examinas la situación conscientemente y aseguras maneras de solucionar las consecuencias de tu adelgazamiento, estás dando luz verde al inconsciente para que trabaje en hacerte perder peso.

¿Qué sucederá si lo logras? ¿Qué sucederá si dejas de fumar, si pierdes peso, si creas tu propio negocio, si abres tu propio restaurante? ¿Qué sucederá?

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Written by jmalonda

junio 3rd, 2010 at 6:21 pm

Experimenta por ti mismo

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“No creas nada por el simple hecho de que muchos lo crean o finjan que lo creen; créelo después de someterlo al dictamen de la razón y a la voz de la conciencia”

— Siddharta

Vivimos en una época en la que tenemos acceso a cantidades ingentes de información. Jamás en la historia de la humanidad tantos habíamos sido expuestos a tantas fuentes diferentes. A apenas unas pulsaciones de teclado se encuentra un mar de experiencia compartida en lo que llamamos Internet. Si hay algo en lo que estamos todos de acuerdo es en que, a través de la Red, estamos cambiando la manera en que concebimos la vida, así como la manera en que accedemos a la información para nutrirnos de ella.

En ocasiones esta información está sesgada, respondiendo a agendas ocultas y empleando la tergiversación y la ocultación de detalles para formar opiniones. A menudo la información es deliberadamente limitada y convenientemente distorsionada, lo que la convierte en prácticamente inútil salvo para aquel que la emite. En otros casos las fuentes son fiables y honestas. Incluso en aquellos casos en los que la información responde a lo que sucedió realmente, todavía debemos decodificarla y asimilarla antes de incorporarla a nuestro sistema mental y poder darle un uso.

Cuando se transporta agua entre dos localizaciones diferentes, gran cantidad de la misma se pierde por el camino. Tal es la dificultad de la operación que incluso pérdidas de un 30% se consideran aceptables. Juntas defectuosas, evaporación, filtraciones… Con la información sucede lo mismo.

En la comunicación, una experiencia almacenada en el emisor debe ser codificada en palabras, transmitida a través de un medio y luego de nuevo decodificada por el receptor para tratar de reconstruir de nuevo la experiencia original. Tanto en el proceso de codificación como en el de decodificación se producen distorsiones. Las palabras, que sólo son símbolos empleados para codificar información, tienen significados diferentes en ambos lados de la comunicación. Por otra parte, las creencias y los valores, así como las presuposiciones que tanto emisor como receptor emplean, distorsionan sin desearlo la información transmitida. A la vez, ciertas partes de la comunicación se consideran evidentes o autoexplicativas y se omiten. El resultado es que no es fácil maximizar la cantidad de información que se transmite de forma eficaz, en ocasiones por el simple hecho de que no existe en el receptor la llave necesaria para decodificar el comunicado de la manera adecuada. Es decir, el receptor ni siquiera cuenta con la suficiente experiencia como para comprender la información que se le transmite.

De ahí que sea mucho más certero comunicar con el ejemplo. Es más eficaz hacer algo para alguien que explicarle cómo se debe hacer. La cantidad de información contenida en un ejemplo es muchísimo mayor que la codificada en palabras. Después de todo, una imagen vale más que mil palabras, así que una imagen tridimensional en movimiento… puedes hacer la cuenta.

Te diría que dudaras de todo, pero encuentro este consejo poco recomendable. La duda genera indecisión, y la indecisión genera parálisis. Es mejor actuar aunque los supuestos sean equivocados.

Asiéntate sobre tus propias creencias, pues son un gran punto de partida. Después de todo te han mantenido vivo hasta ahora. Desarrolla sobre tus propias creencias tus propios criterios, pues alguien con criterio es alguien que sabe lo que está bien y lo que está mal desde su propia perspectiva. Para ser crítico hay que contar con criterios propios, y para tener criterios propios se necesita un cierto grado de autoestima.

Cuando accedas a nueva información, no dudes de ella. Simplemente toma nota de la misma y archívala por si pudiera ser de utilidad en el futuro. Si la nueva información colisiona con tus propias creencias, entonces estás de enhorabuena. Tienes la oportunidad de ampliar tus miras, de ganar una mayor comprensión sobre el mundo que te rodea. Tienes la oportunidad de construir un modelo más amplio y más preciso de la realidad, lo que te permitirá en el futuro tomar decisiones más acertadas.

Evita creer en cosas sólo porque otros creen en ellas. Tus creencias han sido formadas durante mucho tiempo, recopilando información, relacionándola y contrastándola mediante la experimentación en el mundo. Utiliza eso como base, pues es tu base. Es tu propia experiencia. Si encuentras información que desafía tu creencia, si lo consideras oportuno, amplía tu propia creencia para abarcar lo que la nueva te ofrece y comienza a experimentar. Pon a prueba lo que otros creen antes de pasar a moverte de acuerdo a ello.

Sin ir más lejos, yo pongo mucha información aquí a tu disposición. No te pido que creas en ella, simplemente la expongo. Todo esto no es ni verdad ni mentira, sólo es información. Léela y considérala si así lo entiendes oportuno, y después toma lo que te resulte útil y descarta todo lo demás. Quizá de un artículo entero sólo te sirva una frase. Quizá te sirva el artículo entero. Discrimina lo que lees en función de tus objetivos, toma lo útil y descarta el resto. Y después experimenta por ti mismo y vive aquello que quieres poner a prueba.

Vivimos en un mundo físico, y la experimentación es la base de la vida en este mundo. Si bastara con hacer las cosas en la imaginación, podríamos prescindir del cuerpo. Es muy diferente pensar en hacer algo que pasar por ello. Imaginar una experiencia y empaparse en ella son cosas completamente dispares.

Hasta cierto punto todos somos diferentes, y lo que a unos les resulta útil puede ser incluso contraproducente para otros. Cada uno cuenta con una historia personal y con unas experiencias diferentes, y cada uno se encuentra en una situación distinta en la vida y precisa de unas directrices diferentes para llegar a una nueva situación deseada. Tu situación económica es diferente de la mía, tus padres son diferentes a los míos, tus amigos son diferentes a los míos. Tú cuentas con una serie de estrategias para moverte por el día y yo cuento con las mías, y cada uno tiene una manera de ser que proporciona al otro una paleta de comportamientos que poder copiar y adaptar a la propia situación.

Ten tus objetivos claros, puesto que hasta que no sepas adónde vas te será difícil saber qué te conviene llevar en la maleta. Tu equipaje será distinto si vas a Groenlandia que si vas al Cairo. Lo que en un caso te podría resultar útil, sólo será un engorro en el otro. No es hasta que tienes claro el objetivo que resulta muy difícil decidir si tener el vaso medio lleno es lo ideal o preferirías tenerlo medio vacío. Cuando sepas hacia adónde vas te resultará mucho más fácil discriminar la información que te interesa.

Y recuerda, la flexibilidad es la clave. En ocasiones unas creencias te resultarán útiles, y en ocasiones esas mismas creencias pueden resultar un lastre. Recopila nueva información y ponla a prueba, y acostúmbrate a estar dispuesto a cambiar de opinión para lograr mayores y más profundos entendimientos.

Experimenta por ti mismo, observa los resultados, corrige tus acciones y acércate cada día un poco más a los resultados que deseas obtener.


“Toda convicción es una cárcel”

—Nietzsche

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Written by jmalonda

mayo 27th, 2010 at 9:33 pm

Adaptando tus valores a tus objetivos

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Reexamina tus valores

Ahora viene la parte especialmente interesante: puedes cambiar tus valores. Puedes elegir tus valores de manera consciente, e incluso cambiarlos radicalmente si así lo deseas. Tú no eres tus valores. Al igual que no eres tus pensamientos sino aquel que los piensa, tus valores son simplemente una brújula; no son tú.

Consideremos ahora la siguiente pregunta: ¿Para qué querrías cambiar tus valores?

Puede que desees modificar tus valores cuando comprendas y aceptes hacia donde te están llevando y te des cuenta de que un valor determinado te puede impedir llegar a la “mejor” vida que puedas concebir. Tu “mejor” vida es una lista de los destinos que deseas alcanzar, el “mejor” destino final que puedas concebir para ti. Tus valores son una medida de la dirección en la que te estás moviendo actualmente. En muchos casos ambas cosas son incongruentes, lo que significa que tus valores actuales están desalineados con la “mejor” vida que puedes llevar.

Puede que pienses que los valores son algo poco menos que irrelevantes, pero en el curso de las próximas décadas, elegir moverse en una dirección o en otra puede generar grandes diferencias. Imagina que apuntas con una flecha a una diana. Puede que pienses que una pequeña desviación, de apenas unos milímetros, tenga poca importancia. La realidad es que una pequeña desviación puede significar no ya que dejes de acertar en el centro de la diana, sino que ni siquiera le des. Cuanto más grande sea la distancia a cubrir, más importante será apuntar correctamente.

Si continuas viviendo con tus mismos valores, puedes suponer que en gran medida seguirás obteniendo los mismos resultados. Quizá ligeramente mejores si te aplicas conscientemente. Lo más probable es que haya una parte de ti mismo que esté insatisfecha con el lugar hacia el que te estás dirigiendo. ¿A qué aeropuertos te aproximarás pero nunca alcanzarás? ¿Alguna vez estarás en un estado de forma fantástico? ¿Alguna vez serás millonario? ¿Disfrutarás alguna vez de una relación satisfactoria?

¿Y si todo esto fuera posible para ti? ¿Cómo podría suceder? Cambiar conscientemente tus valores puede encaminarte en la dirección más apropiada. La clave es la siguiente: puedes cambiar los valores a lo largo de tu vida. Por ejemplo, si tu principal valor es la salud y ya estás en un estado de forma extraordinario, podrías reducir ligeramente tus entrenamientos y redirigir ese tiempo y energía a ganar más dinero. Tu inversión en salud se reduciría ligeramente, pero probablemente el efecto sería leve a corto plazo. La salud puede seguir entre tus valores prioritarios; simplemente ya no estaría en primer lugar. Al centrarte ahora en la nueva prioridad de Riqueza, finalmente la alcanzarías igual que has alcanzado un estado excepcional de forma. Después de un tiempo, quizá llegues a un punto en el que aumentar tus ingresos deje de resultarte especialmente satisfactorio. Puede que entonces decidas que la contribución es tu valor principal y emplees tus recursos de salud y dinero para generar un impacto positivo en tu entorno. A través de este proceso de cambio consciente de valores puedes pasar de ser una rata de gimnasio a un emprendedor a un filántropo. Has vivido una vida fantástica. Si hubieras mantenido tus valores originales hubieras sido una rata de gimnasio toda tu vida, y gran parte de tu verdadero potencial hubiera permanecido oculto. (Nota: Yo soy, entre otras muchas cosas, una rata de gimnasio ahora mismo).


Cambiando tus valores

¿Cómo decidir cómo cambiar tus valores? Recorres una nueva lista que priorizas, sólo que esta vez se trata de destinos, de resultados, de metas u objetivos. Simplemente repite el proceso anterior con la nueva lista.

Supongamos que tienes la siguiente lista de objetivos en tu vida:

  • Reducir el peso a 70 kilos
  • Convertirme en millonario
  • Mudarme a San Francisco
  • Convertirme en broker
  • Recorrer Asia
  • Enamorarme y casarme
  • Dar una conferencia frente a 5.000 personas
  • Saltar en paracaídas
  • Conseguir un papel en una película
  • Visitar la luna
  • Correr una maratón

Escribe tus objetivos en la vida. Decide cuáles son los más importantes para ti. Establece prioridades en la lista. Da igual si tienes más de 20 puntos; simplemente te llevará más tiempo jerarquizar la lista.

Estos objetivos representan cuál es la “mejor” vida que podrías vivir. No significa una buena o una gran vida; significa la mejor vida. Si una vida en la que no recorrer Asia no es la mejor vida que querrías vivir, entonces incluye ese punto en la lista.

Volviendo a la analogía de los aviones, estos objetivos representan tu lista de aeropuertos. ¿Ves ahora el problema de tener una lista estática de valores? ¿Cómo van a permitirte una única serie de rumbos alcanzar todos esos destinos? Los valores que te permitan convertirte en millonario son diferentes de los que te permitirán casarte. Los valores que te lleven a saltar en paracaídas son diferentes de lo que te permitirán convertirte en broker. En algún punto del camino deberás relajar tu enfoque en algunos de estos objetivos para centrarte en otros, así que te convendrá convertir unas cosas en más importantes que otras, al menos por un tiempo.

Si fallas a la hora de enfocar tu energía en las metas que son realmente importantes para ti, algunas de estas se alejarán, y eso es un precio muy alto que pagar. Puedes tener éxito en tu carrera y no casarte nunca. O puede que te cases pero que nunca disfrutes de un gran estado de forma.

Piensa en algunos de los grandes objetivos que has logrado en tu vida. ¿No es cierto que un objetivo concreto se convirtió en una gran prioridad para ti durante un determinado periodo de tiempo? En el proceso, probablemente de manera inconsciente, tus valores se adaptaron a tu meta. Una vez llegaste adonde querías, los valores que te llevaron hasta allí pasaron a ser menos relevantes.

Ahora que cuentas con una jerarquía de metas, elige las principales para ti y desarrolla conscientemente una lista de valores que te guíen hasta ellas. Supón que pesar 70 kilos es tu prioridad número uno. Para conseguir este objetivo, quizá quieras hacer de la salud tu valor principal. Después puede que la disciplina pase a ser el segundo valor, dado que la necesitarás para seguir una dieta y un programa de ejercicios. Quizá te interese que el aprendizaje sea el tercer valor, de manera que estés dispuesto y receptivo a aprender más sobre nutrición y vida sana. Diseña tu lista de valores en función de tus circunstancias actuales. Como cualquier habilidad, al principio esta puede parecer difícil. Con el tiempo te resultará cada vez más fácil rediseñar tu jerarquía de valores para adaptarlos a tus objetivos.

Cada vez que consigas una meta, es un buen momento para seleccionar otra y actualizar tus valores de manera acorde. Una vez que hayas corrido una maratón, si te sientes preparado para enfocarte en otra cosa, como convertirte en millonario, puedes rebajar tu enfoque en la forma física unos cuantos puntos y entrar en modo de mantenimiento en ese apartado para potenciar valores como la abundancia, el éxito o el coraje, valores que te serán más útiles en tu nuevo camino.

Muchos libros sugieren que derives tus objetivos de tus valores. Yo sugiero el procedimiento contrario: deriva tus valores de tus objetivos. Lo primero puede generar mucha frustración, ya que ciertos valores estáticos pueden hacer que te resulte difícil alcanzar ciertos objetivos o siquiera proponértelos. Es mejor decidir primero los objetivos y luego derivar una jerarquía de valores a partir de ellos. La analogía de los aviones nos ayuda a comprender mejor esto: antes de decidir una trayectoria para un avión, debes decidir primero en que aeropuerto va a aterrizar. Si trazas un rumbo antes de saber el objetivo, experimentarás grandes dosis de frustración tratando de hacer que el avión llegue al aeropuerto que te has propuesto.


PD: Este artículo es, casi en su totalidad, una traducción de parte de “Living by your values, Part I” de Steve Palina.

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Written by jmalonda

mayo 6th, 2010 at 10:45 am