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El cambio de índice referencial

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Siguiendo la línea lingüística del artículo anterior (Hablar desde uno mismo), quiero hablar hoy de otro artificio lingüístico muy utilizado, raramente señalado y muy poco conocido: el cambio de índice referencial.

El índice referencial es un nombre pomposo para referirse al pronombre personal, a la persona que realiza las acciones reflejadas en los verbos de las frases que utilizamos. Si digo:

“Ayer estuve estuve escribiendo una columna. Estaba centrado y enfocado, y me resultó muy fácil escribirla del tirón. Me levanté con un agradable sentimiento de satisfacción y después me hice la cena”

En este caso, estoy hablando de mí, y eso se refleja de manera consistente a lo largo de las diferentes frases que empleo para describir mi experiencia. El índice referencial es constante.

En el caso de emplear un cambio de índice referencial, leerías por ejemplo algo así:

“Ayer estuve escribiendo una columna. Estaba centrado y enfocado, y me resultó muy fácil escribirla del tirón. Cuando estás en ese estado es muy fácil que te salgan las cosas de una manera fácil y fluida.”

Si te fijas, hay un punto en el que realizo un cambio y dejo de utilizar la primera persona para usar la segunda, aun cuando sigo hablando de mí mismo. Al hablar así, estoy presuponiendo que tú, cuando estás en ese estado, también haces las cosas de la misma manera que yo, lo cual desconozco si es cierto.

Si prestas atención a las conversaciones a tu alrededor, te darás cuenta de que esta fórmula se utiliza muchísimo. Rara vez alguien comienza hablando de sí mismo y mantiene la primera persona hasta el final. Esto es así por los siguientes motivos:

  • Cultural: Es una manera de hablar habitual. Aprendemos por imitación, y aprendemos a hablar también por imitación. Usamos el cambio de índice referencial porque otros lo han usado antes que nosotros.
  • Irresponsabilidad: Al hablar de nosotros en segunda persona, nos disociamos de nosotros mismos y, en gran medida, nos deshacemos de la responsabilidad de lo que decimos. Esto es agradable si huimos, inconscientemente, de la responsabilidad personal. Dejamos de hacernos cargo de lo que estamos contando y asumimos que es lo mismo también para la otra persona. Esta presuposición puede ser equivocada, con lo cual estaríamos perdiendo la oportunidad de conocer otra opinión o perspectiva sobre la misma situación.
  • Influencia: Al dejar de hablar en primera persona para hacerlo en segunda, empleamos aquellos pronombres relacionados con Tú. Al hacerlo, conseguimos involucrar a la otra persona en nuestra experiencia y hacer, sin que se dé cuenta siquiera, que viva, sienta y experimente una reacción personal ante lo que decimos, que es lo que, inconscientemente, estamos buscando. Es una de las maneras en que ponemos en marcha, en el mundo sólido, proyecciones mentales que hemos elaborado con anterioridad sin darnos cuenta.

Así, el cambio de índice referencial tiene sus ventajas inconscientes: hablamos de una manera común (nos ayuda a encajar), nos permite descargarnos de la responsabilidad de lo que decimos y nos permite manipular a otros. Todo esto sin darnos cuenta y, en la mayor parte de los casos, sin que tampoco el otro se dé cuenta. Este es uno de los muchos juegos a los que, inconscientemente, jugamos las personas.

Del otro lado de la moneda, el cambio de índice referencial tiene sus inconvenientes. Pondré un ejemplo quizá de poca relevancia. Imagina que digo:

“El otro día estaba en el sofá y eso que dices “Estoy cansadísimo. No me apetece más que ver la tele”".

La otra persona tenderá a asentir y a estar de acuerdo con lo que dices, pues está en medio de una conversación y está en sintonía contigo, así que tenderá a asentir esté o no de acuerdo con lo que expones. Probablemente sólo desea que termines de hablar para hacerlo ella. Generalmente ni siquiera prestamos atención a lo que se dice exactamente, sino sólo al mensaje “general” transmitido, a la impresión que nos causa.

Desde tu perspectiva como aquel que dice esas palabras, puedes entender que la otra persona también piensa lo mismo que tú cuando se sienta en el sofá y está cansada, y que también tiene tardes en que sólo le apetece ver la tele. Lo que es peor, puedes generalizar y llegar a creer que todo el mundo piensa esas mismas cosas en esos momentos. Y puedes estar completamente equivocado.

Desde la perspectiva de la otra persona, se sentirá involucrada sin apenas saberlo y reaccionará ante lo que has dicho, lo que te conviene mucho más que un simple asentimiento. Y quizá esa persona, desde ese momento, cada vez que se siente en el sofá y esté cansada, le entrarán ganas de ver la tele. Después de todo, es lo que hacemos todos.


Uso en persuasión

El cambio de índice referencial es una fórmula lingüística (en PNL se le llama “un patrón) muy utilizado en la persuasión. Es fácil de hacer conscientemente cuando se conoce, pasa inadvertido e involucra fácilmente a la persona, muchas veces sin que ésta lo sepa siquiera. Desde ahí se la puede conducir después a otro lugar.

Un ejemplo:

“Tengo un amigo al que le gusta leer esta página y a veces comentamos lo que escribo. Él dice que a veces estás leyendo un artículo y en seguida te acuden a la mente situaciones en las que aplicar lo que lees a tu propia vida, y entonces te das cuenta de que es muy fácil hacer cambios sencillos que mejoren tu mundo”.

He empezado hablando de un amigo y he terminado empleando la segunda persona para dirigirte hacia un lugar determinado. En este caso para sugerirte la idea de que puedes encontrar aquí ideas que puedas aplicar a tu propia vida y que podrías hacerlo mientras lees un artículo. En terapia se pueden utilizar este tipo de artificios para conducir a la persona hacia lugares a los que no llegaría por sí misma.

Los manipuladores a menudo desconocen qué están haciendo exactamente, aunque saben que funciona. No saben que están empleando un cambio de índice referencial pero son conscientes de que les reporta determinados resultados. En general, cualquiera que use el lenguaje está familiarizado con esta fórmula, aunque la emplea sin darse cuenta y desconociendo las consecuencias de su uso.

Presta atención a los cambios de índice referencial que empleen otros mientras hablan contigo, y sé consciente también de las veces en que lo utilices tú. Con el tiempo te será muy fácil detectarlo, así como utilizarlo a tu conveniencia. Como siempre, te recomiendo que seas cuidadoso con lo que dices y que dejes a las personas mejor de lo que te las has encontrado.

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Puedes contactar con el autor aquí.

Written by jmalonda

septiembre 2nd, 2010 at 9:56 pm

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Hablar desde uno mismo

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—¡Yo, mí (mi), me, conmigo! —repetía una y otra vez mi profesora de PNL durante las clases.

De acuerdo al modelo del metalenguaje de la PNL, existen las llamadas frases de “ejecución perdida”. Son frases en las que se dice que alguien hace algo pero no se especifica quién. Los refranes son ejemplos de ejecución perdida. En estas frases no hay una persona ejecutando una acción, lo que hace que se pierda mucha información que se podría recuperar de otro modo y añade confusión a la comunicación.

Hablar de esta manera es muy útil y muy común. Se escucha mucho en todos los ámbitos. Y es tan común porque permite desentenderse de la responsabilidad de lo que se ha dicho. “El descenso de la ocupación hotelera es preocupante”. ¿Preocupante para quién? ¿Debería preocuparme yo también?

Imagina una pareja discutiendo. En un momento él dice “La confianza es muy importante en una relación”. Es una frase con la que todos podemos estar de acuerdo, y sin embargo, quizá precisamente por eso, aporta muy poco. No se sabe qué es exactamente la confianza para cada una de las dos partes implicadas, y tampoco explica la frase cómo se conecta la confianza con la persona que habla. ¿Qué va a hacer esa persona al respecto? ¿Qué es lo que entiende por confianza? El sujeto de esta frase (“confianza”) es un concepto, algo inexistente en el mundo sólido, y que desde luego no va a resolver los problemas de la pareja por sí solo por muy importante que sea.

“Esa no es la manera de dirigir una empresa”. ¿Cómo se conecta quien lo dice con la manera de dirigir la empresa? ¿Es un pensamiento propio? ¿Qué tiene esa persona que decir al respecto? ¿Cuál es su experiencia personal? ¿Cómo sabe lo que sabe?

En el otro extremo de estos ejemplos está la opción de emplear los pronombres de la primera persona cada vez que hablemos. “Yo pienso esto”, “Esta situación me resulta incómoda”, “Eso me gusta”, “Yo voy a hacer aquello”, etc. Es decir, cada visión u opinión que compartimos está claramente conectada con el Yo. Cada vez que expresamos algo, dejamos claro que se trata de nuestro punto de vista sobre ese algo, de cómo nos sentimos al respecto, de lo que pensamos, de lo que vamos a hacer, etc. Es una excelente manera de exponerse o “mojarse”, de decir “aquí estoy yo y esto es lo que pienso” y de, a la vez, ser más consciente de lo que uno dice y cómo esas palabras se relacionan con uno mismo.

Mucha gente asocia el empleo del pronombre personal con el egoísmo, e incluso he llegado a escuchar que la gente que habla así es porque tiene un ego grande. Lo cierto es que hablar y actuar desde uno mismo es el fundamento de la responsabilidad y uno de los pilares del poder personal. Aquel que se expresa conectando lo que dice consigo mismo, ya hable de su punto de vista, sus pensamientos o sus sentimientos, es difícilmente rebatido porque habla de sí mismo, y en eso es y será la mayor autoridad que exista en el mundo. Uno siempre está en lo cierto cuando habla de sí mismo. La contrapartida es que también es responsable de lo que dice, pero si estás leyendo esto probablemente es porque te interesa desarrollar tu propio poder y la responsabilidad que de él se sigue.

Siendo que la mayoría de la gente habla en ejecución perdida y que somos muy influenciables, conviene también aplicar un filtro mental para percibir las situaciones con más claridad.

En ese sentido, un tipo de frase muy habitual es la del tipo

“A es B”

donde A es un sujeto y B un adjetivo, como en la anterior frase “El descenso de la ocupación hotelera es preocupante”. Cada vez que alguien diga una frase de ese tipo en tu presencia, añade mentalmente “… para mí”, de manera que sepas que el descenso de la ocupación hotelera es preocupante para esa persona y solamente para ella. Luego podrás decidir lo que significa el descenso de la ocupación hotelera para ti, pero asegúrate primero de que en tu mente distingues que A es B para esa persona, y sólo para ella, por mucha confianza que te sugiera su tono de voz o su lenguaje corporal. A es B significa, siempre, que A es B para alguien, y sólo para ese alguien. No se trata, ni mucho menos, de una verdad universal. Deja que cada uno defina las cosas como quiera, y ten muy claro que tú tienes tus propias definiciones.

Hablar mucho diciendo muy poco, empleando para ello nominalizaciones y frases de ejecución perdida, suele ser sinónimo de manipulación. Los políticos saben mucho de ello.

Resumiendo: habla siempre desde ti.

¡Yo, mí, me, conmigo!

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Written by jmalonda

agosto 28th, 2010 at 9:15 pm

Posted in Desarrollo personal,PNL

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Yo soy. Las etiquetas del ser.

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En lo alto de la pirámide de los niveles neurológicos encontramos la identidad. Nuestra identidad está íntimamente relacionada con el uso del verbo ser, desde nosotros hacia nosotros y desde otros hacia nosotros. Si uno se repite a sí mismo habitualmente “Yo soy valiente”, o si a uno le repiten habitualmente “Eres valiente”, esta creencia sobre la identidad termina arraigando y afectando a todos los niveles inferiores. Esto afectará a los propios valores y creencias sobre el mundo, y también afectará a lo que haces, dónde lo haces, cómo y con quién. Si te repites “Yo soy cobarde”, o si te repiten “Eres cobarde”, de la misma manera estarás formando nuevos valores y creencias acordes con esa identidad, actuando también de determinadas maneras y en determinados contextos. Repito que la identidad es un pilar fundamental del ser humano y tiene una repercusión enorme sobre la propia vida. De ahí que se suela decir que es importante tener una alta autoestima, que viene a ser una identidad sólida y acorde a las necesidades que planteen los resultados que uno se ha propuesto obtener, o al menos que encaje dentro de la dirección en la que hayamos decidido encaminar la propia vida.

El verbo ser es un verbo que se emplea con mucha ligereza. Demasiada, en mi opinión. Nuestras mentes son esponjas. Están abiertas por todos los lados. Somos permeables a todo y a todos. Nos influyen e influimos, pues somos altamente inflamables, y a generalmente estas influencias se ejecutan de una manera inconsciente, poco menos que azarosa e irresponsable. Juzgarnos de manera negativa, o hacer lo mismo con otros, es una imprudencia.

La necesidad de pertenecer a un grupo es una de las necesidades más profundas del ser humano. Todos deseamos en mayor o menor medida ser aceptados dentro de nuestro entorno y recorremos grandes distancias para asegurar que así sea. Para ello, mientras crecemos, nos damos cuenta de que existen muchas cosas que no queremos ser. Puede encontremos algo de nosotros que rechazamos o que otros rechazan, y tratamos desesperadamente de evitar ese rechazo no siendo aquello que parece ser rechazado. No queremos ser tontos o idiotas. Ni siquiera queremos parecérselo a alguien. No queremos ser irresponsables, olvidadizos. No queremos ser imbéciles, locos o soñadores.

No nos damos cuenta de que todo eso no son más que etiquetas que alguien, en algún momento, puso sobre nosotros en función de su propia percepción. En algún momento alguien tachó uno de nuestros comportamientos de infantil, estúpido o cualquier otra cosa y decidimos que, como no queríamos ser eso, enterraríamos esa parte de nuestra personalidad en los sótanos de la inconsciencia. Al hacerlo, sin saberlo, estábamos mutilando nuestro ser. Estábamos tomando una parte de nosotros y aparcándola a un lado. Y así funcionamos los seres humanos, mutilados, empequeñecidos, permitiéndonos ser solamente aquello que nunca nos reprocharon. Esta forma de actuar tiene notables desventajas.

  • Miedo a ser: Tenemos miedo a ser. Miedo a ser determinadas cosas, determinadas cosas que alguien nos reprochó en algún momento de nuestras vidas. Tenemos miedo a permitirnos ser algo que podría desagradar a otros. Este miedo, esta vergüenza, nos acompañará el resto de nuestras vidas a menos que lo identifiquemos y lo controlemos de una manera consciente.
  • Emergencias inconscientes: Estas partes del ser reprimidas no desaparecen, sino que quedan latentes, pues son una parte de nosotros de la que jamás nos podremos desembarazar. En determinados momentos, cuando sea conveniente, esta parte del ser emergerá de manera inconsciente, esto es, sin que nos demos cuenta. Habrá momentos en los que actuemos de maneras desconocidas y descontroladas. Y todo ello bajo el radar, fuera de la percepción consciente.
  • Amputación del ser: Reprimiendo estas partes de nosotros mismos operamos a medio gas, dejando en el sótano fantásticos recursos que podríamos utilizar si consiguiéramos reconocerlos y transformarlos. Con el ser mutilado, estamos viviendo muy por debajo de nuestras posibilidades.

Dicen que una de las consecuencias de la evolución de la consciencia, y uno de los síntomas de un avanzado estado de paz, es una drástica reducción de los juicios sobre uno y mismo y sobre otros. Esto es, dejamos de poner etiquetas sobre los comportamientos propios y ajenos. Simplemente los aceptamos y operamos en función de las nuevas circunstancias. Dado que gran parte del ruido mental son diálogos internos en los que nos juzgamos a nosotros mismos o juzgamos a otros, eliminar el juicio sobre el ser reduce drásticamente el ruido mental y repercute directamente sobre la felicidad.

Mientras tanto, permítete ser cualquier cosa. Permítete ser tonto, idiota, gilipollas, imbécil, loco, soñador o lo que sea menester. Cualquiera de estas partes del ser es parte de tu personalidad y puede ser un gran recurso en el contexto adecuado. Si a alguien no le gusta cómo eres, es su responsabilidad gestionarlo como pueda.

Atrévete a ser. Como seas. Ese será, durante el resto de tu vida, tu mayor reto.


“Individuación significa llegar a ser un individuo y, en cuanto por individualidad entendemos nuestra peculiaridad más interna, última e incomparable, llegar a ser uno Mismo. Por ello se podría traducir individuación también por mismaciónautorrealización.”

—Carl Gustav Jung

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Written by jmalonda

julio 28th, 2010 at 7:40 pm