Evolución humana inteligente

Quizá te hayas dado cuenta de que el tagline, algo así como el lema de este lugar, es “Evolución humana inteligente”. En este artículo explicaré el por qué de este tagline y mis razones para utilizarlo en lugar del clásico “Desarrollo personal”.

Sé que las palabras crean realidades. Y digo que lo sé porque cuento con sobradas evidencias de ello que he recopilado con el tiempo. Pasé en su momento de la idea a la creencia, de la creencia a la convicción y de la convicción a la certeza. En palabras nos describimos el mundo que nos rodea, y en palabras nos describimos a nosotros mismos y a otros. Las palabras que empleamos enmarcan y dan forma a las situaciones que vivimos. Inconscientemente, otorgamos poder a las palabras sobre nosotros, y las palabras afectan nuestra neurología y todo nuestro organismo. Tan importante es el lenguaje.

El desarrollo es la acción de desarrollarse. Proviene de des-arrollar, que significa extender lo que está arrollado; deshacer un rollo. Desarrollar es progresar, crecer, y se utiliza en el contexto de las comunidades humanas. Sin embargo, el verbo no es específico del ser. Evolucionar, por el contrario, sí lo es. Evolucionar es pasar de un estado a otro. Evolucionar es mudar de conducta, de propósito o de actitud. Y también es desplazarse utilizando líneas curvas. Esta última acepción la encuentro especialmente apropiada para el “desarrollo” (desde ahora evolución) humano en el que a menudo, para llegar hacia algún lugar concreto, el primer paso es hacia atrás, algo que puede resultar completamente contraintuitivo. Por tanto, encuentro en este campo la evolución mucho más apropiada que el desarrollo.

¿Por qué evolución humana y no personal?

La palabra persona proviene del latín, y hace referencia a las máscaras empleadas en el teatro de la antigua Grecia. Está compuesta de dos partes y significa, literalmente, “delante de la cara”. Las personae se utilizaban para hacer resonar la voz y para expresar una mueca determinada, ayudando así a superar algunas limitaciones de los teatros de entonces. Con el tiempo, ha llegado a confundirse la palabra persona con “ser humano”, y a hablarse de la personalidad para hacer referencia a los rasgos propios del ser humano. Una persona es pues una suerte de máscara social, y poco tiene que ver con el ser humano que la muestra, especialmente en un mundo que percibo cada vez más inhumano y que ahora nos enfrenta a nosotros mismos en forma de crisis.

En uno de los talleres de PNL, la profesora estaba hablando a una chica, y mientras lo hacía repitió dos veces una frase. Ella le dijo que ya le había oído la primera vez, a lo que la profesora respondió: “Ya lo sé. No estoy hablando a la persona, sino al ser humano que hay detrás”. Entonces me picó la curiosidad e investigué más sobre el asunto, proponiéndome más tarde dejar de ver a las personas para ver a los seres humanos que suelen esconderse tras ellas. Desde entonces, mi percepción de aquellos que me rodean y de mí mismo se ha vuelto más precisa y también más humana. Veo más allá de la apariencia social y empatizo más fácilmente con el ser que tengo delante. Percibo muchos más detalles y soy más sensible a las emociones y a lo que va por dentro. Percibo la rabia, el enfado, la frustración y otras limitaciones humanas; y a cambio también percibo la genialidad, la creatividad, la valentía, el potencial y una diversa paleta de características humanas.

Por todo ello, prefiero mil veces más vivir entre seres humanos que entre personas.

Y la inteligencia, básicamente porque la considero una de mis cualidades más destacables, entendida como:

  • La capacidad de comprender o entender.
  • La capacidad de resolver problemas (centrado en resolver problemas, no en analizar sus causas): El pensamiento sistémico permite resolver problemas sin conocer necesariamente qué es lo que los causa, permitiendo sencillamente llevar el sistema a un nuevo estado de equilibrio en el que se han disuelto las causas iniciales.
  • Conocimiento, comprensión, acto de entender.
  • Habilidad, destreza y experiencia.
  • Sustancia puramente espiritual.

Y especialmente también entendida, más allá del diccionario de la RAE, como la capacidad de encontrar distinciones cada vez más sutiles sobre un mismo aspecto de la realidad.

Por todo lo anterior, antes “Evolución humana inteligente” que “Desarrollo personal”.

 

Fuentes: