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Siempre es un buen momento para aprender algo
El domingo pasado me acerqué al apartamento de un amigo cerca de la playa. Le di un telefonazo antes de ir. Cuando subí al piso 19 de la torre de apartamentos y llamé al timbre, allí no había nadie. Le llamé de nuevo y me dijo que se había bajado a la playa, que subía enseguida. Habiéndole llamado antes de ir, había presupuesto que me estaría esperando. Error de presuposición.
Allí estaba, en el rellano, sin nada que hacer durante los siguientes cinco o diez minutos. Podía haberme enfadado con mi amigo por no estar en casa. Disponía de un buen rato para recrearme en aquel asunto. Podía recordar las veces que mi amigo había hecho algo parecido y terminar aplicándole un adjetivo negativo. Cuando mi amigo llegara, yo estaría enfadado y al menos los primeros minutos serían desagradables para ambos.
Pensé que podía hacer otra cosa. Pensé que podía aprovechar el tiempo para distraerme con cualquier otra cosa más útil y que incluso podía aprender algo. En el rellano había poco con lo que entretenerse, salvo un extintor. Así que decidí que en los siguientes diez minutos aprendería sobre extintores. Me puse a examinarlo, y esto es lo que aprendí en ese rato en el que estuve muy entretenido.
Lo primero que me pregunté fue a qué presión se cargaban. El indicador marcaba 15, y en la esfera indicaba TCH o algo así. Concluí que, a pesar de la leyenda, serían bares. Creo recordar que la zona verde cubría de 10 a 20, y la aguja estaba centrada en la escala.
La pegatina en la panza indicaba que el extintor contenía polvo ABC. Por lo que pude aprender, hay diferentes tipos de fuego, y el material extintor se clasifica en función de los tipos de fuego que puede apagar. En la etiqueta había algunos dibujos, a partir de los que deduje:
- Tipo A: Fuegos de madera.
- Tipo B: Fuegos de combustibles líquidos.
- Tipo C: Fuegos de combustibles gaseosos.
Me faltaba el Tipo D, que supongo que es el correspondiente a fuegos eléctricos y que debe de precisar de un extintor de una clase diferente.
En el lateral había una pegatina de revisión de la que concluí:
- Los extintores se revisan una vez al año.
- En la revisión se indica el nombre de la persona que lo revisa.
- En la pegatina se incluye la fecha de la siguiente revisión.
- La empresa no se responsabiliza del mal funcionamiento de extintores que no hayan sido revisados dentro de su periodo o hayan sido revisados por personal ajeno a la empresa de revisión.
Para utilizar un extintor, los pasos son:
- Quitar la anilla de seguridad.
- Pulsar la palanca que lo acciona.
- Dirigir la manguera hacia la base de las llamas.
Algunas cosas más que deduje son que:
- En los edificios de apartamentos se ubican extintores, al menos uno por planta.
- Están correspondientemente indicados mediante una señal.
- Son rojos, supongo que para que sean especialmente visibles.
- Todos los que he visto pertenecen a la misma empresa, cuyo nombre empieza por Gui…
Se me olvidaba: el material propelente es nitrógeno seco.
Al poco llegó mi amigo y hablamos un minuto sobre los extintores. Me ahorré un enfado, aprendí un montón de cosas y acostumbré a mi mente a ocuparse de cosas productivas. Generé un patrón nuevo.
A menudo es conveniente preguntarse y elegir cómo va a reaccionar uno. No es difícil dejarse llevar por los patrones de comportamiento habituales, pero es mucho más interesante plantearse nuevas posibilidades. A veces bastan unos pocos segundos para encontrar una reacción más conveniente que la que uno emplea sin reflexionar.
La próxima vez que te veas en una situación similar, párate un momento y pregúntate qué puedes aprender. A veces las cosas más convencionales están llenas de pequeños detalles y encierran todo un interesante mundo.
Siempre es un buen momento para aprender algo.
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Psiconeuroinmunobiología (Entrevista a Mario Alonso Puig)
La psiconeuroinmunobiología es el estudio de la interacción entre el sistema inmunitario, el sistema nervioso y los estados mentales. El término fue acuñado a principios de los 70 por Robert Ader, psicólogo de la Universidad de Rochester, tras una serie de experimentos con ratas.
Traigo en esta ocasión una entrevista a Mario Alonso Puig, cirujano, que toca algunos de los temas que nos interesan en esta esquina de Internet. La recibido por correo electrónico de mi profesora de PNL, y por el formato y estilo supongo que se trata de una entrevista del espacio La Contra, del periódico La Vanguardia. Espero que la disfrutes.
“Lo que el corazón quiere, la mente se lo muestra”
Hasta ahora lo decían los iluminados, los meditadores y los sabios; ahora también lo dice la ciencia: son nuestros pensamientos los que en gran medida han creado y crean continuamente nuestro mundo. “Hoy sabemos que la confianza en uno mismo, el entusiasmo y la ilusión tienen la capacidad de favorecer las funciones superiores del cerebro. La zona prefrontal del cerebro, el lugar donde tiene lugar el pensamiento más avanzado, donde se inventa nuestro futuro, donde valoramos alternativas y estrategias para solucionar los problemas y tomar decisiones, está tremendamente influida por el sistema límbico, que es nuestro cerebro emocional. Por eso, lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando”. Hay que entrenar esa mente.
Tengo 48 años. Nací y vivo en Madrid. Estoy casado y tengo tres niños. Soy cirujano general y del aparato digestivo en el Hospital de Madrid. Hay que ejercitar y desarrollar la flexibilidad y la tolerancia. Se puede ser muy firme con las conductas y amable con las personas. Soy católico. Acabo de publicar Madera líder (Empresa Activa).
Más de 25 años ejerciendo de cirujano. ¿Conclusión?
Puedo atestiguar que una persona ilusionada, comprometida y que confía en sí misma puede ir mucho más allá de lo que cabría esperar por su trayectoria.
¿Psiconeuroinmunobiología?
Sí, es la ciencia que estudia la conexión que existe entre el pensamiento, la palabra, la mentalidad y la fisiología del ser humano. Una conexión que desafía el paradigma tradicional. El pensamiento y la palabra son una forma de energía vital que tiene la capacidad (y ha sido demostrado de forma sostenible) de interactuar con el organismo y producir cambios físicos muy profundos.
¿De qué se trata?
Se ha demostrado en diversos estudios que un minuto entreteniendo un pensamiento negativo deja el sistema inmunitario en una situación delicada durante seis horas. El distrés, esa sensación de agobio permanente, produce cambios muy sorprendentes en el funcionamiento del cerebro y en la constelación hormonal.
¿Qué tipo de cambios?
Tiene la capacidad de lesionar neuronas de la memoria y del aprendizaje localizadas en el hipocampo. Y afecta a nuestra capacidad intelectual porque deja sin riego sanguíneo aquellas zonas del cerebro más necesarias para tomar decisiones adecuadas.
¿Tenemos recursos para combatir al enemigo interior, o eso es cosa de sabios?
Un valioso recurso contra la preocupación es llevar la atención a la respiración abdominal, que tiene por sí sola la capacidad de producir cambios en el cerebro. Favorece la secreción de hormonas como la serotonina y la endorfina y mejora la sintonía de ritmos cerebrales entre los dos hemisferios.
¿Cambiar la mente a través del cuerpo?
Sí. Hay que sacar el foco de atención de esos pensamientos que nos están alterando, provocando desánimo, ira o preocupación, y que hacen que nuestras decisiones partan desde un punto de vista inadecuado. Es más inteligente, no más razonable, llevar el foco de atención a la respiración, que tiene la capacidad de serenar nuestro estado mental.
¿Dice que no hay que ser razonable?
Siempre encontraremos razones para justificar nuestro mal humor, estrés o tristeza, y esa es una línea determinada de pensamiento. Pero cuando nos basamos en cómo queremos vivir, por ejemplo sin tristeza, aparece otra línea. Son más importantes el qué y el porqué que el cómo. Lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando.
Exagera.
Cuando nuestro cerebro da un significado a algo, nosotros lo vivimos como la absoluta realidad, sin ser conscientes de que sólo es una interpretación de la realidad.
Más recursos…
La palabra es una forma de energía vital. Se ha podido fotografiar con tomografía de emisión de positrones cómo las personas que decidieron hablarse a sí mismas de una manera más positiva, específicamente personas con transtornos psiquiátricos, consiguieron remodelar físicamente su estructura cerebral, precisamente los circuitos que les generaban estas enfermedades.
¿Podemos cambiar nuestro cerebro con buenas palabras?
Santiago Ramon y Cajal, premio Nobel de Medicina en 1906, dijo una frase tremendamente potente que en su momento pensamos que era metáforica. Ahora sabemos que es literal: “Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”.
¿Seguro que no exagera?
No. Según cómo nos hablamos a nosotros mismos moldeamos nuestras emociones, que cambian nuestras percepciones. La transformación del observador (nosotros) altera el proceso observado. No vemos el mundo que es, vemos el mundo que somos.
¿Hablamos de filosofía o de ciencia?
Las palabras por sí solas activan los núcleos amigdalinos. Pueden activar, por ejemplo, los núcleos del miedo que transforman las hormonas y los procesos mentales. Científicos de Harward han demostrado que cuando la persona consigue reducir esa cacofonía interior y entrar en el silencio, las migrañas y el dolor coronario pueden reducirse un 80%.
¿Cuál es el efecto de las palabras no dichas?
Solemos confundir nuestros puntos de vista con la verdad, y eso se transmite: la percepción va más allá de la razón. Según estudios de Albert Merhabian, de la Universidad de California (UCLA), el 93% del impacto de una comunicación va por debajo de la conciencia.
¿Por qué nos cuesta tanto cambiar?
El miedo nos impide salir de la zona de confort, tendemos a la seguridad de lo conocido, y esa actitud nos impide realizarnos. Para crecer hay que salir de esa zona.
La mayor parte de los actos de nuestra vida se rigen por el inconsciente.
Reaccionamos según unos automatismos que hemos ido incorporando. Pensamos que la espontaneidad es un valor; pero para que haya espontaneidad primero ha de haber preparación, sino sólo hay automatismos. Cada vez estoy más convencido del poder que tiene el entrenamiento de la mente.
Deme alguna pista.
Cambie hábitos de pensamiento y entrene su integridad honrando su propia palabra. Cuando decimos “voy a hacer esto” y no lo hacemos alteramos físicamente nuestro cerebro. El mayor potencial es la conciencia.
Ver lo que hay y aceptarlo.
Si nos aceptamos por lo que somos y por lo que no somos, podemos cambiar. Lo que se resiste, persiste. La aceptación es el núcleo de la transformación.
Sin fe en uno mismo hay temor,
y el temor produce violencia.
La violencia produce destrucción.
Por eso, la fe interna supera la destrucción”.
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Miedo al éxito
El miedo puede ser una emoción que impregne muchas áreas de nuestra vida. No sólo existe el miedo al fracaso y estamos muy familiarizados con él, sino que también existe un miedo mucho más sutil y desconocido: el miedo al éxito.
Sí; uno también puede temer conseguir lo que tanto ansía. Y no sólo eso, sino que es posible que haga todo lo necesario para evitar conseguirlo. El autosabotaje inconsciente es un patrón muy habitual en este camino.
En ocasiones nos ponemos metas que deseamos cumplir, resultados vitales que deseamos obtener. Sin embargo, con el tiempo, no parece que estemos avanzando hacia nuestro objetivo. No es el miedo al fracaso lo que nos detiene. Tampoco es el miedo al rechazo. El camino hacia la meta está relativamente claro, y de vez en cuando hacemos un progreso en el mismo, pero la mayor parte del tiempo no somos capaces de entrar en ese estado de flujo en el que avanzamos de manera fácil y natural hacia nuestro objetivo. Este escenario suele tener lugar con resultados a medio o largo plazo que requieren de acción intermitente, como pueden ser perder peso o emprender un negocio que nos permita dejar nuestro trabajo actual.
Hay varias razones que explican esta ralentización en el progreso, ese estado en el que sentimos que vamos con el freno de mano puesto.
La primera razón es, en términos de PNL, la razón ecológica. Cada uno de nosotros está inmerso en un sistema o en varios: la familia, los amigos, el ambiente laboral. Mientras avanzamos en nuestro camino hacia el objetivo, vamos cambiando. Esos cambios se van propagando al resto del sistema y tienen un impacto sobre el mismo. Si por ejemplo quiero dejar de fumar pero el resto de mi familia fuma, deberé contar con que el sistema me pondrá las cosas especialmente difíciles. Cada uno de los miembros fumadores se sentirá cuestionado en su hábito y reaccionará en consecuencia. Cualquier cambio que emprendas en ti mismo tendrá consecuencias sobre el área social en el que te muevas. ¿Estás preparado para ellas? ¿Puedes anticipar esas consecuencias y actuar para minimizarlas? ¿Cómo podrías reducir las resistencias en tu entorno?
Otra razón por la que a menudo sentimos miedo al éxito es porque hemos asociado lo que hacemos con lo que somos. Si fumo, soy fumador. Si estoy gordo, soy gordo. Las cosas que hacemos o nuestras circunstancias se han convertido en parte de nuestra identidad, y nos resistimos a abandonar estas cosas porque sentimos que abandonamos también una parte de nosotros. ¿Qué pasará si dejas de fumar? ¿En quién te convertirás? ¿Qué pasará si adelgazas? ¿En quién te convertirás? ¿Realmente estás preparado para asumir una nueva identidad? ¿Realmente estás preparado para dejar de ser una cosa y pasar a ser otra? ¿Estás listo para ser ex-fumador? ¿Estás listo para ser alguien delgado? Pueden parecer preguntas poco relevantes, pero a nivel inconsciente este tipo de transformaciones generan enormes resistencias.
De acuerdo con los niveles neurológicos, estamos hablando de cambios en el nivel del ser, en lo alto de la pirámide. Ser fumador implica una determinada identidad, y es muy diferente de ser no-fumador. Esta diferencia afecta al resto de niveles de la pirámide. Cuando efectúes la transición, cambiarán tus creencias y tus valores. Además del hábito de fumar, otros hábitos secundarios se verán afectados. Quizá cambien el tipo de personas con el que te relaciones y los sitios a los que vayas. Cualquier cambio en el nivel de la identidad tendrá consecuencias importantes en la vida, y no siempre estamos preparados para afrontar todo lo que de ese cambio se deriva. En ocasiones un cambio en la identidad altera demasiado nuestro comportamiento habitual como para resultar soportable, tanto para bien como para mal.
Una pregunta interesante en cualquier cambio vital relevante es la siguiente “¿Qué sucederá si lo consigo?”. Olvídate de lo que esperas que suceda o tengas miedo de que suceda. Simplemente, considera lo que sucederá con toda probabilidad. Imagina que consigues tu meta. ¿Y entonces? ¿Qué cambiará una vez hayas conseguido tu objetivo?
Evita las respuestas breves y obvias del tipo “Si pierdo peso estaré delgado”. Apaga la tele, la radio y otras distracciones y tómate unos minutos para pensar largo y tendido en qué sucederá una vez hayas logrado tu meta. A menudo hay muchos efectos secundarios que puedes haber pasado por alto y que inconscientemente estén oponiendo resistencia. Por ejemplo, si pierdes peso, ¿qué sucederá? Estas son algunas de las cosas que puedes encontrar: la gente se dará cuenta y te lo señalará, estarás expuesto a posibles piropos o a que alguien reconozca tu esfuerzo, otros pueden pedirte consejos al respecto, puede que sientas la necesidad de continuar con un cierto estilo de vida para mantener tu peso, necesitarás comprarte ropa nueva, probablemente te encuentres más atractivo y otros lo noten, puede que haya gente que sienta envidia porque has conseguido adelgazar, tu familia puede resistirse a tus cambios de peso por distintos motivos, puede que te preguntes si serás capaz de mantenerte en tu nuevo peso, puede que te preocupe no volver a comer determinados alimentos, etc. Cada meta conseguida viene acompañada de una serie de consecuencias que a menudo se nos pasan por alto. Sucesos en principio positivos, como recibir piropos o reconocimiento, pueden ser difíciles de encajar para determinadas personas.
El éxito requiere cambio, y el cambio siempre conlleva un precio que pagar. Incluso pasar a ser millonario puede resultar complicado, y mucha gente que gana la lotería pierde todo su dinero en unos pocos años porque no es capaz de manejar su nueva situación. A veces queremos lograr determinadas cosas sin darnos cuenta de que el precio a pagar es demasiado alto, o que las consecuencias negativas superan con creces las consecuencias positivas. Una manera de reducir el impacto de las consecuencias negativas es tomarse el tiempo para ponerlas sobre la mesa y examinarlas de una en una. Para cada una de ellas, las posibilidades son: eliminarla, reducir su impacto, o aprender a vivir con esa consecuencia.
Por supuesto es agradable y útil mantenerse enfocado en la parte positiva de la meta, pero recuerda que cualquier logro tiene una cara oculta y que tendrás que aceptar la moneda completa. Obtener los resultados que estás buscando te reportará consecuencias de todo tipo, y debes estar dispuesto a hacerte cargo del lote completo.
A diferencia de otros miedos, como el miedo al fracaso o el miedo al rechazo, el miedo al éxito es más complejo porque generalmente es inconsciente. ¿A quién se le va a ocurrir que ganar la lotería pueda tener también una cara negativa? ¿Dejar de fumar puede tener consecuencias negativas?
No se trata tanto del miedo al éxito sino del miedo a las consecuencias del éxito, del miedo a sus efectos secundarios. Muchos de estos efectos secundarios pueden ser muy poco deseados. Los miedos que no son evaluados conscientemente tienden a hacerse cada vez más grandes. La razón es el mero condicionamiento: cuando evitas algo, automáticamente fortaleces el patrón de evitar ese algo, ya sea consciente o inconscientemente. Cuando evitas trabajar en tus metas debido al miedo al éxito, refuerzas el hábito de la postergación y, con el tiempo, cada vez te resulta más difícil emprender acciones.
La mejor manera de atajar este tipo de comportamientos es ir directamente a la raíz del miedo preguntándose “¿Qué sucederá si lo consigo?”. Analiza las consecuencias “negativas” de tu logro y observa qué es lo que se encuentra detrás de cada una de esas consecuencias que te disgusta. El miedo tiende a encogerse bajo el escrutinio de la consciencia, ya que es aquello que desconocemos lo que realmente tememos. Si no te gusta la palabra miedo para definir estos comportamientos, puedes pensar que, cuando uno analiza estos patrones de huida, éstos tienden a parecer más sencillos y rectificables.
Una ventaja adicional a la hora de solventar las posibles consecuencias negativas es que, una vez que son conocidas, uno puede solucionarlas de una manera inteligente. Por ejemplo, de vuelta al ejemplo de perder peso, si pierdes muchos kilos, probablemente necesitarás ropa nueva. Si no dispones de dinero para comprar ropa nueva, este pequeño problema puede ser suficiente para que tu inconsciente te impida adelgazar. Una vez que examinas la situación conscientemente y aseguras maneras de solucionar las consecuencias de tu adelgazamiento, estás dando luz verde al inconsciente para que trabaje en hacerte perder peso.
¿Qué sucederá si lo logras? ¿Qué sucederá si dejas de fumar, si pierdes peso, si creas tu propio negocio, si abres tu propio restaurante? ¿Qué sucederá?
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