Tetas y ascensores

Entré sin llamar. El muñeco de felpa azul estaba tecleando en el ordenador. Levantó la vista al verme entrar.

—Ah, hola —dijo.

—Hola. Te quería contar una cosa que me ha pasado esta maña… ¡Oooooh, me has puesto una silla como la tuya!

—Sí —sonrió—. Anda, siéntate.

Di unas palmas de alegría. Tomé asiento e hice que el respaldo se reclinara.

—Caray, es comodísima. Muchas gracias.

—A mandar.

Me incorporé.

—Pues verás. Anoche me quedé a dormir en casa de un amigo. Salimos por ahí y nos acostamos a las tantas bastante perjudicados. El caso es que, esta mañana, bajaba en el ascensor con una resaca de espanto. Se trata de un edificio alto. Tiene 20 pisos. Pues bien, estaba yo pensando en las musarañas cuando se ha detenido el ascensor y ha entrado una chavala en bikini con unas tetas prominentes. En ese momento me he acordado de ti, y me ha llamado la atención darme cuenta que era el piso 11.

—Oh, el 11 precisamente…

—Sí, pero espera, que eso no es lo mejor. Reemprendemos la marcha, ella, sus cocos y yo, cuando de nuevo, en el piso 9, el mismo piso en el que estamos ahora, se detiene el ascensor y a que no sabes quién entra…

—Otra chavala con dos cocos.

—Otra chavala con dos prominentes cocos —nos quedamos mirándonos fijamente con una sonrisa estúpida—. Y allá que bajamos todos: ellas, sus cocos y yo.

El muñeco se reclinó en el sillón.

—Menuda coincidencia. El 9 y el 11. Esto es una señal con todas las de la ley.

—Ya te digo, Rodrigo. Aunque ninguna de las dos me ha preguntado si le quería tocar las tetas.

—Hombre, yo esto lo veo como una señal clara de que la cosa va bien. Como decía Voltaire “Lo que llamamos casualidad no es ni puede ser sino la causa ignorada de un efecto desconocido”. Hay quien llama a lo que te ha sucedido un reflejo alfa. En realidad el nombre es lo de menos. Ya irás viendo cómo funcionan estas cosas.

—Estoy muy intrigado. Esto es muy excitante.

—Lo es. Quizá, para acelerar un poco las cosas, deberías poner un poco de tu parte.

—Hombre, no me veo tocándole las tetas a una desconocida en un ascensor.

El muñeco de felpa cruzó las manos sobre la mesa, me miró con una sonrisa y dijo muy despacio:

—Mi querido amigo… Ese, precisamente, es el problema.

A veces Gonzo tenía frases lapidarias que me dejaban cavilando.

—Creo que ya te pillo —le dije frotándome el mentón—. Otra cosa. Lo que podría hacer es preguntarle si me deja tocarle las tetas. Yo creo que igual alguna me dejaría. A mí me gustaría que una desconocida me preguntara en el ascensor si le dejaba palparme la entrepierna.

—Ahí estás partiendo de la presuposición de que todo el mundo es como tú.

—Cierto, y anda que no me ha dado quebraderos de cabeza esa idea. A ver si consigo desterrarla de una vez.

—En cualquier caso —dijo el muñeco—, tendemos a creer que sabemos cómo reaccionará la gente ante lo que vamos a hacer. Y luego, cuando uno hace, se sorprende de que rara vez se acierta en las predicciones. En realidad, la única manera de saber lo que pasaría “si” es, precisamente, recorrer ese camino. Y es entonces cuando uno se queda con la duda de qué habría pasado “si no”. Como puedes ver, todo esto está montado de una manera muy paradójica.

—Ya veo…

Me recliné sobre el respaldo y puse los pies sobre la mesa.

—¿Te importa? —le pregunté al muñeco.

—Oh, no. Adelante —dijo, e hizo lo mismo.

—El caso es que la escena se me antoja un poco extraña —continué—. Voy en un ascensor con una chavala, me quedo mirando sus cotufas y le pregunto, sin hablar siquiera del tiempo, si le importa que le toque las tetas. Desde luego no se puede negar que el planteamiento es interesante. Se podría rodar un corto.

—O escribir una columna.

—O escribir una columna. Mira, ya tengo el lunes resuelto en El Sentido de la Vida.

El muñeco se rió.

—Lo bueno es que el conflicto dramático del protagonista es divertido —dije—. Tiene incluso un punto de dulzura. Para el pobre chico, a sus 33 años, con pelos en los cojones, tocarle las tetas a una desconocida en el ascensor se ha convertido en una quimera. Parece un guión de Woody Allen.

—Me gusta. Saltéalo con un muñeco de felpa.

—Vale, ya lo visualizo. Estoy con la desconocida en el ascensor. Ella exhibe un generoso escote. Un espeso silencio llena el cubículo. Los dos miramos una pelusa de un rincón. Y de repente, sin previo aviso, levanto la vista, le miro el balcón y le pregunto: “¿Me dejas que te toque las tetas?”.

—Menudo momentazo.

—Sin duda.

El muñeco se rascó la barbilla.

—Estaba pensando —dijo— que quizá mejor si la escena no es en un ascensor. Creo que te convendría más un sitio abierto de modo que, si a la chica le da por pensar que eres un acosador o un violador, tenga opciones. Si tiene espacio para salir corriendo se sentirá mejor. Imagina que se vuelve loca y le da por empezar a gritar y a pegarte…

—¿Cómo va a pensar que soy un acosador o un violador? Lo preguntaría muy educadamente…

—Hombre, los telediarios han hecho mucho daño.

Reflexioné unos instantes.

—La verdad es que me gusta lo del ascensor. Queda mucho más peliculero.

—De acuerdo —dijo el muñeco—. De todas maneras creo que tendrías que pensar muy bien en cómo formulas la pregunta. Hay modos de forzar un sí implícitamente.

—No te entiendo.

—Mira. Imagina que fumas y se te acerca un tipo pidiéndote tabaco. Los que lo hacen bien saben cómo tienen que preguntar. Si te dijeran “¿Me das un cigarro?” tendrían muy poco éxito. Lo que hacen es preguntar “¿Tienes un cigarro?”.

No terminaba de comprender qué era lo que quería explicar el muñeco. Creo que captó mi incomprensión y prosiguió con la argumentación.

—Si tienes un cigarro, la respuesta que darás es “Sí”. Pero en realidad no te están preguntando si tienes un cigarro, te ha formulado la pregunta de manera que te ha forzado a decir que sí a una segunda pregunta que no se ha hecho, implícita.

—Creo que ya te entiendo. Entonces la pregunta a la chavala del ascensor sería “¿Tienes tetas?”.

—Jajajaja, no. Una buena fórmula sería “¿Te puedo tocar las tetas?”. La respuesta a esa pregunta es sí, porque tienes manos, las puedes manejar y su escote está en tu rango de acción, pero en realidad no estás preguntado si le puedes tocar las cotufas, sino si se enfadará si lo haces.

No terminaba de convecerme la argumentación del muñeco.

—Entonces quizá debería decir “¿Te enfadarás si te toco las tetas?”.

—Creo que te vendría bien enfocarlo de una manera positiva.

—”¿Te gustará si te toco las tetas?”

—Hmmm…

Gonzo quedó pensativo. Aquello no era fácil ni parecía estar llevándonos a alguna parte, pero por lo menos era divertido.

Me miró y dijo:

—En cualquier caso deberías fluir cuando llegue la situación. Irás viendo con el tiempo que la mejor manera de solucionar las cosas es improvisar. No pienses y actúa. Todo está bien. Como decía Molière, “La improvisación es la verdadera piedra de toque del ingenio”.

—Caray, te veo muy de citas hoy.

El muñeco abrió un cajón.

—Es que me he comprado un libro de frases célebres —dijo mientras me lo enseñaba satisfecho—. Visten mucho.

—Sí, eso es cierto.

Bajé los pies de la mesa y puse las manos sobre los muslos.

—Bueno, te voy a dejar, que tengo una resaca tremenda. En realidad sólo venía a contarte lo que me había pasado esta mañana en el ascensor.

—Venga pues. Por la sombra —dijo el muñeco.

Me levanté y salí al pasillo.

Bajé por las escaleras.

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Comentarios

Holaaaaa. ¿Hay alguien? Creo que soy el primero en llegar.
No se por qué te andas con tantos miramientos, cada dos por tres hay alguien me toca los cojones y no me pregunta si me molesta.

El otro día tenían razón, la tira anterior no era en la que más se repetía la palabra tetas, en esta se citan 14 veces.
Para cuando te decidas, un manual:

http://www.soitu.es/soitu/2008/10/09/sexo/1223551430_627369.html
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¿Por qué mandáis que el hijo de Venus se prostituya por dinero? No tiene bolsillo donde guardarse el dinero.

Está interesante el enlace. Gracias.

Me están encantando estas del edificio :D

No sabes cuanto!!! :DD

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Yo existo en http://www.jpelirrojo.com

Creo que si podría repetirse alguna palabra o alguna idea, pero me resulta más intrigante imaginar hasta donde llegarán esas conversaciones con el muñeco de felpa azul.

Solo 3 cosas pueden pasar cuando le preguntes si puedes tocarle las tetas. Las cuales son:

1) Se molestara y tal ves te golpe.
2) Te de una sonrisa.
3) Que te diga que si.

Si te fijas 2 de las 3 posibilidades son buenas, y si se molesta da igual porque no la conoces. Otro enfoque nada mas!

Pues yo no me cruzo con maromas así en el ascensor ni en sueños :(

Saludos

Simplemente, genial.

PD: Lo de abordar a una muchacha en un ascensor pidiéndola permiso para tocarla las tetas no me parece el mejor plan para un domingo por la tarde. Llámame antigua, o corrobora que los telediarios han hecho mucho daño…

Nada es verdad, nada es mentira: todo depende del color del cristal con que se mira.