Situaciones embarazosas

Todo el mundo vive situaciones incómodas. Se tienen a diario, son la sal de la vida: esa abuela que se te cuela en la cola de la panadería y no te atreves a cantarle las cuarenta, el tarro de tomate que se te cae a los pies y revienta en mitad del supermercado, ese grano en la frente que causa sensación entre propios y extraños… Sí, todo eso tiene su gracia, pero estoy hablando de situaciones realmente embarazosas, de las de “Trágame tierra, ¡pero ya!”. Hoy contaré un par de anécdotas.

Recuerdo algunas de esas situaciones embarazosas, aunque seguramente habrá más en el baúl de los recuerdos. La memoria es esquiva y está bien adiestrada. La más antigua que recuerdo y que puedo contar fue como sigue:

Acudía yo a una academia a clases de Física, en aquellos años en los que ni siquiera soñaba con acabar la carrera y el año 2000 todavía se incluía como subtítulo en las películas de ciencia ficción. En mi clase éramos unos quince; más de media docena de polluelos tratando de adquirir unas nociones básicas sobre dinámica y cinemática con la esperanza de poder aprobar Física algún día.

Aquella tarde llegaba yo con algo de retraso y la vejiga resonante como la panza de un burro que se pudre en un estercolero. Entré en clase y dejé los trastos, excusándome para ir al baño y prometiendo que volvería con toda celeridad finalizados los trámites. Entré en el cuarto de baño y procedí a la ejecución en la tranquila privacidad del reservado de una academia en horario lectivo.

De todos es conocida la famosa frase que, si no está, debería incluirse en el refranero español: “No te esfuerces, chiquillo, la última gota siempre va al calzoncillo”. Pues bien, con las prisas, la última gota se convirtió en la última riada; y el calzoncillo, en virtud de una desafortunada maniobra de retirada, se convirtió en el pantalón. Y allí estaba yo, en mitad del cuarto de baño de una academia cualquiera, con una sospechosa mancha de orín en la entrepierna que, efectivamente, era lo que parecía.

El pánico me atenazó; los pelos se me pusieron de picos pardos. Una clase entera esperaba mi llegada para empezar a disfrutar de los momentos de inercia y centros de rotación de diferentes formas geométricas y allí estaba yo con los pantalones manchados delante del espejo. Los nervios se me comían. Debía actuar, y rápido. En aquella época yo veía McGyver por la tele. McGyver era el puto amo (tm) y salía de cualquier situación. Desgraciadamente, no conseguía recordar el episodio en el que McGyver se meaba los pantalones. Tampoco recordaba ningún capítulo del Equipo A en el que hubieran tenido que salir de semejante situación. Esos lo tienen fácil; siempre son explosiones y coches que vuelan por el aire. Lo mío era algo realmente gordo.

Al final, tras un eterno minuto de sudoración extrema, en un alarde de imaginación me saqué el suéter fuera de los pantalones y comprobé que, si andaba como un jorobado al que hubieran sodomizado con la pata de una silla, la prenda tapaba justito hasta el borde inferior de la mancha. Así que de tal suerte, arrastrando los pies y con escalofríos bajándome la espalda, entré en clase ante la mirada extrañada de mis compañeros y procedí a sentarme con discreción. Pasados unos minutos pude comprobar, mientras el profesor garrapateaba ecuaciones sobre el encerado, que nadie se había apercibido de mi desliz. Seguro que alguien pensó que andaba raro porque me había cagado encima y no me atrevía a cambiarme el paquete, pero creo que jamás nadie imaginó el calibre de mi torpeza.

Pero bueno, esta pequeña historieta era para ir haciendo boca. Yo creo que la vez que peor lo he pasado, la ocasión en la que si alguien me hubiera visto me hubiera muerto literalmente e inmediatamente de vergüenza, fue una vez que fui a hacerme unas radiografías. Ojo a la “anécdota” porque no tiene desperdicio.

Desde hace unos ocho años, más o menos cuando la carrera de mierda que acabo de terminar me dio las primeras cornadas, sufro problemas estomacales. El estrés de los estudios, el alcohol, el “sesso” desenfrenado, las fiestas hasta altas horas de la madrugada, etc… terminaron por hacer mella en mi delicada maquinaria estomacal. No entraré en detalles técnicos porque no viene al caso, pero tuve que acabar yendo a hacerme unas radiografías para el estudio de ese odre que todos tenemos bajo la región torácica y que procedemos a rellenar cada cierto tiempo.

Entro en una sala relativamente grande en la que había una mesa como las que usaba la inquisición pero más limpia, y encima un aparato de radiografías de cuerpo entero y cuello vuelto. Me recibe una atenta enfermera que me pide, a quemarropa, que me lo quite todo. “Pero oiga” balbuceé yo… “Nada, todo fuera. ¿A qué te crees que has venido aquí, cojones?” vino a responder ella más o menos. Como la vi convencida, procedí a desvestirme, y casi al final del número la buena mujer me aclaró “No, los calzoncillos no hace falta”. Buf, menos mal, parece que hoy salvaremos la dignidad, pensé yo. No sabía que aquello había sido sólo el principio del show.

Después de esperar unos minutos como Dios me había traído al mundo pero con calzoncillos y calcetines puestos, en un ambiente aséptico y sin poder llorarle a nadie, vino un simpático caballero que se presentó como el encargado de hacerme las radiografías. Me explicó que para que se me vieran las tripas en las fotocopias que me iba a sacar, debía deglutir una mezcla especial que ahora me iba preparar. Le pregunté si la cosa estaba buena. “No” me dijo. No claro, pensé yo, no va a estar buena encima. Bueno, da igual, no se pueden torcer mucho más las cosas.

Al poco terminó el encargado de las fotocopias de preparar la papilla, que me presentó en forma de “Fresissuis” de esos de los Simpson, en un bote de los que usan para poner los batidos en el McDonalds, y con una pajita de dimensiones desmesuradas asomando por la parte superior del bote. En ese momento volvió a escena la enfermera de antes, y con ella se redobló la incomodidad que suponía estar en calzoncillos y calcetines sujetando un batido con paja.

Entre ambos me instaron a subir a la mesa, y me hicieron unas fotos tumbado boca arriba, supongo que para ir calentando motores. La enfermera permanecía tras la cristalera en la que se asegura de que los rayos X sólo me fríen a mí, y el de las fotos iba y venía para ponerme “Ahora un poco hacia este lado”, “Ahora dobla la pierna izquierda”, “Ahora… coño, quítate el reloj, que nos lo hemos dejado”, etc… La sesión iba bien hasta que me dieron la vuelta para freírme por el otro lado, y además empecé a sorber pasteta de la buena.

Para los que nunca han tenido problemas estomacales y el placer de disfrutar de una de esas papillas que fosforecen en el interior de las tripas, decir que son como si machacaras pulpa de papel de periódico mojada en agua y la diluyeras en bilis para mejorar el sabor. Tú estás tumbado sobre la mesa, y cuando te lo indican, le metes un lingotazo al brebaje. Con cada lingotazo se te revuelven las tripas, y ese es el momento en el que te hacen la foto. Digo yo que lo que buscan es captar el dramatismo del momento.

Total, que el tío me da la vuelta, me pone los brazos en los costados, me pone el McFlurry al lado, dobla la paja y me la acerca a los morros. Se aleja, me grita “Dale un tiento” desde la seguridad de la mampara, y me tira medio carrete. “Otra vez”, brama desde la lejanía. Sale y vuelve hacia mí. Me coge cual maniquí y me pone la pata izquierda a 45º y uno de los brazos por debajo del cuerpo. En aquel momento, la situación era kafkiana: un señor y una señora, a los cuales no conocía de nada, me tiraban fotos mientras yo estaba tendido boca abajo, en calzoncillos de corazones y calcetines negros, con el culo en pompa, y haciendo esfuerzos denodados por que la pajita que sujetaba entre los labios no se me escurriera. El tío me daba instrucciones sobre cuándo debía absorber el infecto mejunje, pero yo sólo oía: “Sí, nena, sí”, “Lo estás haciendo muy bien”, “Sigue así”, “Saca lo que llevas dentro”, “Grrrrrr”, al compás de los flashes de las fotos. Al cabo de unos minutos, la presencia de aquellas dos personas pasó a ser una preocupación secundaria, pero llega a verme así alguien más y muero de un infarto fulminante. Una sola foto tomada desde el ángulo adecuado me hubiera impedido alcanzar un puesto de trabajo decente en toda mi puñetera vida.

La sesión fotográfica debió de durar unos 10 minutos, pero se me antojaron horas. Al final, el hombre se acercó a mí y me dijo que ya podía dejar de hacer el gilipollas (bueno, lo dijo en otros términos), y que no hacía falta que bebiera más batido energético. Me ahorré decirle que hacía ya varios minutos que me había terminado aquel potingue. Me vestí, me puse los zapatos y salí de allí por piernas. Jamás he contado esto a nadie hasta ahora.

Creo que esta ha sido la situación más embarazosa de mi vida, aunque la gastroscopia que me hicieron unas semanas antes no le va a la zaga. Pero bueno, ya vale de guarradas. ¿Cuál ha sido la situación más embarazosa de vuestra vida?

Categorias:

Comentarios

No se si me voy a explicar, pero, mi situación fue más que cutre y
de pena.

Una calurosa mañana de verano, mi madre me levanta para ir a
por el pan, le grito "¡Joder si son las una de la mañana, que
coño de pan crees que va a ver ahora!" y me responde, con mi
misma dulzura, "¡gilipollas! que tengo el pan en la taquilla del
super, y yo, ya no vuelvo".

Despues de la convesación tan agradable que tuvimos mi madre
y yo, y sin remedio, tuve que ir al super a por el pan.

Antes de salir por la puerta, dormido, mi madre gruñia algo por
la boca, pero no le hago ni puto caso. Le pido la llave de la
taquilla del Piedra (un Super de Córdoba)… y me voy golpeando
la puerta.

Muy seguro de mi idea, me dirigo totalmente covencido al super,
entro me voy a la zona de las taquillas, conpruebo que el
numero de la llave concuerda con el numero de la taquilla…
premio es esa.

La primera cosa extraña que veo es que la taquilla tiene tamaño
carro (?) me pregunto "¿Se le ha ido la olla a esta mujer? para el
pan coge esta taquilla".

Me dispongo a meter la llave para girarla, triunfalmente, y
llevarme, el puto, pan. ¡Oh no! ¡¿Qué pasa?! No gira la llave. En
ese momento pienso "si no llevo el pan a casa no entro" acto
seguido me quejo de tal hecho a la cajera, esta habandona su
puesto, prueba la llave y ve que no funciona que no entra ni si
quiera, las marujas de la cola empiezan a impacientarse. La
cajera se va para el micro y llama a otra empleada del Piedra…
al final consegui mobilizar todo el personal del Piedra para
intentar abrir ni taquilla. Las marujas cada vez más cabreadas
me miran con peor cara, como si yo tubiera la culpa de que ellas
esten esperando.

Al final, como medidad desperada, iban a "romper" la puerta…
pero derrepente aparece una, maru, con un llave se acerca a MI
taquilla y abre la puerta con una llave, pienso "¡¡ladrona se lleva
mi pan!!" En ese momento marujas, empleados, niños, propios,
extraños, TODOS me miraban pensando "este tio es gilipollaz".

Me fui totalmente muerto de verguenza del super y pidiendo
disculpas a las marus y los empleados. Fue patetico… menudo
 show.

P.D.: Ese día aprendi a escuchar, a las madres, cuando me
hablen y me digan al super que tengo que ir :-)

El gilipollas tengo que ser yo, porque después de leer tu mensaje dos veces, sigo sin pensarlo.

El gilipollas tengo que ser yo, porque después de leer tu mensaje dos veces, sigo sin pensarlo.
Sigue, sigue sin pensar, y no podrás pillarle la gracia nunca…
 Saludos.

Coño, evidentemente quería decir que sigo sin pillarlo. Lo de pensar se me debió colar. Se agradece si me lo explicas porque tengo curiosidad.

esto… es una gilipollez simplemente la forma de parar todo un
Super por una cosa que ni siquiera existia.

Suspenso en redacción… fallo mio :-(

Salu2

Pues yo si me entero, que si fue a otro super cojones … xD

Me alegro que lo hayas "pillado" :-)

Saludos

Joder, definitivamente tengo algún problema mental porque soy el que pidió clarificación al no entender la historia, y resulta que tampoco entiendo lo que tú quieres decir con tu frase. Lo digo en serio, no es por meter cizaña. Me siento como si estuviera en un foro alemán o algo así.

AIGS!!!!!!

(tramo censurado para no crear conflictos con otro usuario)

¡QUE EL TIO SE FUE A OTRO SUPER DISTINTO DISTINTO DISTINTO A AQUEL EN EL QUE SU MADRE HABÍA DEJADO EL PAN METIDO DENTRO DE LA CASILLA NUMERO TAL!

¿YA?

Ahora lo pillo. Resulta que cuando un texto está mal escrito, a veces su significado cambia, por si no lo sabías.
La frasecita en cuestión era “Pues yo si me entero, que si fue a otro super cojones”, que en realidad tiene poco sentido. Claro, que si el autor hubiera sido lo suficientemente culto para escribirlo bien (“Pues yo sí me entero, que sí fue a otro super, cojones”) hubiera sido otra cosa.

Hombre, puestos a ello tendría que ser “que se fue a otro super, cojones” ;)

… si el profesor de la academia te hubiera hecho salir a la pizarra a resolver un ejercicio. Entonces si podrias decir "tierra, tragame!" xD

PD: aprovecho mi 1º comentario para felicitar a gonzo, la pagina esta genial :)

- PiTaGoraS -

Seguro que esto os ha pasado alguna vez: estais en clase tan tranquilos, allá por los anillos de Saturno, cuando empiezas a notar una especie de cosquilleo en el miembro viril. Empiezas a notar que eso empieza a crecer y a crecer. Tu, que por supuesto has acudido a clase con un fino chandal (para que se note mas), empiezas a suplicar para que a la profesora no se le ocurra sacarte a la pizarra y…

(Ponga aqui su nombre), ¡A la pizarra!.

En eso momento empiezas a pensar y, lo unico que se te ocurre es sacarte la camiseta como hizo nuestro querido Gonzo para ocultar su pipi.

¿Se empezarian a hacer las camisetas mas largas de lo que se deberia para poder atajar situaciones de este tipo? ¿Cual es el objeto de que las camisetas sean más largas de lo necesario?

P.D: Felicidades por la página

Yo creo que esa es la típica que siempre pasa en el instituto.

Me acuerdo yo de una chica de clase que tenía unos pectorales hiper desarrollados para su edad y que los lucía sin reparos. Y yo, que me sentaba justo en el ángulo perfecto para mirar la pizarra y a ella a la vez siempre estaba “caliente” en clase.

Hasta que llegó el día que me llamaron para la pizarra con una “emancipación” (Como dice Gonzo) del quince.

Juass, en primer lugar felicidades por la página tio, cada semana me alegran un poco el día ;-)

Y en segundo lugar… ¿radiografías estomacales? menos mal que eran del estomago y no de los intestinos, yo tuve que hacerme unas cuantas de esas y para que se te vean los intestinos tienen que estar más límpios que una patena. ¿Y como se hace eso? Pues con un laxante, claro, la primera vez no fue muy desagradable, era una especia de potinge con sabor a plástico que en cuestión de minutos te dejaba seco por dentro. Pero claro era un hospital como dios manda, la segunda vez fue en un ambulatorio de pueblo y allí tienen mucha prisa y no pueden esperar unos minutos, asi que me hacen desnudarme del todo (pero con una bata) y una amable señora me dice "tumbate aqui" y me tumbo en la camilla esa "dobla las piernas hacia el estomago" pos vale las doblo, y entonces coje una mangera que se ve tenía escondida no se donde Y ME LA INYECTA POR EL C***, ahí vi yo las estrellas, que no soy capaz ni de ponerme un supositorio, ahora el efecto es instantaneo, cuando la chica me dice "ahora vaya al retrete que hay aquí y evacue" yo ya estaba en la labor hacía rato. Por dios que desagradable.

Según me ha contado un amigo que es enfermero y técnico en rayos X la peor radiografía para el paciente y el técnico es una en la que tienes que estar cagando mientras te las hacen.

Vamos, que esas sesiones de radiografía creativa tienen que ser de lo más animado.

Hace 6 años debido a un accidente de coche me pasé como 4 mese ingresado en el hospital. Tengo historias de hospital para dar y tomar.

Una de las más bochornosas fue cuando me pusieron una lavativa y sentado en el orinal empiezo la faena. Como tenía un atasco bestial con el intestino medio paralizado y unos 20 días sin cagar, costó lo suyo y cuando más o menos empiezo la faena, da la hora de visita y empiezan a entrar parientes y amigos a saco.

No faltaba ni la abuela. Joder. Toda la semana sin venir nadie y cuando estás giñando eso parece el camarote de los Marx.

Supongo que habría un olorcete en la habitación bastante apetecible ;-), yo con unos retortijones y con muy pocas ganas de hablar y todo el mundo alrededor esperando algo, no sé el qué.

A la media hora supongo que la gente se empezaba a oler algo y me dejó en paz.

Lo peor es que con la interrupción ni cagué a gusto ni nada y al día siguiente a darme más por culo con las lavativas.

A mí no me ha pasado nada tan bochornoso pero si algo desagradable. Una vez me hicieron (más bien me perpetraron) un proceso médico que consistía en meterme un aparato cilíndrico con una cámara en la punta por la nariz hasta las cuerdas vocales. Lo peor no era lo desagradable del proceso sino más bien que el doctor (Mengele) en cuestión tenía complejo de guía turístico de estos que van enseñando a los guiris una ciudad desde el autobus e iba explicando al público lo que se veía en la tele (mis entrañas) paso a paso, sin tomarse nada de prida y sacarme ese engendro del demonio de la garganta.
En definitiva bastante desagradable, y no sólo por tener que ver todas esas vísceras palpitantes en la tele.

El otro dia sin ir mas lejos, esperando a que una compañera saliese de clase decidimos no subir hasta el primer piso y esperarla en el hall del edificio donde estudio, en esto que la veo aparecer y en plan chiste se me ocurre gritar mientras la miraba (ignorando claramente a un tio tipo camionero que veia bajar por el rabillo del ojo) "a la primera tia que baje las escaleras me la follo", el caso es que el comentario a ella y a mi nos hizo una gracia de la ostia. Pero entonces acabo la chanza cuando un colega que estaba al lado mio dijo "hey, que esa es una tia", coño mi "camionero" del rabillo del ojo era una piba,asi que oficialmente deberia f…..mela entera, sin palabras…
Gonzo felicidades por la pagina, la conoci con el diario a Nantes y la cosa no relaja el tempo, sigue asi.

Mi experiencia es más bien un cúmulo de circunstancias mezcladas con una ida de olla.

Pues nada, que llegué a casa con un pedo descomunal medio fumao y unos retortijones de la ostia. Resulta que teníamos el lavabo en obras, sin inodoro, el otro lavabo era el de la habitación de mis padres, donde por supuesto no iba a entrar.

En esto que ante el apretón se me ocurrió la genial idea de coger uno de los dodotis que usa mi abuelo, me lo puse, no sin antes leer las instrucciones y ala al sofá a ver el teletienda y a que se me pasara el morao.

Me resultó del todo imposible desfogarme en aquellos dodotis, mi instinto de continencia me impedía expulsar nada fuera de un lavabo en condiciones, así que me quede frito en el sofá en camiseta y dodotis talla XL.
Lo mejor de todo fue cuando me despertó mi padre, inexplicable, simplemente inexplicable.

Creo que durante una temporada dudaron si realmente su hijo no tenia algún tipo de disminución psíquica. jajaja.

Sencillamente insuperable…

tio, insuperable, hacia mucho que no me reia tanto.

Que jartá de reír, mis compañeros me han mirado con cara de alucinados.

Estaba yo en el aula de internet tan tranquilo y contento leyendo las noticias de las que leemos los barrapunteros cuando echo un vistazo sin darme cuenta a la máquina que había al lado. Y veo un monitor que solo mostraba tías impresionantes. Fotos porno de mujeres desnudas (perdón por la expresión) en actitudes pecaminosas (xDDDD).

Sonrío y comento "anda que… campeón, vayas fotos te estás bajando pecador!" en plan humorístico, al mismo tiempo que giraba la cabeza para mirar al supuesto tío que se las estaba bajando. Todo fue tan rápido que pasé de una sonrisa de oreja a oreja a tener la cara más roja que un tomate: quien se bajaba esas fotos era una lesbiana de unos 100 kilos de peso (no exagero, en serio) con cara de "TE VOY A MATAR, MALDITO BASTARDO".

Diossss…. me han pasado otras cosas tb muy fuertes pq sufro desde siempre con problemas digestivos: estreñimiento, diarreas (ufff) pero esas son ya de mal gusto…

Si, debe ser más frecuente de lo que parece.
Yo fui hace un año encargado de un aula de informática en una Facultad de la UDC (www.udc.es) y había una tía que venía muy a menudo e invariablemente se bajaba toneladas de fotos de "Xena, la princesa guerrera" y alguna vez que pasaba por detrás tenía páginas porno con mujeres en pelotas.
Por cierto que era gorda y bastante fea para mi gusto.
Todo bastante tópico (lo de Xena y lo de ser fea y gorda) pero era así el tema.
Os prometo que si me encuentro una bella sílfide en la misma actitud os lo contaré igualmente.

Una de mis peores experiencias, de tierra tragame fue en una reunion de trabajo. La situacion es la siguiente:
Reunion con unos clientes super importantes con correspondiente almuerzo en restaurante caro. Las mujeres como siempre, nada mas que tomamos una copita, al servicio.Me miro en el espejo, voy vestida impecable, con una traje de chaqueta gris oscuro y zapato de tacon alto. Me dispongo a desaguar, y tengo una costumbre horrible de ponerme de pie sobre la taza para no acercarme a menos de medio metro del water y evitar posible contagios (soy asquerosamente escrupulosa). Comienza a salir ese chorrito relajante y de repente (HORROR) veo que se va desviando y aproximandose a mi pierna hasta que llega a ella y de esta pasa inevitablemente a mi pantalon gris, que va cambiando de color a negro. Intento parar, pero estaba tan llena mi vejiga que no quiere hacer caso a mis ordenes. Cuando termino, intento secarme lo mejor posible con papel y luego intento secar mi pantalon en el secador de manos, pero la mancha se quedo en el pantalon, y la muy desgraciada abarcaba toda la pierna derecha. Pero lo peor no era la manacha, si no el olor, desprendia un terrible olor a meado, por donde pasaba, todo el mundo me miraba.
Intente disimular con la chaqueta mi pierna y me sente en la mesa deprisa tapandome con el mantel. Cuando crei que habia pasado lo peor, de repente me dice uno de los cliente: "que olor tan extraño" yo no sabia donde meterme y mi respuesta fue "si, huele como a orina" y el otro cliente me dice de broma: "no te habras orinado en los pantalones cuando fuiste al servicio?" me puse tan colorada y mi cara debio de ser tan horrible, que creo que se dieron cuenta y cambiaron de tema corriendo.
Por suerte, cuando nos fuimos, la mancha se habia secado y ya no se notaba, pero de repente uno de los clientes, se me acerca y me dice:"no te preocupes, esto puede pasar hasta en las mejores familias" me quede de una pieza y por supuesto para quitar importancia empece a reirme.
Cuando se lo conte a mi compañero al dia siguiente, se partia de la risa y yo no podia parar de reirme, por suerte firmamos el contrato con los clientes, y todo fue bien.

Joder lo de que huele raro ya es pa morirse de la vergüenza jajajaja. Me alegro de que terminase bien.

Me extraña que entre tanta historia terrorífica no haya ninguna relacionada con la noble práctica de expeler sonoros gases por el ano.
Como yo en este campo tengo una notable experiencia, allá voy:

Pues estaba bajando yo solo en el ascensor de mi antigua casa, un décimo piso, cuando de repente sentí la necesidad de darle la libertad a un cuesco aprisionado. Como en aquel momento debía tener la cabeza ocupada en otras cosas (como petarme granos del careto delante del espejo del ascensor, sin ir más lejos) no se me ocurrió meditar las consecuencias que podría acarrear este acto. Así que despreocupadamente dejé caer una carga de profundidad: prrroooommmmm!

Reconozco que fué un cuesco de los buenos. He creado algunos mejores en mi vida, pero éste era poderoso y letal. Aquel ascensor de 1,5 x 1,5 metros se convirtió en una cámara de gas que para sí querrían los gobernadores de muchos estados norteamericanos.

El viaje comenzó a hacerse muuuuyyyy largo. No sabéis lo que puede llegar a tardar un ascensor viejo en recorrer 10 pisos. Yo comenzaba a mostrar los primeros síntomas de asfixia por gases tóxicos (me puse de un color verdoso, creo) cuando por fin el ascesor se paró. Me dispuse a salir de él sin demora, cuando me percaté de que esperando en el vestíbulo estaban dos señoras, clasificables como el prototipo de vecina maruja-cotilla-impertinente, dispuestas a coger el mismo ascensor en el que yo dejaba atrás algo de mi mismo.

Sobra decir que no me quedé a comprobar si las señoras en cuestión fueron capaces de subir hasta sus casas, o si por el contrario tras una primera impresión olfativa optaron por las escaleras.
Tampoco me quedé a escuchar sus exclamaciones de asombro y estupor ante tamaña obra de pestilencia, porque aunque me esté mal el decirlo, la manufactura (o mejor, culofactura) de un pedo como aquel está al alcance de muy pocos elegidos.

Recuerdo que en aquel momento no sentí vergüenza, sinó que mientras me alejaba del lugar de los hechos con una sonrisa en la cara pensé: ahí queda eso, señoras. Supérenlo si pueden.

Las situaciones embarazosas se dieron en días sucesivos, cuando me tocó compartir el ascensor de subida con alguna de aquellas amables señoras. Sus desaprobadoras miradas me decían algo así como: "se quién eres y lo que hiciste, y no precisamente el último verano, so guarro"

Y eso fué todo. Si os interesan tengo más situaciones y anécdotas de este estilo. Otro día…

Saludos
 FFF

xDDDDDDDDDDDDDDDD

Quero mas!

tio, felicidades por la pagina, consigues que me ria como nunca.
pues eso, estaba yo en la piscina de un tipico pueblo de vacaciones en mitad de Salamanca, en un caluroso dia de verano; tendria unos 12 años y no conocia a nadie en el pueblo, por lo que intentaba hacer amigos de cualquier modo, dicho esto, resulta que no se sabe como me habia puesto a jugar con unos chavales a la pelota, cuando veo a una tia de la misma edad que solo llevaba la parte de abajo del bikiny, y como tenia el pelo corto y el cuerpo de una tia de 12 años, pues le dije a uno de los chicos de la pelota, "mira que bañador mas ridiculo lleva ese tio" (uno rosa con frutas o algo asi), y el chaval me responde, "pero que dices?, esa es mi amiga ***" (no me acuerdo del nombre), me marche a toda ostia, que no sabia donde meterme, mientras el chaval se lo contaba a la femina en cuestion. lo peor de todo fue que al dia siguiente, estaba yo en una de las tiendas del pueblo cuando entra ella con un vestido blanco y se me queda mirando. la verdad es que no lo olvidare jamas.

pd: para la femina en cuestion, si estas leyendo esto y te acuerdas todavia, lo siento!!!

Felicidades Gonzo por tu güeb es de las mejores que he visto
tio, y la tira no es menos.

Bueno, mi historia es bastante penosa y cutre. Todo empezó
en una aburrida y desesperante clase de Matemáticas
aguantandome un cuesco, con tal charleta que nos daba la
mujer pues yo empezé a dormirme poco a poco hasta que quedé
totalmente frito (estaba en uno de esos lugares ideales cerca de
una ventana, alejado de la profesora y escondido entre filas y
filas de compañeros) se ve que con tal relajación pues yo ya no
ejercia un control sobre mi cuerpo y los gases salieron por la
puerta grande creando un buen estruendo juesto en el
momento en el que todos estaban callados, segun me cuentan
todos se quedaran callados y me miraron, si, yo seguia dormido
y se empezo a dibujar en mi cara una sonrisa de oreja a oreja,
claro esta, todos empezaron a reir y yo me desperté con cara de
"uuuhh que pasaaa tio", dios, rápidamente me di cuenta de lo
que pasó y me puse rojo como un tomate. Al final quedó como
una anécdota. Pero que mal lo pasé tios esos 15 minutos
restantes de clase me parecioron meses.

Macho, imaginarme esta escena casi me provoca un colapso a todos los niveles.
Yo de ser tu me sentiría orgulloso de esa historia, que es digna para pasar como anecdota de padres a hijos…

afernandes

Bueno, pues… Nada que trágame tierra, sin querer me ha pasado. Mi anterior comentario iba para "El increíble hombre borracho en pañales"… Pero se ve que mi conocimiento del manejo de weblogs me ha fallado y he metido la pata… :(
Si es que a la mínima la cago… Para que contar mas…
Por cierto, sobre dolores gastro-intestinales tengo una larga retaíla de experiencias… El líquido rosa (bebí 2 vasitos de esos) era algo así como "Sulfato de Bario" o un bastada por el estilo… Algo radiactivo tenía, y me dió mucho canguelo beberlo… Pero es peor una prueba en la que te obligan firmar un papel para no hacerse responsables de tu muerte.
La cuestión es que has de beberte un líquido que es peor que un tequila de reserva en un bar de carretera, y como cabe la posibilidad que seas alérgico al mismo la solución es inyectarte no se que de ¿yodo? (yo creía que eso no se podía inyectar), el problema es que igual también eres alérgico a eso y ya lo tienen mas jodido…
¿Algún médico que sea tan geek como para leer esto?

Un saludo,
 afernandes

Este es el resumen de las experiencias vividas por Speccy en su última operacion, post operatorio y periodo de recuperación.

LUNES

Bien… allí estaba yo, en aquel vejestorio de clínica (dispensario Victoria Eugenia, conocido en Sevilla como Cruz Roja de Capuchinos) para que me quitasen unas prótesis que me habían puesto en ambas rodillas dos años antes. Después de dos operaciones iba pertrechado para aguantar los 5 dias de atranque forzoso que tendría que pasar allí: Tebeos de los Transformers, unos cuantos libros, televisor portátil, mi viejo Spectrum 16k ampliado a 48k (esa fué una de las ultimas veces que lo disfruté) y varias cintas con juegos para matar el rato, con sus correspondientes micromanias.

La habitación que me destinaron era nueva. Acababan de transformar ese ala, que antes había sido un pabellon con un monton de camas (como esos que se ven en las pelis de guerra o en los capitulos de MASH), y ahora tenia unas coquetas habitaciones con bañerita (de esas que solo te puedes bañar por partes, como si te estuviesen integrando) y taza de uso dual (para aguas menores y mayores).

Enseguida llegó la enfermera (enfermeeeeeeeeeeeeeeeeeeeera! OLÉ) que venia a afeitarme las piernas. Un intenso esfuerzo de concentracion y sobre todo el daño que me hacia la muy #### al afeitarme las canillas impidió cualquier posible emancipación.

Yo le pregunté, demasiado inocentemente, por que me afeitaba las dos piernas si sólo me iban a operar de una. Ella me dijo que no le dijeron cual, así que me afeitaba las dos.

Llegó el momento de la verdad. La camilla en la que te hacen subir en la operación y te pasean por todo el puñetero hospital hasta llegar a quirófanos. ¡Con lo relajante que hubiese sido ir por el propio pié, en pijama por esos pasillos, entrando en el quirófano de pié, con la mirada alta y mirando al medico a los ojos, con un par… pues nada… ¡KE TE MONTES EN LA CAMILLA LECHE!. Pues en la camilla fuimos hasta llegar a un quirófano que parecía una plaza de toros. Redondo, varias mesas en ciertas partes cual burladeros y una peazolámpara en medio. Quirófano nº 1. Y le digo a la enfermera ¿por que me traeis aquí? Este no es mi quirófano. Tras una corta deliberación, me llevaron al duermódromo, donde mi querido colega el anestesista iba a intentar dormirme con una inyección. Pero claro, ahora era 10 centimetros mas alto, 15 kilos mas pesado y con 2 años mas de experiencia (y de gimnasio) así que dormirme no fue tarea facil. El se creia que con una inyeccioncita de nada me iba a dormir, y que me la iba a poner sin atarme a la mesa… craso error. Yo se lo avisé, que me atase primero y que me durmiese despues, pero nada… Hay que reconocer que el tío tuvo un par de huevos al acercarse con la aguja sin atarme. Los instintos primarios se dispararon y me defendí hasta que le convenci que bajase el arma, me atase bien fuerte a la mesa con las correas de cuero, y que entonces, estando yo ya inmovilizado, nos ahorrariamos un mal trago. Aun así, mientras me anestesiaban me cargué una de las correas de cuero…

No sé si fue por la descarga de adrenalina o qué, pero me desperté justo en el momento en el que, una vez terminada la operación, me pasaban de la mesa de despiece… digo de operaciones a la camilla con la que te llevan igual de lentamente al cuarto. Mis rodillas chocaron entre ellas y todas las alarmas saltaron en mi adormecida consciencia que asombró a mi traumatólogo, al anestesista y a los demas que estaban alli con una retahila de tacos en español e ingles…

Llegamos a la habitación, y alli me esperaba otro gran "amigo": El perchero. Si, el trasto ese donde cuelgan la botella de suero y la de antibioticos y demas mierda que te meten. Hasta ese día. me habia librado de él, aunque siempre le habia tenido a la cabecera de la cama, como si fuese el Cobrador del Track (si ese que hace que tus brazos, tus piernas y tu espalda hagan TRACK!). Por suerte ese dia me libré de el, porque mi madre le explicó a una enfermera que no, que no me habian operado de apendicitis, sino de las rodillas. Y así, con el final de la anestesia, pasó la noche del lunes.

MARTES

Mi adormilado cerebro comenzaba por fin a desaturdirse y a tomar control de todas las partes de mi cuerpo, y a recibir informacion tambien. Así, registró el aviso de "vejiga llena", pero la orden "levanta y vete a mear" no podia ser obedecida, porque me fallaba uno de mis apoyos. Pero… ¿cuál?

Intriduje mi mano izquierda entre las sabanas y empecé a palpar buscando mi pierna izquierda y recorriendola hacia abajo hasta encontrarme con un monton de esparadrapo, vendas y algodón. Mi cerebro procesó la información y respondió "logicamente, la pierna izquierda fue la primera en ser operada, asi que tenia que ser la primera a la que se le retirase la prótesis". Abro los ojos, exploro las cercanias y veo a mi madre dormida, y el aseo a la derecha. BIEN!

Mi cerebro da orden a mi pierna derecha para que inicie un apoyo en el talon para, arqueando la espalda, mover el culo hacia el lado derecho de la cama, dejar caer la pierna derecha e incorporarme. pero la pierna derecha no me responde. Así que meto la mano entre las sábanas, me palpo la pierna derecha y tambien la tengo recubierta de esparadrapos, vendas y algodón.

La retahila de tacos despertó a mi madre que me trajo "la botella". La botella es otro de tus adorables compañeros en el hospital, que te permite orinar sin levantarte de la cama. Claro, te lo permite si eres tio… En fin, metí el aparato por el pitorro, y desagué mi vejiga.

Me trajeron el desayuno (colacao y galletas que sabian a papel) y llegó mi padre a ver a mi madre y se fueron a desayunar al bar de enfrente: Ellos tostadas con jamón, yo malk con cacacao y galletas Mierdía Cutreneda (nota: en los simpsons, a Bart y Lisa le dan Malk (lache) en el colegio, y no milk (leche)… supongo que Malk será sucedáneo de Milk). Mi padre aprovechó el viaje para caerse desde el penúltimo escalón de la escalera y partirse el pié. ¿guay, verdad?

A media mañana se disfruta de uno de los mejores momentos que un adolescente podria disfrutar, de no ser por "la monja". Consiste en que 5 potentes enfermeras te limpian con esponjas húmedas todo tu cuerpo… y sería guay, de no ser por una monja, mas seca que una rama de olivo y con tantos años que seguro que conoció a Jesucristo que le larga ordenes a las muchachas. Despues, cuatro de las muchachas entrelazan sus manos para levantarme de la cama mientras la quinta cambia las sábanas. ¿guay, verdad? ¡PUES LO SERIA SI NO ESTUVIESE LA MONJA!

Mediodia. Hora de comer. Hoy: Merdurcia! El menú era casi único: Incomestible. Menos mal que en el Kit del pequeño paciente habia introducido una caña de lomo convenientemente seca, y un cuchillo jamonero, con el que me hacia unos bocatas de impresión. Pero claro. Todo lo que entra sale. Y cuando no te puedes levantar de la cama, solo te queda una opción: La cuña.

La cuña es un dispositivo que se coloca debajo del paciente para que este alivie sus aguas mayores en su interior. Pero si las aguas mayores son muy mayores, se puede desbordar, y desde luego, en la mayoria de los casos, se te queda pegado a la piel mas de lo que se va con la cuña. Yo ya la aborrecí en la primera operación, pero entonces podia ir al servicio a la pata coja. Solo quedaba una solución: Aguantar.

El dia transcurrió leyendo, jugando con el spectrum,atendiendo visitas de familiares y amigos, y recibiendo la visita de mi escayolado padre… asi que las muletas las tendriamos que compartir…

MIERCOLES.

El miercoles no pasó nada fuera de lo común. Desayuno, comida y cena, visitas infatigables, un pariente que se presentó con hora de ver Falcon Crest, asi que ese rato me quede sin Spectrum… Y por supuesto, la monja y las 5 chicas limpiadoras.

JUEVES

Pero a las 3 de la madrugada del jueves los retortijones me despertaron. La resistencia es fútil. El Sr. Roca me llamaba, y habia que ir. Como pude, me incorporé y avancé pasito a pasito hasta el baño. En una estudiada maniobra, pude dar la vuelta y colocarme de espaldas al inodoro. Venia ahora el problema mas duro, o lo que parecía en aquel momento mas duro. ¿como te sientas si no puedes doblar las rodillas? Solucion: Apoyas las manos en las paredes laterales del baño, y te dejas caer lentamente con las piernas tiesas. ¿Fácil verdad? Pues si. Lo era. Y tranquilamente terminé de soltar el mandado.

El momento de tirar de la cadena fue algo asi como el primer disparo de una guerra. De repente todo se puso caliente. Muy caliente. Hirviendo. Mi culo ardía y no podia hacer nada para levantarme. Mis piernas tiesas no generaban tracción. Mis manos resbalaban en la pared. Y mi culo se abrasaba con agua que parecía salida del mismísimo infierno, y todo eso sin poder gritar, porque eran las 3 de la mañana y no era plan de despertar a todo el pasillo.

Bueno, como pude me levanté un rato despues de que terminara de pasar el agua, me di un duchón con agua fria en el culo y me volví a la cama, tambien como pude. Al contárselo a mi madre, esta descubrió que el termo estaba conectado a la cisterna del báter, asi que toda el agua caliente salia por allí.

¡QUE DIVERTIDO!

Despues de la hora de comer, paso a visitarme el médico, que me quito los vendajes para hacerme una cura y me dijo que tenia que doblar la pierna hasta darme con el talon en el culo si queria salir de allí. En las anteriores operaciones, el galeno me habia enganchado la pierna y me la había doblado en medio de fuertes chasquidos. Asi que amablemente le contesté que si tenia huevos de doblarme la pierna, que se fuese acercando. El me dijo que iba a avisar al Traumatólogo Jefe, y yo le dije que por mi podia llamar al Ministro de Sanidad… que lo mismo me daba darle piñas a uno que a otro. Total, que llegó el médico jefe y me pilló de pie, comiendome un bocata de lomo, y viendo la tele, ante lo que dijo "LARGO!"

Y me largué a casa.

FIN

Casi despierto a todo mis histéricos vecinos… Lo siento, pero, me he partido la caja con esta historia…

afernandes

Nunca podre olvidar aquella vez en el instituto, que dijeron… ustedes dos fuera!… y nos levantamos tres…<br>
Ni esa otra estando de excursion en Andorra cuando tras dormir la melopea mis compañeros me escribieron sabe dios que cosa en la cara y baje luego al comedor con la cara escrita a bolígrafo… es desesperante ver a la gente que te mira y no sabes por que, hasta que te miras en el espejo del buffete ante las risas del comedor.<br>
Pero las peores fueron siendo crio, que como me levantaba tan dormido me ponia la ropa por inercia, hasta que llegaba la clase de educación fisica y al cambiarte descubrias que tenias el pantalón del pijama debajo del pantalon del uniforme ante las risas de los demas.<br>