Origen. Inception. Filosofía.

Vaya por delante que en esta columna habrá espoilers de la película. Si no la has visto, te aconsejo que te vayas a verla. En fin, tú mismo.

Vaya por delante que leer esta columna puede tener consecuencias sobre tu mente. Si lees hasta final estás aceptando estas consecuencias. En fin, tú mismo.

Los sueños son fascinantes pues son un plano de la existencia que difiere de aquello a lo que estamos acostumbrados. Son experiencias espectaculares, ya que tienen lugar en un mundo similar a aquel en que vivimos aunque regido por extrañas normas. O más bien, carente de normas, al menos convencionales.

Como cualquiera que me lea desde hace algún tiempo sabe, siento especial fascinación por los sueños lúcidos. Se trata de aquellos sueños en los que uno se “despierta” dentro del sueño. Es decir, adquiere la lucidez suficiente para darse cuenta de que está en el mundo onírico y puede permitirse admirar la infinita complejidad y grado de detalle de un mundo que sólo existe en su mente. Apenas he tenido cuatro sueños lúcidos, y todavía me siento muy impactado por esas experiencias. Las experiencias de lucidez fuera de los sueños son igualmente impactantes.

La película me hizo recordar el asunto de los sueños anidados o la relación con los personajes del sueño, e introdujo en mí nuevos conceptos como la dilatación del tiempo a medida que aumenta el anidamiento o la idea del limbo. Pasé flipando las más de dos horas que dura la cinta, y la veré de nuevo pues me perdí mucho mientras mi mente saltaba de aquí para allá tratando de quedarse con todos los detalles y todas las ideas que presenta este argumento tan provocativo.

La película tiene un aire à la Matrix, con escenas tremendamente impactantes como cuando la ciudad se dobla sobre sí misma. Curiosamente, no follan en las dos horas y media. Y da igual.

¿Cómo has llegado hasta aquí? ¿Qué es lo que recuerdas? ¿Estás en un sueño?

Eso dice el DiCaprio. Qué buen chaval.

Una vez, en Regensburg, recibí la visita de una lectora con la que hablé largo y tendido de estos temas. Me recuerdo a mí mismo dando algunos pasos a lo Morpheo en mitad de una calle abarrotada mientras con las palmas abiertas le mostraba todo lo que nos rodeaba y le preguntaba “¿Cómo sabes que esto no es un sueño?”. Todo el mundo caminaba ajeno a nuestra conversación como si de un extraño decorado lleno de actores se tratara. “Flipante” me decía, mirándome con los ojos abiertos.

Son cosas de las que la gente rara vez habla, y que para mí tienen todo el sentido del mundo. ¿Cómo vives esta experiencia de la vida? ¿Qué sabes? ¿Qué has notado? ¿Qué percibes? ¿Podría ser esto un sueño? ¿Podrías ahora, en este mismo momento, estar dormido en una cama en otro lugar? ¿Cómo saberlo? Me da igual cómo le haya ido el entrenamiento al Real Madrid, sinceramente. La filosofía, el estudio de las posibilidades y limitaciones de la existencia, es lo que me apasiona, y pienso que el compartir más y más de la experiencia subjetiva de cada uno es uno de los siguientes pasos, y urgentes, de la evolución humana.

Recuerdo haberme despertado una vez, también en Regensburg, de manera muy curiosa. Sonó el despertador y me levanté pesadamente maldiciendo el nuevo día. A rastras me metí en la ducha, me enjaboné las bolas y me lavé el pelo. Me sequé y vestí y fui a la cocina, donde me puse los cereales en un bol. Nadie sabe el esfuerzo que me costó hacer todo aquello en esa mañana, y mientras estaba llevándome la décima cucharada de crujientes copos de maíz a la boca, abrí los ojos y me encontré de nuevo en la cama. Lo había soñado todo. Me arrastré de nuevo hacia la ducha.

Te puedo asegurar que una cosa es leerlo, y otra muy diferente es vivirlo. Este tipo de experiencias le cambian a uno para siempre a poco que se haga un par de preguntas.

También fue en Regensburg cuando Paquito me contó que había tenido un sueño anidado, la única referencia que tengo de primera mano.

Andaba el chaval por su casa haciendo sus historias cuando de repente estaba en la cama con la cabeza en la almohada. Eran las tantas de la mañana. Angustiado por lo que acababa de vivir, se levantó en calconcillos para mirarse la cara empapada de sudor en el espejo de la pared de la habitación. Mientras se miraba, se dio cuenta de que no tenía ningún espejo en la habitación, y de repente abrió de nuevo los ojos en la cama. Se incorporó infinitamente acojonado, sin saber si estaba despierto o si seguía estando en un sueño. Y allí pasó unos minutos, con el reloj en la mano, observándolo todo detenidamente, hasta que se convenció de que estaba despierto y pudo volver a poner la cabeza en la almohada. Todavía recuerdo la angustia en su cara mientras me lo contaba en mitad de la calle más transitada de aquella ciudad alemana.

No me extraña que Sócrates dijera que “Sólo sé que no sé nada”, pues eso es exactamente todo lo que sabemos de la experiencia subjetiva de “estar vivo”. Podríamos ser cerebros en cubeta, siendo estimulados artificialmente, y sería imposible demostrarlo o probar lo contrario.

Al poco de morir Hugh Everett III, el físico norteamericano que propuso la interpretación de los muchos mundos para la física cuántica, su hija se suicidó dejando una nota en la que explicaba que se marchaba de aquí para reunirse con su padre en otro universo. Quién sabe si no estaría en lo cierto, lo que habría pensado o lo que habría descubierto.

Scott Adams, el creador de Dilbert, es aficionado a la filosofía, y propone que existen infinitos universos paralelos entre los que viaja la consciencia. Oiga, a mí me encaja como la seda. Entiendo perfectamente al hombre. Será porque yo también dibujo tiras cómicas.

Lo único cierto es que lo que estamos viviendo en este momento, la experiencia que se despliega ante nosotros, es subjetivamente lo único que existe. Es lo único de lo que podemos estar seguros. Nadie certifica que si uno se suicida no vaya a despertar de nuevo en la cama en otro universo, así que nadie garantiza que la muerte sea ni el fin ni la solución a nada. Lo siento por todos aquellos que puedan tener prisa.

A raíz del vídeo del otro día me escribió una lectora contándome que ella había intentado suicidarse. Se había tomado pastillas para tumbar a un elefante cachitas, entre 60 y 70, y no llegó al hospital hasta doce horas después. “Creo que mi error fue no tomar alcohol”, decía. Sobrevivió, y los médicos siguen intentando explicarlo. Pues oiga, igual murió en un universo y abrió los ojos en otro y me paso la navaja de Occam por el forro. ¿Cómo saberlo? ¿Cómo mirar un ojo utilizando el mismo ojo y sin usar un espejo?

Me subí con Superindecisa al avión para ir a Indonesia. Nos esperaban doce o trece horas de vuelo. Ellá sacó del bolso un blíster de pequeñas pastillas de color rosa. Se trataba de uno de esos potentes relajantes con receta que nos venden para pegar ojo por las noches. “Me tomo un par, me quedo frita y me despierto en doce horas más fresca que una rosa”, me decía. A pesar de mis reticencias iniciales, lo que proponía me sonaba tan bien que le dije “trae para acá” y me tomé yo también otras dos. Dejaré los juicios morales del episodio aparcados en la esquina en segunda fila. El que quiera conducir ese coche, aquí tiene las llaves. Que se lo lleve.

A los pocos minutos empecé a notar una agradable somnolencia. Estaba aturdido. Me puse cómodo y me fijé en lo que me empezaba a costar mantener los ojos abiertos. De repente, como se pasa del uno al cero saltándose uno todos los decimales, sólo había oscuridad.

Era como si alguien me hubiera quitado los fusibles de la percepción y la realidad se hubiera apagado de golpe. Habían dejado de llegarme estímulos sensoriales por cualquier canal, y sin embargo era consciente de ello. Era consciente de estar inconsciente. No veía nada, no oía nada, no sentía nada. Y sin embargo seguía allí. Aquello debió de durar unos tres segundos, pero vaya usted a saber; quizá fue la eternidad misma. La experiencia fue indescriptible.

A un amigo lo sedaron para operarle de una enorme y perniciosa peca en la espalda. Cuenta que se desmayó y que fue consciente de estar inconsciente. Fue para él una experiencia brutal, al margen de que se relajó tanto que se meó y se cagó simultáneamente, con lo que el despertar fue ligeramente nauseabundo y embarazoso.

Es curioso. Me he levantado a echar una meada y me he dado cuenta de que mi consciencia se ha alterado sólo de escribir todo esto. No te sorprendas si ves las cosas de otra manera al terminar esta columna. Es lo que tienen estas cosas.

Recuerdo cuando, hace dos años, en casa de Fukowski en Dublin, llegué a la conclusión de que la vida era un sueño. No era que jugara mentalmente con la idea, sino que sentía la certeza en cada una de las células de mi cuerpo. Me puse los pantalones y salí corriendo a la calle, y allí estuve de pie en mitad del amanecer durante un cuarto de hora. Alucinaba con el mero hecho de estar sostenido sobre mis dos piernas, y sentía mi cuerpo y el mundo entero con tal intensidad que era como si el Universo entero se precipitara en mi interior con la furia de un océano cayendo en forma de catarata. Me di cuenta de que estaba vivo y de lo que significaba, y veía el mundo como un lugar preñado de infinitas posibilidades. Sentía a cada una de las personas que caminaban por la tierra en ese momento. Mi vida podía ir, desde ese instante, en cualquier dirección. Vamos, yo podía llevar mi vida en cualquier dirección. Luego me dejé convencer de lo contrario. Menudo gilipollas.

Podría escribir un libro entero sobre lo que viví esa mañana, pero quédese el lector con la idea de que me encontraba absolutamente maravillado por la simple existencia de la materia. Jamás he vuelto a sentirme tan vivo, tan poderoso y tan libre como me sentí en aquel alba. Estar vivo, te lo aseguro, es algo que tiene muchos grados, y el ser humano medio se encuentra bastante lejos del techo de su potencial.

Aquella fue una experiencia brutal para mí, casí lo mejor que me ha sucedido en la vida. Desgraciadamente, aquellos que me rodeaban no piensan lo mismo. Stanislav Grof, el padre de la psicología transpersonal, denomina a estos estados “Emergencias espirituales”, y parece que están siendo cada vez más frecuentes como parte del proceso evolutivo. Vivimos bajo una terrible presión psicológica y muchas psiques no lo pueden soportar y se desgarran violentamente dejando paso al ser del que forman parte. Si alguna vez te sucede algo similar a lo que me sucedió a mí aquella mañana, te recomiendo que lo vivas tú solo y luego te relajes. Lo querrás compartir con otros, lo querrás contar, pues es natural que quieras que otros sepan que existen esas sensaciones. Te aconsejo que lo vivas solo y que lo compartas después con aquellos que puedan comprenderte, que desgraciadamente serán muy pocos. Ahí arriba tienes el formulario de contacto por si quieres hablarlo conmigo. Son explosiones brutales del ser que luego el mundo refleja, y lo más probable es que no estés preparado para manejar lo que te llegará de vuelta. Te dirán que vayas a un psiquiatra y te mirarán con horror en sus caras pues no pueden comprender de lo que hablas. Vivirás en un mundo en el que tus seres cercanos te mirarán con una mezcla de angustia, preocupación y repulsión. Cualquiera se creerá con derecho a decirte lo que te pasa, y no será nada bueno. Así que, a menos que estés preparado para asumir eso, te aconsejo que te sientes y te calmes hasta que vuelvas a tu estado de aturdimiento habitual. Enciende la tele o abre un periódico, como hacen todos.

Lo más parecido que he vivido después fue la experiencia que relaté en Un momento de transformación y que tuvo lugar en clase de PNL. En su momento ya le pregunté a María cómo podría sentirme así todo el tiempo, y me contestó que más me valía no sentirme siempre así pues terminarían encerrándome. El mundo no está preparado para que los seres humanos se experimenten a sí mismos de tal manera y se sientan así de bien. En serio, está bastante mal visto.

Respecto a este punto, copiaré aquí dos párrafos de un libro titulado “Más allá del ego” que compré poco después de la experiencia de Dublín para tratar de comprender lo que me había sucedido. Dice así:

Los místicos plenamente realizados expresan inequívocamente que nuestro estado de conciencia habitual no sólo está muy lejos de ser óptimo, sino que es nebuloso e ilusorio. Afirman que, lo sepamos o no, en tanto que individuos no entrenados estamos prisioneros de nuestra propia mente, total e inconscientemente atrapados por un continuo diálogo interior fantástico que crea una deformación ilusoria capaz de consumir totalmente toda percepción o realidad. Sin embargo, este estado pasa inadvertido hasta que empezamos a someter nuestros procesos de percepción y cognoscitivos a un escrutinio riguroso, tal como se da en la meditación.

Se dice, entonces, que la persona normal está “dormida” o “soñando”. Cuando este “sueño” es especialmente doloroso o inquietante, se convierte en pesadilla y es reconocido como psicopatología, pero dado que la gran mayoría de la población “sueña”, el verdadero estado de la situación pasa inadvertido”.

Sólo puedo decir que amén, que sé de qué se habla.

Steve Pavlina lleva un par de semanas haciendo una prueba de treinta días en la que vive la vida como si fuera un sueño. Considera que está soñando y que los demás no son más que proyecciones de su inconsciente en el sueño, al igual que si se tratara de un sueño lúcido. Por el momento parece que le va bastante bien, pues se rodea de gente que sabe de qué va el experimento y disfruta del asunto en vez de poner caras de confusión.

Cerraré ya la columna con mis propias conclusiones, meramente personales y que son el resultado de una larga investigación personal sobre la percepción y la consciencia.

Para mí la realidad es una proyección del inconsciente sobre la consciencia, que vendría a ser el lienzo sobre el que tiene lugar la experiencia del ser. El inconsciente es una mezcla del inconsciente personal y del inconsciente colectivo, si es que tal distinción puede hacerse, pues probablemente sólo son dos partes del mismo continuo. Pienso que el inconsciente personal no es más que la parte más cercana a nuestra experiencia respecto del inconsciente colectivo, y que la separación entre todos los seres es una mera ilusión de los sentidos. En el lado más profundo de nuestras psiques, estamos todos conectados, en el sentido de que no existe diferencia entre yo y los demás. Tiene sentido, pues lo único que existe es una única cosa: el Universo. Yo soy el Universo, tú eres el Universo, él es el Universo, este artículo es el Universo, el ordenador en el que estás leyendo esto es el Universo, pues el Universo es lo único que existe y todo lo que hay son manifestaciones de la misma cosa.

En fin, todo eso para decir que sí, que esto es un sueño. O no, claro.

Por último, me despediré de ti como se saludaban los Mayas:

Yo soy Tú.

Buen viaje ;-)

PD: El único consejo que te puedo dar se lo copio a este tío: Sé y Haz, pues es todo lo que hay.

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Comentarios

Para mí que es Sócrates el del sólo sé que no sé nada.

Acojonado me dejas con lo del tal Pavlina. Pero, ¿actua todo el día como si fuese un sueño? ¿Se puede hacer eso cuando se es consciente de que no es un sueño?

No me imagino la cara de Fuckowski.

Cierto, Sócrates. Voy a cambiarlo.

Sí, actúa todo el día como si fuera un sueño. ¿Que si se puede hacer qué cuando se es consciente de qué?

Juas, yo sí que me la imagino XD

Creo que mi experiencia no me permitiría estar de acuerdo contigo, acerca de la generalización de lo estupendo que puede ser vivir un sueño lúcido.

De los sueños de este tipo, que creo haber vivido, algunos, efectivamente, han sido placenteros, pero otros constituyen mi único referente para la palabra pánico.

Desconozco las técnicas que mencionas, probablemente representan el factor control que en mi caso ha estado ausente (sobre el tema sólo he leído a Castaneda -aunque no, todavía, en la obra que dedica especialmente a los sueños lúcidos- y a Jodorwsky -Psicomagia-).

En la página que tienes de PNL, hay un par de videos en los que una científica narra su experiencia nirvánica… desde entonces, me quedé con una pregunta pendiente, y creo que este post me permite retomarla… Sería genial que todos alcanzáramos tal estado de paz y solidaridad ontológica, pero la científica no indica cuál sería el camino (y dudo que algunos estemos dispuestos a pagar el coste de un derrame cerebral)…

¿El sueño lúcido sería una alternativa para alcanzar tales estados de paz y armonía? ¿Has participado en los “talleres de integración de la propia muerte” o leído sobre Fericgla (perdón por la compulsión a la repetición)? Si la respuesta es sí, ¿el rollo está conectado?

¡Sueños reparadores para tod@s!

Tratando de eliminar los comentarios repetidos, he visto la nueva encuesta. Creo que he estado participando en el blog equivocado…

: S

No, el blog está bien, lo acabo de comprobar. Igual la que estaba equivocada eras tú.

:-)

Jeje. Sí, una vez que apagué la computadora caí en la cuenta: no basta leer el post de la gente parlante, no basta asumirse como parlante, hay que estar cachándose…

Sin embargo, recuperando la intención de mi comentario, trataré de concretar: me pareció entender que coincidías con el señalamiento acerca de que no es positivo (aunque sí sensacionalista) generar categorías como la de “lector suicida”, de ahí que me pareció que no había congruencia entre lo expuesto en el post y el tema de la encuesta.

cómo lo elimino?

¿Cómo eliminas el qué? Lo siento; no oigo las voces de tu cabeza.

Ah, perdón, no di continuidad a los mensajes. La pregunta es ¿cómo eliminar mensajes?, a veces se me va más de un click. Seguramente que es algo simple, pero no veo la opción. : )

http://pacomova.eresmas.net/cuentos_clasicos_india/cuentos/avisarias_a_los_personajes.htm

El único problema que le veo yo a Nosce es que no lo cuenta todo en la frase que da título a su blog. Para mí es “Sé lo que tengas que SER, y haz lo que tengas que HACER”. Viene a ser como aquello de Ortega y Gasset, “Yo soy yo y mi circunstancia; y si no la salvo a ella, no me salvo a mí”. La gente suele desconocer la segunda parte, y ahí reside mucha chicha.

Es como el pollo aquél que escribe sobre el sentido de la vida….. ¿El sentido de la vida? Vivirla.

¿Qué es lo que tienes que ser? ¿Qué es lo que tienes que hacer?

Ah, el pollo que escribe el sentido de la vida. Pues sí, ahí le has dado.

¡Un abrazo! :-)

NO, Klaro.]

quien se supiere VeZENr
con un no saber sabiendo,
irá siempre trascendiendo.

tito Johnny de la Cruá dixit y olé.

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Gonzo, llama al 112 que creo que este se hatomado 10 de esas del avión que te tomaste tu… XDXDXD

Me quedo frío con lo de los sueños lúcidos. Si me acordara de lo poquito de Hume que he leído, otro gallo me cantaría.

Yo sólo sé que este verano me he ido a Indonesia, y he perdido unas cuantas fotos en un sí es no, por falta de consciencia. Serán imágines grabadas a fuego en mi cabeza.

Y que el leitmotiv de nuestro viaje era este…

¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
(Calderón de la Barca)

Porque se ve que seguimos siendo hombres, y aunque distintos, somos uno incluso con nuestros ancestros (o precisamente con ellos)

Y si todos filosofáramos en vez de trabajar? Y si la sociedad volviera a su orígen cazador-recolector, combinando las bayas (de colores :) con las ágoras ontológicas? Seguro que no habría problemas de obesidad, ni de cambio climático.

PS: Ni twitter, ni blogs, ni internet. On ne peut pas avoir le beurre, et l’argent du beurre… ;)

En cuanto vi Origen, además de encantarme y pensar que un segundo visionado me dejaría apreciar más detalles, sabía que te gustaria especialmente,y prácticamente a todo el mundo ya que a todos les gusta el tema de los sueños, todo el mundo disfruta cuando saben que están en su propia mente, ya que sabemos que todo lo que nos rodea en un sueño es pura y genuinamente producto nuestro. Nuestro propio Universo.

Estoy muy de acuerdo con eso de que no estamos en un grado de consciencia óptimo, estamos siendo constantemente bombardeados por nuestros sentidos con información que a veces no necesitamos, además de nuestros propios pensamientos, que es lo que más “contaminación mental” crea sin duda. El único sitio en el que creo que podríamos escucharnos a nosotros mismos con más claridad es en una habitación totalmente blanca,inodora e insonora (con opción a insípida). Como la habitación del espíritu y el tiempo de “Bola de dragón”…o la famosa sala blanca de Matrix ( ¿posible guiño a esto que digo?).

Sobre los sueños lúcidos, yo también los he analizado largo y tendido. Desde hace años apunto en una libreta los sueños que recuerdo nada más levantarme (cuando los recuerdo). Eso, sumado a unos pequeños trucos experimentales ( por si a alguien le interesa, y permitanme el autobombo http://www.alitadepollo.net/545-sueno-luego-existo/ http://www.alitadepollo.net/580-control-de-suenos/) ) hace que sea capaz de controlarme en casi la mitad de los sueños que tengo. El último fue divertidísimo, estaba soñando que conducia a casa cuando consegui decirle a mi “yo” del sueño que estaba en un sueño. Acto seguido, me senté en los asientos de detrás e hice que el coche se condujera solo, despegara…podeeer absoluuutooo!!

Por cierto, para saber si estas en un sueño, además de que, yo al menos, siento como que tengo los sentidos al 50% de su capacidad (menor sensibilidad al tacto, visión mas centrada que periférica), un buen truco es mirar a un cartel, dibujo, letrero…algo de eso. Si lo miras una vez, apartas la vista y vuelves a mirar, el letrero habrá cambiado (aunque creo que esto último lo leí por aquí, asi que tampoco es nada nuevo). Es el equivalente al tótem de DiCaprio ( este actor mejora con los años, como el vino)

Un último apunte: creo que te gustará la novela “Ubik” de Philip K.Dick, habla básicamente sobre la realidad, forma en la que percibimos, distintos grados de consciencia, todo contado a través de una historia interesante, con un final in crescendo típico del tío Dick.

(bufff, me ha quedado larguisimo esto, perdon por el ladrillo)

Si hablamos de sueño y de realidad es porque los distinguimos. Dejaos de tonterías.

Los distinguimos más tarde, en el momento de soñar, el sueño es la realidad para aquellos que tenemos sueños normales y no de esos “lúcidos” de Gonzo.

De hecho, yo he vivido varios días pensando que era real algo que sólo había soñado, de vívido que fué aquel sueño. Descubrir que fué un sueño fué traumático.

De hecho, ¿quien te puede decir que ahora no estás soñando? Sólo te darías cuenta si te despertaras, al menos, en mis sueños es así, todo es real hasta que me despierto.

Cuando estamos despiertos sabemos que estamos despiertos, pero cuando estamos dormidos no necesariamente sabemos que estamos soñando. Es decir, uno no duda de estar despierto cuando lo está, es cuando está dormido cuando cree que lo que vive es real. La sensación es claramente distinta. Yo he tenido muchos sueños lúcidos y la sensación onírica siempre está presente, no es como cuando uno está despierto. La memoria funciona raro, las sensaciones funcionan raro y la secuencialidad también es un poco extraña (sueñas cosas desordenadas pero en el sueño tu memoria las ordena, de forma que puedes recordar más claramente cosas que “pasaron antes” que cosas que “acaban de pasar” porque en realidad las has soñado más tarde).

Respecto a la película, en la parte del paso del tiempo se columpiaron un poco (aunque mola todo el tema y en la historia encaja de puta madre). En los sueños (al menos esa es mi sensación) no es que el tiempo pase más deprisa, es que las cosas ocurren a saltos y el tiempo pasa arbitrariamente deprisa, pero no se experimenta plenamente. Es decir, puedes soñar que ha pasado una hora en 15 segundos pero no has experimentado toda la hora en 15 segundos, solo tienes esa sensación. En realidad has pensado/hecho lo que puedes pensar en 15 segundos, aunque tu impresión sea de que ha pasado una hora. Puedes conducir de una punta de Madrid a otra pasando por el centro con tráfico denso (1 hora o más) en unos pocos segundos, pero no vives todo el recorrido con semáforos y demás, pero después de esos pocos segundos y ya en tu destino sientes la pesadez de que todo eso ha ocurrido (aunque no lo recuerdas).

Pués otro que tuvo una experiencia de unión con todo, yo mesmo, busqué información al respecto y solo encontré las experiencias de los grandes místicos.
Con el tiempo he investigado la realidad un poquito desde diversos angulos y resulta que si que vivimos un sueño, nuestra mente funciona en modo tridimensional cuando el mundo funciona más bien de forma cuatridimensional, el espacio-tiempo, ya sabéis, modelo relativista y cuantico, lo que ocurre es que en nuestra curvatura espacio-tiempo planetaria funcionamos de esta forma tridimensional. Otra cosa es que haya más dimensiones (¿una quinta con la conciencia?), lo que nos queda claro a los que hemos accedido a planos de realidad más amplios (y cada vez somos más) es que no hay nada de que preocuparse, que todo es dinámico y está unido intrinsecamente (como también está demostrado por la física).
Lo que no entiendo es como esta información no es de uso común ya que está más que trillada, en fin, meditad un poquito si queréis ampliar vuestra visión de la realidad.
Y un libro interesante para ampliar información “El Tao de la física”.
Un abrazote chillao pa todos.

Jooo, y yo que hace mil que me levanto y no me acuerdo de los sueños!! eso pq puede ser?? Pq soñar se sueña,no??

A mi, hace muchos años que me pasa. ;o(

Si no te acuerdas de lo que sueñas es porque no has ejercitado la “habilidad”. Practicando (llevando un cuaderno de sueños) podrías llegar a un punto en el que incluso recuerdes los sueños de toda la noche. Intenta apuntar todo lo que recuerdes nada más despertarte (y siempre que te despiertes); lo primero nada más abrir los ojos es coger el cuaderno (que tiene que estar a mano) y apuntar. Lo que sea, aunque sea una imagen o una sola palabra. La idea es que te acostumbres a mantener en la mente consciente algo que ha ocurrido en el subconsciente, reforzando esa conexión.

Al principio ni te acordarás de coger el cuaderno para apuntar nada, luego solo recordarás alguna imagen suelta y, poco a poco, irás recordando más y más trozos de sueño. A los niños les cuesta menos trabajo, por lo visto es algo que se pierde en la adolescencia si no se entrena, pero es recuperable.

PD: No esperes resultados en pocos días, date varios meses antes de empezar a ver una ganancia clara.

Gracias Ghede, lo practicaré!!

Hola Gonzo.

Ayer me fui a ver la pelicula, y automaticamente e inevitablemente me acordé de ti, y de todo tu “obsesión” por el tema de los sueños lúcidos. Sabía que te habría gustado la pelicula, no ella en sí, sino el tema sobre el que discurre.

Tu post me parece muy bueno, amén con esta frase: “Estar vivo, te lo aseguro, es algo que tiene muchos grados, y el ser humano medio se encuentra bastante lejos del techo de su potencial”

Y de verdad, he tenido que leer el último párrafo varias veces, para asimilarlo correctamente. Me parece una síntesis magnífica, de un conjunto de ideas muy complejas que me vienen rondando la cabeza y que jamas sabría exponer de forma tan brillante. Gracias por ayudarme a clarificar mis propias ideas.

Un saludo

Lo que siempre he odiado es tener que ir a trabajar o hacer cualquier otra obligación justo después de haber vivido una de esas experiencias que hacen que todo cambie para siempre. ME gustaría saber que hacer con esa sensación. Como sacarla partido y no dejar que se olvide hasta la siguiente…

Es la primera vez que comento pero llevo ya un tiempo leyendo el blog y la verdad me encanta.

Me gustaría compartir mi propia experiencia con los sueños lúcidos:
Alguna vez he conseguido “ser consciente” de que estaba dentro de un sueño, sin embargo, nunca consigo controlar la situación y al final incluso se me olvida todo. Lo vivo casi sin poder hacer nada, dejándome llevar por las cosas que van sucediendo.

Todo esto es muy complicado (incluso explicarlo).
Está claro que para poder controlarlos es necesario entrenamiento. Pero, ¿por dónde empezar?

He tenido muchos sueños lúcidos y mi control es muy limitado. De hecho, cuanto más profundamente dormido estoy menos control tengo sobre el sueño. Cuando puedo controlarlo casi todo, es cuando estoy en el punto intermedio entre la vigilia y el sueño, y entonces las sensaciones ya no son tan reales y las imágenes son menos nítidas.

En un sueño profundo, cuando soy consciente de estar durmiendo, puedo controlar muy pocas cosas. Puedo volar, por ejemplo, aunque nunca para huir de la escena que vivo o para ir a donde yo quiera (basta que quiera huir de algo para que me atrape más deprisa). Y soy perfectamente consciente de que es un sueño (sin dudas), y las sensaciones son tan reales que hasta da pánico a veces (sientes a ratos el temor de no poder despertar, por ejemplo). Si intento con muchas fuerzas controlar lo que ocurre, lo más común es que tenga un falso despertar (varias veces he tenido hasta 4 o 5 seguidos, ríete tú de Inception) o, en alguna ocasión, incluso despertarme del todo.

Creo que ya le pregunté en el otro blog a Gonzo, porque él describe el sueño lúcido como una sandbox total, pero yo rara vez puedo hacer cualquier cosa. Puedo hacer muchas cosas algunas veces, pero no lo que me de la gana en cualquier momento.

Es curioso leer esta nota .. hace unos dias soñe que me levantaba y como siempre se me habia caido el despertador, emitia mi clasico”me dormi!” y comenzaba a vestirme rapido para ir al trabajo… y luego volvia a despertar viendo que habia soñado mi misma rutina.. pero que el despertador no habia caido sino que estaba sonando en la mesa de luz con el flamante 7:01… y me rei. Hoy me doy cuenta que esos sueños lucidos son una trampa a la consciencia. Por lo cual defino, muy contenta:
mente = consciencia.
vida = riesgo.
corazon = vida + mente.
El equilibrio en la ecuacion depende de cada ser, y su voluntad para desafiarla.
Saludos y bon appetit!

A mí me pasó algo parecido hace 2 días, y jode mucho. Me despertaba y miraba al despertador. eran las 3 del mediodía. Decía: “joder, que tarde” y me levantaba. Me volvía a despertar, miraba el despertador, era la 1. Decía joder y me levantaba. Me volvía a despertar con una jodida sensación de deja vu… eran las 6 de la tarde.

Finalmente me desperté de verdad(¿?), y eran las 12.

Hola, éste es mi primer comentario en este blog. Antes de nada, enhorabuena, eres un tío profundo y es de agradecer en estos tiempos.

Yo he tenido 2 sueños lúcidos, uno de ellos se ha repetido varias veces:

El primero, cuando era niño. Mi madre me despierta para ir al colegio. Me levanto, voy al baño, me lavo la cara y echo una meada… Me despierto, me había meado encima.

El segundo de ellos lo he vivido intensamente en varias ocasiones cuando era adolescente. La primera de ellas no eres consciente de que estás soñando, tienes un sueño y lo vives como si fuera realidad. Yo soñaba que podía volar. Era maravilloso. Iba dando saltos por las praderas…
Un mes después volví a tener el mismo sueño, solo que esta vez recordé que yo había soñado eso anteriormente, y por eso me di cuenta de que estaba soñando. Si el primer sueño era liberador por el hecho de poder volar, el segundo, en el que además era consciente de que estaba dentro de sueño, fue una de las mejores experiencias, como poder escribir tu destino, modificar todo a tu antojo, ser el protagonista de una historia de la que tú mismo eres escritor. Lo peor: cuando despiertas y quieres volver a dormir para volver a tu mundo, pero no puedes…

Hace unos días había empezado a leer las primeras líneas de este comentario, no recuerdo por qué no seguí leyendo. Hoy he ido a ver la película, por ninguna razón en especial de la que yo sea consciente, simplemente fui a verla. El cine suele tener un tremendo efecto de catarsis en mí, aunque esta vez la sensación fue simplemente devastadora. Sinceramente salí de aquella sala esperando que el edificio saliera volando sobre mi cabeza, tuve que repetirme a mi mismo “Vuelve, vuelve” varias veces porque sentía que aquello se estaba volviendo incontrolable. He tenido más de una vez esas sensaciones de las que tantas veces has hablado, la unión con el todo, la experiencia de la realidad de una forma tan consciente, hermosa e incluso angustiosa que llega a doler, aunque en los últimos tiempos parece que mi cabeza es algo reacia a dejarme disfrutar de estos “juegos mentales”, o quizás no tengo el estado emocional adecuado para poder hacerlo. Creo que temo que estas “visiones” de la realidad me aparten realmente de ella, tal como aparece en la película construirse uno su propio mundo o visión del mundo es algo realmente tentador, pero poco práctico si se quiere seguir interactuando con el resto de congéneres de la especie. Resumiendo, que temo que se me vaya la olla más de lo recomendable, si es que no se me ha ido ya. ¿Algún consejo para poder seguir con esta exploración sin terminar esquizofrénico?

Más que “contruirse uno su propio mundo”, entiendo “emprender el retorno al mundo original, a la visión del mundo que tuvimos una vez siendo niños. Un mundo mágico, fascinante, de colores brillantes, de sonidos radiantes y penetrantes, en el cual a veces se abren caminos, y uno lo sabe porque esos momentos parecen espejos”. De hecho, el vértigo se produce al sentir la sensación de que uno pasa de blanco a negro para luego volver a pasar a blanco. Y el vértigo es sólo desconocimiento de lo que va a suceder, porque… precisamente, uno teme que suceda realmente lo que uno, apenas en su mente y sin darse cuenta, ha creado en apenas unos pocos segundos.

Yo, por el momento, estoy aprendiendo a cabalgar sobre el mundo. Tal y como YO lo entiendo.

:-)

El camino del que se habla a menudo por aquí requiere destruir estructuras mentales fabricadas en serie que nos son instaladas el mismo día que te inscriben en el registro de nacidos, e incluso antes. Son estándares que sirven para tener al grupo homogeneizado y tranquilo, dejándonos clarito y de por vida lo que es ético, real, cívico, lógico, los obejtivos a conseguir en esta vida e incluso en otras…
Esos pilares nos sujetan a la realidad a la que están anclados. Nos hacen sentir el calorcito de la manada. ¿Borregos? sí, pero nos conformamos con estar calientes. Destruirlos de forma no controlada da vértigo, y frío y quizá, no lo sé, pueda entrañar algún peligro. Pero una vez que se empieza…