Las pajas (I)

En esta época en la que por todas partes afloran expertos en todo, debo admitir que no soy más que un simple aficionado en la mayoría de las cosas que hago. Hablo varios idiomas pero no domino ninguno, soy capaz de tocar varios instrumentos pero con ninguno de ellos me podría ganar la vida, dibujo de manera mediocre, no escribo ni como Faulkner ni como muchos otros escritores universales cuyas obras jamás leí. Se puede decir que diversifico mi vulgaridad. Sin embargo, si hay un tema que domino, si hay un asunto que conozco por la mano, es el de la masturbación.

Mis primeros veinte años de vida fueron difíciles. Pasé la mitad de mi adolescencia soñando con follar. El resto del tiempo me hacía pajas.

La práctica hace al maestro. Si a la práctica se une la devoción, el maestro se convierte en catedrático. Es por ello que si de un tema me veo autorizado a hablar, es sin duda del maravilloso mundo de la auto-gratificación. Esto es, las pajas.

Decía Woody Allen en Annie Hall que “masturbarse es hacer el amor con una persona a la que amas”. No queda ahí el valor de la masturbación, sino que es sexo seguro en todos los sentidos. No hay que equivocarse: follar está muy bien. Woody insiste en que hay que amarse “los unos sobre los otros”, pero esto no es siempre posible. Ni siquiera es siempre recomendable.

Hay multitud de ocasiones en las que una paja a tiempo te sacará de un buen apuro. Dice el Ezcritor que después de eyacular se convierte en una persona normal. Hay multitud de decisiones que lo mejor es que venga una persona normal y las tome, porque hay cosas que no se pueden dejar en manos de un sujeto alterado.

Concluimos, pues, que ya sea por precaución, por disfrute o por simple aburrimiento, una buena paja relaja y tonifica.

Tipos de paja

Decir que existe un número determinado de maneras de consumar el onanismo es intentar ponerle puertas al campo, pero intentaremos hacer aquí una selección de la tipología más habitual.

  • La paja a dos dedos. Como su nombre indica, se ejecuta con tan sólo dos dedos, siendo el pulgar el único que no admite sustituto. Doscientos mil años de evolución nos han dotado de un pulgar oponible para darnos la oportunidad de manejar y construir herramientas, escribir y desarrollar una cultura. Afortunadamente también podemos hacernos pajas. Paciencia, dedicación y laboriosidad definen al aficionado a la modalidad de los dos dedos.
  • La paja a mano vista. Se conoce así a la paja de toda la vida en la que uno se toma el mango suavemente con la palma de la mano y luego cierra los dedos hacia el interior para conformar una presa firme. Es lo que el misionero a los polvos: un clásico.
  • La paja de la mano izquierda. Es una paja a mano vista que se ejecuta con la mano izquierda (la derecha en caso de ser zurdo). La ventaja de esta clase es que uno tiene la sensación de que se la está meneando otra persona, dado que las sensaciones son completamente ajenas. Esto deviene a la postre en un mayor placer. Sin embargo, hacerse una paja con la mano izquierda es tan complicado como escribir con la misma, y esta clase sólo está indicada para sujetos pacientes y pajas con tiempo por delante.

    Una de las desventajas de esta modalidad es que no sólo parece que te la esté meneando otra persona, sino que tienes la sensación de tener en tu mano el nabo de otro, motivo que esgrimen los detractores de la paja de la mano izquierda para optar por otras modalidades.

  • La paja de la mano muerta. Se trata de una evolución de la anterior y sólo apta para personas con cierta inclinación a las prácticas sadomasoquistas. Se ve precedida por una fase de preparación en la que uno se sienta sobre la mano hasta que deja de correrle la sangre por la citada extremidad y ésta cae dormida. A partir de ahí sólo queda dejarse llevar y disfrutar de una paja hecha por otra persona. Esta modalidad evita la aparición del desagradable efecto “nabo de otro en mi mano” que se daba en la paja de la mano izquierda.
  • Paja delegada. Es una evolución de las anteriores y se puede emplear en aquellos momentos en los que se disfruta de compañía femenina pero, por un motivo o por otro, no se puede echar un polvo. Esta modalidad se conoce también como la “paja del consultor externo”, porque al principio se asume que se está en buenas manos y que todo va a ir sobre ruedas y al final acaba uno haciendo su trabajo y el del consultor. Las pajas delegadas no deben, por tanto, ser sobrevaloradas, y se deben tomar sencillamente como una variación más a introducir en el repertorio.
  • La paja con atrezzo. Más que una modalidad es un conjunto de clases que engloba todas aquellas pajas que se realizan con ayuda de elementos auxiliares. Entre las pajas con atrezzo se encuentran las llamadas pajas con condón o pajas deluxe, así como la famosa paja del guante de lana.
  • Las pajas comunales. Se las encuadra dentro de la categoaría de pajas en grupo, y en ellas uno comparte su alegría con más personas. Se distinguen varias sub-clases básicas:
    • La paja cruzada. Se realiza entre dos amigos que se entiendan bien, y la popularizó Torrente con su escena del coche y el “¿Qué, nos hacemos unas pajillas?”.
    • La paja del vídeo, en la que los adolescentes se reúnen en torno a una película porno que han alquilado en el video-club de la esquina. Debido a los avances de la técnica, en la actualidad esta modalidad se encuentra tan de moda como el charleston.
    • La paja de la galleta. Junto a la resurrección de Elvis y los marcianos de Roswell, la paja de la galleta es una de las leyendas urbanas más apasionantes de finales del siglo XX. En esta modalidad varios amigos se la machacan en círculo y van finalizando sobre una galleta. La gracia del juego se explica en que el último en acabar se come la galleta.

      Lógicamente, debido al planteamiento técnico del juego, encontrar a alguien que haya participado en la paja de la galleta y que reconozca haber “ganado” es tan complicado como encontrar a alguien que haya jugado a la ruleta rusa y que reconozca haberse descerrajado un tiro.

Una vez definido un repertorio básico, vamos a continuar el análisis de las maravillosas posibilidades del mundo onanista.

El lugar

Cualquier sitio es óptimo para la práctica del onanismo, o al menos eso piensa uno cuando tiene doce años y todavía no eyacula.

La adolescencia es una etapa muy jodida que empieza con el descubrimiento del fuego y después va in crescendo. Uno amanece un día con que su cuerpo es una compleja máquina diseñada para el placer y alguna que otra cosa y, cuando empieza a superar sus complejos y a disfrutar del asunto de repente se descubre manchándose las manos en el mejor de los casos.

Desde el momento de la revelación en el que el adolescente imberbe descubre casi por casualidad el orgasmo, está deseando con avidez su primera eyaculación. Para conducir hace falta ser mayor de edad; para beber y fumar hay que tener dieciséis años. La eyaculación es para el adolescente la vía más rápida para ser un hombre. Sin embargo, una vez la haya visto por décima vez y sea consciente de que va a terminar convirtiéndose en algo parecido a un hombre antes o después, deseará no haberla padecido nunca. Se terminan con ese hito las pajas a barra libre, aquellas que aceptan como bueno cualquier lugar y como óptima cualquier ocasión. El adolescente pasa de meneársela por todas partes y a todas horas a tener que escoger delicadamente el momento y la ubicación. Tan sólo la práctica y la investigación le permitirán desarrollar con el tiempo las técnicas para dominar la eyaculación; si no para dominarla en el sentido tántrico, sí para hacerse cargo de sus consecuencias.

El número de lugares dignos de una buena paja lo define la imaginación. El adolescente los conoce todos: el baño, la cama, el sofá del comedor, la silla de la cocina, la ducha… Cualquier lugar es válido siempre que el cuerpo lo pida, que lo hace. Y a menudo.

Los principios de la adolescencia son propicios a la clásica paja de taza del váter. Incluso sobre la frialdad de la loza el adolescente es capaz de invocar una erección pensando en la hija del kioskero, y a veces incluso pensando en el kioskero mismo. En la mayor parte de las ocasiones ni siquiera tiene que pensar en nada. Su cuerpo es el universo durante los primeros segundos de la historia del tiempo.

De la infinidad de lugares aptos para la masturbación cabe destacar dos escenarios:

  • La paja de la bañera. Cuando se es un adolescente, la inmersión en un baño de agua caliente resulta casi indefectiblemente en una erección inmediata. Cuando se es un adolescente, una erección termina casi irremisiblemente en una señora paja. El resultado es que la paja de la bañera pasa a los tratados de Onán.

    En este tipo de acciones conviene ser un poco comprensivo con la gente que comparte el baño contigo y ejecutar una concienzuda limpieza tras la operación. Las masturbaciones de bañera son altamente gratificantes y recomendables, y reconocerás a sus aficionados porque te rechazarán indefectiblemente el Almax en sobre.

  • La paja de una noche de verano. Te encuentras en la cama y son las tantas de la noche de un día estival cualquiera. Llevas cuatro horas en el catre mirando el techo incapaz de conciliar el sueño. Has llegado al punto en el que crees que después del programa de radio que estás escuchando no habrá otro, y decides que una buena paja te dará ese punto de relajación que te falta para perder el conocimiento. Así pues, te quitas los calzoncillos si es que los llevabas puestos, conjuras a la vecina del quinto y te pones a darle a la zambomba intentando que no rechinen los muelles.

    La triste realidad es que cuando terminas cinco minutos después no estás relajado, lo que tienes es una taquicardia de espanto y te suda hasta el ombligo por la parte de dentro. Dos horas más tarde, cuando por fin bajas de las setenta pulsaciones y se te seca el trasero, caes definitivamente frito. Nunca más, te dices, la próxima en la bañera.

El lunes que viene veremos la segunda y última entrega de este apasionante tema.

Como me temo que vamos a llegar a los noventa comentarios rapidito, he habilitado a modo de experimento un hilo específico en el foro.



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Comentarios

Jajajajaja, hacía tiempo que no me reía tanto. Parece que has vuelto a retomar el ritmo, que nos tenías un poco abandonados.
Espero con ansia el próximo capítulo.

Un saludo

¿Quién no conoce, aunque sea de refilón, a alguien del que se diga que se comió la susodicha galleta?

Un tema apasionante.

Pues decidme mentiroso, pero yo lo de la galleta no lo había oido nunca.
xDDDDdd. Muy bueno el post, como ha dicho #1 ya era hora, que hacia tiempo que no nos sorprendias con un post como éste!
Learning To Program