Las chicas del gimnasio

Hace un par de años, cuando todavía vivía en Alemania, me apunté a clases de yoga. El objetivo del yoga es lograr una mayor conciencia corporal a la vez que se potencia la capacidad de concentración. Cuando la mente está enfocada en lo que está haciendo, deja de pensar tontadas. La sensación es muy placentera, y salía de allí flotando después de cada clase, con unas extrañas ganas de ir abrazando a la gente por ahí. Yo lo más que hacía en ese sentido en aquellos tiempos era abrazar faloras los sábados por la noche, así que aquello me resultaba muy extraño.

Para mí especialmente, cada clase de yoga era todo un reto, quizá más que para el resto de alumnos. Esto es debido a que el resto eran alumnas.

Aparentemente, la conciencia corporal y la dureza y redondez del trasero guardan algún tipo de correlación. Cada semana compartía clase con una docena de chavalas enfundadas en enguantadas mallas de lycra. Cada uno de los ejercicios, cada una de las posturas, llevaba a límites insospechados mi capacidad de concentración. Si me hubieran disparado cada vez que mi concentración se alejaba de mi respiración, hubiera muerto unas cien veces en cada clase. Ah, el yoga.

Ahora me he apuntado al gimnasio, que es algo menos místico pero por lo menos me están saliendo bultos por el cuerpo, algo que siempre me ha hecho ilusión. Mientras hago los ejercicios, mientras estiro tendones que no sabía ni que tenía, procuro concentrarme en mi respiración y en mis sensaciones. Y en este caso también hay distracciones, claro.

Curiosamente, de todas las mujeres que por allí trotan en las máquinas elípticas, bailan al ritmo de canciones estridentes o levantan lingotes de plomo, mis favoritas son Consuelo y Maria Luisa. No sé, tienen un algo especial, esa esencia de la que a menudo aquí hablamos.

Maria Luisa debe de tener unos 500 años. En el DNI tiene números romanos. Está prácticamente ciega y se dirige hacia las espalderas palpando todos los obstáculos que en su camino encuentra. Yo, mientras hago abdominales, rezo por que me distinga como al menos una mancha móvil. Y ahí parecen terminar sus limitaciones.

A menudo le veo marcarse sesiones de una hora en la elíptica. Apenas suda. Se estira más que yo. A veces le da por cantar tangos y canciones de otra época. Un día terminamos cantando a dúo una de la Piquer.

Sus ganas de vivir me fascinan. Una mañana gritaba que tenía ganas de marcha mientras le daba vueltas a un palo y yo temía por mi cabeza. “¡Llévame a bailar esta noche!”, bramaba a los cuatro vientos. Yo disimulaba haciendo crujir mis abdominales.

Estuvo varias semanas sin venir, así que, al verla de nuevo avanzando con sus pasos de pocos centímetros a tientas entre las máquinas, le pregunté dónde había estado. “Me he roto las dos caderas” dijo. “Estaba en la cocina y ¡zas!” contaba como quien mira llover. Al final alcanzó las espalderas y empezó a estirarse. “Ay, ¡cómo me duele!” gritaba, y seguía como si nada. Yo me sumía en la confusión.

Consuelo le debe de doblar la edad a Maria Luisa, así que le echo unos mil años. Llega todos los días a media mañana, con sus gafas y su moño, arrastrando un carrito de la compra. Sospecho que en el carrito guarda su equipación deportiva y no una docena de plátanos y tres pimientos. Nunca había visto nada igual. Evoluciona entre los aparatos tirando del artefacto rodante y saluda a la profesora. Después se introduce en el cuarto de baño y emerge al cabo de unos minutos enfundada en una extraña suerte de uniforme negro. Después comienza su ronda de ejercicios.

Cada uno de sus huesos parece estar haciendo un esfuerzo titánico para sostener su propio peso. Aún así, también le da al palo, pedalea como Indurain en sus tiempos y después se ubica sobre un banco para realizar diversos estiramientos que desafían todas las leyes de la física. Créeme, estudié ingeniería industrial y conozco unas cuantas.

Hay otras mujeres en el gimnasio, pero ninguna me fascina tanto con lo hacen Maria Luisa y Consuelo. Es por ellas que cada día me tengo que hacer nuevas preguntas. Es por ellas que redescubro, cada mañana, mientras levanto lingotes de plomo y me hago crujir los abdominales, lo que son las ganas de vivir.

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Comentarios

Gracias Javier por esta nueva historia. Es sorprendente ver personas que les trae al fresco cualquier tipo de convenciones, además de inspirador cuando las conoces y ves que no están mal de la azotea. Yo creo que están más en este mundo que el resto, que siempre se está autolimitando ‘por el que dirán’.
Un saludo a todos!

….es increible a veces como las ganas de vivir de la gente que lleva un monton de años por aquí, sufriendo, amando, esperando, llorando, son mucho mas grandes que los que llevamos aquí cuatro dias…….

Deja que te cuente para que tu veas
no voy a hablar de trabajo ni tampoco de la escuela
Aunque eso esta muy bien eso lo se yo quiero que
Sepas tu lo mió pa’que veas lo mas peor.

Yo llegue de Nueva York a principio del verano
y quería quedarme en la casa de mi Hermano
y el me dijo: Brother tu aquí no te quedas te llevo con primo
pepe pa’ la casa de mi agüela

hay que dolor pobres vacaciones lo que hizo mi hermano
quejarse de pantalones
enseguida mi agüela me cayo encima pa’ limarle el patillon y
limpiarle la cocina

Yo le dije: Doña! yo vengo a descansar y ella dijo: No mijito
usted viene a trabajar; De verdad que eres vago no se por
que te quejas, te me afeitas esa barba y te cortas la melena.

Ay! abuela la barba me la afeito pero no cortarme el pelo
mejor me quedó muerto,
le explique que esta de moda dejarse la melena y ella dijo
que ese chavo así parace una nena.

y como no me lo corte espero a que me durmiera y me dejo coqui-pela’o con una je-tijera

Que vaina, que chamienda, ¿que dirán mis panas cuando me vean?

El otro día pal almuerzo mi dijo mi abuela que me iba a cocinar lo que yo quisiera,
entonces le pedí una comida bien buena, un Hamburger, un Hot-dog, lo que como todos los días.

No no no señor no cocino porquerías aquí se come _______ y arroz con habichuelas.

Mi agüela, you want it?
huh-uh
you got it
Mi agüela, you want it?
Baby
You got it

Mi agüela, you want it?
Si/huh-uh
you got it
Mi a agüela, you want it?
Baby
You got it

Pasaron unos ideas conocí a su vecina que tenia una hija que
estaba bien buena
Ahora es me dije yo, le empecé a rapear sin que mi abuela lo
supiera
Pero!, ella se entero y me dio un sermón a esa niña la
respetas
yo le dije abuela tu te estas entrometiendo y me metió una
bofetada que todavía me esta doliendo

Que vaina, no se puede ¿que dirán mis panas cuando se
 enteren?

Otro día por la noche yo quería salir y ella me dijo que no,
que estas son horas de dormir.
y así me la pasé en pleno Jueves todo el mundo particiando
y yo acostado y a las nueve.

Pasaron otros días que no me fastidio por que la caja de los
dientes se le perdió
y aunque ella regañarme parece que quería todo lo que me
hablaba nada se le entendía.

Entonces pude descansar pero ya las vacaciones se me iban a acabar,
y como ya no encontraba que mas inventar, fingí un dolor
que me quería matar
haber si así me hospitalizaba y entonces yo de ahí fácil me
 escapaba.

Pero! se me invirtió la tortilla ella me empezó a dar una
medicina
me aplico a estar en la cama acostado hasta que ella pensara
que me había recuperado

Mi agüela, you want it?
huh-uh
you got it
Mi agüela, you want it?
Baby
You got it

Mi agüela, you want it?
Si/huh-uh
you got it
Mi a agüela, you want it?
Baby
You got it

Y así mismo un problema que al rato yo tenía, siete a la
semanas era un No todos los días
encontré la solución a todos mis problemas y es que tengo
que aceptar que soy le nieto de mi abuela

Si total después de tanto protestar cuando llegue a Nueva York yo me puse a pensar
que ella no es lo que parece ella es bien buena y todo lo que
hace es por ponerme en vergüenza.

Pero!!! Me recordaba yo de todos los regaños que ella a mí
me dio
y cada ves que yo hubiera querido beber Ron me tenia que
recetarme un tesito de Limón

Mi madre no sabia como yo la había pasado se creía que todo
lo había yo gozado
se atrevió a preguntarme cuando yo volvía pa’lla

Y yo le dije mira como en treinta años mas
yo no se si mi abuela tenga mucha resistencia
yo no puedo soportarla por que no tengo paciencia.

Mi agüela, you want it?
huh-uh
you got it
Mi agüela, you want it?
Baby
You got it

Mi agüela, you want it?
Si/huh-uh
you got it
Mi a agüela, you want it?
Baby
You got it

Como le podre pagar…

¿Ésa no la cantaban Wilfred y la Ganga?


Ta otro post…
Marcos (cualquier parecido con la coincidencia es pura realidad)

yo tambien hecho de menos mis antiguas clases de yoga en el gimnasio universitario… ahora voy a otro en el que deben estar las hermanas sevillanas de Consuelo y MariaLuisa…

Durante un año y pico trabajé en un gimnasio. Y lo que comentas es absolutamente cierto, en un gimnasio puedes ver cosas totalmente maravillosas.

Los gimnasios tienen fama de llenarse de pastilleros ciclados vacilones con coches tuneados esperándoles a la salida, y en parte es así. No obstante, acudir allí día tras día te abre la mente y te hace aprender de una forma constante.

En un gimnasio te encuentras de todo, como en la vída, que diría el poeta. Pero fundamentalmente, te encuentras personas provenientes de entornos sociales totalmente distintos, que dentro del gimnasio se respetan, se tratan de igual a igual (aunque hayan excepciones). Este hecho es algo que, sin existir el gimnasio de por medio, seguramente en la calle no pasaría.

He tenido profundas conversaciones con mastodontes que levantan el doble de su peso en press banca, con mujeres que fuera del gimnasio van enfundadas en sus gafas de sol y en sus trajes de Armani con cara de pocos amigos, con niños de 13 años que se interesaron en iniciar unas clases de capoeira gracias a mi consejo.

Pero, sobre todo, me llamó la atención lo que comentas en tu post, las historias de fortaleza mental y superación de diferentes personas que no cumplen con los estereotipos que vemos a diario:

En torno a las 13 horas, el gimnasio solía estar casi vacío. Era la hora para la que programábamos clases especiales para discapacitados físicos y psicológicos, a los que en ese momento podíamos prestar toda la atención.

Con ellos, Javier, se te va la vida. Son las personas más fuertes y más nobles que me he encontrado nunca. Son la viva demostración de que la mente lo es todo, por encima de castas, de limitaciones, de sexos, de credos y de cuentas bancarias. Cuando trabajas con gente que tiene problemas realmente duros es una ocasión especial para bajarte de la nube y comprender que tu vida es y será lo que tú quieras que sea.

Creo que este es un ejemplo parecido al de tus maravillosas musas centenarias. De ellas es de quien uno se acaba enamorando realmente, porque su ejemplo te fortalece y te hace estar más vivo que nunca. Aunque a quien te quieras beneficiar sea a la morena de 30 años.

Enhorabuena por haber vivido la experiencia. No todo es lo que parece. Es más, a menudo suele no serlo.

Saludos!!

¿Cómo sabes lo de la morena? ¡Sal de mi cabeza!

Un abrazo :-)

Estimado D.Javier;

simplemente dejarle un link muy interesante que tiene relación “creo”, con los últimos vídeos que nos dejó sobre el Sr Chapra. http://pacotraver.wordpress.com/2008/03/09/los-qualia/.

Sin mas me despido deseándole una feliz búsqueda y admirando profundamente
su capacidad multifacética y entrega en todos los campos.

Gracias por sus Geniales e Interesantes Historias.

Shalom.

Estimado NosObsnosis:

Mañana echo un vistazo al link que me mandas. Sin más, me despido agradeciéndote el alimento para el ego. Ya sabe usted, todo eso que me diferencia de usted mismo.

Un placer escribir para usted/yo.

Javier

Bueno si, te comprendo, son un ejemplo de personas con ganas de vivir, pero a mí las que me da ganas de vivir son las otras, las de carnes prietas.

Muchas personas mayores creo que están hechas de otra pasta. Tienen mucha vida y energía en un cuerpo un poco avejentado.

Pobres los que se hacen viejos y no tienen ninguna arruga