Al encuentro con el unicornio (II/V)

[Viene de aquí]

Desde aquel día hasta casi una década después, ocupé la mayor parte de mi tiempo fantaseando sobre el coito. Si darle a la zambomba era lo más, follar tenía que ser la repera. Y, como todo en esta vida, algún día tendría que llegar. Todo el mundo sabe que la muerte y el primer polvo son dos cosas inexorables.

Pasaba mis días soñando con volar. Mientras tanto, pasaba mis horas en el simulador. Una y otra vez recreaba en mi mente los pormenores del proceso. Debió de ser en aquellos años cuando desarrollé mi nítida y desbordante imaginación. Permiso desde torre, bajando flaps, comprobando dirección y fuerza del viento, palanca de gases al 80%, soltando frenos, palanca de gases al 100%, iniciando rodadura, cien nudos, doscientos nudos, levantando el morro, recogiendo tren de aterrizaje, replegando flaps, bajando morro, entrando en corredor aeronáutico. Ya estamos en el aire. Alegría.

Hice miles de horas en el simulador antes de volar por primera vez. Si le hubieran dicho a Schumacher que iba a tardar casi diez años en llegar a la Fórmula Uno, sin duda el tipo lo hubiera mandado todo a la mierda. Mi coraje y mi tenacidad debieron de desarrollarse durante aquel interminable periodo de tiempo. No fue hasta los 21 años que me desvirgué.

Los amigos lo son para todo. Uno se sumerge en su grupo de amigos y piensa no ya que en todas partes cuecen habas, sino que además se trata de las mismas habas. Es lo que se suele llamar, no en vano, “el grupo de referencia”. Era 1.996, y aquel año se respiraba un algo en el ambiente. El que más y el que menos ya se había puesto el traje y la gorra de capitán y se encaminaba hacia el aeropuerto. Tales eran los tiempos y tal era la exitación que el Chano me dijo solemnemente antes de largarme a los USA:

—Si follas, llama. Da igual la hora que sea.

Fueron las cuatro de la mañana de la costa este. Salí de la habitación en calzoncillos y metí unas monedas en la cabina junto a la piscina del motel. Era una noche calenturienta en todos los sentidos.

—Ya —le dije. Él supo exactamente de qué se trataba.

—¡Qué cabrón! —respondió al otro lado de la línea, a cinco mil kilómetros del pesado calor de Carolina del sur. —Y yo me tengo que ir ahora a la biblioteca a estudiar…

Comprenda el lector que ni el Chano ni yo asistimos a la llegada del hombre a la luna. Aquello era, en ese momento, el parangón para nosotros. “Un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la humanidad”. Un antes y un después. El barco zarpaba de un nuevo puerto en dirección a los confines de un nuevo océano incierto. Ya nada sería igual.

Lo que no supe entonces es que después todo sería exactamente igual durante un periodo de tiempo amargamente largo. Pero, aunque esto no es La Historia Interminable de Michael Ende, esa es otra historia y deberá ser contada en otro momento.

Hagamos un rewind hasta unos días antes de la llegada del hombre a luna. Acababa de tener lugar la noche en que creí morir. Acontecimientos extraordinarios tienen consecuencias extraordinarias, y la proximidad de la muerte me hizo darme cuenta de que, como dijo el poeta, no podía morir sin haber follado. Algo en mi interior cambió ante la proximidad del vacío, y nuevas alas brotaron en mi espalda.

Al día siguiente de la noche en que creí morir, recogí todos mis enseres y me mudé al mugriento motel de mi buen amigo Luis. Se trataba de una habitación con dos camas de matrimonio. En una de las camas dormía él con una chica española. La otra cama estaba ocupada por una francesa y una alemana. Dado que la alemana acababa de partir, yo pasaba a ocupar su vacante en aquel cuarto, aunque el tema de la cama no estaba todavía claro.

—Yo no quiero dormir contigo —me dijo Luis.

Aquellas palabras sonaron como una bella melodía en mis oídos. Sólo quedaba por dilucidar qué pensaría la francesa. Un fugaz encuentro por la tarde nos permitió saber que a ella no le importaba compartir sábanas conmigo. La nuestra fue una extraña relación.

Luis y yo ándabamos recogidos aquellos días, pues por 280 dólares habíamos comprado una furgoneta desvencijada con la que, en nuestra ensoñación optimista, planeábamos recorrer la costa este norteamericana. Los papeles llegarían en cualquier momento, y en ese instante cogeríamos los petates y nos echaríamos a la carretera. Nos acostábamos pronto cada noche confiando en levantarnos por la mañana y encontrar los papeles en el buzón. La francesa, en cambio, trabajaba por las tardes y llegaba a “casa” bien entrada la noche. Estando yo ya medio dormido, se deslizaba bajo las sábanas. Así entablamos una extraña amistad.

Cada noche charlábamos un rato, bajito, para que mi amigo no se viera desvelado. La chica española apenas venía por la habitación porque, a todas luces, tenía otro lugar más acogedor para dormir. Yo sólo veía a la francesa por las noches y en mi cama, así que lo de verla es más una licencia artística que otra cosa.

La relación funcionaba como la seda. Al llegar la noche, me metía en la cama con la promesa de una mañana con unos papeles en el buzón y cientos de millas por delante. Al cabo de unas horas llegaba ella y se deslizaba junto a mí. Yo salía de mi sopor y entablaba una conversación. Mis intenciones eran, por supuesto, manifiestamente aviesas. Así fue que, a la tercera o a la cuarta noche, una cosa llevó a la otra y acabamos en pelotas.

Recuerdo aquel momento como si fuera hoy por la mañana a eso de las diez. Me sentí como en la final de los cien metros lisos de las olimpiadas de Munich, y eso que ni siquiera las vi por la tele. La presión casi me impedía respirar. Me temblaba hasta el píloro. Me envainé el condón y dejé que la naturaleza hiciera el resto. Me encontraba al borde del infarto. Tenga en cuenta el lector que se trataba del momento más importante de mi vida. Casi diez años de intensa preparación iban a ser puestos a prueba. Recuerde a los atletas olímpicos.

Dicen que es normal la eyaculación precoz la primera vez. No fue mi caso. Tan intensamente nervioso me encontraba que aquello duró una eternidad. Si llegué al orgasmo fue por cabezón. Aquello fue muy extraño. Uno puede trabajar concienzudamente en el simulador miles de horas pero, cuando se enfrenta a lo real, de alguna manera todo es diferente. Más tarde leí que mi experiencia es bastante común, que muchos chavales se bloquean ante la presión y tiran contra el tablero esa canasta del último segundo, cuando suena la bocina y las tribunas gritan enardecidas. El primer motor de estribor prende en llamas y el avión se precipita en un bosque próximo al aeropuerto mientras la gente se pregunta qué es ese ruido y alguien lo graba en una cámara y las imágenes se verán en la entradilla del próximo telediario. Tras la investigación, alguien dirá que se trató de un error humano.

Todos los errores son humanos, pero eso nadie lo dice. Las montañas no cometen errores.

—Je dois prendre de l’aire —dije, y salí en calzoncillos a la piscina con unas monedas en la mano. El resto de la historia ya está contada.

Así pasaron, para mi jolgorio, los días. Luis soñaba cada noche con que al día siguiente los papeles de nuestra mugrienta furgoneta estarían en el buzón. Yo, después de mi sesión nocturna, me dormía y soñaba justamente lo contrario. Mis sueños debían de ser más potentes que los suyos, pues los papeles tardaron exactamente una semana en llegar. Debe de ser que me siento a la derecha del Señor.

En aquella semana, con paciencia y tesón, me fui haciendo con los mandos del aparato. Dominaba las técnicas básicas del despegue y del aterrizaje. El vuelo nocturno dejó de tener secretos para mí. Por contra, la frustración de mi amigo crecía cada mañana al comprobar que tampoco habían llegado los papeles. Al quinto día le entró tal cabreo que se tiró al suelo y se puso a hacer flexiones hasta que se le pasó. En aquel momento entendí por qué estaba tan cachas. Un par de días después, casualmente cuando partía mi compañera de carlinga, arribó la ansiada documentación. Una semana más tarde, ya en plena carretera, le pregunté a Luis si nos oía a la francesa y a mí levantar el vuelo cada noche. Dijo que él dormía como un tronco. Aquellos que duermen junto a un aeropuerto pueden sacar sus propias conclusiones.

Hicimos cinco mil millas en dos semanas. Cruzamos Georgia y Miami para llegar hasta los Cayos. Atravesamos la bahía de Tampa antes de poner rumbo hacia el norte y alcanzar Nueva York miles de kilómetros después. La furgoneta aguantó la aventura y se nos rompió el corazón al vernos obligados a abandonarla en un desguace. Subimos al avión y dejamos atrás un nuevo puerto.

España no es Francia. Lo sabe cualquiera que preste atención a las manifestaciones estudiantiles o al olor de las panaderías por la mañana. A mí me costó averiguarlo, y lo hice por el camino difícil.

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Comentarios

… el Chano me dijo solemnemente antes de largarme a los USA:

—Si follas, llama. Da igual la hora que sea.

Juas, sólo por esto ya te has ganado una donación.
Oye, se nota que con los años mejora tu prosa humorística. Enhorabuena.

Me estoy dando cuenta en los últimos tiempos de que, en estas lides, son más importantes las líneas que no se escriben que las que sí. Cada dos líneas hay otra enmedio que no se lee pero que sí que se lee, y esa es casi más importante que las otras.

Yo más bien me refiero a como se escriben las líneas que se escriben. Mi interés sólo radica en el aspecto técnico literario.

España no es Francia. […] A mí me costó averiguarlo, y lo hice por el camino difícil.

Intrigadísima por saber las diferencias… Me está gustando la historia de tu “unicornio”, me pregunto si a los chicos os resultaría curioso leer la misma historia “en femenino”, donde nuestro orgullo y nuestras ganas de follar luchan incesantemente, maldita educación…

Pues sí, estaría bien conocer esa historia por vuestra parte. Aunque creo que nada tiene que ver con la del lado masculino. Al fin y al cabo, vosotras podéis follar cuando queráis y la lucha, en todo caso será interna. Nada que ver con la del otro lado, donde supongo que hay que convencer a ma muchacha para que se vaya al catre con el interesado.

Eso de “vosotras podéis follar cuando queráis”, no sé si es leyenda urbana o un dogma de fe que tenéis por ahí… pero no estoy de acuerdo, al menos no completamente. Puede que nos sea más fácil, pero de ahí a hacer “chas” y tener a un elemento dispuesto a bailar el chachachá horizontal instantáneamente, va un trechito. A veces a una le entran dudas de si prefiero un tío con el que hay que estar en modo “tutorial” hasta que se entera de por dónde va el tema, o mi super-alegrador-ferrari-4-en-uno-vibra-y-gira-que-es-la-monda, ya que éste no se queja, no eyacula precoz ni tardíamente, no ronca, y además (oh!) no tiene madre. Pero al final, nos tira el instinto.
Al final lo mismo me animo y os cuento diversas experiencias donde salchichas oscar mayer se ven involucradas, jajaja, aunque esto en mi tercer o cuarto comentario, me parece un poco fuerte…

Saludetes.

Puede que nos sea más fácil, pero de ahí a hacer “chas”…

Ahí ya está dicho todo, Puede que nos sea más fácil. Lo es. Y, si no, la prueba del algodón. Un día salimos y vamos al mismo bar. Uno se sienta solo en un extremo de la barra y el otro hace lo propio en la otra punta. A ver a quién se le acercan más congéneres del sexo opuesto con intenciones eróticas.

A veces a una le entran dudas de si prefiero un tío con el que hay que estar en modo “tutorial”…

Una puede elegir, por lo menos.

No te creas que ellas lo tienen más fácil. Inconscientemente se sabotean. Muchas se quejan de que no mojan y, cuando las observas, te das cuenta de por qué. Se comportan de tal manera irremediablemente borde que planchan, dejan psicológicamente para el arrastre, a cualquiera que se acerque. Sólo pasan el filtro aquellos que tienen la cara de plomo o que ya se conocen la máscara. De tal manera, cuando se acuestan con un tipo es de determinada calaña y la experiencia les resulta tan desagradable que refuerza la impresión que inició el círculo.

Un ejemplo más de cómo las creencias promueven determinados tipos de experiencias que a su vez perpetúan las creencias iniciales. Profecías autocumplidas.

Bueno, estoy de acuerdo con parte de lo que dice Nasón y con parte de lo que dice Gonzo, pero no creo que la realidad sea ni un extremo ni el otro. En fin, de momento espero la siguiente entrega del unicornio, y a ver si alguna se anima a contar la historia desde su punto de vista.

Yo creo que falta mucha communication, si nos gusta lo mismo, sería cuestión de llegar a acuerdos, yo oigo tanto tios como tias que se quejan de que a pan y agua, pues ale! a consensuar!

Ya, pero lo que hagan cuando alguien se les acerca es cosa suya. Lo que yo digo es que les salen oportunidades simplemente por estar ahí, por feas que sean. Lo que hagan después es cosa suya, y las películas y pajas mentales que se monten ya es otro cantar.

Yo crearía una sección del blog específica, o mejor aún, un blog propio para comentar dichos “asuntos” :-D

Hace tiempo, Gonzo aceptaba colaboraciones de los lectores

La francesa es otra cultura, otra mentalidad. Eso se filtra a todo lo que hacen, también en el sexo.

A mí me encantaría leer la misma historia en femenino, y creo que justo son el orgullo y las ganas de follar las que luchan incesantemente en vosotras, coincido contigo plenamente. Educación, educación.

Educación, del latín educere: “guiar, conducir”. Esto viene de largo :-)

También está la recomendación de Góngora en Que se nos va la pascua, mozas (última estrofa):

Por eso, mozuelas locas,
Antes que la edad avara
El rubio cabello de oro
Convierta en luciente plata,
Quered cuando sois queridas,
Amad cuando sois amadas,
Mirad, bobas, que detrás
Se pinta la ocasión calva.

La canta también Paco Ibáñez.

Jaja, me ha encantado!

Bueno, hay bastantes ejemplos parecidos. Ovidio Nasón en su Arte de amar también hacía recomendaciones parecidas. Y también (creo recordar) había alguna otra súplica en el Cómo ser un sinvergüenza con las señoras que, no sé por qué, Gonzo quitó de la sección bombo en general de la página.

Quité el enlace porque Santiago Romero dejó de mantener el artículo. La última vez que lo comprobé, el enlace no funcionaba.

Cuando se despertó, el libro ya no estaba”

Vaya, es una pena. Es verdad que en la web de Santiago Romero (tú lo conocías, ¿no?) no aparece, pero estoy viendo en mi copia que en la última página del libro pone que, en soporte informático, es de dominio público, por lo que no te debería suponer ningún problema subirlo a un servidor y enlazarlo. Coño, que es un documento único, una actualización (en la forma, no en el fondo) a nuestro tiempo del ars amatoria.

Sí, Santiago Romero se encuentra entre mis amigos, aunque hace cosa de un año que no le veo el pelo.

Pásame el documento y lo subo a algún sitio y lo enlazo.

Ainss, educación, educación… siempre mencionais la “educación”. Y yo no me canso de recomendar este artículo:

http://www.elpais.com/articulo/portada/Educacion/Condicionamiento/elpepusoceps/20090329elpepspor_5/Tes

¡Qué maleducados somos/estamos!! :-D

joder joder! con lo interesante que es y solo cinco minutos para poder leer la columna, volvere! como McArthur.
muy buena!!!!!!
aún no he hecho mi aportación, pero la haré I `promised! esto vale su peso en oro!
la tias también tenemos ganas de tener sexo! pero orgullo, prejuicios, educación a manta, culpa, que dirán, que opinarán…. buffff, hay que luchar tanto, pero podremos!

Por cierto! una primera vez muy peculiar, no se te olvidará en la vida, la mia fue mas o menos convecional, y la recuerdo así a lo leeeejosss

Cuidado con vuestras guerras orgullo/sexo, os convierten en calientapollas y no sé que es peor.

hombre calientapollas ya así a la primera de cambio… en el comentario creo que se mezclan churras con merinas, y hay algún que otro prejuicio.
Pero no, no se trata de guerras ni mucho menos, no es una guerra contra los tios, sino contra los prejuicios

Me refería a vuestras guerras internas.

A veces alimentáis falsas esperanzas. Os movéis, sonréis, coqueteáis e incluso sobáis sin luego llegar a hacer nada. Es decir, parece que queréis pero no llegáis a concretar. A veces sólo por sentiros deseadas (el más común), otras porque realmente queréis pero ambos casos tienen el mismo resultado; calientapollas.

Es difícil encontrar calientachochos, aunque haberlos haylos.

ah vale no lo habia entendido por ahí, si puede ser, por guerras internas miles, eso es verdad.
Yo conocia a una chica que era una estufa de hombres y te lo digo en serio, no me molaba nada de nada verla en acción, creo que es una putada, ellos se quedaban descolocados hechos un guiñapiño.
Calientachochos yo la verdad es que no me he encontrado.
Yo creo que el contrapunto de calientapollas en chico seria algo así como calientaorejas. Es decir el que le come la oreja a la tia en plan promesas de algo más, y al día siguiente si te he visto no me acuerdo, y te quedas con cara de pardilla.
es decir tanto la calientapollas, como el calientaorejas deja que el otro piense que va a conseguir algo que desea o le apetece mucho, sexo u otra cita respectivamente.
Y a traves de eso consigue algo que la calientapollas o el calientaorejas desean, sentirse deseada o sexo respectivamente.
Una putada ambos! como dice la pelicula de los Cohen, “crueldad intolerable”

Publicado precisamente hoy en El Listo:
 http://listocomics.com/495-leer-entre-lineas/

Por cierto, el aforismo de esta “lista” me gustó también bastante, y me recuerda mucho a la conocida cita de Einstein, la de “ningún problema puede ser resuelto en el mismo nivel de conciencia en que se creó”.

“Si el cerebro fuera tan simple que pudiéramos entenderlo, seríamos tan simples que no lo entenderíamos” (Lyall Watson)

…aunque esto tendría que haberse indentado entre los tres primeros comentarios, y no como un comment aparte.

Ayyyy, Geeklog… que obsoleto te has quedado…

ESDLV funciona sobre Drupal. Yo pa mí que va a ser cosa tuya…

Muy bueno, a mi me toco ser el Chano y ser último del grupo. Me llegaban comentarios entre los precoces y los tardones. Imagínate lo preocupado que estaba de fallar, ser un as me reir. Además, la vergüenza de la edad y si pregunta que le digo, y si pregunta porque no lo has hecho con esta edad. Lo malo de ser muy exigente con el físico y demás …

Lo bueno sería una versión femenina no es el morbo (que lo puede tener). Sino verlo con los ojos de ellas, en estas cosas dónde hay más diferencias. En como vemos el gran acontecimiento.

Esto llega al tal importancia que es el test de tu vida, nada más relevante.
Hablando de test, podíamos Hacer test gratis dónde lo no iniciados tuvieran que pasar dos test. Imagínate te tienes que sentar para pasar el test, sino lo pasas no mojas. Creo que sería difícil ya que la sangre no esta dónde debe estar para hacer el test.

En su momento senti curiosidad y no te lo pregunte.
¿Que fue de Luis? ¿volviste a saber algo de el cuando volviste a España?

Sí, nos hemos visto varias veces y mantenemos el contacto, aunque de uvas a peras. Ayer precisamente estuve charlando con él por teléfono un buen rato a raíz de estas columnas. Me alegré mucho de volver a pasar un rato con él. Es uno de esos amigos a los que, aunque uno no vea con asiduidad, uno siempre siente cerca.