Darle vueltas a la cabeza

“Mucha gente le da muchas vueltas a la cabeza” —decía Vicente, de pie, ante mí sobre la acera. Tras él, la portería que custodia. —Los ves pasar y van andando con la cabeza gacha, hablando consigo mismos.

Me hizo gracia. Mucha gente le da muchas vueltas a la cabeza. Y me sentí identificado.

Recuerdo cuando le daba muchas vueltas a la cabeza. Era mareante. Descolocante. Confuso. Doloroso a menudo. Y es que no se trata tanto de darle o no “darle vueltas a la cabeza”. La cabeza no está hecha para dar vueltas. Está hecha para girar a izquierda y a derecha, arriba y abajo, pero no para dar vueltas. Está hecha para permitirnos ver más allá de lo que, de otra manera, serían los límites del campo visual. Y eso amplía miras.

“No son tiempos fáciles”, giré yo espontánea y automáticamente tirando de PNL con la intención de plantar la idea de la posible facilidad, e incluso el disfrute, de estos tiempos en los que las cosas están así. “Son tiempos difíciles” replicó.

Esa no había funcionado, pero aún tuve tiempo para girar un par de historias más y hacer algunas buenas sensaciones que compartir aquí después.

Darle vueltas a la cabeza. Esa es una de esas instrucciones que descolocan. Vicente, en un alarde de hipnosis conversacional cotidiana, me había colado la idea de darle vueltas a la cabeza y aquí estaba ahora, quince minutos después, siguiendo la instrucción. Hasta me estaba mareando ya.

Dejar la cabeza sobre los hombros, y usarla para pensar, para hacer pensamientos. Para hacer imágenes y sonidos, para crear sensaciones agradables y para hacer sentir un poco mejor, o tal vez mucho, aunque sea tan sólo por un instante, o tal vez por todo un día.

Porque disponemos de la habilidad de pensar, de crear pensamientos, y es responsabilidad propia darse cuenta del poder que eso conlleva.

Todo poder conlleva una gran responsabilidad y, recíprocamente en un cada vez menos paradójico bucle, toda gran responsabilidad conlleva un gran poder.

Usa el tuyo responsablemente y con disfrute.