Profundizando en los niveles neurológicos

Los niveles neurológicos, junto con el metamodelo del lenguaje y el modelo Milton, son una de las piezas angulares de la Programación Neuro-Lingüística. Mientras que el metamodelo permite recuperar información precisa y el modelo Milton permite manejar información abstracta, los niveles neurológicos describen las relaciones entre lo sensorial, o los datos “crudos” provenientes de los sentidos, y las abstracciones de alto nivel construidas sobre estas percepciones sensoriales. Mediante nuestros sentidos recopilamos información, y usando el cerebro establecemos conexiones cada vez más complejas y abstractas entre estos datos para construir un modelo del mundo. Realizar abstracciones permite expandir ese modelo del mundo, aunque a costa de una mayor imprecisión y un mayor margen de error. Conocer y saber manejar los niveles neurológicos te permite revisar las conexiones sobre las que sustentas tus abstracciones, permitiendo llegar a nuevos entendimientos y “rellenar huecos” en un entramado mental que se torna cada vez más inconexo e inestable a medida que se asciende en niveles de abstracción.

Repasemos los niveles neurológicos empezando desde lo sensorial:

  1. ¿Dónde? ¿Cuándo?
  2. ¿Qué?
  3. ¿Cómo?
  4. ¿Por qué?
  5. ¿Quién?
  6. ¿Para qué?
  7. ¿Con quién más?

Mediante esta serie de preguntas puedes poner de manifiesto las maneras en que relacionas lo que ves, oyes y sientes, con los conceptos abstractos que utilizas, por ejemplo, amor, protección, seguridad, etc. Si quieres amor, entonces puedes preguntarte:

¿Dónde y cuándo lo quiero?

¿Qué es el amor para mí?

¿Cómo hago para sentirme amado?

¿Por qué me siento amado en determinadas circunstancias?

¿Quién se siente amado? ¿En quién me convierto al sentirme amado?

¿Para qué sentirme amado?

¿Con quién más quiero sentirme amado?

Estas son algunas preguntas que puedes hacerte para poner de manifiesto lo que significa el amor para ti y explorar ese proceso en particular. Al responder estas preguntas, estás recuperando información sobre tus propios procesos internos. Nota que, a medida que evolucionas, las respuestas a estas preguntas van cambiando o, más bien, van convergiendo. Recorrer los niveles neurológicos te permite obtener información a diferentes niveles relacionados con tu propia neurología (sistemas motores, sistema inmunitario, etc).

Conectamos conceptos abstractos entre sí. También establecemos estados y disparadores para esos estados. Creamos significado. Aprendemos de nuestros padres y de otras personas del entorno. “Cuando sucede esto, entonces después sucede esto”. “Cuando estoy en una situación pública y alguien me mira de esta manera, entonces eso significa X y mi reacción será Y”. Poco a poco vamos copiando los programas de aquellos que nos rodean. En el momento en que los establecemos tienen una utilidad y cumplen una función. Mientras funcionan, entonces bien. En el momento en que dejan de funcionar o se convierten en un obstáculo para lograr un fin en particular, entonces tienes una oportunidad para hacerte algunas preguntas y poner tu atención sobre tus procesos internos para revelar sus mecanismos. Una vez conoces tus procesos internos, estás en disposición de hacer modificaciones.

Supón que quieres hablar en público y la sola idea te aterra. Probablemente has vivido una serie de experiencias que te llevaron a hacer una serie de conclusiones que ahora hacen que, cuando pienses en hablar en público, eso te asuste. Si tus padres te dijeron cuando eras pequeño que “te mantuvieras lejos de los extraños”, eso puede ser útil en un cierto momento. Después, cuando creces, necesitas salir de casa, conocer gente y “buscarte la vida”. Mantenerse lejos de los extraños puede convertirse en un problema si quieres hablar en público. Es entonces cuando tienes la oportunidad de definir un estado objetivo y limpiar el camino hasta ahí.

Supón que quieres hablar en público frente a cien personas y sentirte cómodo y relajado. Puedes empezar revisando tus experiencias previas y construir desde ellas. Son lo que llamamos material inconsciente. Tu mente inconsciente almacena todo lo que has visto, oído, sentido, olido y sabido alguna vez. Todo ese material está ahí disponible para ti. Así pues, puedes empezar revisando tus archivos inconscientes. ¿Has hablado en público alguna vez sintiéndote cómodo y relajado? ¿Cómo lo hiciste? ¿Qué pensaste antes de hacerlo? ¿Qué representaste en tu mente? ¿Qué te dijiste a ti mismo? Y una pieza muy importante, ¿cómo lo representaste en tu mente y cómo te hablaste a ti mismo? Ahí entramos en el terreno de las submodalidades.

Tu cerebro codifica las experiencias de maneras determinadas. La gente deprimida tiene tantas buenas experiencias como todas las demás personas. Su forma estructurada de recordar hace que, cuando miren hacia atrás, lo que vean sea pura mierda. Han aprendido a tomar las buenas experiencias y a hacerlas oscuras, lejanas y pequeñas, mientras que amplifican las experiencias malas y las hacen grandes, brillantes y cercanas, y hacen que parezcan eternas en sus mentes. Esos mecanismos y estrategias inconscientes ya están ahí, y puedes reutilizarlas a tu propia conveniencia. Si piensas en algo sobre lo que te sientes confuso y lo mueves al lugar de tu mente en el que piensas sobre las cosas que comprendes, comprenderás más. Tu cerebro utiliza zonas en tu mente, matices de brillo, nitidez, etc. para codificar y organizar tus experiencias. Una gran parte del trabajo con PNL es descubrir esos procesos inconscientes y reutilizarlos de maneras útiles.

Así que si una vez hablaste ante varias personas y te sentiste cómodo y relajado, sólo tienes que tomar el mismo proceso que empleaste en aquella ocasión y ajustarlo para utilizarlo con cien personas. Los únicos límites están en tu imaginación. Esto sirve para hablar en público y para cualquier otro proceso. El arte de la PNL radica en que cada persona desarrolla sus propias estrategias mentales, así que la labor del especialista en PNL consiste en ajustarse a cada cliente para explorar estas estrategias y encontrar la manera de utilizarlas para el propósito que le ocupe.

Nota que, en los niveles más altos de los niveles neurológicos encontramos el “para qué”. Todo comienza con un propósito, y en la mayoría de las ocasiones se trata de un propósito inconsciente. En otras palabras, a menudo no sabemos para qué hacemos lo que hacemos. Hacer conscientes los propios propósitos es una tarea árdua. Acceder conscientemente a esos niveles permite acceder a una enorme fuente de poder. Quien sabe exactamente lo que quiere, tiende a lograrlo. Conocer el propósito moviliza todos los niveles neurológicos inferiores, de manera que la mente inconsciente puede seleccionar fácilmente qué será necesario para lograr ese propósito, qué será un estorbo y qué será conveniente.

Cuando entrenan a los militares les hacen cruzar sobre una tabla de madera. Comienzan a unos pocos centímetros del suelo. Pueden pasar fácilmente al otro lado. Ahora, si tomas esa tabla y la pones a diez metros de altura, la cosa cambia. Empiezas a mirar hacia abajo y empiezas a considerar lo que sucedería si te cayeras. Accedes a más información de la que necesitas para cruzar la tabla, y eso dificulta tu tarea. Necesitas diseñar un estado de consciencia apropiado a tu propósito. Algo sencillo que diga “Mira hacia abajo, mira la tabla, camina”. Más información de la que necesitas entorpecerá lo que sea que estás haciendo.

Encuentro que la pregunta “¿para qué?” tiene la facultad de detenerme. ¿Para qué? ¿Para qué? ¿Para qué? Para… ¿qué? Para… Para. Esto me ayuda a detenerme y a clarificar mis propósitos. ¿Qué es lo que quiero conseguir exactamente? ¿Qué veré? ¿Qué oiré? ¿Qué sentiré? Una vez definidos esos parámetros, la pregunta clave es cómo lo hago. ¿Cómo paso de lo que estoy viendo a lo que veré? ¿Qué veré por el camino? Esto me permite establecer conexiones entre las distintas etapas del proceso, definiendo una serie de “check-points” o hitos en el camino, conectando lugares y momentos, así como las maneras en que me moveré entre ellos. Creo una línea temporal y espacial que servirá de hilo conductor del proceso. Posteriormente, se trata de especificar qué es lo que haré exactamente, cuáles serán los pasos, qué sucederá y qué haré para ajustarme al hilo previsto. Incorpora una manera de disfrutar del proceso.

Nota que esto es una plantilla para planear el futuro. Compones el futuro con el material disponible en tu mente, con tu propio modelo del mundo. A medida que recorres el camino y vives experiencias, haces nuevas distinciones y recopilas nueva información, por eso es importante mantener la flexibilidad. Mientras recorres el camino, el mismo camino va cambiando como resultado de tu propia transformación. Al contar con nueva información, encontrarás nuevas posibilidades, nuevas opciones, nuevas alternativas, y te convendrá evaluar el proceso de manera regular para ajustarte a la información más detallada que incorporas a tu modelo del mundo. Pero de esto escribiré en artículos posteriores.