¿Cuál es tu pasión?
Me encanta la foto de la chica sosteniendo el cartel. En bonita tipografía, me recuerda muchas de esas cosas que a veces olvido. Tu vida es tuya. Haz lo que amas, y hazlo a menudo. Si no te gusta algo, cámbialo. Si no te gusta tu trabajo, déjalo. Si no tienes bastante tiempo, deja de ver la tele. Deja de sobreanalizarlo todo; la vida es simple.
Conzoco al Juanlu desde la época en que estudiaba ingeniería industrial y me encargaba de escribir y dibujar y sacar adelante la revista de la escuela cada dos meses con ayuda de otro amigo. Contábamos con nuestro propio despacho, una habitación de unos pocos metros cuadrados en la que exprimíamos un ordenador para cocer mil y una comedias que luego tomaban forma en un fajo de papeles. Aquel lugar era para mí un oasis en mitad de la tormenta que representaba para mí la ingeniería industrial. Creo que siempre me fue más el lado artístico de las cosas, y fue en aquella época que se me empezó a hacer evidente.
El Juanlu participaba de vez en cuando en la revista con algún artículo que firmaba como “Taxi Driver”. La revista era, para muchos de nosotros, una especie de válvula de escape que nos permitía aliviar mucha de la presión que acumulábamos en las aulas. Así que escribíamos artículos y parodiábamos a los profesores y nos sentíamos mucho mejor. Me pregunto si alguien en la escuela sabía el favor que nos hacía al facilitarnos una habitación, un ordenador y una impresora láser para dar rienda suelta a nuestros impulsos creativos. No sólo de tuercas viven los ingenieros. Al menos, no todos.
Luego terminamos la universidad y cada uno siguió su vida, pero nos veíamos de vez en cuando. El Juanlu y yo quedábamos para ir a patinar o ir al cine, y hablábamos de mujeres, de darnos cabezazos contra la pared y de las posibles maneras en que yo podría ganar dinero escribiendo en Internet. En algunas patinadas, haciendo kilómetros para llegar hasta la playa y rodar por el paseo, también le hablé de PNL y de hipnosis. Eran tiempos en los que yo todavía no creía en todo esto. El escepticismo a veces puede ser un freno de mano.
Uno de los hits del Juanlu era su trabajo. Estaba siempre quemado al respecto. Hacía jornadas interminables que describía como infernales. Cuando yo le preguntaba por qué lo hacía, me decía que por el dinero. Que le gustaba mucho el dinero.
A mí también me gusta mucho el dinero. Diría que a todo el mundo le gusta el dinero si no supiera que también hay mucha gente que, en lo más profundo, mantiene otras creencias que desconoce. Los caminos del inconsciente son insondables, que diría aquel.
De todo lo que le leí a Steve Pavlina hace unos años, una de las cosas que más me llegó fue la frase “Si volviera atrás en el tiempo, lo primero que haría sería dejar mi trabajo”. Le di muchas vueltas a aquella reflexión durante mucho tiempo. Después de desempeñar durante lustros diferentes trabajos que no me gustaron, la frase resonaba con fuerza en mi interior. Lo que sentía era un miedo atroz. ¿Qué sería de mí? ¿De qué viviría? El miedo me paralizaba y me hacía continuar dándole vueltas a una rueda sin sentido.
Creo que un trabajo en el que uno no ponga el corazón es una suerte de farsa. Cuando trabajaba como ingeniero en Alemania, sentía que detentaba mi puesto de trabajo. Hacía mis tareas y las hacía bien. Cumplía. Sin embargo a lo que yo hacía le faltaba pasión, y probablemente estaba ocupando un puesto de trabajo que, alguien con pasión, sin duda haría de otra manera. Hay un algo que destilan aquellos que disfrutan lo que hacen, y creo que si alguien no está disfrutando de su trabajo, es mejor para todos que deje de hacerlo: está desperdiciando sus talentos.
Hace tiempo leí esta cita:
“No te preguntes lo que el mundo necesita. Pregúntate qué es lo que te hace sentir vivo y ponte a hacerlo. Porque lo que este mundo necesita es gente que se sienta viva”
—Howard Thurman
El Juanlu decía que habrá gente que se muera sin haber vivido. Puedo entender muy bien a qué se refiere.
Ayer entró el Juanlu de nuevo en mi casa. Hacía algo más de un año que no nos veíamos, ni patinábamos ni nada. Y esta vez no habló del trabajo. Entró por la puerta y comenzó a hablar del Panda Raid, una suerte de rally por Marruecos al que se había apuntado con un amigo. Se habían comprado un Panda por 400 euros y se habían gastado un ojo de la cara en “hacerle la culata” y no sé qué más. El otro ojo se lo habían gastado en la inscripción en el evento. Me pareció que el dinero le importaba poco. Nos sentamos al ordenador y me enseñó las fotos de la edición anterior. El tío echaba chispas. Iba a más revoluciones que un cilindro rectificado. Hacía muchos años que no le veía tan vivo, tan ilusionado con algo.
Me imprimí el cartel que sostiene la chica y lo tengo con imanes sobre una pizarra. Abre tu mente, brazos y corazón a nuevas cosas y personas, estamos unidos en nuestras diferencias. Pregunta a la siguiente persona que veas cuál es su pasión.
Así que lo hice. ¿Cuál es tu pasión?, le dije.
—Los coches clásicos.
Yo ya lo sabía, le conozco lo suficiente como para saberlo, pero me sorprendió la rapidez y contundencia de su respuesta. Ahora me fijo en esas cosas. Llámalo calibración. Pero claro, ¿quién puede ganar dinero con semejante pasión?
No escribas, nunca serás escritor. No hagas inventos, nunca serás inventor. Antes se pensaban cosas así, y además se decían. Afortundamente, los tiempos cambian.
—¿Y la tuya? —me preguntó a renglón seguido.
Entré en trance como un fenómeno. Ahora me reconozco esas cosas. Mi pasión es comunicar y también los seres humanos. El poder de la mente, lo que es posible hoy y lo que lo será mañana. La superación. El ir más allá.
Dicen que de ilusiones también se vive. Yo creo que más bien se vive, especialmente, de ilusiones.
Que encuentres las maneras de hacerlas realidad disfrutando de tu propio camino.