Algunas cosas que aprendí escribiendo El Sentido de la Vida
Durante nueve años escribí un blog titulado El Sentido de la Vida. Eso es mucho tiempo, y me dio para aprender muchas cosas.
Comencé a escribir ESDLV cuando terminé la carrera de ingeniería industrial. Había estado a cargo de la edición de la revista de la escuela y me había acostumbrado a escribir y a dibujar, así que cuando tuve que salir de la universidad eché mucho de menos el poder seguir escribiendo y publicando. Entonces empezaba el fenómeno de los blogs, así que pensé que bien podría abrirme uno y empezar a echar líneas en Internet. Poco sabía yo de la experiencia en la que me estaba embarcando entonces.
Lo titulé El Sentido de la Vida porque, por aquella época, comenzaba a preguntarme cuál era el sentido de mi existencia. Llámalo una crisis existencial. Acababa de ver la película de los Monty Python del mismo nombre y me gustó el título, así que pensé que tendría gancho. Y empecé a escribir.
Si te gusta hacer algo, hazlo.
Esa fue una de las lecciones más grandes que aprendí en esos nueve años. Creo que existe un proceso natural por el que uno se hace bueno en algo. Primero le gusta hacerlo. Luego descubre que se le da bien. Luego descubre que lo que hace es apreciado. Luego lo desarrolla.
Creo que cada uno de nosotros nace con un juego de talentos. Para mí un talento es algo que uno hace fácilmente. Existe una curiosa mezcla equilibrada entre la pulsión que uno siente por lo que hace y la facilidad con la que lo hace. Esta conjunción hace que uno desarrolle su habilidad con asombrosa facilidad y naturalidad.
A medida que repite el proceso, encuentra nuevas distinciones, nuevas sutilezas, nuevas percepciones, que le convierten en alguien que desarrolla su destreza rápidamente. No es algo mágico sino puras matemáticas: cuanto más haces algo, mejor lo haces. Y cuanto mejor lo haces, más valor aportas. La pasión es un motor imparable.
Si te gusta hacer algo, simplemente hazlo. Después ya descubrirás para qué sirve. No te preguntes qué necesita el mundo, pregúntate qué te hace sentir vivo, porque lo que este mundo realmente necesita es gente que se sienta viva.
Si compartes tus problemas, los haces más grandes.
Empecé a escribir a modo de terapia. Era una época confusa para mí y que se prolongó durante mucho tiempo. Escribir era para mí una manera de ir encajando los numerosos reveses que recibía en mi vida. Tenía una especial habilidad para crearlos. De esta manera, cada vez que me sucedía algo desagradable, lo reescribía desde un punto de vista humorístico y me sentía mucho mejor. No sabía exactamente cómo funcionaba y tardé mucho tiempo en preguntármelo y en descubrirlo, pero a mí me funcionaba. Ahora sé que se trata de un reencuadre. Revisaba el suceso desde otro punto de vista y literalmente lo reescribía en mi cerebro de modo que me resultaba mucho más llevadero. Así desarrollé, sin saberlo, una habilidad preciosa para la profesión que comenzaré a ejercer en breve.
En un cierto punto, dejé de hacer eso para, literalmente, compartir mis propios problemas. Un día llegué a la conclusión de que algo estaba mal conmigo, así que me propuse averiguarlo. Para entonces yo contaba con una enorme masa de miles de lectores que puntualmente comentaban cada una de mis publicaciones, así que empecé a compartir con ellos mi nueva hipótesis de que yo estaba mal y además de alguna manera particular. Inicié entonces un proceso destructivo aprovechando la realimentación que me proporcionaban los lectores. En breve, no una sino decenas de cosas estaban mal en mí. La creatividad humana es interminable. Así, la cosa fue creciendo en proporciones y llegó a un cierto punto en que se me hizo inmanejable.
Lo que empieza, termina.
Poco a poco, y gracias a lo que hice con la PNL que estudié, fui siendo consciente de lo que El Sentido de la Vida había significado para mí y decidí terminar con él. Necesitaba soltar lastre y, siendo que empezaba a vislumbrar por fin cuál era el sentido de mi vida y para qué estoy aquí, El Sentido dejó de tener sentido para mí y la paradoja colapsó sobre sí misma.
Releí hace tiempo una entrevista que me hicieron hace unos años cuando el blog ganó el premio 20 Minutos del jurado popular y me sorprendí ante una de las respuestas que di, así como me sorprende ahora haber escrito que el blog ganó el concurso y no yo, pero eso es otra historia que le dejo a mi mente inconsciente resolver. Ya sabe cómo hacerlo.
Me preguntaron si sabría vivir sin ESDLV, y respondí “Me gustaría pensar que sí”. Esa es otra manera de responder que no. Así que me propuse saber vivir sin la página y terminar con ella.
No fue una decisión fácil. Había puesto una gran parte de mí en aquel lugar. Fue como cortarme un brazo. Pero todo lo que empieza, termina. Unas etapas deben ser cerradas para dar paso a otras nuevas, y en esta vida todo pasa, incluso la vida misma.
La vida tiene un hilo
Hacia los últimos años de ESDLV, me empecé a preguntar para qué escribía aquel blog. Lo encontraba un sinsentido. De hecho la página podría haberse llamado El Sinsentido de la Vida.
Durante un tiempo no supe el para qué. No sabía para qué me había servido todo aquel trabajo. Sentía que me había llevado muy poco de aquellos años, pero era imposible. Así que me pregunté qué había aprendido de aquella experiencia y, sobre todo, cómo encajaba en mi trayectoria vital. De alguna manera yo me escapaba por aquella ventana del navegador cada vez. Me sentaba al teclado, entraba en un trance profundo, y empezaba a aporrear las teclas completamente ajeno a mí. Miles de personas me recibían mientras yo sentía que desaparecía en el proceso. Era como si no fuera yo quien escribía, cuando precisamente era yo quien lo hacía. Curiosa paradoja.
Después empecé a estudiar Programación Neurolingüística y me interesé por la hipnosis. Aquello me apasionó, así que me pregunté qué tenía que ver ESDLV con todo eso, de qué manera estaban conectados. Me parecía que ambas cosas eran completamente inconexas.
Tardé un tiempo en darme cuenta de que la conexión era el lenguaje. Durante nueve años estuve desarrollando no sólo la escritura, sino mi habilidad con la lengua. También estuve desarrollando la ambiguedad, que es la base del lenguaje hipnótico ericksoniano. Me di cuenta de que lo que los lectores experimentaban con mis textos eran trances profundos, tan profundos como los trances en los que me sumergía yo mientras escribía. Como decía Erickson, si quieres que alguien vaya a un estado determinado, ve tú primero. Después me di cuenta, también, de que muchos de los estados que había compartido no eran especialmente agradables, así que me propuse hacerlo mejor. Abrí JavierMalonda.com y me propuse compartir, esta vez, sólo lo mejor de mí mismo. Y en eso estoy, sintiéndome satisfecho de ser consciente de mi trayectoria vital y de cómo las diferentes etapas se conectan entre sí. Decía Steve Jobs que la vida sólo se comprende cuando uno echa la vista atrás y puede unir todos esos puntos que en principio parecían inconexos. En mi experiencia, así es. Quizá tan solo no había vivido lo suficiente como para reunir los suficientes puntos. El elefante tenía que tener cuatro patas.
Cada tecla pulsada cuenta
A lo largo de los años, he llegado a desarrollar una relación muy estrecha con aquellos que me leen, como si la pantalla apenas fuera un velo sutil que nos separa. Me ha sorprendido siempre la manera tan agradable en la que me han tratado todos aquellos que he tenido la oportunidad de conocer a través del blog. Decenas de lectores me han ofrecido alojamiento en numerosas ocasiones en mis desplazamientos, y siempre he compartido grandes y muy placenteras experiencias con todos ellos.
Una vez, quizá en uno de mis momentos más bajos, un lector me escribió un breve e-mail que decía “Cada tecla pulsada cuenta”. Entonces me empecé a dar cuenta de que así era, de que cada pequeña acción, a veces tan sencilla como pulsar una tecla, cuenta. Todo importa y todos importamos. Cada pequeño gesto sirve para confeccionar la experiencia de la vida, y lo grandioso de la experiencia es que se acumula. Es la fantástica ventaja de hacerse mayor.
En breve comienzo una nueva etapa como programador neurolingüístico. Haré terapia, coaching y cambio rápido. Y sé que si estoy preparado es, en gran medida, por todo aquello que hice durante los nueve años que escribí aquel blog y por todo lo que aprendí haciéndolo. Visité las profundidades de la depresión y encontré la salida. Desarrollé mis habilidades lingüísticas durante casi dos lustros. Compartí mi propia experiencia y aprendí que somos todos muy parecidos y que, cambiando los detalles, todos vivimos vidas humanas muy similares.
Y también aprendí, especialmente, que cada vida tiene su sentido. Incluso la mía.