Mente consciente, mente inconsciente y los tres cerebros.
Este año completo mi formación PNLera con un máster en hipnosis ericksoniana, la hipnosis de Milton Erickson que Bandler y Grinder incorporaron a la Programación Neurolingüística mediante el modelo Milton del lenguaje. Este curso está resultando un viaje para mí. Acostumbrado a pensar de maneras lógicas y lineales, pensar de un modo ilógico y provocativo no es fácil. Como ingeniero, me gustan el blanco sobre negro y los límites bien definidos. No me resulta cómodo salirme de mi modo habitual de pensar y de utilizar el lenguaje pues me lleva a lugares desconocidos en los que no me siento cómodo todavía. Hay un algo en las palabras que me reconforta. Pensar pensamientos ya rumiados me aporta una cierta sensación de seguridad, mientras a la vez me impide aventurarme por caminos más frescos y novedosos.
Una de las píldoras que estoy tragando desde que empecé en la Programación Neurolingüística es la idea de la mente consciente y mente inconsciente. Como estudiantes, nos preguntamos en qué consiste exactamente esta división y cómo identificar una cosa y la otra. Entiendo la mente consciente como la mente que dialoga y que utiliza el lenguaje de una manera lógica, mientras que la mente inconsciente es la parte que permanece en silencio. El “escuchador”, por utilizar alguna palabra más familiar. La parte divertida, disparatada y creativa. La parte que se expresa en símbolos y metáforas, que traza paralelismos y que traslada significados de una manera natural y silenciosa. El lugar en nuestro interior pletórico de recursos y potenciales.
El fin de semana pasado di mi primer taller de hipnosis como profesor y me vi obligado a explicar mi propia versión de estas ideas. Entonces se me ocurrió relacionarlo con el concepto evolutivo de los tres cerebros. Lo más destacado de este concepto es la idea de que una gran parte del cerebro, casi su totalidad, es pre-verbal. Es decir, se desarrolló antes de la aparición del lenguaje.
La mente consciente representa apenas una pequeña fracción de la totalidad de la mente y, a la vez, es la parte que más absorbe la atención. Se requiere una gran cantidad de procesador mental para procesar el lenguaje y, al hacerlo, quedamos absorbidos por el mismo olvidando la enorme fracción de nosotros que desconoce las palabras y sus significados, que atiende principalmente a los tonos de voz y a la comunicación corporal. Prestamos demasiada atención a las palabras, encantados por ellas, y obviamos la mayor parte de la comunicación, relegándola al ámbito inconsciente. Nos gusta pensar que somos seres sofisticados y olvidamos que la mayor parte de nosotros, y también la más poderosa, es eminentemente mamífera y reptiliana. Y también es la que está en contacto directo con lo colectivo, con los arquetipos e ideas que resuenan en nuestro interior como seres humanos.
La mayor parte de lo que hacemos es inconsciente. Satisfacemos numerosas necesidades cada día que provienen de ese núcleo profundamente animal y desconocido con el que perdemos el contacto mientras somos educados para operar en sociedad. Después cubrimos todo ello con sofisticadas racionalizaciones y explicaciones. El lenguaje nos despista y nos aleja de lo que vemos, oímos y sentimos, nos aleja de lo que somos mediante una compleja trama de palabras con la que nos desconectamos de la experiencia sensorial directa. Llegamos a un punto en el que somos incapaces de ver un árbol, oír una pieza musical o disfrutar del sabor de una buena comida sin hacer un comentario en nuestro interior. Estamos tan habituados a nuestros propios trances hipnóticos que nos han llegado a pasar desapercibidos.
¿Cómo conectar más profundamente con lo que somos? ¿Cómo hacer más consciente nuestro inconsciente? ¿Cómo vivir más acordemente con esa naturaleza profunda de la que tanto nos hemos alejado?
«Lo que no se hace consciente se manifiesta en nuestras vidas como destino»
—C. G. Jung