Oír y escuchar

El anterior artículo hacía referencia a las diferencias entre ver, percatarse y observar. De la misma manera que la percepción mediante la vista permite varios niveles de profundidad, la percepción mediante el oído también ofrece diferentes niveles de calidad.

Uno puede creer que escuchar es algo sencillo. Sin embargo, prestar verdaderamente atención a alguien y escucharle con atención sin emitir juicios, sin interpretar y sin distorsionar lo que se oye, constituye una experiencia muy profunda.

Podemos distinguir cuatro niveles de escucha:


Oír

Es el nivel más superficial. Al oír registramos las ondas sonoras de la voz del otro. Puedes estar oyendo a alguien y al mismo tiempo estar pensando o haciendo otra cosa. Oír es algo que se puede hacer sin prestar atención, y es algo al alcance de cualquiera que tenga este sentido operativo.


Escuchar a

El segundo nivel consiste en escuchar a la otra persona, pero con una pregunta en mente: ¿Qué significa esto para mí? Escuchas desde dentro de tu propia experiencia, utilizando la experiencia de esa otra persona para activar tus propios recuerdos. Puede que te esté hablando de una conversación con su pareja y eso te haga pensar en una conversación parecida con la tuya. Se trata del nivel cotidiano de escucha, quizá adecuado para las conversaciones ordinarias pero superficial en comparación con otras posibilidades más profundas.


Escuchar para

Consiste en escuchar buscando algo en lo que la otra persona está diciendo. Tú tienes ya una idea en mente sobre lo que la otra persona te está contando y, en función de eso, tu mente filtra lo que oye y lo distorsiona para que encaje con la idea que estás sosteniendo. Generalmente esta idea viene acompañada de un diálogo interno, lo que hace que, mientras hablas contigo mismo, te estés perdiendo una enorme cantidad de información.


Escucha consciente

La escucha consciente consiste en una escucha profunda que se abstiene de realizar juicios. Uno se mantiene completamente al margen de lo que está escuchando a la vez que reduce al mínimo el diálogo interno. Es en este nivel en el que la intuición puede funcionar de una manera más profunda.


La escucha consciente encuentra tres obstáculos:

  • Diálogo interno: Si te estás escuchando a ti mismo no estás escuchando a la otra persona. En el extremo, es posible que tu diálogo interno ni siquiera tenga que ver con lo que la otra persona te esté contando (¿Qué haré hoy para comer?). Esta clase de diálogo interno garantiza que estás oyendo pero no estás escuchando. Si el diálogo interno tiene que ver con lo que te están contando, entonces estás “escuchando para”. Deja de hablarte y permite que te hable la otra persona.
  • Tensión muscular: No es fácil escuchar si estás tenso o nervioso, así que si descubres que tu atención disminuye, relájate. Asegúrate de encontrarte todo lo cómodo que te sea posible, así como de estar respirando continua y relajadamente. Cualquier incomodidad física, por pequeña que sea, es un factor de distracción.
  • Mirada fija: Tu mente estará más abierta y receptiva si utilizas todo el campo visual, así que suaviza el enfoque y amplía tu visión. Permanece todo el tiempo que puedas con una visión amplia y desenfocada.


Nadie nace sabiendo. Puedes practicar estas habilidades todos los días con todas las personas que encuentres. Poco a poco te irás dando cuenta de que tu calidad de escucha mejora, lo que facilitará que recuerdes más detalles de cada conversación y que seas consciente de detalles más sutiles en cadencias y tonos de voz. Tus interlocutores lo apreciarán, te lo hagan saber o no.

PD: Los conceptos de este artículo y del anterior están extraídos del libro “Coaching con PNL” de Joseph O’Connor.