La primera relación
Durante esta tormentosa semana que he atravesado he llegado a hacer una importante serie de descubrimientos sobre mí mismo. Uno de ellos es hasta qué punto me marcó mi primera relación. He tenido la oportunidad de hablar de la huella que suele dejar esta primera relación con otras personas y mis impresiones sobre su profundidad se han visto confirmadas, así que comparto aquí mi propia historia para quizá, hacerte reflexionar sobre cómo puede haberte afectado la primera relación que tuviste.
Es cierto que probablemente mi propia historia sea algo extrema. Incluso siéndolo, puede que encuentres puntos en común con tu propia historia que te sirvan para explorarte y conocerte un poco más.
Cuando contaba 21 años fui a pasar un verano a los Estados Unidos. Mi objetivo era pasar el verano trabajando allí, mejorando mi inglés y disfrutando de una experiencia al otro lado del planeta. Allí conocí a una chica cinco años menor que yo de la que quedé profundamente enamorado. Aquel verano no me hizo caso, pero conseguí su dirección de correo postal (el email era todavía cosa de unos pocos) y empecé a enviarle cartas para seguir en contacto con ella.
Dos años y docenas de cartas después, ella vino a verme a España. Allí comenzamos una especie de relación que, a saltos y viéndonos sólo en verano, duró unos ocho años.
Su madre era muy religiosa. Concretamente profesaba una vertiente religiosa denominada “Adventistas del séptimo día”. Fundamentalmente cristianos, tienen su propia interpretación de la biblia. Y ahí comenzó mi vía crucis.
Con 23 años, sexualmente me subía por las paredes. Enamorado perdidamente de ella como me encontraba, deseaba acostarme con ella más de lo que deseaba que me salieran alas y pudiera surcar los cielos como una enorme y torpe golondrina. una y otra vez tropecé con sus trabas religiosas. Así durante ocho años. Sí, para volverse loco. Literalmente.
Durante aquellos años acumulé, sin ser consciente de ello, una enorme cantidad de rabia y odio hacia las mujeres, enormes niveles de frustración y un interesante y muy poco útil juego de creencias. A las mujeres no les gustaba el sexo. El sexo estaba mal. Yo estaba mal por desear acostarme con ellas. Era un ser vergonzoso y culpable. Etc etc.
Creer es crear, y todas estas creencias y muchas más que me dejo en el tintero crearon para mí una vida en la que tuve numerosos problemas en cada una de mis posteriores relaciones y, cuando tuve sexo, rara vez lo disfruté plenamente. Estas creencias convirtieron mis relaciones con las mujeres en difíciles e incómodas. Yo daba una y mil vueltas para tener sexo con ellas y ellas interpretaban que quería algo más que sexo, con lo cual tendía a verme envuelto en relaciones más o menos serias sin saber cómo salir de ellas y creando mucho malestar y sufrimiento no sólo para ellas, sino también para mí.
Afortunadamente, la semana pasada saqué todo esto a la luz y lo pude por fin comprender, lo que me dio poder para cambiar las cosas. El primer paso para librarse de una actitud o de un comportamiento es ser consciente de que se está creando una y otra vez. Este tipo de cosas operan a nivel inconsciente, y ahí permanecen hasta que se detectan y se examinan. La tarea no es fácil, aunque es muy liberadora.
La primera relación representa una experiencia que nos marca hasta niveles que no son fáciles de comprender o identificar. Se trata de la primera vez en que nos abrimos completamente a alguien y cualquier cosa que nos venga de vuelta se imprime en nosotros con una fuerza enorme. Sé consciente de ello, y date cuenta de cómo aquella primera impresión puede haber marcado pautas en tu manera de relacionarte posteriormente con otras parejas. Es el primer paso para cambiar el modo en que te relacionas.
¿Cómo te marcó tu primera relación? ¿Qué fue lo que más daño te hizo? ¿Qué sientes todavía al recordarlo? ¿Dolor? ¿Odio? ¿Rabia? ¿Impotencia? ¿Frustración? Quizá quieras curar todo eso para vivir más plena y conscientemente.