Sé consciente del camino recorrido
Vivimos en una sociedad obsesionada con los resultados. Cuando comenzamos cualquier nueva afición, queremos llegar al quinto escalón sin pasar por los cuatro anteriores. La consecución de objetivos parece ser lo único que importa, y a menudo nos olvidamos de todo aquello que hemos hecho por el camino hasta llegar al punto en que nos encontramos. El resultado es que tendemos a olvidarnos del trabajo realizado y a pasar por alto los avances que hemos conseguido. Esto desemboca directamente en las procelosas aguas de la frustración.
En los talleres de PNL, tanto al principio como al final del fin de semana, hacemos una ronda que involucra a todo el grupo y en la que, de uno en uno, vamos contando qué hemos descubierto de nosotros mismos, de qué avances somos conscientes y qué nos llevamos del fin de semana. Esto me resulta muy importante por varios motivos.
Por un lado nos obliga a reflexionar sobre nuestros objetivos y cómo nos hemos acercado a ellos. Nuestras creencias sobre nosotros mismos y sobre nuestro propio valor nos suelen llevar a filtrar de nuestra experiencia aquello de valioso que hemos realizado ya, de modo que lo pasamos por alto. A veces basta con tomarse unos segundos para ser consciente de que hemos avanzado aunque sea un poco. Cualquier pequeño descubrimiento que hagamos nos ayuda a valorar nuestro trabajo y nos da moral e ilusión para seguir caminando con energías renovadas.
Por otra parte, el hecho de compartir en grupo estos descubrimientos tiene un curioso efecto, y es que a menudo lo que otros cuentan de su propio camino suscita recuerdos y descubrimientos propios, pues las vidas de los demás son metáforas de nuestras propias vidas.
Cuando un niño obtiene un aprobado en una asignatura, muchos padres se enfadan y le recriminan que no haya obtenido una nota más alta. Al hacerlo, olvidan que un cinco es la mitad de un diez, pero que es muchísimo más que un cero. De esta manera menosprecian a infravaloran el esfuerzo del chaval, que siente que todo lo que ha hecho no tiene ningún valor.
En nuestra mente creamos expectativas. Solemos crear un visión de nuestro objetivo completado y nos centramos en lo lejos que estamos todavía de llegar a esa visión. Eso nos produce sentimientos de frustración y nos resta energías de cara a continuar. Después de tanto trabajo, después de tanto esfuerzo, seguimos muy lejos de la meta, una meta que parece muy cercana puesto que la visualizamos con claridad en nuestra mente. Se nos olvida lo que hemos avanzado en el camino. Se nos olvida el lugar desde el que partimos y todo lo que llevamos andado.
Mantén siempre una visión de tu objetivo, y sé también consciente del lugar desde el que has partido y de los avances que has realizado hasta el momento actual. Si es necesario, escribe todo lo que ya has descubierto y realizado. Haz una lista de los puntos que ya has conseguido, de todos los pasos que ya has dado, de lo lejos que estás ahora del lugar de inicio. Centrarte en lo que ya has dejado atrás tiene un efecto contrario al mencionado: te permite ser consciente de tu trabajo, dar valor a lo que ya has avanzado y apreciar cada una de las cosas que has hecho para acercarte a tu meta. Esto te dará moral y energía para seguir avanzando en el camino, y te ayudará a valorar tu trabajo de una manera más justa, amable y positiva.
Recuerda siempre de dónde vienes.