Proceso de transformación

Estos días ando atravesando un profundo proceso de transformación. Me está resultando doloroso, y a menudo me veo sorprendido por mezclas de emociones que me embargan y me superan. A veces lloro, a veces me entra la risa. A veces entro en horas de actividad frenética y a veces me tumbo en el suelo simplemente a sentirme. Estoy desconcertado pero decidido a seguir hacia adelante y a atravesar todas estas capas de falsa envoltura que estoy encontrando hasta llegar a lo más profundo del ser que hay en mí.

Hace ya una semana que una persona a la que aprecio muchísimo me puso un espejo delante y descubrí en mí una compleja trama de engaños y mentiras tras la que me escondía. Entonces decidí despojarme de todo lo que había de falso en mí y me refugié en la soledad para dejarme salir de todas las maneras en que fuera necesario. Y ahí continúo.

He descubierto incongruencias y una infinita tristeza en mi interior que viene de largo, de muy largo. Atravesando estados y emociones, he hecho incontables descubrimientos sobre mí mismo.

He descubierto que llevaba no sé cuánto tiempo viviendo en mi cabeza, viviendo en un mundo interpretado y reinterpretado racionalmente una y mil veces para no sentir. Me había construido un castillo, una fortaleza, en cuyo interior vivía. Allí nada ni nadie podía hacerme daño. El precio: mis emociones.

Ahora he reconectado con esas emociones y me veo desbordado por ellas. En mis tripas hay dolor acumulado durante muchos años, quizá diez o quizá más. Algunas partes de mi cuerpo llevan tanto tiempo en tensión que esa tensión ha cristalizado en nudos y bolas que ahora siento con nitidez. Volver a sentirme con tanta intensidad me ha resultado desconcertante, y estoy necesitando tiempo para procesar todos mis sentimientos y mis emociones, para volver a dejarlas brotar y moverse en mi interior. Todavía no sé cuánto va a durar este proceso, pero necesito atravesarlo y llegar al otro extremo de una vez por todas.

He descubierto que mi primera relación marcó mi actitud hacia las mujeres, y fue una actitud de odio y resentimiento. Salí de aquella relación extraordinariamente dolido y decidí que nadie más me volvería a hacer daño. Fui incapaz de volver a conectar con una mujer, y siempre me mostré en guardia y protegido. Fui incapaz de rendirme y decidirme a construir algo juntos. Me refugiaba en el sexo y en su compañía evitando exponerme y ser como era, y me doy cuenta de que esa actitud me ha resultado tremendamente destructiva. Hice daño a todas y cada una de las mujeres que vinieron después de aquella primera, y me hice daño a mí mismo al hacerlo. Así, fui acumulando incomprensión, resentimiento y dolor a lo largo de los años, lo cual afectaba a todo lo que hacía y a todo aquel con el que me relacionaba.

Ahora estoy atravesando estas emociones. Dolor, tristeza, ira, resentimiento, incomprensión. A veces mis tripas se encogen y brotan las lágrimas. Y también brotan nuevas cualidades en mí: coraje, valentía, empatía, compasión, decisión, empuje, fortaleza, flexibilidad.

A lo largo de este proceso estoy cambiando profundamente. Mi tono de voz es mucho más profundo, grave y sereno. Mi mente está mucho más calmada y enfocada, y ya deja de bailar continuamente entre el pasado y el futuro, centrándose en lo que está sucediendo ahora. Mi respiración es mucho más pausada y tranquila. He dejado de correr, de sentir prisa y urgencia por llegar a algún lugar que desconocía, por hacer y hacer más y más cosas casi sin sentido.

No me está resultando nada fácil todo esto, pero sé que es necesario, que ha llegado el momento de enfrentarme a mí mismo para transformarme, en un proceso de transformación que llevaba ya dos años gestándose. Siento que me estoy dando la vuelta para resurgir renovado por el otro lado. Y soy consciente de que el ser que emerja será auténtico, genuino y enfocado, lleno de coraje, compasión y fuerza.

Ahora puedo sentir, me permito sentir, y me siento extraño en ese mar de sensaciones en el que me encuentro. Siento mi interior y siento todo lo que me conecta al mundo que me rodea. A los hombres se nos enseña en esta cultura a ocultar y a reprimir nuestros sentimientos, y ni nos explican cómo mover, gestionar y transformar esas emociones ni solemos contar con un ejemplo que lo haga. Y un hombre tiene una parte femenina, una parte sensible y empática, una parte emocional. Un hombre llora y se siente triste, y aunque levante la cabeza y continúe caminando, antes o después se verá obligado a detenerse y a lidiar con todo aquello que porta en su interior por haber ido negando, reprimiendo y acumulando. Y eso estoy haciendo ahora.

Y me siento. Me siento y me siento renovado. Me siento más y más completo a medida que voy integrando esa parte de mí que había negado y ocultado incluso de mí mismo. Y soy consciente día a día de que conecto con el mundo y lo experimento de una manera diferente y más plena. Veo diferente, oigo diferente y siento diferente a como lo hacía hace una semana. Y al hacerlo, mis valores y mis prioridades cambian y se transforman conmigo, y cada día encuentro más belleza en este mundo que me rodea.

Y mientras continúo en este proceso de transformación, hago un alto para compartirlo contigo. Muchas gracias por estar ahí.

Nos encontramos al otro lado.