Maestría: Los obstáculos del camino

Es fácil iniciar el camino de la maestría; el verdadero reto consiste en mantenerse en él. Además de las recompensas que encontraremos, también existen una serie de obstáculos y dificultades. Seguramente no podrás evitar los problemas, pero te ayudará tener una idea de lo que encontrarás por el camino. A continuación tienes una lista de los puntos más difíciles.


1. Estilo de vida conflictivo

El camino de la maestría no existe en una especie de vacío, sino que se abre paso a través de un florido paisaje de obligaciones, placeres, relaciones, etc. El viajero cuyo viaje coincide con su carrera y con su forma de vida está de buena suerte; otros tendrán que encontrar el lugar y el tiempo para la práctica. ¿Serás capaz de encontrar el equilibrio entre tu trabajo y tu camino? ¿Qué conflictos encontrarás? ¿Cómo solventarlos?

¿Cómo encajan las personas de tu entorno con tu nueva práctica? ¿Qué sucede con tu familia y tus amigos? ¿Tienes su apoyo en lo que estás haciendo?


“Nunca te cases con nadie que no sea amigo de tu excitación”

—Nathaniel Brandon, psicólogo.


2. Orientación obsesiva hacia los resultados

Quizá el mayor enemigo de la maestría sea el deseo de la mayoría de las personas hacia los resultados rápidos, fáciles y espectaculares. Está bien tener objetivos ambiciosos, pero la mejor manera de alcanzarlos es a través del cultivo de modestas expectativas a lo largo del camino. Si estás escalando una montaña, sé consciente de que el pico está ahí delante, pero deja de mirarlo. Mantén tus ojos en el camino.


3. Mala instrucción

Ya he hablado antes de la importancia de la instrucción y cómo reconocer a un buen instructor. Ríndete a sus instrucciones; sólo como un profesor, no como un gurú. Evita pasar de un profesor a otro, aunque también debes saber cuándo salir de una situación que no te está funcionando. Y recuerda: la responsabilidad sobre tus resultados no recae sobre tu profesor, sino sobre ti.


4. Falta de competitividad

La competición añade un poco de picante a la vida. El problema viene cuando el plato es demasiado picante: el jugador se indigesta. Toma la competición como una manera de afinar tus habilidades. Si no compites con lo mejor que tienes, estás degradando el juego e insultando a tu oponente. Ganar es un ingrediente importante, aunque debes recordar que hay muchas otras cosas en el plato. Ganar y perder con la misma elegancia son características de un maestro.


5. Exceso de competitividad

El aspirante a maestro que sólo piensa en ganar probablemente pierda a largo plazo. Hay quien piensa que ganar no es todo, sino que es lo único. Si ganar es lo único, ¿entonces qué hay de la práctica, de la disciplina, del condicionamiento y del carácter?Además, esta manera de pensar crea más perdedores que ganadores, pues sólo puede ganar uno. Quién sabe cuántos medallistas olímpicos se han quedado por el camino porque sus entrenadores pensaban que debían ganar a toda costa y que no importaba cómo se jugara.


6. Pereza

La pereza puede ser analizada en términos psicológicos como resistencia y dependencia. En términos más comunes, la pereza es la negligencia, falta de ganas o de disposición para hacer las cosas. Las malas noticias son que la pereza te sacará del camino. Las buenas noticias son que el camino es la mejor cura para la pereza.


7. Lesiones

Si el camino es un camino físico, probablemente te enfrentes a lesiones a lo largo del mismo. Algunas son leves y otras son graves, que te harán retirarte durante un tiempo o definitivamente. Excepto en los deportes de contacto serio, la mayor parte de las lesiones graves son evitables. Algunos motivos para lesionarse son estar excesivamente orientado a los resultados y jugar muy por encima de las propias posibilidades.

La mejor manera de evitar las lesiones es practicar estando presente en el aquí y el ahora, prestando atención al cuerpo y a sus señales. Sobrepasar los propios límites implica negociar con el cuerpo, no ignorar o descartar lo que nos dice. Evitar las lesiones serias es más cosa de ser consciente que de ser precavido.

Todo lo anterior se aplica tanto a lesiones físicas o como a lesiones mentales y emocionales.


8. Drogas

El uso de drogas puede proporcionarte la ilusión de resultados rápidos que promete nuestra cultura. En un principio puede parecer que funcionan, pero el uso continuado conduce inevitablemente al desastre. Si estás tomando drogas, no estás en el camino.


9. Premios y medallas

La dependencia extrema de motivación externa puede ralentizar tu marcha e incluso detener tu camino. Se han hecho experimentos en los que se premiaba a los escolares dándoles estrellas de oro por su aprendizaje. Al principio los niños se mostraban más motivados, pero su motivación disminuyó en seguida incluso incrementando el número de estrellas que se repartían. Si se dejaba de darles estrellas, entonces su nivel de progreso descendía incluso por debajo de otras clases que nunca habían recibido premios de este tipo.

Un estudio sobre los límites psicológicos de los corredores demostró que el principal factor para detener el progreso de un corredor es establecer un récord o ganar una carrera importante. De acuerdo con los autores del estudio, “Los campeones no se detienen en una velocidad concreta, sino cuando marcan un nuevo récord. Dado que es la medalla y no la velocidad lograda lo que detiene su progreso, no se considera que la velocidad tenga un límite fisiológico”.

Quizá no sepamos qué puede alcanzar un ser humano realmente hasta que no seamos conscientes de que la recompensa última no es la medalla de oro, sino el mismo camino.


10. Vanidad

Es posible que una de las razones por las que has emprendido el camino de la maestría sea para transmitir una determinada imagen, pero debes saber que para aprender algo nuevo y significativo tendrás que parecer un idiota. Incluso después de años de práctica, debes estar preparado para momentos de ridiculez. Cuando un gran jugador de baloncesto juzga mal un pase o un lanzamiento, lo hace frente a los ojos de miles de personas.

Si siempre estás pensando en las apariencias, nunca podrás alcanzar el estado de concentración necesario para un aprendizaje efectivo y un rendimiento máximo.


11. Exceso de seriedad

Sin la risa, los lugares rocosos y difíciles del camino te parecerán insoportables. El humor no sólo aligera la carga, sino que amplía la perspectiva. Un exceso de seriedad es sinónimo de una visión de túnel. Cuando escojas compañeros de viaje, aléjate de los solemnes y de aquellos que se den demasiada importancia.


12. Inconsistencia

La consistencia en la práctica es la marca del maestro. La continuidad puede ayudarte a establecer un ritmo que te apoye. Incluso los rituales pueden resultar útiles. Establecer un ritual de varios pasos te ayuda a entrar en materia, a centrarte y a desconectar del resto de tu vida. La inconsistencia no sólo te priva de tiempo de práctica, sino que hace la práctica más difícil. Sin embargo, aunque pierdas unos días de entrenamiento, evita utilizarlo como una excusa para dejar el camino. El camino de la maestría tiene sus ideas y venidas y precisa de una cierta flexibilidad de estrategia y acción.


13. Perfeccionismo

En cierto modo, es un problema que la tecnología nos haya posibilitado el acceso a los maestros en la comodidad del hogar. Si tocas la guitarra, encontrarás en YouTube cientos o miles de personas que toquen mejor que tú. Si dibujas, encontrarás en Internet millones de personas que lo hacen mejor que tú. Con apenas unos clicks tenemos acceso al fantástico trabajo de miles de personas a lo largo y ancho del mundo. ¿Cómo hablar de maestría siquiera?

También están aquellos que son demasiado críticos consigo mismos, que establecen estándares imposibles de cumplir y que resultan tremendamente destructivos para la creatividad. Se nos olvida que la maestría no va de perfección, va de camino, de proceso, de progreso. El maestro es alguien que está dispuesto a probar y a fallar, a volver a probar y a volver a fallar a lo largo de toda su vida.

En el fondo, cada uno de nosotros sólo compite consigo mismo.