Maestría: Los arquetipos del camino
Todos podemos aspirar a la maestría, aunque el camino es largo y en ocasiones difícil, y generalmente no promete recompensas rápidas ni fáciles. Es por esto que muchos se pierden en el camino. Dependiendo de cómo nos desviemos en el camino de la maestría, podemos clasificarnos en alguno de los siguientes arquetipos.
El aficionado
El aficionado se acerca a cada nueva actividad (ya sea un deporte, una oportunidad profesional, una relación) con enorme entusiasmo. Se siente especialmente atraído por todo aquello que involucra comenzar algo nuevo.
Cuando tiene su primera racha de progreso, se siente invadido por una extraordinaria sensación de satisfacción. Corre a contarlo a sus amigos, a su familia o a cualquiera que pueda atrapar unos minutos. Arde en deseos de volver a la actividad de nuevo. Sin embargo, el valle que se extiende tras la primera racha de progreso le toma por sorpresa.
El valle significa que el progreso va a ser más lento de lo esperado; avanzará más despacio de lo previsto. Esto se le hace al aficionado incomprensible e inaceptable. Su entusiasmo se desvanece rápidamente y comienzan las primeras racionalizaciones: “Esto no es lo mío. Es demasiado aburrido, peligroso, agresivo, etc”. Habla de nuevo con las personas a las que les contó su nueva actividad y les explica que ésta no satisface sus especiales y personales necesidades. En este momento abandonará la nueva actividad para comenzar otra, que le permitirá revivir de nuevo el gratificante escenario de comenzar con algo novedoso. Quizá llegue esta vez al segundo valle, quizá no. Y entonces, de nuevo, se lo dejará para centrarse en otra cosa.
Este patrón se aplica a muchas áreas de su vida. Puede tratarse de nuevos deportes, nuevos idiomas, nuevos trabajos, nuevos colegas. El mundo entero presenta una nueva oportunidad en cada esquina. El aficionado saliva ante la vista de las recompensas que imagina en su mente. Se relame con cada señal de progreso, que comparte diligentemente con sus familiares y amigos. Hasta que llega el valle de nuevo. Entonces, es hora de empezar a buscar en otro lugar.
El obseso
El obseso no se conforma con un segundo puesto. Sabe que los resultados son lo verdaderamente importante. No importa cómo los consiga mientras lo haga rápido. De hecho, se esfuerza enormemente en hacerlo todo bien en la primera lección. Se queda hablando con el instructor después de la clase. Le pregunta qué libros y cursos puede comprar para progresar más rápidamente.
El obseso comienza haciendo progresos sólidos muy pronto. La primera racha de avance es exactamente lo que esperaba, pero cuando ésta pasa y se encuentra en el primer valle, no puede aceptarlo. Redobla el esfuerzo. Se obliga sin piedad. Rechaza los consejos de moderación. Al final, frustrado por la ausencia de resultados consistentes, abandona el camino.
El hacker
El hacker tiene una actitud diferente a los anteriores. Después de familiarizarse con lo que sea que está haciendo, está dispuesto a permanecer en el valle del aprendizaje de manera indefinida. Prefiere sacrificar etapas esenciales del camino mientras pueda compartir sus habilidades con otros hackers. Es el profesional que se salta los congresos de su campo de trabajo. Es el jugador de tenis que desarrolla un saque brutal e imparable y cree que eso suplirá sus carencias en otras áreas del juego.
Estas categorías no son necesariamente excluyentes en una misma persona. Es decir, puedes ser un aficionado en un área de tu vida y un obseso en otra. Puedes estar en el camino de la maestría en tu trabajo y ser un hacker jugando al tenis. Incluso en un mismo asunto, puedes variar entre los diferentes arquetipos. Sin embargo, los patrones de comportamiento suele prevalecer, reflejando y dando forma así a tus pensamientos, a tu carácter y a tu destino.
Estos arquetipos son útiles para saber cuándo te has desviado del camino de la maestría. Lo realmente importante es ponerte manos a la obra, retornar al camino y empezar de nuevo a avanzar en él.