Maestría: Las cinco claves

George Leonard identifica cinco claves en el camino de la maestría. Cada una de estas claves está asociada a un concepto, y éstos son los siguientes:

  1. Instrucción
  2. Práctica
  3. Rendición
  4. Intencionalidad
  5. El límite

Veamos las cinco claves con más detenimiento.


1. Instrucción

Hay algunas habilidades que puedes aprender por tu cuenta, pero si pretendes emprender el camino hacia la maestría, te conviene buscar instrucción de primera clase. Aquel que aprende por sí mismo se encuentra en un camino que depende, en gran medida, del azar.

La búsqueda de un buen instructor comienza con un vistazo a sus credenciales. ¿Quién era el profesor de tu profesor? Las credenciales son importantes, aunque también conviene prestar atención a otras consideraciones. Ser muy bueno haciendo algo no significa necesariamente ser muy bueno enseñándolo a otros.

Para formarte la imagen más precisa de un profesor, observa a sus estudiantes. Ellos son su obra de arte. Si es posible, acude a una primera sesión antes de elegir a tu profesor. Presta atención a la interacción entre él y sus alumnos. ¿Cómo procede? ¿Cuál es su estrategia? ¿Anima a los estudiantes o les recrimina? Ridiculizar o humillar a un estudiante puede destruir su confianza y su autoestima. ¿Se enfoca el profesor en los alumnos más avanzados o trabaja también con soltura con los rezagados y más lentos?

El conocimiento, la experiencia, las habilidades técnicas y las credenciales son importantes, aunque sin la paciencia y la empatía necesarias para enseñar a aquellos que están empezando o son más lentos, estos méritos significan muy poco.


2. Práctica

La práctica es el camino mismo por el que viajas. Vivimos en una sociedad obsesionada con la obtención de objetivos. “No importa cómo ganes; gana”, “No me digas cómo lo vas a hacer; sólo hazlo”, “Ganar no lo es todo; es lo único”. En este contexto, el valor de un viaje sin objetivos resulta incomprensible, si no directamente estúpido.

Las personas a las que conocemos como maestros en lo que hacen no practican para mejorar; adoran practicar, y es por ello que mejoran. Y para completar el círculo, cuanto más mejoran, más disfrutan repitiendo los movimientos más básicos una y otra vez. El maestro en cualquier disciplina es un maestro de la práctica, del ensayo, de la repetición. La maestría consiste en mantenerse en un camino de baldosas de práctica.


3. Rendición

El coraje de un maestro se mide por su voluntad de rendición. Esto significa rendirse al profesor y a las exigencias de la disciplina y de su aprendizaje. Significa estar dispuesto a dejar atrás el nivel que uno ha alcanzado con tanto esfuerzo para acceder a otro nivel de competencia.

Las primeras etapas de cualquier nuevo aprendizaje significativo están marcadas por el espíritu del tonto. Es casi inevitable que te sientas torpe y que cometas muchos errores. Es algo que debes estar preparado para reconocer y asumir. El principiante que se refugia en su dignidad se comporta de una manera rígida, tan acorazada que el aprendizaje no puede atravesar esa armadura. Si tu profesor te pide que te pongas sobre un pie y te metas un dedo en la nariz, a menos que encuentres una razón realmente buena para negarte, haz lo que te dice. Da cera, pule cera.

Prácticamente cualquier aprendizaje, prácticamente para cualquier habilidad, implica una cierta dosis de deshonra. Es posible que las primeras veces que saltes del trampolín caigas de panza y atraigas la atención del resto de la piscina. A menos que estés dispuesto a aceptar eso, olvídate de saltar. Patinar sobre hielo exige caídas, a menudo sobre el trasero. El hielo está frío y duro. Este tipo de inconvenientes no sólo está reservado a los principiantes; también les ocurre a los deportistas olímpicos. Si quieres llegar hasta allí, debes estar dispuesto a asumirlo. Cuanto antes lo hagas, mejor.

Y después están las repeticiones interminables, los movimientos básicos que deben ser repetidos una y otra vez. ¿Quién comenzaría una carrera musical si supiera que acabará repitiendo escalas quizá cientos de miles de veces? Debes rendirte a la evidencia. La esencia del aburrimiento se encuentra en la búsqueda obsesiva de la novedad. La satisfacción yace en la repetición llevada a cabo como si de una meditación se tratara: completamente presente, descubriendo la interminable riqueza de las variaciones sutiles de movimientos familiares.


4. Intencionalidad

La intencionalidad está compuesta de otras palabras: carácter, fuerza de voluntad, actitud, imaginación, juego mental. Es un componente esencial del camino de la maestría.

El poder del juego mental empezó a ser estudiado a mediados de los 70, principalmente al investigar la manera en que algunos grandes deportistas lograban sus resultados. El golfista Jack Nicklaus, por ejemplo, explicaba que nunca golpeaba la bola sin visualizar claramente primero el vuelo perfecto de la misma y su descenso triunfante en su destino. Decía que un golpe perfecto estaba compuesto de un 50% de visualización, un 40% de preparación y sólo un 10% de swing.

Lo que sucedió en aquella época fue que el entrenamiento deportivo había alcanzado tal nivel que sólo podían lograrse mejoras en incrementos infinitesimales. Cuando Nicklaus explicaba que el swing sólo representaba un 10%, probablemente era porque su swing era ya casi perfecto. El reino de la mente era la nueva tierra, el lugar en el que los pioneros en las prestaciones deportivas podían lograr los mayores progresos.

Desde entonces se han hecho grandes avances en este campo. Se han desarrollado multitud de técnicas que combinan ejercicios de relajación y de visualización. También se han utilizado afirmaciones subliminales en grabaciones de audio. Se ha comprobado que imaginar mentalmente un movimiento dispara las mismas neuronas que si se realizara realmente. Se han hecho grupos en los que unos deportistas entrenaban una disciplina mientras que otros se sentaban a visualizar mentalmente las prácticas, y los resultados fueron muy sorprendentes.

Los pensamientos, las imágenes y las sensaciones son muy reales. En gran medida, el primer paso es crear una visión magnífica. Esa visión es la que creará la motivación necesaria para seguir adelante. La intencionalidad es el combustible del camino de la maestría. Cada maestro es un maestro de su propia visión.


5. El límite

Este punto puede parecer paradójico, y en cierto modo lo es. Los maestros están continuamente dedicados a los fundamentos de su práctica. Ensayan una y otra vez, conocedores de que los pasos son pequeños e incrementales. Y a la vez, son precisamente ellos que desafían los límites anteriores, asumen riesgos y a veces se obsesionan con la búsqueda de nuevos techos. El truco está en encontrar el dulce punto medio: poner a prueba los límites mientras que se camina la fina línea entre la práctica interminable y sin objetivos y las deliciosas nuevas metas que se presentan a lo largo del camino.

Buscar el límite es una cuestión de equilibrio. Uno debe ser consciente de cuándo se está empujando por encima de la zona de seguridad. En esa consciencia, aquel que se encuentra en el camino de la maestría elige ir un poco más allá. La prudencia es otro componente importante.

¿Y después? Después más tiempo en el valle, más tiempo en el interminable camino de la práctica y el ensayo.