Maestría: El perfil del camino
El camino de la maestría tiene un perfil muy definido. Aprender cualquier nueva habilidad implica pequeños progresos puntuales tras los cuales nos encontramos de nuevo en un valle de aparente estancamiento. El camino es, en realidad, una sucesión de aparentes estancamientos, de valles, cada uno a más altura que el anterior.
El progreso no es necesariamente regular y constante, y cada uno de los valles tiene sus pequeñas subidas y bajadas. Uno debe practicar de manera diligente, trabajando continuamente para ajustar sus destrezas hasta llegar a nuevos niveles de competencia. Y mientras haces esto, debes saber y aceptar que pasarás la mayor parte de tu tiempo en un aparente estancamiento. Debes comprender que tendrás que seguir practicando aun cuando te parezca que no estás yendo a ningún sitio.
¿Por qué tiene lugar la progresión en forma de rachas? ¿Por qué no podemos hacer un progreso continuo en el camino de la maestría? Debemos seguir practicando un punto en particular una y otra vez hasta que llegamos a su competencia inconsciente, es decir, hasta que ese punto ha quedado arraigado en la mente inconsciente y pasa a funcionar en piloto automático, liberando así a la mente consciente para centrarse en otra parte de la tarea.
Karl Priban, profesor de neurociencia e investigador pionero en la universidad de Stanford, describe este fenómeno de acuerdo a un modelo de sistema mente-cuerpo. Comienza su explicación con lo que llama el “sistema de comportamiento habitual”. Este sistema involucra el circuito reflejo de la médula espinal así como las diferentes partes del cerebro a las que está conectado. Este sistema posibilita que puedas hacer determinadas cosas (devolver un servicio de tenis, tocar la guitarra, preguntar en otro idioma) sin que tengas que preocuparte sobre cómo lo haces. Cuando aprendes una nueva habilidad, en cambio, tienes que pensar en lo que estás haciendo, y tienes que hacer un esfuerzo para reemplazar antiguos patrones de sensibilidad, movimiento y cognición.
En este modelo entran en juego dos sistemas: el sistema habitual, asociado con el cognitivo, y el sistema de esfuerzo, que se encuentra asociado con el hipocampo. El sistema cognitivo y el de esfuerzo crean un puente con el sistema habitual que nos permite crear nuevos comportamientos a partir de los ya existentes. Se trata de una reprogramación de los patrones habituales de comportamiento, que se van modificando, ampliando y extendiendo. Una vez los nuevos comportamientos han sido asimilados a través de la repetición, la disonancia entre los diferentes sistemas se ha reducido a cero y los nuevos patrones se realizan sin esfuerzo consciente alguno.
De acuerdo a este modelo, una etapa de aprendizaje termina cuando el sistema habitual ha sido reprogramado con la nueva tarea y los sistemas cognitivo y de esfuerzo se han retirado. Esto significa que puedes llevar a cabo la nueva tarea sin pensar, o procesar conscientemente, en las diferentes partes que la componen. Es en este punto cuando nos damos cuenta de que ha habido una aparente racha de aprendizaje, pero lo cierto es que este aprendizaje ha tenido lugar todo el tiempo.
Piensa, por ejemplo, en cuando aprendiste a conducir. Una maniobra para desaparcar el coche implica una serie de movimientos coordinados que son ejecutados en un orden concreto. Estimas la distancia en la que puedes maniobrar, miras por los retrovisores, engranas marchas adelante y atrás, manejas los pedales con facilidad, utilizas los intermitentes. No puedes desaparcar con soltura hasta que no dominas cada una de las piezas del proceso. Con la práctica, terminas realizando la tarea sin apenas pensar en lo que estás haciendo. Simplemente lo haces. Has aprendido una serie de pequeñas habilidades que has ido combinando entre sí para llegar a construir una habilidad superior que emplea a todas las anteriores.
¿Cuál es la mejor manera de afrontar el camino de la maestría? Debes practicar de manera diligente, y debes estar dispuesto a practicar sólo por el placer de la misma práctica. En vez de sentirte frustrado mientras te encuentras en cada uno de los valles del camino, aprende a disfrutarlos tanto como aquellos momentos en los que te encuentras con un avance evidente.