Proyección psicológica
La proyección es un mecanismo psicológico mediante el cual el individuo atribuye a otras personas sentimientos, pensamientos o impulsos propios que niega o le resultan inaceptables. Algunas de nuestras cualidades, deseos o sentimientos nos producen ansiedad y tendemos a proyectarlos sobre otras personas. Esto es válido tanto para características negativas como para positivas.
En todo conocimiento se da una relación entre sujeto y objeto. El sujeto es el polo cognoscente y el objeto es el polo conocido. Los límites entre uno y otro son difusos, y lo externo y lo interno se mezclan de una manera que resulta imposible de separar taxativamente. El mundo interno tiende a teñir el mundo externo con sus propias características.
Esta realidad psíquica es la base de los tests psicológicos proyectivos, como las manchas de Rorschach. En estos tests se presentan una serie de formas carentes de significado, y es el sujeto el que reinterpreta lo que ve en función de su propia percepción, en función de lo que su mente proyecta sobre la mancha amorfa.
Cuando piensas en otra persona, te caiga bien o te caiga mal, experimentas una especie de sensación interior sólo por el hecho de pensar en esa otra persona. Esto significa que estás experimentando un sentimiento incluso en ausencia de la misma. Lo que importa en cualquier relación es lo que sucede en tu mente, pues es ahí donde existen las relaciones. Recuerda que una relación es una nominalización, un algo que no existe físicamente. Se trata de artificios mentales. La relaciones no existen, sino que existen las personas que se relacionan. Resulta muy poco conveniente operar sobre la relación, y mucho más efectivo operar sobre la manera que uno tiene de relacionarse.
Por otra parte, solemos hablar de nuestra relación como si fuera un ente real. “La relación no va bien”, “La relación no marcha”. En esos casos estamos convirtiendo la relación en una cosa viva a la que alimentamos con nuestro poder y a la que otorgamos unas facultades sobrenaturales para manejar nuestras vidas, en vez de sencillamente replantearnos cómo nos estamos relacionando con la otra persona.
A menudo pensamos que “conocemos” a otras personas cuando en verdad lo que estamos haciendo es proyectar sobre ellas nuestra propia realidad. Lo importante es darse cuenta de que aquello que proyectamos en los demás es, en verdad, una afirmación sobre nosotros mismos. Esto nos permite recuperar el control sobre lo que está sucediendo para poder hacernos cargo y trabajar aquellos aspectos de nosotros de los que no deseamos hacernos responsables y que están jugando en nuestra contra.
La PNL cuenta con una técnica, la del metaespejo, que permite explorar aquellas relaciones que nos hacen sentir mal. En la misma, recreamos en el espacio la interacción y nos movemos a través de distintos papeles, poniéndonos en nuestra posición, en la posición de la otra persona, en la posición de un observador y en la posición de un observador que observa a los dos primeros y al primer observador. Esta técnica facilita la toma de perspectiva y la disociación de los sentimientos que se generan durante la interacción, permitiendo percibir matices que de otra manera nos pasarían desapercibidos.
Robert Dilts, el fundador de la terapia Gestalt, decía lo siguiente a propósito de la técnica del metaespejo de la PNL:
La idea del metaespejo consistía en darnos cuenta de que, muy a menudo, lo que encontramos difícil en los demás es precisamente aquello que no hemos resuelto dentro de nosotros mismos. Si lo hubiéramos resuelto inicialmente, nunca se hubiese convertido en un problema crónico (…).
Tiendo a creer que los demás son algo así como manchas de Rorschach, que sabemos poquísimo del mapa del mundo de otra persona. Así, sucede que proyectamos cosas en ella igual que lo hacemos en la mancha de tinta. Y debo decir que el hecho de que haya estado casado con mi esposa más de veinte años no cambia mucho las cosas. De hecho, es aún más confuso cuando la persona está frente a ti, porque entonces crees que estás respondiendo realmente a ella (…). El potencial de esa otra persona, el potencial de mi esposa, no es mi mapa de ella. Y éste no cambia sólo porque ella esté ahí, físicamente frente a mí. Lo que hace es confundirse con ella. De este modo, la otra idea del metaespejo consiste en la comprensión de que, probablemente, muchas de las dificultades que experimentamos con los demás están más relacionadas con nuestra proyección y nuestra interpretación que con su verdadera intención, su potencial, su identidad, etc.
—Dilts (1977)
La proyección tiene un papel especialmente interesante en el amor, cuando solemos atribuir a la persona amada determinadas características que sólo existen en nuestra personalidad. Frases como “La ausencia hace que el corazón se enternezca” son muestra de casos de proyección. Sin la otra persona presente para devolvernos a la realidad, nuestras mentes quedan libres para crear cualquier fantasía que nos venga en gana.
“Envolvemos al amado en capas de cristal, y vemos una visión en lugar de una persona durante todo el tiempo que dura el encanto”
—Stendhal
“Es la terrible ofuscación del amor lo que nos implica, desde el principio, en un juego que no acontece con una mujer del mundo real, sino con una muñeca imaginada en nuestra mente”
—Proust
Gran parte del trabajo que se realiza en el desarrollo personal consiste en librarse de estas proyecciones estableciendo una frontera definida entre la descripción que hacemos de lo que sucede y lo que sucede realmente. Casi constantemente interpretamos todo lo que está teniendo lugar y lo tomamos por cierto, creyendo y creando nuestra propia interpretación de las cosas y viviendo de acuerdo a ella, distorsionando por tanto los hechos e involucrando a otras personas en nuestro ensueño, creando un conflicto que en realidad sólo existe en nuestro interior. La meditación ayuda a trazar esta frontera y, de hecho, uno de sus objetivos es aprender a ver las cosas como realmente son.