El cerebro y las situaciones de emergencia
El cerebro está compuesto por varias capas diferentes que han ido evolucionando unas sobre otras. En la parte más profunda, la amígdala, la herencia reptiliana, el vestigio más primitivo. En la parte más evolucionada, el lóbulo prefrontal. Cada una de estas áreas controla diferentes funciones del ser humano.
Cuando nos enfrentamos a un peligro que amenaza nuestra supervivencia, si por ejemplo tenemos un encuentro con un animal salvaje y nuestra vida pende de un hilo, entra en juego la amígdala. Es una especie de pequeño procesador con un juego limitado de instrucciones pero muy eficientes. En ese caso las acciones disponibles son la huida o la lucha, y por eso se conoce habitualmente a este mecanismo como el mecanismo “flight or fight”. Si estamos ante un león, hay que reaccionar rápido. No hay tiempo para las decisiones meditadas; sólo hay tiempo para la acción.
Cuando se activa la amígdala, el cuerpo se reconfigura para actuar rápidamente. El ser humano entra en situación de emergencia y se desactivan todas aquellas funciones secundarias. El cerebro pesa un 2% del peso corporal pero consume el 25% de la sangre. En situaciones de emergencia, el flujo sanguíneo cerebral se reduce al mínimo para reconducirse hacia los músculos. Se desactivan entre otras las funciones digestivas y sexuales, pues ahora hay asuntos más importantes que atender. Se activan las glándulas suprarrenales y el cuerpo queda listo para la acción inmediata al máximo de sus posibilidades físicas.
Este mecanismo de emergencia tenía su razón de ser hace miles de años, cuando el ser humano estaba continuamente amenazado en su supervivencia. El problema es que, en la actualidad, este sistema se activa en situaciones cotidianas en las que el peligro y el riesgo son meramente invenciones mentales. Se trata de situaciones de riesgo percibido, pero irreal. En determinados casos, el sistema de emergencia permanece activado de manera casi permanente produciendo una serie de repercusiones sobre el organismo. Problemas digestivos, disfunciones sexuales, ausencia de pensamiento creativo, etc.
La neurología ha probado que un diálogo mental negativo sostenido altera la configuración del cerebro, modifica el flujo sanguíneo y repercute sobre el cuerpo y sus funciones básicas, pues la mente y el cuerpo están íntimamente unidos. Todo esto lo explica el doctor Mario Alonso en una entrevista en TV3 de una manera mucho más brillante que yo, así que pongo a continuación el vídeo para que puedas escuchar sus explicaciones y observar sus diapositivas.
Espero que lo disfrutes.
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