Yo soy. Las etiquetas del ser.

En lo alto de la pirámide de los niveles neurológicos encontramos la identidad. Nuestra identidad está íntimamente relacionada con el uso del verbo ser, desde nosotros hacia nosotros y desde otros hacia nosotros. Si uno se repite a sí mismo habitualmente “Yo soy valiente”, o si a uno le repiten habitualmente “Eres valiente”, esta creencia sobre la identidad termina arraigando y afectando a todos los niveles inferiores. Esto afectará a los propios valores y creencias sobre el mundo, y también afectará a lo que haces, dónde lo haces, cómo y con quién. Si te repites “Yo soy cobarde”, o si te repiten “Eres cobarde”, de la misma manera estarás formando nuevos valores y creencias acordes con esa identidad, actuando también de determinadas maneras y en determinados contextos. Repito que la identidad es un pilar fundamental del ser humano y tiene una repercusión enorme sobre la propia vida. De ahí que se suela decir que es importante tener una alta autoestima, que viene a ser una identidad sólida y acorde a las necesidades que planteen los resultados que uno se ha propuesto obtener, o al menos que encaje dentro de la dirección en la que hayamos decidido encaminar la propia vida.

El verbo ser es un verbo que se emplea con mucha ligereza. Demasiada, en mi opinión. Nuestras mentes son esponjas. Están abiertas por todos los lados. Somos permeables a todo y a todos. Nos influyen e influimos, pues somos altamente inflamables, y a generalmente estas influencias se ejecutan de una manera inconsciente, poco menos que azarosa e irresponsable. Juzgarnos de manera negativa, o hacer lo mismo con otros, es una imprudencia.

La necesidad de pertenecer a un grupo es una de las necesidades más profundas del ser humano. Todos deseamos en mayor o menor medida ser aceptados dentro de nuestro entorno y recorremos grandes distancias para asegurar que así sea. Para ello, mientras crecemos, nos damos cuenta de que existen muchas cosas que no queremos ser. Puede encontremos algo de nosotros que rechazamos o que otros rechazan, y tratamos desesperadamente de evitar ese rechazo no siendo aquello que parece ser rechazado. No queremos ser tontos o idiotas. Ni siquiera queremos parecérselo a alguien. No queremos ser irresponsables, olvidadizos. No queremos ser imbéciles, locos o soñadores.

No nos damos cuenta de que todo eso no son más que etiquetas que alguien, en algún momento, puso sobre nosotros en función de su propia percepción. En algún momento alguien tachó uno de nuestros comportamientos de infantil, estúpido o cualquier otra cosa y decidimos que, como no queríamos ser eso, enterraríamos esa parte de nuestra personalidad en los sótanos de la inconsciencia. Al hacerlo, sin saberlo, estábamos mutilando nuestro ser. Estábamos tomando una parte de nosotros y aparcándola a un lado. Y así funcionamos los seres humanos, mutilados, empequeñecidos, permitiéndonos ser solamente aquello que nunca nos reprocharon. Esta forma de actuar tiene notables desventajas.

  • Miedo a ser: Tenemos miedo a ser. Miedo a ser determinadas cosas, determinadas cosas que alguien nos reprochó en algún momento de nuestras vidas. Tenemos miedo a permitirnos ser algo que podría desagradar a otros. Este miedo, esta vergüenza, nos acompañará el resto de nuestras vidas a menos que lo identifiquemos y lo controlemos de una manera consciente.
  • Emergencias inconscientes: Estas partes del ser reprimidas no desaparecen, sino que quedan latentes, pues son una parte de nosotros de la que jamás nos podremos desembarazar. En determinados momentos, cuando sea conveniente, esta parte del ser emergerá de manera inconsciente, esto es, sin que nos demos cuenta. Habrá momentos en los que actuemos de maneras desconocidas y descontroladas. Y todo ello bajo el radar, fuera de la percepción consciente.
  • Amputación del ser: Reprimiendo estas partes de nosotros mismos operamos a medio gas, dejando en el sótano fantásticos recursos que podríamos utilizar si consiguiéramos reconocerlos y transformarlos. Con el ser mutilado, estamos viviendo muy por debajo de nuestras posibilidades.

Dicen que una de las consecuencias de la evolución de la consciencia, y uno de los síntomas de un avanzado estado de paz, es una drástica reducción de los juicios sobre uno y mismo y sobre otros. Esto es, dejamos de poner etiquetas sobre los comportamientos propios y ajenos. Simplemente los aceptamos y operamos en función de las nuevas circunstancias. Dado que gran parte del ruido mental son diálogos internos en los que nos juzgamos a nosotros mismos o juzgamos a otros, eliminar el juicio sobre el ser reduce drásticamente el ruido mental y repercute directamente sobre la felicidad.

Mientras tanto, permítete ser cualquier cosa. Permítete ser tonto, idiota, gilipollas, imbécil, loco, soñador o lo que sea menester. Cualquiera de estas partes del ser es parte de tu personalidad y puede ser un gran recurso en el contexto adecuado. Si a alguien no le gusta cómo eres, es su responsabilidad gestionarlo como pueda.

Atrévete a ser. Como seas. Ese será, durante el resto de tu vida, tu mayor reto.


“Individuación significa llegar a ser un individuo y, en cuanto por individualidad entendemos nuestra peculiaridad más interna, última e incomparable, llegar a ser uno Mismo. Por ello se podría traducir individuación también por mismaciónautorrealización.”

—Carl Gustav Jung