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Desarrollo personal inteligente

Archive for julio, 2010

Yo soy. Las etiquetas del ser.

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En lo alto de la pirámide de los niveles neurológicos encontramos la identidad. Nuestra identidad está íntimamente relacionada con el uso del verbo ser, desde nosotros hacia nosotros y desde otros hacia nosotros. Si uno se repite a sí mismo habitualmente “Yo soy valiente”, o si a uno le repiten habitualmente “Eres valiente”, esta creencia sobre la identidad termina arraigando y afectando a todos los niveles inferiores. Esto afectará a los propios valores y creencias sobre el mundo, y también afectará a lo que haces, dónde lo haces, cómo y con quién. Si te repites “Yo soy cobarde”, o si te repiten “Eres cobarde”, de la misma manera estarás formando nuevos valores y creencias acordes con esa identidad, actuando también de determinadas maneras y en determinados contextos. Repito que la identidad es un pilar fundamental del ser humano y tiene una repercusión enorme sobre la propia vida. De ahí que se suela decir que es importante tener una alta autoestima, que viene a ser una identidad sólida y acorde a las necesidades que planteen los resultados que uno se ha propuesto obtener, o al menos que encaje dentro de la dirección en la que hayamos decidido encaminar la propia vida.

El verbo ser es un verbo que se emplea con mucha ligereza. Demasiada, en mi opinión. Nuestras mentes son esponjas. Están abiertas por todos los lados. Somos permeables a todo y a todos. Nos influyen e influimos, pues somos altamente inflamables, y a generalmente estas influencias se ejecutan de una manera inconsciente, poco menos que azarosa e irresponsable. Juzgarnos de manera negativa, o hacer lo mismo con otros, es una imprudencia.

La necesidad de pertenecer a un grupo es una de las necesidades más profundas del ser humano. Todos deseamos en mayor o menor medida ser aceptados dentro de nuestro entorno y recorremos grandes distancias para asegurar que así sea. Para ello, mientras crecemos, nos damos cuenta de que existen muchas cosas que no queremos ser. Puede encontremos algo de nosotros que rechazamos o que otros rechazan, y tratamos desesperadamente de evitar ese rechazo no siendo aquello que parece ser rechazado. No queremos ser tontos o idiotas. Ni siquiera queremos parecérselo a alguien. No queremos ser irresponsables, olvidadizos. No queremos ser imbéciles, locos o soñadores.

No nos damos cuenta de que todo eso no son más que etiquetas que alguien, en algún momento, puso sobre nosotros en función de su propia percepción. En algún momento alguien tachó uno de nuestros comportamientos de infantil, estúpido o cualquier otra cosa y decidimos que, como no queríamos ser eso, enterraríamos esa parte de nuestra personalidad en los sótanos de la inconsciencia. Al hacerlo, sin saberlo, estábamos mutilando nuestro ser. Estábamos tomando una parte de nosotros y aparcándola a un lado. Y así funcionamos los seres humanos, mutilados, empequeñecidos, permitiéndonos ser solamente aquello que nunca nos reprocharon. Esta forma de actuar tiene notables desventajas.

  • Miedo a ser: Tenemos miedo a ser. Miedo a ser determinadas cosas, determinadas cosas que alguien nos reprochó en algún momento de nuestras vidas. Tenemos miedo a permitirnos ser algo que podría desagradar a otros. Este miedo, esta vergüenza, nos acompañará el resto de nuestras vidas a menos que lo identifiquemos y lo controlemos de una manera consciente.
  • Emergencias inconscientes: Estas partes del ser reprimidas no desaparecen, sino que quedan latentes, pues son una parte de nosotros de la que jamás nos podremos desembarazar. En determinados momentos, cuando sea conveniente, esta parte del ser emergerá de manera inconsciente, esto es, sin que nos demos cuenta. Habrá momentos en los que actuemos de maneras desconocidas y descontroladas. Y todo ello bajo el radar, fuera de la percepción consciente.
  • Amputación del ser: Reprimiendo estas partes de nosotros mismos operamos a medio gas, dejando en el sótano fantásticos recursos que podríamos utilizar si consiguiéramos reconocerlos y transformarlos. Con el ser mutilado, estamos viviendo muy por debajo de nuestras posibilidades.

Dicen que una de las consecuencias de la evolución de la consciencia, y uno de los síntomas de un avanzado estado de paz, es una drástica reducción de los juicios sobre uno y mismo y sobre otros. Esto es, dejamos de poner etiquetas sobre los comportamientos propios y ajenos. Simplemente los aceptamos y operamos en función de las nuevas circunstancias. Dado que gran parte del ruido mental son diálogos internos en los que nos juzgamos a nosotros mismos o juzgamos a otros, eliminar el juicio sobre el ser reduce drásticamente el ruido mental y repercute directamente sobre la felicidad.

Mientras tanto, permítete ser cualquier cosa. Permítete ser tonto, idiota, gilipollas, imbécil, loco, soñador o lo que sea menester. Cualquiera de estas partes del ser es parte de tu personalidad y puede ser un gran recurso en el contexto adecuado. Si a alguien no le gusta cómo eres, es su responsabilidad gestionarlo como pueda.

Atrévete a ser. Como seas. Ese será, durante el resto de tu vida, tu mayor reto.


“Individuación significa llegar a ser un individuo y, en cuanto por individualidad entendemos nuestra peculiaridad más interna, última e incomparable, llegar a ser uno Mismo. Por ello se podría traducir individuación también por mismaciónautorrealización.”

—Carl Gustav Jung

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julio 28th, 2010 at 7:40 pm

El cerebro y las situaciones de emergencia

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El cerebro está compuesto por varias capas diferentes que han ido evolucionando unas sobre otras. En la parte más profunda, la amígdala, la herencia reptiliana, el vestigio más primitivo. En la parte más evolucionada, el lóbulo prefrontal. Cada una de estas áreas controla diferentes funciones del ser humano.

Cuando nos enfrentamos a un peligro que amenaza nuestra supervivencia, si por ejemplo tenemos un encuentro con un animal salvaje y nuestra vida pende de un hilo, entra en juego la amígdala. Es una especie de pequeño procesador con un juego limitado de instrucciones pero muy eficientes. En ese caso las acciones disponibles son la huida o la lucha, y por eso se conoce habitualmente a este mecanismo como el mecanismo “flight or fight”. Si estamos ante un león, hay que reaccionar rápido. No hay tiempo para las decisiones meditadas; sólo hay tiempo para la acción.

Cuando se activa la amígdala, el cuerpo se reconfigura para actuar rápidamente. El ser humano entra en situación de emergencia y se desactivan todas aquellas funciones secundarias. El cerebro pesa un 2% del peso corporal pero consume el 25% de la sangre. En situaciones de emergencia, el flujo sanguíneo cerebral se reduce al mínimo para reconducirse hacia los músculos. Se desactivan entre otras las funciones digestivas y sexuales, pues ahora hay asuntos más importantes que atender. Se activan las glándulas suprarrenales y el cuerpo queda listo para la acción inmediata al máximo de sus posibilidades físicas.

Este mecanismo de emergencia tenía su razón de ser hace miles de años, cuando el ser humano estaba continuamente amenazado en su supervivencia. El problema es que, en la actualidad, este sistema se activa en situaciones cotidianas en las que el peligro y el riesgo son meramente invenciones mentales. Se trata de situaciones de riesgo percibido, pero irreal. En determinados casos, el sistema de emergencia permanece activado de manera casi permanente produciendo una serie de repercusiones sobre el organismo. Problemas digestivos, disfunciones sexuales, ausencia de pensamiento creativo, etc.

La neurología ha probado que un diálogo mental negativo sostenido altera la configuración del cerebro, modifica el flujo sanguíneo y repercute sobre el cuerpo y sus funciones básicas, pues la mente y el cuerpo están íntimamente unidos. Todo esto lo explica el doctor Mario Alonso en una entrevista en TV3 de una manera mucho más brillante que yo, así que pongo a continuación el vídeo para que puedas escuchar sus explicaciones y observar sus diapositivas.

Espero que lo disfrutes.



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Written by jmalonda

julio 27th, 2010 at 10:23 am

Cómo saber si alguien miente

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Hace ya más de un año tuve la oportunidad de entrevistar a Luis Pardo, un gran mentalista. Desde entonces le sigo la pista de cerca, y hoy estaba escuchando otra entrevista que le habían hecho en la radio. Comentaba que nuestros cuerpos hablan, y que él lo único que hacía era leer esos cuerpos. Un rato más tarde colgaba en su facebook un vídeo sobre los gestos que hacemos al mentir.

El vídeo está compuesto de imágenes reales y también de imágenes de ficción, en concreto de la serie “Lie to me”. En la serie, un experto en lenguaje no verbal vende sus conocimientos a diferentes entidades. Te traigo ahora ese vídeo para que puedas observar con más detalle algunos de esos movimientos que nos delatan al mentir. Dicen que, en una conversación normal, una persona miente a una media de tres veces cada diez minutos. Seguro que tendrás la ocasión de observar alguno de estos gestos en tu vida cotidiana. Seguro que te sorprendes también a ti mismo haciendo alguno de ellos. Como dicen aquellos que hablan inglés; he aquí algo de “Comida para el pensamiento”.



Y, enlazando temas, y aprovechando que hoy he descubierto que Luis Pardo y yo compartimos admiración por el trabajo del mentalista Derren Brown, traigo un segundo vídeo relacionado con las mentiras.

El vídeo es parte del antiguo “Trick or treat”, un programa del canal cuatro inglés basado en las habilidades de Brown. En este caso se encuentra en Estados Unidos con varios vendedores de coches. Derren pide a los tres vendedores que le den cuatro características de un coche, y una de ellas debe ser una mentira. El mentalista averigua en cada ocasión cuál es el hecho distorsionado que cuenta cada uno de los dos primeros vendedores. Al tercero de ellos le pide que repita lo que han hecho sus colegas y, esta vez, que sólo diga cada una de las cuatro características en su mente.

Cuando el vendedor termina de decir la tercera, Derren le dice que pare, que la mentira se encontraba en el hecho número uno. Hasta aquí todo “normal”. Lo que de verdad me sorprende es cuando le dice “Es algo del motor”, y después añade “Estabas pensando números en tu cabeza”.

Esta es la habilidad de los maestros de lo obvio. Y esto es “Comida para el pensamiento”.

Con ustedes, Derren Brown.

Nota: La inserción del vídeo desde YouTube está desactivada. Lo puedes encontrar aquí.

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Written by jmalonda

julio 13th, 2010 at 6:43 pm