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Desarrollo personal inteligente

Una vida con propósito

con 11 comentarios

En un artículo anterior hablaba sobre el sentido de la vida. Escribí sobre si existía un propósito en la existencia y sobre si habría vida después de la vida o no. El punto fundamental era señalar que cada uno es libre de creer lo que quiera, y que cualquier perspectiva es interesante siempre y cuando resulte de utilidad.

En esta ocasión quiero abordar con más profundidad el tema del propósito. ¿Existe un propósito en la vida? ¿Venimos con un plan bajo el brazo?

Responder a estas preguntas es difícil. Como siempre, unos dirán que existe un propósito inherente a la vida y otros afirmarán todo lo contrario. Podemos pasarnos la existencia entera debatiendo si existe, o no, un algo en el interior de cada uno que pugna por salir al exterior y plasmarse en el mundo. La respuesta es la habitual en estos casos: quizá sí y quizá no. Depende, sobre todo, de a quién se le pregunte.

Personalmente, pienso que cada uno nace con un propósito interior, con un algo que pugna por salir y plasmarse en el exterior. Si se trata de un talento o no, eso es irrelevante. La secuencia es más bien:

  1. Me gusta hacerlo
  2. Deseo repetirlo
  3. Lo repito una y otra vez
  4. Como lo disfruto, me gusta hacerlo y siento la urgencia de continuar haciéndolo, siento el deseo de hacerlo cada vez mejor.
  5. Debido a la repetición y al interés, cada vez voy haciendo distinciones más sutiles y el resultado es, efectivamente, cada vez mejor.

Cualquier talento pasará desapercibido si no se plasma, y aquello que se plasma pasará desapercibido si no contiene trazas de talento. Es curioso el talento, pues precisa siempre de alguien que lo juzgue.

Volvamos al tema del propósito y consideremos las posibilidades.

Por un lado tenemos una opción: la vida carece de propósito. Si adoptamos esta perspectiva, ¿qué encontramos?

La vida queda reducida a la búsqueda del placer y a esquivar el dolor. El objetivo de la existencia es maximizar el placer y reducir al mínimo el dolor. Vagamos por la vida acercándonos a aquello que nos resulta placentero y rehuyendo aquello que nos duele. Nos convertimos en entes casi sin voluntad que, sistemáticamente, se acercan a lo caliente y se alejan de lo frío. Está bien, es aceptable. Mucha gente vive así. También lo hacen las polillas.

Mediante esa estrategia vital se puede llegar lejos. Es una forma válida de funcionar, y de hecho es la forma más habitual de vivir. El problema es que es una estrategia extremadamente limitada, basada en la gratificación instantánea. Uno pasa la mayor parte de su tiempo asegurándose de no sentir dolor y buscando la siguiente fuente de satisfacción. A grandes rasgos, así es como funciona la sociedad moderna. Alivio rápido y placer instantáneo. Los objetivos se trazan a corto plazo y se circula por el camino más corto hacia la siguiente satisfacción. Los criterios son sencillos: frío y calor. El movimiento está perfectamente delimitado. Está bien, es aceptable. Mucha gente vive así. También lo hacen los perros.

En el otro extremo: la vida tiene un propósito determinado. Esta opción se torna bastante más exigente que la anterior.

Para empezar, uno precisa conocerse. Esto implica pasar tiempo en soledad, hablando con uno mismo y sintiéndose las tripas. Implica establecer un sistema de valores que actuará como principio rector en la vida, y que deberá respetarse a toda costa.

Un sistema de valores conlleva unas condiciones de contorno en el juego de la vida. En ocasiones el camino hacia el placer será obvio, y uno deberá abstenerse de emprenderlo porque prefiere respetar sus propias reglas. Algunas acciones estarán permitidas y otras estarán prohibidas. No permitidas y prohibidas por algún tipo de autoridad externa, sino por una firme autoridad interna. Quizá surja la posibilidad de timar a alguien fácilmente y sin consecuencias para ganar una gran cantidad de dinero, pero si timar está prohibido por uno mismo, esa acción quedará fuera del repertorio. Quizá sea fácil perforar en Alaska para extraer crudo y ganar miles de millones de dólares. Si el respeto al medio ambiente es uno de tus valores, entonces esa acción quedará fuera del repertorio. Dentro de todas las posibles estrategias que uno podría emprender en el juego de la vida, algunas pasan a estar vetadas. El juego se complica.

Una vida con propósito es deliberadamente más dura que una vida en la que cualquier cosa vale. Uno se ve obligado a limitarse a sí mismo para lograr un objetivo superior. En ocasiones será fácil acercarse al calor y uno decidirá pasar por el frío varias veces.

Una vida sin propósito es sencilla: sólo hay que vivir. Todo está permitido. Cualquier cosa vale.

En una vida con propósito, uno crea sus propias restricciones y sus propias limitaciones.

A primera vista puede parecer un mal negocio decantarse por vivir con un propósito determinado. ¿Qué gana uno, pues, al dar un sentido a su vida?

  • Claridad: Si observas los niveles neurológicos, y sabes que los niveles superiores dominan a los inferiores, te darás cuenta de lo que significa que el nivel de propósito se encuentre en lo alto del todo. Es decir, es el principal principio rector y el principal motivador de todo lo demás. Una vez sabes lo que quieres hacer, una vez has creado tu propia visión del mundo, resulta fácil saber qué valorarás en el proceso, qué te conviene creer, qué vas a hacer y cómo, dónde y con quién. Aliados y enemigos se separan con una línea definida. Una vez el propósito está claro, el resto adquiere claridad de manera automática.
  • Motivación: Aquel que sabe para qué vive encontrará fácilmente la energía necesaria para llevar a cabo su propósito. En cualquier momento puede cerrar los ojos, evocar su propia visión del mundo y cargar sus pilas con las emociones y sensaciones asociadas a esa visión.
  • Decisión: Aquel que sabe adónde desea llegar lo tiene fácil a la hora de tomar decisiones. En ocasiones el camino se bifurcará y la dirección no estará clara, pero el norte siempre es el norte. Si el camino que ha decidido tomar deja de marchar hacia el norte, el caminante siempre, en cualquier momento, contará con la opción de abrir otro camino hacia su objetivo. Quizá se adentre por un tiempo en la selva y tenga que echar mano del machete. Quizá tenga que matar algún dragón por el camino, pero siempre sabrá que marcha en la dirección correcta.
  • Satisfacción: En la sociedad en la que vivimos, raro es aquel que se preocupa por su satisfacción a largo plazo. Es mucho más fácil desviarse a cada tanto y sentir el calor una y otra vez. Pocos son aquellos que se trazan una dirección y se comprometen a seguirla, haya o no camino, y pase éste por amplios valles o por cumbres borrascosas. La ventaja de comprometerse con uno mismo en un propósito determinado es la posibilidad de acceder a una sensación indescriptible. Es un sentimiento de satisfacción que nace en el interior de uno mismo y que, a cada día que pasa, se va haciendo más y más grande. Cada día cuenta. Cada ladrillo que se pone, por mucho que cueste, forma parte de una pared que se levanta día a día. Cuando la marcha se pone difícil, uno puede dar unos pasos atrás y observar el tamaño del muro con la certeza de que cada pequeño esfuerzo ha valido la pena. Nadie habla de estas sensaciones, y son fabulosas. Fabuloso es consagrar el tiempo y las energías a una creación personal que cada día toma más y más forma. La satisfacción emana del proceso, no del objetivo mismo, de manera que uno disfruta cada etapa.
  • Certeza: Cuando uno vive de acuerdo a un propósito, todos los por qués y todos los para qués están resueltos por unas pocas palabras que lo envuelven todo. La certeza causa anticipación. La anticipación causa excitación. La excitación contenida desemboca en un enorme placer a medida que uno va alcanzando diferentes etapas del camino. La mayor parte del placer que uno obtiene al vivir de esta manera proviene de la capacidad de saborear el premio mientras se siente la certeza de que se va a conseguir.

Vivir un propósito es, en gran medida, rendirse ante uno mismo. Significa admitir que uno es más grande de lo que piensa o cree. Significa aprender a tener fe en uno mismo, comprometiéndose a actuar en función de lo que considera importante incluso cuando no parece la opción más adecuada. Vivir tu propósito es convertirte en la mayor expresión posible de ti mismo, significa convertir tu vida en tu mensaje.

Vivir una vida con propósito es arriesgado, ya que es precisamente la propia vida lo que está en juego. Vivir de esta manera significa decir “Esto es lo que entiendo yo por estar vivo”, significa convertirse en el mismo ejemplo.

A cambio, uno obtiene principalmente una existencia significativa. Cada día cuenta, porque cada día es parte de un camino en el que todo lo que uno hace tiene sentido. Cada jornada forma parte de un viaje, cada acción es una pincelada sobre un lienzo.

No se trata sólo de vivir para algo, sino de vivir para algo grande. Vivir para algo significativo. Vivir para echar la vista atrás y sentir que lo que uno ha hecho valió la pena. Hacer algo grande para honrar los propios sacrificios. Hacer algo grande para que las propias renuncias expliquen el valor de las victorias.

Para mí, una vida con propósito es una vida digna de ser vivida. Conozco la diferencia. Sé lo que se siente al levantarse por las mañanas en uno y otro caso. Sé lo que uno siente al preguntarse “¿Qué sentido tiene que me levante hoy?” y sé lo que uno siente cuando esas preguntas se evaporan para dejar paso a las respuestas.

Conozco la diferencia, y entre una opción y la otra, te recomiendo encarecidamente una vida con sentido. La pregunta no es si la vida tiene un sentido o no, sino si quieres darle un sentido a tu vida.

La elección es sólo tuya.

–––––
Puedes contactar con el autor aquí.

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Written by jmalonda

junio 14th, 2010 at 8:30 pm

11 Responses to 'Una vida con propósito'

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  1. Javier, de partida agradezco que escribas y tan bien, da gusto leer buen contenido.

    Respecto a la pregunta principal: yo cercano a los 30s, no tengo claridad en mi propósito en la vida, y no estoy seguro de que uno tenga 1 objetivo en la vida

    Por ejemplo Leonardo DaVinci, hombre ejemplar (dejando de lado la moral), el tipo buscaba la belleza?, lo practico (maquinarias)?, entender la naturaleza (cuando estudio el movimiento de caballos y aves)? Cual era el proposito de Leonardo?, o fue alguien que murio sin proposito y se movia de frio a caliente como polilla en tu analogia?

    Hay personas que se miran internamente, llegan a una conclusion a temprana edad (adolescencia) y se dedican de lleno a eso, pueden llegar a ser un grandioso especialista (deportes, cine, libros, arte, politica…) tratan de mejorar constantemente (lo cual es bueno), pero se cuestionan realmente y constantemente su vida ¿? o simplemente la viven?

    Es mas facil la vida cuando te pones un propósito y revisas tu moral y determinas que quieres de la vida y que estas dispuesto a hacer, puedes proponerte ser millonario, ser famoso, ser X cosa, y lograrlo sin problemas (lo cual me suena facil), pero es realmente importante lograr dichos objetivos?

    No se cual es el sentido de mi vida, quiero ciertas cosas, como sentirme pleno, trascender, aportar a la sociedad, compartir, respetar al medioambiente y personas… etc, y para lograr eso, hay miles de caminos constantemente, soy bueno para algunas cosas, malo para otras, concentro mis energias en lo que me entretiene y me gusta, evito lo que me desagrada (p.e. conducir, o memorizar), y asi vivo, creo que lo que expones es interesante, pero no veo la luz para cerrar el tema como tu lo haces, aun cuando pienso distinto, valoro tus escritos,

    saludos.

    pock

    14 jun 10 at 20:59

  2. Ey Javi. Es el primer comentario que pongo en esta página, y como en ESDLV, un placer poder leerte.

    El “pero” que le pondría a tu artículo es el optimismo que se desprende de creer que el “punto de apoyo” para cambiar nuestra perspectiva, para darle un sentido a nuestra vida o cual fuere la expresión asociada a ese “cambio de chip”, está en nosotros mismos. Es decir, que dentro de nosotros hay una fuerza, o un “algo” (de nuevo entrecomillando palabras y usando comodines, al final va a ser un milagro si doy a entender algo) que es el revulsivo, el acicate necesario para despertar del letargo y encontrar ese sentido vital.

    Me recuerda a la historia del barón de Munchausen, el cual relataba cómo, al caer en un lodazal, se cogió a sí mismo por los cordones de sus botas (otros dicen que fue de la cabellera) y, tirando para arriba, logró salir de él. Hoy en día ya se sabe que físicamente es algo imposible, se le toma por impostor, etc. Pero se sigue creyendo que, emocionalmente, uno puede cogerse a sí mismo por los cordones de sus zapatos y salir del abismo en el que se encuentra, sea leyendo un libro de autoayuda, o yendo a terapia, o lo que fuere, como si las ganas de vivir nacieran de un proceso racional, y pudiendo cambiar nuestra manera de pensar cambiáramos los sentimientos. A mi entender, somos esclavos de algo previo a nuestro raciocinio. El “yo” alegre y el “yo” triste son prolongaciones de un “yo” previo, oculto, que sus razones parece tener para estar triste o enfadado, y sobre el cual yo no tengo autoridad para justificar su manera de ser.

    Con este comentario no quiero dar a entender que creo que tu argumento hace aguas por tal y tal motivo. Te digo que creo que es un error, pero no tengo una opinión formada al respecto. Hay días que me levanto teniendo a Cioran como modelo, y otros días veo en Maslow el ideal del hombre que afronta con coraje su destino y se empeña en trazar su ideal de auto-realización. Nietzsche habló de cómo los griegos superaban su angustia ante la vida a través del arte en “El nacimiento de la tragedia”, una de sus obras capitales. Un modelo de vida defiende Cioran en “En la cima de la desesperación”:

    “La ausencia de sentido ¿no puede acaso llenarse con la ebriedad de lo irracional, con una orgía ininterrumpida?…”

    Sexo, satisfacción ante un trabajo bien hecho, la alegría de ir a tomar unas birras y hacer un partido con los amigos, fumarse un canuto si es lo que te apetece, ver una peli en el sofá tirado sin hacer nada, leer,… ir saltando de satisfacción en satisfacción, no con la inercia del que se sabe derrotado, sino con la risueña resignación del que se construye un palacete dentro de su celda, de la cual sabe que, artificios verbales aparte, no podrá salir.

    Yo estoy más con la moraleja de tu post en ESDLV de “En la cresta de la ola”. Hay una ola, y tú estás en medio de ninguna parte, rodeado de nada a lo que agarrarte excepto una tabla. La ola no depende de ti, o por lo menos no del todo (de nuevo, no estoy seguro de casi nada). Y a partir de ahí… “nada”. En ambos sentidos, supongo, pues no queda otra.

    Sea como fuere, no estoy seguro tampoco de esta posición que ahora defiendo. Me parece la más correcta ahora, pero nada más.

    Aitor

    14 jun 10 at 22:22

  3. Lo que no comprendo es cómo infieres una vida sometida a lo inmediato de la búsqueda del placer y el rehuir el dolor. También se busca el placer a largo plazo (al menos a partir de los cinco años de vida), y se compone de algo mucho más elaborado que un vagar sin voluntad por la vida. Y aunque así fuera, que no lo es, ese vagar puede ser infinitamente mejor que iniciar una guerra santa, que suele ser el subproducto habitual de una vida con demasiado propósito, una vida en la que alguien cree contener tanta verdad que comienza a preguntarse si no es hora de exportarla. Y cuando alguien cree estar en posesión de la verdad, no atiende demasiado a razones.

    Ahí es donde no has entrado. Un propósito en la vida es algo que cada cual tiene quiera o no quiera. Todos. Hasta el que busca el placer inmediato tiene un propósito y, aunque no te guste reconocerlo, ese propósito define y cumple perfectamente las ventajas que aludes de claridad, motivación, decisión, satisfacción y certeza. Otra cosa es que lo haga de un modo que tú quizá consideres deformado. Pero no vamos a romper la baraja sólo porque hemos perdido, ¿no?

    ¿Por qué sucede esto?, ¿porque a lo que llamas “una vida sin propósito” cumple (aunque, repito, de un modo que no te guste) las expectativas de la vida con propósito que vendías entre dientes perfectos y “el mío lava más blanco”?

    Porque estás vendiendo humo. Porque esas palabras que tan bien se amoldan en la cabeza medio dormida de las diez de la mañana son huecas, no contienen nada, son risas en la brisa de la tarde que reconfortan pero no hablan de absolutamente nada, una caricia detrás de la oreja que relaja ligeramente pero no solventa ningún problema. Porque hablas desde tu guerrita santa y asumes que el sentido de la vida es la utilidad y con las conclusiones intentas construir unos postulados, como si pudiera hacerse así sin romper nada, sin terminar en el suelo boqueando por la paradoja. En tu visión del mundo esa utilidad es el paradigma y a él te ajustas.

    Si desplazas el centro del eje de la utilidad al placer, entre lo que alabas y lo que criticas no existe ninguna diferencia. En cuanto crees en algo (incluso en la afirmación del placer y la negación del dolor), ya te conviertes en una expresión de algo, en algo más que tú mismo. El sentido de la vida no es un “todo vale, cojo lo que quiero y lo enmarco como mi sentido”, la vida es un constante buscar ese sentido.

    miguel

    15 jun 10 at 10:14

  4. El problema es que mezclamos dos maneras de entender el propósito de la vida. Entre el “Si Dios no existe todo está permitido” de Dostoyevski y la predestinación calvinista, hay vías intermedias. Rorty decía que el ideal socrático de autoconocimiento ha sido sustituido por el ideal nietzscheano de autocreación. El propósito de tu vida lo creas o lo descubres, pero no las dos cosas a la vez, salvo que te consideres autor del universo (una hipótesis que no se puede descartar, como veremos). Lo malo de defender una creencia por su utilidad es que si el pragmatista no estaba instalado previamente en ella, a lo más que puede llegar es a tratarla como una ficción operativa, un “como si”.

    Una buena noticia es que un propósito inventado, si bien elimina la certeza de la lista de regalos, puede suponer una fuente de sentido y satisfacción considerable. Otra es que hay más formas de gratificar el día a día. Por ejemplo, aprender a regocijarse en la belleza de cada experiencia, por sí misma, sin propósito. Esa la deliciosa disciplina a la que someto mi vida, pero reconozco haber caido en un hedonismo irresponsable. Como todo hijo de vecino, vivo dentro de los límites de un horizonte histórico de comprensión y comparto los valores básicos de la cultura en que he sido educado. Como bien dices, los valores tienen sentido dentro de una determinada visión del mundo y eso es precisamente lo que estoy cuajando (o estamos cuajuando el mundo y yo, mano a mano).

    Por su parte (del mundo), como dice Kevin Kelly, está reconfigurando esa nueva estrategia evolutiva de la vida que llamamos tecnología. Internet tiene pinta de poder convertirse en el aglutinante de la noosfera. Desde hace más de un siglo contamos con propuestas teóricas que comparten aire de familia (Bergson, Vernadsky, Teilhard de Chardin), pero solo durante las últimas décadas se ha consolidado como nuevo paradigma (Prigogine, Edward Lorentz, Manfred Eigen, Mandelbrot) y ha dado lugar a las ciencias del caos y la complejidad gracias a la simulación informática. Lo bueno del caso es que este nuevo paradigma ya no concibe el universo como un conjunto de cuerpos inertes (mecanicismo) sino como fuente de creatividad intrínseca. Gasta energía en crear patrones de organización crecientemente complejos. ¿Podemos excluir causas finales para este proceso?. No estoy seguro. Muchos teistas han encontrado por ese camino una forma de reconciliar sus creencias religiosas con la descripción del mundo que nos ofrece esa perspectiva emergentista. Si hay una forma de reconciliar la visión nietzscheana de la vida como autocreación con un propósito “descubierto” (coherente con nuestra visión del mundo), también puede llegar por aquí. La creatividad que los seres humanos desplegamos al escribir el guión de nuestras vidas, sería un ejemplo local de esa creatividad universal. Supone una variante del panteismo. Podría decirse incluso que el universo es personal y simbólico en tanto que las personas entramos en escena.

    Cuando empiezamos a ver el mundo de esa manera, la contingencia de los valores adquiere otro significado. Inventamos las formas de relacionamos con el medio y con los demás y al hacerlo “descubrimos” que ese es precisamente nuestro propósito. La relación entre el microcosmos humano y el macrocosmos también puede verse en la forma en que creamos novedad: Sobre la marcha y a partir de lo que ya tenemos. Todas las formas complejas somos andamios de un universo en construcción.

    Y en eso andamios. En aprender a establecer nuevas relaciones constructivas con el mundo, con nosotros mismos y con los demás a partir de los valores en que hemos sido educados, modulados a su vez por las nuevas visiones del mundo que llegamos a concebir. Y es verdad que requiere esfuerzos considerables, que crecen en proporción al compromiso adquirido. Separar la basura para su reciclado y meter los ahorrillos en banca ética apenas supone una molestia. Adoptar una dieta vegana y un patrón de consumo responsable cuesta bastante más. Lo próximo que me toca es hacerme una vasectomía para no añadir población humana al planeta ni por accidente. A este paso termino viviendo en una ecoaldea (y mira que a mí la parefernalia hippie siempre me ha rechinao). Pero todo eso son propósitos generales, costumbres que, si la suerte acompaña, con el tiempo será tan común entre la gente como ceder el paso. Sigo sin tener un “para qué yo mismo”. Quizá es que no hay un “para qué yo mismo” y como decía Einstein, vivimos para los demás. Yo todavía no he juntado ánimo para dar ese paso, ni creo que lo haga nunca. No soy tan generoso.

    P.D. No te des por vencido con el sueño lúcido. A mí también me costó al principio, pero cuantos más sueños lúcidos experimentas, más fácil resulta. Por épocas los tengo casi a diario. Llegas a vivir periodos en que la facilidad te lleva a descuidar la intención y pierdes músculo. Pero merece la pena dedicarse. Las experiencias que proporciona son fascinantes.

    Masgüel

    15 jun 10 at 14:23

  5. @Pock: Me ha llamado la atención tu comentario, porque admites no conocer el sentido de tu vida, pero acto seguido describes varias cosas que para much@s (y yo entre ellos) podrían conformar este sentido, o una parte esencial del mismo. Cuestión de percepciones.
    @Miguel: Tu afirmación “un propósito en la vida es algo que cada cual tiene quiera o no” la considero totalmente falsa, y estoy seguro de que durante tu vida te has cruzado con más de una persona sin propósito(s) a largo plazo, pues es ésta la distinción que el autor ha querido reflejar en este artículo -o al menos yo lo he percibido así-, por una parte los grandes propósitos a largo plazo, y por otra la búsqueda del placer inmediato y también efímero, que normalmente no tiene ningún valor más allá del simple desahogo en un momento de necesidad (y muchas veces esta necesidad es artificial).
    Podemos debatir sobre las dificultades de llevar a cabo una vida plena porque estamos rodeados de condicionantes, pero si de algo estoy seguro es de que, al menos en el mundo en el que yo vivo, el que no se motiva es porque no quiere, y está demostrado que nuestra mente dispone del suficiente potencial como para darle un sentido, o incluso más, a nuestra vida.
    Un saludo a todos.

    Diego

    15 jun 10 at 20:48

  6. Victor Frankl Psiquiatra que sobrevivió a un campo de concentración Nazi, escribió en ·el hombre en busca de sentido” que aquellos que no tenían un propósito al que aferrarse, terminar un proyecto, aunque sea reencontrarse con sus familiares, se suicidaban en el campo. Son situaciones extremas, pero la diferencia entre el que lo hacía o no, era esa

    rafa

    15 jun 10 at 22:31

  7. Ete aquí lo que quería decir, con infinita mayor claridad, de la mano de Cioran. Lo que sigue es un párrafo de su “Silogismos de la amargura”:

    “Aunque pudiera luchar contra un ataque de depresión, ¿en nombre de qué vitalidad me ensañaría con una obsesión que me pertenece, que me precede? Encontrándome bien, escojo el camino que me place; una vez “tocado”, ya no soy yo quien decide: es mi mal. Para los obsesos no existe opción alguna: su obsesión ha elegido ya por ellos. Uno se escoge cuando dispone de virtualidades indiferentes; pero la nitidez de un mal es superior a la diversidad de caminos a elegir. Preguntarse si se es libre o no: bagatela a los ojos de un espíritu a quien arrastran las calorías de sus delirios. Para él, ensalzar la libertad es dar pruebas de una salud indecente.”

    Aitor

    16 jun 10 at 01:27

  8. La libertad sólo existe como concepto, nadie es completamente libre y utilizar libertad para denominar una ‘libertad incompleta’ es una falacia pues cualquier impedimento o limitación en nuestras elecciones acaba con la libertad, al menos con la conceptual.

    Cuando sólo eres libre de elegir entre 3 opciones, no eres libre, estás condicionado. Si eres libre de elegir entre cuatro opciones, no eres más libre, pero estás algo más cerca de serlo, porque serlo implica tener todas las opciones.

    Tener un propósito en la vida puede convertirse en la peor de tus desgracias, si ‘escupes demasiado alto’ o si eliges una opción imposible.

    Creo que ambas ‘posturas’ no son excluyentes. Puedes tener objetivos en la vida, pero no tienes porque dirigir todos tus esfuerzos y energía en conseguirlos, lo importante es el viaje y miras tanto la meta se te quedará visión de tunel.

    Tampoco me parece sano, tener un objetivo como una luz al final de la oscuridad que te ayude a salir adelante en los momentos dificiles, pues en ésos momentos tiendes a idealizar lo bueno y demonizr lo malo y puedes hacerte una idea muy equivocada de lo que vas a sentir y conseguir alcanzando una meta.

    Para saber lo que se alinea contigo, hay que probar. Uno puede hacer mil simulaciones mentales de lo que sentirá o lo que hará en una situación concreta, pero cuando se enfrente a la situación, será entonces cuando lo descura.

    Mi consejo: Probad.

    Por ejemplo, meteos en una ONG a ayudar a gente con problemas, convertid éso en un objetivo vital y ved si os llena.

    O dedicad tiempo a la autocomplacencia, no sólo al onanismo ;) , sino a hacer aquello que os gusta y os da placer inmediato y disfrutad y ved si os llena.

    Como siempre para mi lo ideal es tener un equilibrio entre ambas posturas y buscar satisfacción en una combinación de ambas fuentes.

    kusanagi

    17 jun 10 at 10:15

  9. ¿No conocéis a la típica cincuentona amargada y soltera que aunque ha hecho todo lo posible por tener marido e hijos, vive amargada por la pena y la envidia, porque no los tiene?

    Y no creo que tener una familia pueda ser un objetivo de satisfacción inmediata…

    kusanagi

    17 jun 10 at 10:18

  10. Condiciones de contorno…

    Y si uno quiere eliminar las condiciones de contorno del experimento?

    Lord IORI

    20 jun 10 at 22:22

  11. No puedo más que aplaudir la critica de miguel. Seguramente no lo hubiera expresado como él, pero el trasfondo que quiero transmitir es el mismo. Estás vendiendo humo, y además lo haces muy bien, y esto creo que no es positivo. Te veo entrando en la espiral del iluminado, que ha encontrado el sentido de la vida, una verdad suprema que da sentido a todo y te hace sentir vivo como nunca. ¿Que podría hacer uno con semejante respuesta? Pues compartirla con los demás, montar un blog, impartir doctrina (PNL) etc. etc. Evalúa lo que estas haciendo. Estás ofreciendo los peces en lugar de enseñar a pescar.

    Voy a intentar explicarme de otra forma: tu crees que “una vida con propósito es una vida digna de ser vivida”. Se sigue entonces que si encuentras tu propósito, tu vida será digna para ti. Lo expresas como “una vida digna de ser vivida”, o dicho de otra forma, una vida con sentido. Concluimos que si tienes un propósito vital, tu vida tiene sentido. Pero claro, mejor que sea un propósito a largo plazo, porque si no la vida pronto dejará de tener sentido. Excluimos entonces todos los propósitos a corto plazo, pues estos nunca darán sentido a tu vida. Y lo que sigue es tu reflexión. Ahora bien, ¿Te das cuenta que este desarrollo esta basado en una creencia personal tuya? “una vida con propósito es…” ¿Y te das cuenta también que has creado la dicotomía necesaria para romper la paradoja que plantea la propia vida, o sea, la propia existencia? La vida es la búsqueda de esta respuesta, no te conformes con pensar que ya la has encontrado. Si lo haces, te estarás engañando a ti mismo. Y ya sabes lo que les pasa a la gente que se engaña a si misma. A propósito, creer que “la vida es la búsqueda de esta respuesta” es también una creencia. Una creencia autoreferente, paradójica, como lo es la propia vida.

    Como bien dices, “cada uno es libre de creer lo que quiera, y que cualquier perspectiva es interesante siempre y cuando resulte de utilidad”. Por lo que nos cuentas, tu has encontrado una respuesta, tu respuesta, y yo me alegro mucho por ti. De hecho, es genial que la quieras compartir. Pero compártela siempre con humildad, y no con soberbia. No quieras salvar a los demás con tu verdad. Se puede creer en otras verdades también: como creer dios, en el amor eterno, o en el sin sentido de la vida mas allá del placer.

    oliver

    23 jun 10 at 05:02

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