Tienes derecho a equivocarte

El derecho a la equivocación no se encuentra en las páginas de la declaración de los derechos humanos, pero quizá debiera incluirse. Grandes noticias: No sólo tienes derecho a equivocarte, sino que también tienes derecho a fracasar.


“Éxito es la capacidad de pasar de un fracaso a otro sin pérdida de entusiasmo”

—Winston Churchill


Cada uno de nosotros tiene derecho a equivocarse, derecho a cometer errores, derecho a fracasar. Jamás hubiéramos aprendido a andar si hubiéramos pensado que lo teníamos que hacer bien a la primera. Alguno cumpliría los treinta y se diría “Hoy, hoy es el día. Por fin estoy listo para ponerme en pie”.

Los niños no se preocupan por lo que otros vayan a pensar de ellos, o lo que otros les vayan a decir. Simplemente hacen. Lo intentan una y otra vez hasta que lo consiguen. Cuando se deciden a hacer algo, es muy difícil que no lleguen a hacerlo, y casi imposible disuadirles.

Parece obvio que tenemos el derecho a equivocarnos. Sin embargo, ¿por qué nos cuesta tanto ejercer ese derecho? Pienso que se debe a que creamos una imagen de perfección personal que queremos mantener a toda costa. Si salgo a hablar en público y me equivoco, ¿en quién me convertiré? ¿Seré un idiota, un imbécil, un gilipollas? Como no nos gusta identificarnos con ninguna de esas etiquetas del ser, evitamos exponernos. Pero sólo son palabras. A veces puede resultar muy conveniente convertirse en un idiota, en un imbécil, en un gilipollas o en una combinación de las anteriores. Son recursos fantásticos que están ahí para ser utilizados.

¿Qué hay de malo en estar equivocado? Si nunca estás equivocado, demuestras que nunca te arriesgas, que nunca haces nada que se salga del molde, que nunca das un paso más allá y te expones a la crítica. Está bien y es una manera aceptable de actuar, pero rara vez evolucionarás. La evolución misma es un proceso de prueba y error. A cada iteración hay novedades que se prueban inútiles. El proceso evolutivo descarta lo que no funciona y respalda lo que sí que lo hace. El ser humano no existiría sin los errores porque rara vez algo funciona a la primera.

Sin embargo, en la sociedad moderna parece que sólo se valora a aquellos que siempre aciertan, que siempre hacen lo correcto. Se nos educa para conocer las respuestas, no para plantear nuevas preguntas o para proponer respuestas novedosas. En los círculos empresariales, el que asciende es aquel que parece que nunca se equivoca, aunque detrás de las bambalinas uno observe que esa imagen se forja a costa de culpar a otros de sus propios errores. Aquel que se equivoca es humillado y vilipendiado.

Atrévete a moverte en los límites de tu propia certidumbre. Esta es una de las mejores maneras de aprender. Expresa tus ideas y permite que otros reaccionen a las mismas. Observa y escucha sus reacciones y aprende de ellas, porque esto te ayudará a refinar tus ideas y a encontrar nuevos matices y perspectivas que antes se te habían pasado por alto. Si no compartes tus ideas te estarás privando de los puntos de vista de otros y de su aportación en forma de feedback.

En ocasiones otros reaccionarán aportando nuevos hechos y datos, profundizando en los detalles. Otras veces las reacciones serán meramente emocionales, lo que te permitirá acostumbrarte a desarrollar resiliencia a la hora de lidiar con las reacciones de otros. En cualquier caso, siempre puedes salir ganando. Es una cuestión de actitud.


Despójate de tu ego

Nos resistimos a estar equivocados porque nos identificamos con nuestras ideas. Si las ideas son malas, entonces nosotros somos malos y nos sentimos humillados. Sin embargo, tú eres algo más grande que tus propias ideas. Tu identidad está por encima de lo que dices y de lo que haces. Incluso cuando otros te recuerden tus errores, puedes sentirte orgulloso por haberte atrevido a cometerlos. Tus errores sólo son el resultado de experimentar en el mundo.

Cuentan, sea cierto o no, que Edison fracasó mil veces antes de inventar la bombilla. Uno de los discípulos que trabajaba con él en el taller le preguntó “¿No se desanima usted después de fracasar tantas veces?”, a lo que él respondió “¿Fracasar? No sé de qué me hablas. En cada pasó descubrí un motivo por el que la bombilla no funcionaba. Ahora ya sé mil maneras en que no se debe fabricar una bombilla”.


“No hay fracaso, sólo feedback”

—Presuposición de la PNL


Identificarte con tus resultados es una inversión improductiva, innecesaria e inútil. Si piensas que el fracaso de una idea es un fracaso personal, entonces tomarás muy pocos riesgos, riesgos que podrían haber significado una diferencia sustancial en un primer momento. Si no arriesgas al máximo desde el principio, estás haciendo menos de lo que puedes hacer. No se trata de arriesgar la vida, se trata de arriesgarte a ser criticado. Sobrevivirás. En serio.

Una de tus ideas puede estar equivocada y tú puedes permanecer tranquilo, alegre y relajado. Puedes incluso divertirte con tu equivocación. Puedes hacer chistes al respecto.

¿Cómo podrías ejercer en tu vida tu derecho a estar equivocado? ¿Hay alguna idea que hayas estado temiendo expresar? ¿Hay algo que hayas estado dejando de hacer porque tenías miedo a parecer tonto o idiota? ¿Hay algo que no te hayas atrevido a hacer ahora por miedo a fracasar? ¿Qué podrías hacer si te permitieras estar equivocado? ¿Qué podrías aprender? ¿Hasta dónde podrías llegar si te permitieras equivocarte?

Evita identificarte con tus errores. Recuerda, se trata de una limitación en tus habilidades. Aunque te falten ciertas facultades y conocimientos, sigues siendo un ser humano.

Tienes derecho a estar equivocado. Permite que tus ideas fracasen, permite que tus capacidades muestren sus limitaciones, permite que tu conocimiento te revele tus lagunas. Nada de todo esto eres tú.

Cuando fracasas descubres tus fronteras. Creas un mapa más preciso de los límites de tus capacidades. Esto te permite, finalmente, superarte. Mañana harás cosas que ayer te parecieron imposibles. Siempre ha sido y siempre será así, y te conviene hacer el proceso consciente para poder acelerarlo y convertirlo en más eficiente.

Estar equivocado te permite, finalmente, estar en lo cierto. Y en cualquier caso es un camino mucho más interesante que no estar en absoluto.