La vida como juego

Hace año y medio fui a cenar con mi profesora de PNL y luego nos acercamos a un bar tranquilo. Pedimos una copa cada uno y ella se quedó sentada mirándome. Me dijo:

—Me pareces más un observador que un jugador.

Le miré perplejo. A veces me dicen cosas muy raras. Después preguntó:

—¿Cuándo vas a empezar a jugar?

Hay algunas personas en mi vida que me dicen cosas que prefiero no oír, pero normalmente se trata de cosas de las que ya soy consciente. En ocasiones hay personas que me dicen cosas que prefiero no oír pero que son nuevas. Ese es para mí un gran regalo. Y quizá tuviera ella razón. Quizá la vida pueda ser un juego después de todo.

No fui educado en la fe cristiana, aunque siempre tuve contacto con ella. De acuerdo al sistema de creencias de este tipo de fe, somos seres miserables y pecaminosos destinados a sufrir en vida por nuestra imperfección de acuerdo a una serie de criterios algo confusos. Aunque la mayoría de nosotros crecemos y evolucionamos saliendo de ese sistema de creencias, no es difícil que queden rescoldos de esas ideas después de haberlas vivido durante tanto tiempo. No es difícil tampoco impregnarse de esa manera de pensar si uno tiene contacto con personas que mantienen esa perspectiva ante la vida.

La pregunta es: ¿De verdad venimos aquí a sufrir?

¿Y si pudiéramos decidir otra cosa? ¿Podríamos haber venido aquí a pasarlo bien? ¿Podríamos convertir la vida en un juego divertido? Quizá considerar la vida como un juego proporcione una perspectiva, un marco, en el que vivir de una manera mucho más positiva y divertida.

Pensemos en los juegos. Cuando diseña un juego, un buen diseñador debe presentar al jugador una buena colección de opciones atractivas. Mientras las opciones se mantengan interesantes, el juego resulta divertido. Si las opciones son aburridas, confusas, sin sentido o estúpidas, es poco probable que el juego sea digno de ser jugado.

Considera juegos clásicos como el póker o el ajedrez. Son juegos complejos y profundos. Ahora considera el tres en raya. Si eres un niño puede que te resulte divertido. Sin embargo, a medida que creces, las elecciones se vuelven obvias y aburridas y el juego pierde rápidamente su atractivo.

Hay juegos basados en el desarrollo de habilidades, como el golf o los juegos de ordenador de estrategia. Éstos implican elecciones tácticas y elecciones de entrenamiento. ¿Qué capacidades desarrollar y en qué momento? ¿Cuánto tiempo estás dispuesto a invertir en su desarrollo? ¿Cómo sacarás partido a tus fortalezas y cómo compensarás tus debilidades?

En un juego puede que también debas gestionar recursos. Quizá se trate de oro, dinero o energía. Los recursos incorporan nuevas elecciones al juego: ¿Cómo obtendrás recursos? ¿Cuántos recursos generarás? ¿Cómo los emplearás después? ¿Cómo equilibrarás tu tiempo entre la generación de los mismos y la exploración de nuevos potenciales de generación de recursos?

Si uno lo piensa un poco, es fácil comenzar a observar la vida como un juego lleno de opciones atractivas. Para empezar, la vida real incluye todas las propiedades anteriormente mencionadas. Se nos presenta una amplia variedad de elecciones a la hora de desarrollar habilidades, adquirir y crear recursos, relaciones entre personajes, y mucho más.

¿Cuál es el propósito del juego? El propósito del juego es jugar, divertirse, disfrutar de la experiencia. Otra razón para jugar a juegos es el crecimiento, ya que los juegos pueden ser grandes profesores. Los niños aprenden jugando; somos los adultos los que tratamos de forzar las cosas y tendemos a frustrarnos. Disfrutar, aprender y divertirse parece una buena manera de vivir la vida, ¿no crees?

¿Qué convierte a uno en un buen jugador de la vida? Para responder a esta pregunta podemos imaginar a alguien que es bueno en un deporte determinado, que se esfuerza en hacerlo lo mejor posible mientras respeta la idea de que todos los demás jugadores necesitan también una oportunidad de disfrutar de la experiencia, incluyendo a los posibles competidores directos. Un buen jugador se toma el tiempo de desarrollar sus habilidades. Se toma el juego en serio, pero recuerda que en el fondo sólo se trata de un juego. Alguien que pone demasiado énfasis en el marcador es lo que se conoce como un mal perdedor o un mal ganador.

Si la vida es un juego, ¿qué tipo de jugador eres? ¿Eres de los que se entregan completamente al juego? ¿Prestas atención a tu rendimiento y te tomas tu tiempo para afinar tus habilidades? ¿Eres un jugador cordial? ¿Abrazas completamente el juego o resistes alguna de sus partes?

Quizá muchos de nosotros nos perdemos en algunas de los juegos menores de la vida y perdemos la visión completa del juego en sí. ¿Alguna vez has creado un personaje de nivel 50 en un mundo virtual, resplandeciente de riquezas y superpoderes, mientras tu verdadero personaje en la vida real permanece en nivel 5, apático, en baja forma y apenas puede pagar las facturas?

¿Qué otros juegos menores de la vida puedes haber confundido con la vida misma? ¿El juego de la educación? ¿El juego de la carrera profesional? ¿El juego de la seguridad económica? ¿El juego de la familia? ¿El juego de la forma física? Hay infinitos juegos menores que pueden distraernos e impedir que avancemos en el megajuego que es la vida misma. Estos juegos son interesantes y valiosos, por supuesto, pero sólo son piezas de un puzzle mucho mayor.

¿Qué piensas de un actor de fama mundial que se termina ahogando en drogas y alcohol? ¿Y de un líder mundial cuya mujer repudia? ¿Y de un masajista que nunca aprende a manejar sus propias finanzas?

No hay una realidad virtual que pueda competir con las muchas decisiones que la vida real ofrece cada día. Las opciones ante nosotros son infinitas, y las consecuencias son lo suficientemente interesantes como para motivarnos a elegir cuidadosamente. El juego de la vida está muy muy bien diseñado.

A pesar de todo, a pesar de ser el mayor juego disponible, muchos declinan su invitación a jugar. Yo mismo hice algo parecido durante mucho tiempo. Nos sentamos en el banquillo preocupándonos por la complejidad del mundo en vez de abrazarla, apreciarla y valorarla. Apenas gateamos en muchas partes del juego. Son pocos los que se comprometen conscientemente en convertirse en maestros.

¿Por qué?

Tu nivel actual de implicación en la vida depende en gran medida de cómo te evalúes en relación al juego de la vida. ¿Eres más grande que el juego o el juego es más grande que tú? ¿Permaneces a cargo de las circunstancias o las circunstancias te desbordan? ¿Te estás divirtiendo?

Cuando participas en un juego que es más grande que tú, te sientes desbordado. Te sientes incapaz de hacerte cargo de la partida y pronto abandonas. Si piensas que la vida es más grande que tú, probablemente no te apetezca jugar. El juego se convierte en una enorme incomodidad. Un engorro.

En el otro extremo, cuando eres más grande que el juego, permaneces en control de la situación. Sin embargo, si eres mucho más grande que el juego, el juego se queda pequeño y se torna aburrido. Los juegos demasiado fáciles resultan poco atractivos porque no suponen ningún reto. Simplemente hay una ausencia de opciones atractivas. Mucha gente se encuentra en ese punto, un punto en el que han dominado el nivel de novato y no se han dado cuenta de que hay otros niveles de dificultad dentro del juego, incluyendo intermedio, avanzado y maestro.

El punto dulce, el punto en el que todo fluye, es aquel en el que juego es casi igual que tú; el punto en el que el juego es el contrapunto perfecto para ti. Aprendes las reglas, te tomas el tiempo para comprender el funcionamiento, pero sabes que llegar a la maestría es tarea de una vida completa. Los juegos onliine tratan de mantener a los jugadores en ese punto dulce de manera que deseen regresar una y otra vez. El objetivo de los diseñadores es hacer un juego fácil para los principiantes y que a la vez continúe siento un reto para los jugadores más expertos. En la vida, la responsabilidad de elegir el nivel adecuado de dificultad, de escoger los retos a los que te vas a enfrentar, es tuya. Tú eliges si ha llegado el momento de pasar de nivel. Tú eliges cuál será la próxima aventura en la que te embarques. Tú decides con qué otros participantes te relacionarás en esta ocasión. Es tu responsabilidad encontrar ese punto dulce en el que la dificultad es la adecuada, de manera que el juego resulte lo más atractivo posible para ti. La vida es un juego abierto y tú eres un diseñador. Haz un juego divertido y pásalo bien. Sólo hay una partida.

Cuando sientes que tú y la vida real estáis equilibrados es cuando experimentas ese punto dulce. Es entonces cuando el juego se torna divertido y satisfactorio. Te implicas completamente y valoras los acontecimientos de la vida por las experiencias mismas. Te encuentras en un estado de flujo, en “la zona”, en un estado de asombro y de fascinación continuos.

¿Qué sucede en un juego cuando tienes un contratiempo? Algunos lo ven como un desafío extra. Los buenos jugadores se crecen cuando las cosas se ponen difíciles. Cuando la partida se complica, los mejores jugadores dan lo mejor de sí mismos.

Por otra parte, los mejores jugadores no descansan en sus laureles cuando todo les está saliendo bien. Están continuamente buscando formas de hacerlo mejor, nuevas maneras de superar sus propios resultados. Los buenos jugadores saben que cuando el juego resulta demasiado fácil se torna aburrido. Es el momento de aumentar el nivel de dificultad aventurándose en territorios desconocidos.

Es una lástima que a menudo olvidemos que la vida debe ser interesante, desafiante y divertida. Tu vida está llena de opciones. Siempre tienes al menos una elección. Si te encuentras en un callejón sin salida o un punto muerto, haz algunas elecciones, experimenta las consecuencias y aprende y crece de las mismas. No hay fracaso, sólo feedback. Todo está bien. Sólo es un juego.

En el juego de la vida, la única manera de perder es no jugar. Cuando juegas activamente al juego, ganas experiencia y nuevas habilidades (y probablemente también oro). Sigue jugando y con el tiempo te formarás un personaje de nivel 10, nivel 20, nivel 30. Sólo asegúrate de que cuando llegues al nivel 30 hayas dejado de enfrentarte a monstruos de nivel 10.

Imagina estar en un mundo virtual jugando a un juego virtual. ¿Qué le diría un personaje experimentado a un personaje que no para de quejarse sobre lo difícil que es ganar oro, sobre lo malos que son los monstruos, lo mal que se reparten los puntos de experiencia, lo malos compañeros que son los demás? Probablemente la respuesta sería “¡Argh! ¡Deja de quejarte y juega!”. La vida es real, y real y virtual son sólo palabras.

Si estás en un cuerpo humano, has venido aquí a jugar el juego de la vida humana. Deja de sentarte a un lado y quejarte. Si pierdes todo tu oro, si tus compañeros te dejan perdido en un bosque, si tu personaje adquiere una enfermedad… lo cierto es que todo forma parte del juego. Cada contratiempo presenta una nueva serie de elecciones. Nadie dijo que el juego tuviera que ser justo, sólo que conviene que sea divertido e interesante. Si la experiencia será divertida e interesante, eso es algo que depende del tipo de jugador que seas.

¿Piensas que el juego está diseñado para que ganes en cada batalla con los monstruos, para que siempre tengas oro, para que tus compañeros de juego siempre sean los mejores? Por supuesto que no. No es así como el juego funciona. ¿Qué gracia tendría entonces? En muchas ocasiones te lanzas al campo de batalla cargado de motivación y de optimismo y te llevas un varapalo. Está bien. Es así como debe ser. Es parte del juego. Se supone que debe suponer un desafío.

Si todos tus intentos terminaran con el éxito a la primera, la vida sería extremadamente aburrida. Un buen juego incluye contratiempos, retrasos y azar. Eso es precisamente lo que hace el juego divertido. Eso es lo que te hacer seguir jugando y lo que te mantiene motivado. Si nuestros deseos se manifestaran instantáneamente, estaríamos profundamente aburridos. Es el esfuerzo y la incertidumbre lo que hacen de la vida algo interesante. La recompensa última no es el oro que consigamos recolectar, sino la misma experiencia del juego.

El juego de la vida humana termina con la muerte, pero hasta entonces, disfruta mientras estés aquí. La vida puede ser un juego divertido. Sal afuera y juega. Enfréntate a algunas de esas opciones atractivas que has estado evitando, acepta las consecuencias, crece y sigue jugando.

¡Juega!


PD: Este artículo está basado en “Life: the ultimate game” de Steve Pavlina


“El Diablo se disfraza de entropía y Dios de disipación. Dios no juega a los dados; Dios es el juego”

—Salvador Pániker