Experimenta por ti mismo

“No creas nada por el simple hecho de que muchos lo crean o finjan que lo creen; créelo después de someterlo al dictamen de la razón y a la voz de la conciencia”

— Siddharta

Vivimos en una época en la que tenemos acceso a cantidades ingentes de información. Jamás en la historia de la humanidad tantos habíamos sido expuestos a tantas fuentes diferentes. A apenas unas pulsaciones de teclado se encuentra un mar de experiencia compartida en lo que llamamos Internet. Si hay algo en lo que estamos todos de acuerdo es en que, a través de la Red, estamos cambiando la manera en que concebimos la vida, así como la manera en que accedemos a la información para nutrirnos de ella.

En ocasiones esta información está sesgada, respondiendo a agendas ocultas y empleando la tergiversación y la ocultación de detalles para formar opiniones. A menudo la información es deliberadamente limitada y convenientemente distorsionada, lo que la convierte en prácticamente inútil salvo para aquel que la emite. En otros casos las fuentes son fiables y honestas. Incluso en aquellos casos en los que la información responde a lo que sucedió realmente, todavía debemos decodificarla y asimilarla antes de incorporarla a nuestro sistema mental y poder darle un uso.

Cuando se transporta agua entre dos localizaciones diferentes, gran cantidad de la misma se pierde por el camino. Tal es la dificultad de la operación que incluso pérdidas de un 30% se consideran aceptables. Juntas defectuosas, evaporación, filtraciones… Con la información sucede lo mismo.

En la comunicación, una experiencia almacenada en el emisor debe ser codificada en palabras, transmitida a través de un medio y luego de nuevo decodificada por el receptor para tratar de reconstruir de nuevo la experiencia original. Tanto en el proceso de codificación como en el de decodificación se producen distorsiones. Las palabras, que sólo son símbolos empleados para codificar información, tienen significados diferentes en ambos lados de la comunicación. Por otra parte, las creencias y los valores, así como las presuposiciones que tanto emisor como receptor emplean, distorsionan sin desearlo la información transmitida. A la vez, ciertas partes de la comunicación se consideran evidentes o autoexplicativas y se omiten. El resultado es que no es fácil maximizar la cantidad de información que se transmite de forma eficaz, en ocasiones por el simple hecho de que no existe en el receptor la llave necesaria para decodificar el comunicado de la manera adecuada. Es decir, el receptor ni siquiera cuenta con la suficiente experiencia como para comprender la información que se le transmite.

De ahí que sea mucho más certero comunicar con el ejemplo. Es más eficaz hacer algo para alguien que explicarle cómo se debe hacer. La cantidad de información contenida en un ejemplo es muchísimo mayor que la codificada en palabras. Después de todo, una imagen vale más que mil palabras, así que una imagen tridimensional en movimiento… puedes hacer la cuenta.

Te diría que dudaras de todo, pero encuentro este consejo poco recomendable. La duda genera indecisión, y la indecisión genera parálisis. Es mejor actuar aunque los supuestos sean equivocados.

Asiéntate sobre tus propias creencias, pues son un gran punto de partida. Después de todo te han mantenido vivo hasta ahora. Desarrolla sobre tus propias creencias tus propios criterios, pues alguien con criterio es alguien que sabe lo que está bien y lo que está mal desde su propia perspectiva. Para ser crítico hay que contar con criterios propios, y para tener criterios propios se necesita un cierto grado de autoestima.

Cuando accedas a nueva información, no dudes de ella. Simplemente toma nota de la misma y archívala por si pudiera ser de utilidad en el futuro. Si la nueva información colisiona con tus propias creencias, entonces estás de enhorabuena. Tienes la oportunidad de ampliar tus miras, de ganar una mayor comprensión sobre el mundo que te rodea. Tienes la oportunidad de construir un modelo más amplio y más preciso de la realidad, lo que te permitirá en el futuro tomar decisiones más acertadas.

Evita creer en cosas sólo porque otros creen en ellas. Tus creencias han sido formadas durante mucho tiempo, recopilando información, relacionándola y contrastándola mediante la experimentación en el mundo. Utiliza eso como base, pues es tu base. Es tu propia experiencia. Si encuentras información que desafía tu creencia, si lo consideras oportuno, amplía tu propia creencia para abarcar lo que la nueva te ofrece y comienza a experimentar. Pon a prueba lo que otros creen antes de pasar a moverte de acuerdo a ello.

Sin ir más lejos, yo pongo mucha información aquí a tu disposición. No te pido que creas en ella, simplemente la expongo. Todo esto no es ni verdad ni mentira, sólo es información. Léela y considérala si así lo entiendes oportuno, y después toma lo que te resulte útil y descarta todo lo demás. Quizá de un artículo entero sólo te sirva una frase. Quizá te sirva el artículo entero. Discrimina lo que lees en función de tus objetivos, toma lo útil y descarta el resto. Y después experimenta por ti mismo y vive aquello que quieres poner a prueba.

Vivimos en un mundo físico, y la experimentación es la base de la vida en este mundo. Si bastara con hacer las cosas en la imaginación, podríamos prescindir del cuerpo. Es muy diferente pensar en hacer algo que pasar por ello. Imaginar una experiencia y empaparse en ella son cosas completamente dispares.

Hasta cierto punto todos somos diferentes, y lo que a unos les resulta útil puede ser incluso contraproducente para otros. Cada uno cuenta con una historia personal y con unas experiencias diferentes, y cada uno se encuentra en una situación distinta en la vida y precisa de unas directrices diferentes para llegar a una nueva situación deseada. Tu situación económica es diferente de la mía, tus padres son diferentes a los míos, tus amigos son diferentes a los míos. Tú cuentas con una serie de estrategias para moverte por el día y yo cuento con las mías, y cada uno tiene una manera de ser que proporciona al otro una paleta de comportamientos que poder copiar y adaptar a la propia situación.

Ten tus objetivos claros, puesto que hasta que no sepas adónde vas te será difícil saber qué te conviene llevar en la maleta. Tu equipaje será distinto si vas a Groenlandia que si vas al Cairo. Lo que en un caso te podría resultar útil, sólo será un engorro en el otro. No es hasta que tienes claro el objetivo que resulta muy difícil decidir si tener el vaso medio lleno es lo ideal o preferirías tenerlo medio vacío. Cuando sepas hacia adónde vas te resultará mucho más fácil discriminar la información que te interesa.

Y recuerda, la flexibilidad es la clave. En ocasiones unas creencias te resultarán útiles, y en ocasiones esas mismas creencias pueden resultar un lastre. Recopila nueva información y ponla a prueba, y acostúmbrate a estar dispuesto a cambiar de opinión para lograr mayores y más profundos entendimientos.

Experimenta por ti mismo, observa los resultados, corrige tus acciones y acércate cada día un poco más a los resultados que deseas obtener.


“Toda convicción es una cárcel”

—Nietzsche