JavierMalonda.com

Desarrollo personal inteligente

Aprender a pensar (de nuevo)

con 8 comentarios

Imagina por un momento que el ser humano tuviera dificultades con sus pensamientos. Imagina que pensara de una manera deficiente, mejorable. Imagina que el ser humano pudiera pensar de otra manera, de una manera más constructiva; más constructiva para él y para aquellos que le rodean. Imagina, directamente, que actualmente no supiéramos pensar o que lo hiciéramos muy mal.

Puede que pienses que esto es imposible. Piensa un poco más. Después de todo, ¿quién te ha enseñado a pensar? Probablemente tú mismo, y lo mismo sucedió a tus padres, a tus abuelos y a todos aquellos que vivieron antes que tú. Cada uno tuvo que aprender a pensar por sí mismo. De la misma manera que nadie nos enseña a hablar, sino que aprendemos sobre todo por imitación, nadie nos enseñó a pensar. Debimos aprender a pensar por nosotros mismos usando el ejemplo de otros.

En nuestra sombra (concepto de C. G. Jung) ocultamos todo aquello que no nos gusta de nosotros. Entre ello, ocultamos a los demás nuestras carencias, nuestras limitaciones, y al hacerlo lo ocultamos también de nosotros mismos. Mirar en la sombra no es fácil, porque precisamente ahí guardamos ocultas todas aquellas cosas que nos avergüenzan. Carencias y límites entre otras cosas. No es fácil echar un vistazo a las propias carencias y limitaciones, y desde luego no es fácil exponerlas ante otros.

Jung llegó a descubrir que precisamente es en la sombra donde ocultamos nuestros mayores tesoros. Cuando uno descubre una limitación y la acepta, entonces está en disposición de mejorar sobre ella, de convertir esa limitación en una ventaja. Toda moneda tiene dos caras, y la cara positiva de descubrir y asimilar una carencia es el descubrimiento de un potencial. En este caso, descubrir que uno muestra limitaciones en su forma de pensar es descubrir que uno lo puede hacer mejor.

¿Qué es “pensar mejor”? Esa es una buena pregunta. La mente humana es como un caballo salvaje; debe ser domada para poder exprimir toda su potencia. Se debe conocer cómo funciona, cómo realiza las asociaciones, cómo asigna significado, cómo crea abstracciones. Se debe conocer qué reglas utiliza para funcionar.

Piensa sobre la manera en que piensas. Siéntate un rato en tranquilidad y sé consciente de tus pensamientos. Sé consciente de las cosas que traes a tu consciencia y las consecuencias que tienen sobre lo que sientes y cómo te sientes. Es probable que te des cuenta de que usas tu mente de una manera muy destructiva. Si eres como la mayoría de los seres humanos que conozco, probablemente descubras, diciéndolo claramente y en pocas palabras, que usas tu mente contra ti mismo. Piensas a menudo de una manera que te hace sentir mal. Así pues, una de las conclusiones a las que probablemente llegarás es que la mayor parte de lo que piensas te resulta nocivo. Eso es, a mi parecer, un gran descubrimiento.

Por otra parte podemos analizar la longitud del hilo de pensamiento (o tren de pensamientos —train of thoughts—, que dicen los ingleses). Sé consciente de la cantidad de pensamientos que eres capaz de enlazar manteniendo el sentido inicial del hilo y antes de pasar a pensar sobre otro tema. Es posible que al principio no te resulte fácil esta tarea. Después de todo, estás pensando sobre cómo piensas. Te encuentras en un nivel superior dentro de tu mente. Has creado un metanivel en el que reflexionas sobre la manera en que piensas. Has creado un nuevo nivel de abstracción que utilizarás para explorar el propio pensamiento.

Un tren de pensamientos es un diálogo mental. El tren tendrá sentido si a cada pensamiento le sigue uno que cumple una serie de reglas lógicas. No basta con que la conexión sea lógica, sino que la conclusión que se siga debe, entre otras cosas, estar basada en evidencias sensoriales. “Me miró mal” no es una evidencia, es una mera interpretación. Si piensas a partir de una interpretación, corres el riesgo de acumular una interpretación sobre otra y terminar alejándote de la realidad para entrar una fantasía, y lo que es peor, puedes concluir que esa fantasía es cierta y actuar de acuerdo a ella. Las reglas del pensamiento eficiente son complejas.

Un diálogo contigo mismo es muy similar a un diálogo con otra persona. Si yo deseo que comprendas lo que digo, debo mantener una coherencia en lo que expongo. Si además deseo que sigas el razonamiento, cada una de las frases que conecto debe tener un sentido para ti. Si has comprendido la primera frase de este párrafo y sigues comprendiendo esta, entonces he conseguido crear un tren de pensamientos de varias frases que sigue manteniendo una coherencia para ti. Cuanto más largo sea el tren, más significado seremos capaz de intercambiar. Lo mismo es válido para ti contigo mismo.

Llevo aproximadamente dos años pensando sobre la manera en que pienso. En ese sentido la PNL, con su magnífico Metamodelo del lenguaje, se ha probado como una herramienta fantástica. Es un trabajo que me resulta arduo pero también enormemente gratificante. A menudo la gente me dice que no dejo de hacer preguntas, que pienso demasiado. “Me pregunto ¿Demasiado para qué?, y como carezco de una respuesta con sentido para mí, continúo con una de las actividades más gratas que conozco: pensar. Mi mayor problema es que no me resulta fácil todavía comunicar las cosas que voy descubriendo. Son conceptos todavía tan complejos para mí que no me resulta fácil ponerlos en palabras y además estar seguro de que otros comprenden lo que transmito. Pensar a otro nivel implica comunicar a otro nivel, y la primera limitación que encuentro es que debo comunicar un nuevo nivel de pensamiento empleando el viejo nivel. Debo crear un nuevo lenguaje a partir del viejo, y debo explicar el nuevo lenguaje en palabras del viejo, que es lo que los demás suelen comprender. La tarea no es fácil y todavía encuentro limitaciones al respecto.

Admitirme a mí mismo que mi pensamiento, mi manera de pensar, es mejorable, abre para mí un enorme campo de posibilidades. El potencial es enorme y está ahí para su exploración. Cualquiera puede adentrarse en la experiencia, y las lecciones suelen ser tremendas. El desarrollo del ser humano facilita, en estas circunstancias, la posibilidad de saltos cualitativos. En mi caso soy consciente de que mi manera de pensar es muy mejorable y me resulta excitante pensar en las posibles implicaciones que se deriven del aprendizaje de una mejor manera de pensar. En estos dos años los resultados han sido muy beneficiosos, y preveo muchos más beneficios en el futuro.

Algo importante para mí y que aprendí de mi padre es el pragmatismo; es decir, el tipo de respuestas que uno puede obtener de preguntas como “¿Y esto para qué sirve?”. Considero a la “ingeniería del pensamiento” o “ingeniería mental”, como me gusta llamarla, una “ciencia” joven que puede tener grandes aplicaciones en el campo del pensamiento y de la experiencia humanas. Denomino a este tipo de disciplina “ingeniería del pensamiento” por mi propia formación en ingeniería. Me gusta pensar en el pensamiento como un entramado estructural susceptible de modificaciones, refuerzos y mejoras continuas.

Imagina que tus pensamientos son puentes que te permiten llegar hasta determinados lugares en tu interior. Puede que te estés enfrentando a una situación ahora en tu vida que te gustaría comprender o a la que te gustaría dar sentido de alguna manera. Mientras tratas de hacerlo, consumes energía y tiempo en el proceso. Dentro de ti se halla la capacidad de comprender la situación, aunque careces de los pensamientos necesarios para llegar hasta allí. Si consiguieras situarte en determinada perspectiva, si consiguieras llegar a un determinado lugar dentro de tu mapa mental, serías capaz de comprender qué está sucediendo de la manera más precisa posible, y estarías por tanto en disposición de operar de la manera más eficaz posible. Una perspectiva más precisa y completa permite obtener una mayor cantidad de información, lo cual redunda en la capacidad de formar una estrategia de resolución más acertada. Más información, más precisión. Más significado, mayor relevancia.

El problema, pues, a la hora de alcanzar esa perspectiva, es que careces de pensamientos que te lleven hasta allí. ¿Cómo conseguirlos entonces? Con ayuda de otro ser humano que sea capaz de proporcionarte esos pensamientos de los que careces por no haber sido expuesto antes a ellos. Este ser humano conoce los problemas habituales del pensar y conoce también las técnicas adecuadas para dirigir tu mente hacia los pensamientos que más te convienen en esa situación. Es lo que se suele realizar en la terapia psicológica, aunque pienso que puedo lograr una manera más eficaz de tratar las carencias de pensamientos. Es decir, tengo cierta facilidad para detectar las fallas estructurales en el pensamiento y la capacidad de sugerir nuevas posibilidades en tu construcción mental, de ahí el término “ingeniería del pensamiento”. Observo el entramado mental, descubro sus fallos de diseño y sugiero mejoras que permiten hacer más sólido el ingenio mental que uno ha construido para comprender una situación determinada. En otras palabras; modifico el “intérprete mental” que uno utiliza para procesar la realidad.

Dado que empleamos ingenios mentales (filtros neurológicos) para comprender la experiencia de vivir, y comprender a otras personas y a nosotros mismos, una ligera modificación en el dispositivo tiene a menudo fuertes impactos sobre la percepción, creando una nueva perspectiva desde la que observar la experiencia vital. Esto repercute sobre los comportamientos que llevas a cabo y sobre los resultados que de ellos obtienes. Por tanto, un rediseño del aspecto mental de la percepción es una posible aplicación de la “ingeniería del pensamiento”.

Quizá te preguntes qué me hace pensar que cuento con esa habilidad, aparte del hecho de que me apasione pensar y explorar las formas del pensamiento. La respuesta es la siguiente. Llevo más de seis años compartiendo mis pensamientos en una página en Internet. El título de la misma es “El sentido de la vida“, lo que quizá te sugiera que llevo más de seis años haciéndome preguntas alrededor de la pregunta “¿Cuál es el sentido de la vida?”. De esa pregunta derivan otras muchas como ¿Existe un sentido en la vida?, ¿Debo siquiera buscarlo? ¿Obtengo mejores resultados si busco un sentido a la vida o si le doy un sentido a la vida? ¿Cómo evalúo si unos resultados son mejores qué otros? ¿Qué criterios me sería útil establecer? ¿Qué significa dar sentido a la vida? ¿Me conviene formular la pregunta como “¿Qué significa dar un sentido a mi vida?” en vez de “¿qué significa dar un sentido a la vida?” (a veces resulta útil hacer preguntas sobre las propias preguntas), ¿Existe un sentido inherente a cada ser humano? ¿Existe un sentido común a todos los seres humanos? Si así fuera, ¿cuál sería y qué aspecto tendría? ¿Qué sucede a medida que uno va consiguiendo dar más y más sentido a su vida? ¿Qué nos indica que estamos progresando? ¿Cuáles son las referencias sensoriales? ¿Qué se siente, se ve, se oye, se huele y se saborea? ¿Cómo medir el progreso del mismo proceso? ¿Cómo darle mayor sentido a la propia vida? ¿Cómo saber que se está progresando?

La actividad que se deriva de una única pregunta (¿Cuál es el sentido de la vida?) gira en torno a la misma raíz del ser humano, gira en torno a la propia experiencia del ser. Las respuestas arrojan nuevas preguntas y las diferentes implicaciones de cada nuevo camino que se abre deben ser consideradas cuidadosamente. Lo que trato de decir es que se trata de un área compleja y que exige una enorme cantidad de trabajo, trabajo que llevo realizando durante aproximadamente la última década y que me ha permitido reunir una gran cantidad de conocimiento al respecto. Lo que me gustaría hacer ahora es compartir ese conocimiento contigo para ayudarte a mejorar tu propia experiencia de la vida, y es por esto que escribo esta página.

Me gusta escribir. Disfruto con la comunicación escrita. En estos seis años de escribir todas las semanas he desarrollado la capacidad de refinar continuamente mis dotes comunicativas. Esto significa, entre otras cosas, que soy capaz de comunicar más significado con menos palabras. He desarrollado la capacidad de crear frases y pensamientos que contienen una gran cantidad de significado, y también soy ahora hábil en intuir si el lector será capaz de comprender el sentido exacto de la comunicación. El proceso requiere de un equilibrio muy fino. Si empleo pocas palabras con mucho significado, pocos lectores serán capaces de comprender ese significado. Si decido emplear más palabras para transmitir el mismo significado, corro el riesgo de que el lector que lo hubiera entendido con menos se pierda al ampliar la composición del mismo mensaje. En cierto modo, al escoger mis palabras, debo decidir a cuántos lectores seré capaz de llegar. Lo que unos entenderán con una única frase será un galimatías sin sentido para otros. Esta es una de las caras del arte de la comunicación en su versión escrita, arte en el que me esmero en mejorar en cada escrito.

Resumiendo: mi pasión por el pensamiento, mi conocimiento acerca de cómo construir conceptos mentales sólidos y bien anclados en la realidad sensorial, mi pasión por investigar el sentido de la vida y las conclusiones que de ello extraigo, y mi capacidad de comunicar, me sitúan en una posición ventajosa en la “disciplina” de la ingeniería mental aplicada a mejorar la experiencia de ser humano. Espero ser capaz de utilizar todas estas capacidades en tu beneficio y el mío propio, y a la vez conseguir que ambos disfrutemos del proceso. Entiendo que la cooperación y la colaboración (co-laboración, trabajo cooperativo) son dos de las fuerzas más poderosas del Universo, o quizá su base fundamental.

Cierro ya esta columna. Si hay algo que verdaderamente quiero comunicar en este texto es el párrafo inicial, que repito aquí ahora para tu mejor comprensión:

Imagina por un momento que el ser humano tuviera dificultades con sus pensamientos. Imagina que pensara de una manera deficiente, mejorable. Imagina que el ser humano pudiera pensar de otra manera, de una manera más constructiva; más constructiva para él y para aquellos que le rodean. Imagina, directamente, que actualmente no supiéramos pensar o que lo hiciéramos muy mal. Después de todo, ¿quién te ha enseñado a pensar? Probablemente tú mismo, y lo mismo sucedió a tus padres, a tus abuelos y a todos aquellos que vivieron antes que tú. Cada uno tuvo que aprender a pensar por sí mismo. De la misma manera que nadie nos enseña a hablar, sino que aprendemos sobre todo por imitación, nadie nos enseñó a pensar. Debimos aprender a pensar por nosotros mismos usando el ejemplo de otros.

Date cuenta de lo que eso significa. Si deseas reducirlo todo a un único concepto, lo expresaré ahora con menos palabras y de manera más precisa: existe la posibilidad de que tu manera de pensar sea muy mejorable.

PD: Si has conseguido seguir este texto hasta el final, ambos estamos de enhorabuena. Hemos conseguido conectar a un nivel diferente del habitual. Si has experimentado problemas para comprender el texto íntegramente, o para dar un sentido a ciertas partes del artículo, es muy posible que estemos ante un problema de incomunicación entre diferentes estados de consciencia. Elige pensar que existe un potencial en esa limitación en la manera de comunicarnos y que ambos podemos beneficiarnos de la experiencia. Elige pensar mejor. Por ti y por mí.

Gracias.

–––––
Puedes contactar con el autor aquí.

Artículos relacionados:

  1. Siempre es un buen momento para aprender algo
  2. La importancia de hacer cosas diferentes
  3. Psiconeuroinmunobiología (Entrevista a Mario Alonso Puig)
  4. Centros recomendados para aprender PNL
  5. ¿Quién tiene la culpa?

Written by jmalonda

mayo 3rd, 2010 at 3:13 pm

8 Responses to 'Aprender a pensar (de nuevo)'

Subscribe to comments with RSS or TrackBack to 'Aprender a pensar (de nuevo)'.

  1. [...] This post was mentioned on Twitter by GonzoTBA. GonzoTBA said: Nuevo artículo: Aprender a pensar (de nuevo) :: http://cli.gs/da50Q [...]

  2. Gracias… Anoche conseguiste un observador mas.

    Saludos.

    Elas

    3 may 10 at 19:16

  3. Hola Javier, gracias por tus textos.
    He seguido el hilo hasta el final y he disfrutado del proceso. Es un placer leerte de vez en cuando.

    Saludos,

    Nacho

    4 may 10 at 17:46

  4. Javier, te animo a que sigas escribiendo como lo haces.
    Este blog y ESDLV son mis favoritos.
    Aportan, aclaran y marcan un camino.

    Gracias!

    Laura

    6 may 10 at 04:02

  5. [...] Aprender a pensar (de nuevo) http://www.javiermalonda.com/2010/05/aprender-a-pensar-de-nuevo/  por Lestercillo hace 2 segundos [...]

  6. Gracias por compartir tus conocimientos con los demás. Yo estoy encontrando mucho de mi mismo en las cosas que escribes. Siempre he pensado mucho en lo que pienso y en cómo pienso, como llego a las conclusiones…

    Me he pillado a mi mismo mintiéndome más de una vez :P , es gracioso darse cuenta de cómo te manipulas a ti mismo, a menudo en tu propio perjuicio… pero es que hay momentos en los que parte de ti no quiere ver ciertas cosas…

    Donde me encuentro algo confuso es en la conexión del pensamiento y los sentimientos… y me resulta complicado explicarlo… sería un necio si pensase que no están conexos, pero tengo la impresión que si pienso demasiado acerca de ellos no los vivo con la misma intensidad o que mientras pienso en ellos, se me escapan y finalmente el pensamiento funciona como un amortiguador de sentimientos. Todo parece menos impresionante, menos impactante, menos diferente si lo sometes al escrutinio de la mente… claro, pero eso puede ser porque no pienso bien, no lo tengo del todo claro… porque si aplicas las preguntas que comentas en el artículo a algo que en primera instancia te ha parecido excepcional, impresionante, a menudo ocurrirá que después de responderlas ya no te lo parezca, porque en realidad es bastante mundano o habitual. Y puf! la emoción se amortigua, te la has robado tu solito, al menos éso me pasa a mi.

    Ésa emoción, aunque pudiese estar injustificada, era real, era de verdad… y la has perdido… has perdido ése alimento para el alma.

    Hoy por hoy, intento entregarme algo más a las emociones y sentimientos y pensar algo menos acerca de lo que me rodea y lo que me pasa… pero no lo consigo muy bien, ésta puñetera mente analítico-pensadora…

    Gracias por intentar ayudarnos, yo espero ayudar a expresar los pensamientos de otros que no se atreven a comentar y a ayudarme a mi mismo al mismo tiempo.

    Kusanagi

    6 may 10 at 11:17

  7. Hola Kusanagi,

    gracias ante todo por las gracias. Invierto mucha energia e ilusión en esta página y me viene muy bien saber que hay gente que lo aprecia. Me anima a continuar sabiendo que es un esfuerzo que es recogido por otros.

    En cuanto a lo que comentas de los pensamientos como amortiguadores de sentimientos, entiendo muy bien lo que dices, aunque es algo relativamente nuevo para mí y todavía lo estoy tanteando. No fue hasta hace un año que me di cuenta de hasta qué punto era una persona mental y analizadora y lo que ello suponía.

    Los pensamientos son filtros. Nos ayudan a ordenar la realidad y a darle sentido. Como bien dices, sobreanalizar puede llevar a un cierto entumecimiento o exceso de amortiguación respecto del entorno. Las percepciones se revisan una y otra vez hasta que pierden su significado “bruto”. A veces me doy cuenta de que, ante algo que me sucede, tiendo a decirme “Esto es impresionante”, en vez de callarme la mente y dejarme invadir por la sensación. De la misma manera, muchos olemos un olor agradable y nos decimos “¡qué bien huele!” y nos quedamos ahí, en vez de profundizar en el olor y encontrar nuevos matices y sensaciones. En mi caso es algo en lo que estoy trabajando desde hace tiempo con buenos resultados. Como todo, es una cuestión de práctica.

    Sobreanalizar tiene esta desventaja de la que hablamos y que en realidad es un potencial que podemos desarrollar para vivir la vida más intensamente. Te recomiendo que elijas pensar que desarrollar esta habilidad te permitirá acceder a nuevas dimensiones de la vida. Siéntete feliz por ello. Como todo tiene dos caras, esta capacidad de sobreanalizar también tiene su lado positivo. Cuando otras personas se dejan llevar por sus emociones, cuando otros corren presa del pánico, tú tienes la opción de detenerte un momento y profundizar en la situación. Al igual que tú y yo tenemos todavía dificultades para experimentar nuestras emociones, hay otros que tienen problemas para salir de ellas, y a menudo se meten en líos por ello. Una cosa no es mejor que la otra, son simplemente opciones disponibles del ser. Lo ideal, como siempre, es practicar ambas habilidades para disponer de ellas en cualquier momento y tener más opciones a la hora de reaccionar. En algunas situaciones nos convendrá emocionarnos; en otras analizar. La clave está en la flexibilidad. El elemento más flexible del sistema siempre es el que más opciones tiene.

    Gracias por tu intervención expresando ideas tan profundas a la vista de todos. Para mí son conceptos todavía difíciles de articular, y pienso que lo has hecho muy bien.

    Un abrazo!

    jmalonda

    6 may 10 at 12:03

  8. Me gusta lo que escribes y cómo lo escribes, aún así echo en falta más ejemplos de cómo vives lo que cuentas, lo que intentas transmitir, porque sino se me antoja demasiada teoría, que no sé bien cómo aplicar o simplemente como comparar con cómo vivo yo el día a día.

    Da gusto leerte, no he estudiado PNL, me gusta elegir cada palabra que escribo y digo, me complacen las frases que no están vacías de contenido, así que disfruto leyendo tus textos.

    Ana

    14 may 10 at 12:35

Leave a Reply