Niveles de certidumbre de las creencias
En el artículo anterior exploramos las creencias y nos detuvimos en cómo se forman las mismas. En esta columna pondré un breve ejemplo sobre las consecuencias de elegir creencias concretas y luego explicaré los diferentes niveles de certidumbre de las creencias según la PNL.
A menudo creemos que son las circunstancias las que controlan nuestras vidas. Nuestra pareja, nuestros hijos, nuestro jefe… el entorno es responsable de nuestra vida y uno es un mero actor a la deriva entre todo lo que sucede. Al final terminamos pensando que las circunstancias nos han creado tal y como somos y que nuestras elecciones para llegar hasta este lugar han sido irrelevantes. Es cierto que el entorno y las circunstancias influyen en nuestras vidas, después de todo son el escenario en el que nos movemos, pero disponemos del enorme poder de decidir lo que significa todo lo que sucede a nuestro alrededor. Las creencias son un elemento fundamental a la hora de asignar este significado, de ahí que sean una enorme fuente de poder.
Ilustraré esto con la siguiente historia:
Un hombre cumple condena por varios delitos, entre ellos el de asesinato. Este hombre tuvo dos hijos. El primero creció siguiendo los pasos de su padre, cometiendo toda clase de actos ilegales. Su vida se reduce a entrar y salir de la cárcel. El segundo, nacido apenas diez meses después, es un hombre de bien. Saborea el éxito en la empresa en la que trabaja, disfruta de un matrimonio feliz y educa a sus hijos con discernimiento y buen hacer. Se mantiene en forma y goza de buena salud. A ambos hermanos les preguntaron por separado “¿Por qué ha dirigido su vida por este camino?”. Sorprendentemente, ambos dieron la misma respuesta:
“Teniendo un padre como el mío, ¿en qué otra cosa me hubiera podido convertir?”
Lo importante no son las circunstancias, sino lo que haces con ellas.
Niveles de certidumbre de las creencias
Nuestras creencias poseen diferentes niveles de certidumbre e intensidad emocional, y es por tanto relevante hacer distinciones. La PNL establece la siguiente gradación:
- Las opiniones: Una opinión es algo de lo que uno se siente relativamente seguro, y es la expresión de una certidumbre temporal ya que es relativamente fácil cambiar de opinión. La idea inicial ha sido todavía poco cimentada, poco experimentada, o ha sido alimentada con vivencias poco relevantes, de ahí que resulte sencillo cambiar de opinión al recopilar nuevas experiencias o al escuchar opiniones contrarias. Es sorprendente, sin embargo, lo mucho que nos siguen afectando las opiniones ajenas.
- Las creencias: Una creencia se forma cuando empezamos a experimentar con una opinión y vamos recopilando experiencias más amplias y sólidas, a la vez que las unimos con fuertes cargas emocionales que nacen de nuestras vivencias. Esto alimenta la opinión inicial y la reafirma, aportándonos una certidumbre absoluta sobre algo. A menudo las personas con creencias tienen un nivel de certidumbre tan fuerte que suelen cerrarse a cualquier nueva información que ponga en duda la misma. Recuerda que tú no eres tus creencias; simplemente son principios de guía.
- Las convicciones: Una convicción es una creencia vinculada a una enorme carga emocional. Cuestionar a alguien su creencia en este nivel de certidumbre puede suponer un conflicto irreversible con la persona que la sostiene. Las obsesiones y los fanatismos están alimentados de convicciones fervientes en un círculo que se retroalimenta.
Alguien que lamenta el estado de la educación tiene una creencia. Alguien que presenta alternativas para la mejora de la educación tiene una convicción. En ocasiones una convicción puede ser más útil que una creencia debido a que puede proporcionarnos el poder necesario para impulsarnos a la acción. En el extremo, una convicción puede atraparnos en la inflexibilidad y en la rigidez.
“Toda convicción es una cárcel”
—Nietzsche
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