Incomunicación entre estados de consciencia
Aprovechando el artículo anterior (La escala de la consciencia) hablaré esta vez de un fenómeno poco documentado, denominado “Incomunicación entre estados de consciencia”.
Un estado alterado de consciencia es un estado diferente del “habitual”. Esta alteración es debida a algún cambio en el sistema fisiológico que nos compone, y afecta directamente a los procesos mentales. Cualquier cosa que altere nuestro estado habitual influye en nuestra perspectiva sobre todo lo que nos rodea. Actividades tan sencillas como un poco de deporte o una euforia pasajera pueden llevarnos a considerar las cosas de otra manera. Coincido con mi padre en que la noche, con el cansancio acumulado durante la jornada, impide tomar decisiones lúcidas. Todo se ve de otra manera por la mañana. También un ataque de rabia nos puede llevar a actuar de un modo que normalmente ni siquiera consideraríamos.
Una manera directa y sencilla de alterar nuestro estado de consciencia es mediante el uso de drogas, ya sean blandas (tabaco, cafeína, alcohol, marihuana) o duras. Seguramente cualquiera de nosotros ha experimentado con algunas de esas drogas y es consciente de las alteraciones que bajo sus efectos tienen lugar (especialmente en el caso del alcohol, la marihuana y otras drogas más potentes).
La mente funciona realizando asociaciones. Estas asociaciones siguen caminos neurológicos preestablecidos por el condicionamiento diario. Esto es, tenemos tendencia a pensar siempre las mismas cosas y de la misma manera, conectando conceptos similares ante determinados estímulos. Imagina los caminos neurológicos como surcos en la arena, y a la relación entre pensamientos como agua que corre por estos surcos. A medida que un camino se repite una y otra vez, se hace más profundo, de modo que cada vez será más difícil que partiendo de un punto A deje de llegarse a un punto B para llegar a C o a D.
Imagina la mente como un ordenador. En él funcionan una serie de programas, de tal manera que una determinada entrada proporciona una determinada salida. Un estado alterado equivaldría a haber alterado la programación, de tal manera que una determinada entrada proporciona una salida inesperada. Si el ordenador se reprograma de una manera diferente, el mismo dato de entrada será manejado de una manera completamente distinta. Nuestro conocimiento del programa antiguo nos permitirá saber muy poco sobre cómo serán procesados los datos, incluso aunque ambos programas tengan algunas subrutinas en común.
En condiciones alteradas y relajadas, la mente es especialmente creativa. Esto supone que podemos comenzar en un pensamiento habitual y enlazar con un pensamiento extraño que quizá tengamos por primera vez. Al proseguir iterando desde el nuevo pensamiento, llegaremos a otro pensamiento todavía más alejado del camino neurológico habitual. Es decir, en estados alterados, se tienden a ignorar los patrones habituales para explorar otros terrenos de una manera más creativa y menos limitada. Profundos estados de relajación pueden llevarnos a lugares desconocidos y de extremada creatividad. En el caso contrario, y siendo que tenemos tendencia a creernos lo que pensamos sin contrastarlo previamente con el mundo exterior, el proceso mental en un estado angustioso puede llegar a desembocar en la paranoia.
El estado de consciencia está directamente relacionado con la manera en que asignamos significado a los sucesos que nos rodean. Y aquí es donde aparece el concepto de la incomunicación: cuando dos personas se encuentran en estados de consciencia muy dispares, existirán dificultades a la hora de comunicarse entre sí. Ambos percibirán el entorno de una manera tan diferente que será difícil el entendimiento entre ellos.
La comunicación es un proceso complejo. Cada persona posee una interpretación del mundo que le rodea, un mapa del territorio. Para comunicar una experiencia debe hacer una selección de aquellos conceptos que quiere comunicar y, posteriormente, debe codificarlos en palabras. El significado de cada una de las palabras que escoge es estrictamente personal, y una misma palabra en un mismo contexto puede tener significados muy dispares para dos comunicantes. En un caso extremo, una persona puede escuchar una frase y ser incapaz de encontrar un significado coherente en la misma. Es decir, será incapaz de decodificar la información que le ha sido entregada.
Llevo escribiendo textos más de seis años en El Sentido de la Vida, y todavía me resulta curioso que cada una de las historias que cuento parece desdoblarse con cada lector. Todos leen los mismos textos, pero cada uno entiende una cosa distinta. Es como si de cada texto se creara una nueva copia por cada persona que la lee. Unas frases adquieren especial relevancia y ocultan otras, otras pasan desapercibidas mientras que otras parecen directamente no ser leídas. Por otra parte, cada persona lee el texto con una voz diferente en su mente, dependiendo de lo que esperen encontrar y de la imagen que se hayan formado de mí. Solamente el título y el primer párrafo ya crean un contexto o marco que el lector puede emplear para decodificar el resto del texto. Rara vez encuentro un lector que haya sido capaz de conectar directamente con lo que quería comunicar, lo que todavía me resulta absolutamente fascinante. Por ilustrar este efecto, piensa en el significado que extraerían de esta misma columna un lector de 15 años y otro de 30.
Siendo que a los seres humanos nos encanta comprender y ser comprendidos, es natural que tendamos a juntarnos con otros en un nivel de consciencia similar al nuestro. Observa que aquellas personas con las que mejor te llevas siguen patrones de pensamientos similares al tuyo, de tal manera que muchas veces uno se adelanta a decir lo que el otro tenía en la punta de la lengua. Unos pocos minutos de conversación pueden bastar para saber si nos llevaremos bien o no con un nuevo conocido y si valdrá la pena un próximo encuentro. Mismos estados de consciencia tienden a crear fisiologías similares, lenguaje corporal parecido y por tanto sintonía o rapport.
Un caso curioso es el de diferentes estados de consciencia en una misma persona. En ocasiones uno, en un estado alterado, puede hacer o decir cosas que en ese momento resultan perfectamente lógicas y razonables para, al retornar al estado habitual, encontrar que sus palabras o sus acciones no tienen ningún sentido. A nivel personal, en ocasiones he escrito algunas ideas en un estado alterado. En ese momento cada uno de los pasos del razonamiento son perfectamente válidos, lógicos y factibles, y a menudo sencillamente brillantes. Puedo enlazar varias ideas que considero geniales y pensar que tienen perfecto sentido. Al día siguiente, cuando reviso mis notas, no consigo o me cuesta encontrar la perspectiva desde la que eran brillantes o siquiera factibles. Es un ejemplo de incomunicación entre diferentes estados en la misma persona.
Cada una de nuestras consciencias se encuentra en un punto diferente de su propia evolución. Una persona en el nivel de orgullo y una persona en el nivel de razón tendrán poco de lo que hablar. La primera puede tratar de impresionar a la segunda con un bolso o unos zapatos nuevos que acaba de incorporar a su identidad, y la segunda encontrará la conversación insípida y poco estimulante. Si la diferencia entre sus niveles es lo suficientemente dispar, inconscientemente harán lo posible por evitarse, ya que un encuentro entre ambas resultará muy poco provechoso.