Creencias limitadoras y creencias generativas
Cada uno de nosotros, aunque lo desconozca, posee un conjunto de creencias que le han traído hasta este momento. Son partes de su modelo del mundo construidas a partir de sus propias experiencias vitales. En este sentido, debemos estar agradecidos a las creencias porque nos permiten ordenar el mundo, darle un sentido y mantenernos vivos.
En general, una creencia cualquiera es neutra. Simplemente nos ayuda en nuestro circular por el mundo. Ahora bien, cuando trazamos nuevos planes y objetivos, es fácil encontrar bloqueos mentales, nudos en nuestro pensamiento, que nos complican el recorrido hasta el resultado que deseamos obtener. De hecho, una creencia misma puede estar bloqueando en nuestra mente el acceso a un resultado superior y no sólo el camino hacia el mismo. Es en ese momento, cuando nos planteamos un objetivo, que las creencias pasan a dividirse en dos categorías: limitadoras y generativas. Las creencias limitadoras son aquellas que limitan nuestro comportamiento y por tanto los resultados que podemos obtener mientras nos dirigimos a nuestra meta. Las creencias generativas, por contra, son aquellas que nos proporcionan una mayor flexibilidad, amplían nuestras posibilidades y nos proporcionan nuevos poderes personales.
Ilustraré este concepto con el siguiente ejemplo:
Una mujer que haya tenido tres novios que la maltrataron físicamente puede haber desarrollado la creencia “Todos los hombres son violentos”. En esta creencia se incluyen los tres filtros genéticos de la mente: omisión, distorsión y generalización. Esta creencia, o quizá ya convicción por la carga emocional implicada, tendrá una influencia decisiva sobre el resto de su vida. Influirá en su manera de relacionarse con los hombres, en la selección de los mismos que haga y en su esperanza de vivir una vida apacible en pareja, aparte de muchas otras cosas.
Desde el punto de vista de la mujer, es justo, lícito y razonable creer que todos los hombres son violentos. La idea es lógica dentro de sus esquemas mentales, de su visión del mundo. Después de todo, se trata de una idea reforzada con años de experiencia vital. Esa creencia en particular le permite andar en guardia con los hombres y seguir con vida, o al menos llevar una vida más apacible que la anterior. En circunstancias normales, se trata de una creencia útil, y es por eso que sigue ahí. La mente no desea necesariamente que prosperemos; desea que sigamos con vida.
El problema surge cuando esa mujer decide conocer a un nuevo hombre y establecer una relación. Su percepción del mundo se encuentra distorsionada (¿y la de quién no?). En su visión, todos los hombres son violentos. Partiendo desde esa creencia, ¿cuál será el resultado más probable? Es posible que tienda a conocer solamente hombres violentos. Después de todo, si todos los hombres son violentos, entonces, si no es violento, no será un hombre. Es posible que, de entre todos los hombres violentos que conozca, termine por quedarse con el menos violento de ellos. Habrá dado entonces un paso hacia adelante partiendo desde sus experiencias pasadas, pero habrá elegido de nuevo a un hombre violento. Quizá se encuentre incluso contenta porque su nuevo novio “apenas” le da una bofetada de vez en cuando. Este es un posible resultado al cabo de unos meses, pero ¿y si hubiera decidido desafiar su creencia desde el principio?
La mujer de nuestro ejemplo podría haber elegido, conscientemente, desafiar su propia creencia y optar por creer algo diferente. Esto es algo que exige un gran coraje, ya que una de las decisiones más difíciles que uno puede tomar es desafiar a su propia experiencia y creer que las cosas pueden ser de otra manera. La mujer podría elegir creer, al menos, que “Hay algunos hombres buenos”. Si saliera a la calle con esa creencia estaría más abierta y receptiva a otro tipo de hombres. Sería capaz de apreciar la bondad de algunos de ellos. Quizá podría conocer a un hombre bueno y terminar estableciendo con él una relación armoniosa o, al menos, mucho más positiva que las anteriores.
Este es un ejemplo de cómo las creencias influyen en nuestra percepción de las cosas, de cómo nuestra percepción de las cosas genera nuevos comportamientos y de cómo nuevos comportamientos generan nuevos resultados. Cambiar una única creencia puede tener, en apenas unos meses, un enorme impacto en un área de tu vida.
Las creencias generativas
Las creencias generativas, o simplemente positivas, son a menudo meros permisos que estimulan nuestras capacidades. Las creencias crean resultados.
“Tanto si crees que puedes como si no, estás en lo cierto”
—Henry Ford
Las creencias limitadoras, generalmente, se centran en torno al presente. “No puedo conseguir más dinero”. Este pensamiento es solamente válido para este instante. Sin embargo, tendemos a aceptar que no poder hacer algo ahora mismo es sinónimo de no poder hacerlo nunca. Creer que “No puedo…” es una descripción de tus capacidades ahora y en el futuro, y en vez de ser una descripción de tu comportamiento ahora, programará tu mente hacia el futuro y te impedirá explorar y encontrar tus verdaderas capacidades. Las creencias limitadoras, a menudo, carecen de una base experimental. Puede que creas que nunca llegarás a ser nada en la vida simplemente porque te lo haya dicho tu padre. Todavía tendemos a aceptar las creencias de las figuras que respetamos sin siquiera desafiarlas un momento.
Una buena metáfora sobre cómo funcionan las creencias limitadoras es la manera en que funciona el ojo de una rana. Una rana ve su entorno inmediato y sólo interpreta como alimento aquello que se mueve y tiene un cierto tamaño. Ésta es una manera muy eficaz para la rana de encontrar moscas. Sin embargo, como sólo reconoce como alimento objetos negros en movimiento, una rana morirá de hambre en una caja llena de moscas muertas. De la misma manera, los filtros perceptivos muy estrechos y muy eficaces pueden privarnos de nuevas experiencias, aunque estemos rodeados de enormes posibilidades, por el simple hecho de que no las reconoceremos como tales.
Las creencias generativas amplían nuestra percepción y nos permiten fijarnos en cosas que antes pasábamos por alto. Imagina que estás en una habitación y sostienes una linterna. Una creencia determinada puede hacerte pensar que la puerta está en una pared en concreto. Puedes dirigir la luz hacia esa pared y explorarla completamente para lamentarte después de que allí no hay ninguna puerta y sentarte, triste, porque no puedes salir de la habitación. Nuevas creencias te permiten dirigir el foco en otras direcciones que quizá no hayas considerado anteriormente. En la vida real, las creencias hacen que destaquen unas u otras cosas en nuestra consciencia. Poner la atención sobre otras cosas diferentes a las habituales nos permitirá obtener nuevas conclusiones, generar nuevas creencias e ideas y obtener resultados diferentes. Si sabemos hacia dónde vamos, entonces será cuestión de ir ajustando los resultados. Si lo que has hecho no te ha dado el resultado que deseabas, haz otra cosa.
No hemos nacido con creencias como si fueran el color de los ojos; las creencias nacen, cambian y se desarrollan, y es conveniente tomar el control consciente de este proceso para asegurar nuestro bienestar y la consecución de nuestros objetivos. En el transcurso de una vida pensamos sobre nosotros mismos de manera distinta, nos casamos, nos divorciamos, cambiamos de amistades y actuamos de maneras distintas porque nuestras creencias cambian.
Las creencias pueden ser elegidas, como digo, de manera consciente. Puedes deshacerte de aquellas creencias que te limitan y construirte otras que te hagan la vida más divertida y maravillosa. Las creencias positivas te permitirán descubrir lo que puede ser verdad y de lo que eres capaz realmente. Son permisos para explorar y jugar en el mundo de la posibilidad.
¿Qué creencias vale la pena sostener de manera que te permitan alcanzar tus objetivos y te apoyen en el camino? Piensa en algunas de las creencias que tienes sobre ti mismo. ¿Te son útiles? ¿Te ayudan en tu camino o te lo entorpecen?
¿Qué te convendría creer?
“Un fanático es alguien que no puede cambiar su mente y que no quiere cambiar de tema”
—Winston Churchill
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