¿Cómo se forman las creencias?
—¡No puedo creerlo! —dijo Alicia.
—¿No puedes? —dijo la reina en tono compasivo—. Inténtalo otra vez; respira hondo y cierra los ojos.
Alicia se rió.
—Es inútil intentarlo —dijo—. Uno no puede creerse cosas imposibles.
—Yo me atrevería a decir que no has practicado lo suficiente —dijo la reina—. Cuando tenía tu edad, siempre lo hacía durante media hora al día. ¡Caramba! A veces me he creído hasta seis cosas imposibles antes de desayunar.
“Alicia a través del espejo”. Lewis Carroll.
Como hemos visto anteriormente, las creencias son perspectivas, principios de guía, juicios y decisiones sobre nosotros mismos, sobre la gente que nos rodea, sobre el mundo en que vivimos y sobre su funcionamiento. Por tanto, tienen un enorme impacto sobre la manera en que nos comportamos y en los resultados que obtenemos a partir de ese comportamiento. Por ejemplo, necesitamos creer que algo será agradable para decidirnos a hacerlo.
Las creencias son uno de los principales filtros mentales y, por tanto, contribuyen a definir la interpretación de los sucesos que acontecen a nuestro alrededor. Mediante las creencias damos forma a nuestro mapa interno, aquel que creamos para dar sentido al mundo. Proporcionan una sensación de estabilidad, seguridad y continuidad.
Las creencias también son un componente importante a la hora de generar rapport o sintonía entre personas. A menudo compartir creencias otorga una sensación de intimidad y comunidad. Debido a esto, es importante respetar las creencias ajenas, especialmente aquellas que están asociadas a un cierto grado de emoción.
Vistas desde el interior, las creencias aparentan ser ciertas. Vistas desde el exterior, son los esquemas mentales en los que confiamos y de acuerdo a los que actuamos, comportándonos como si esos esquemas fueran ciertos. Nuestro comportamiento siempre será perfectamente lógico de acuerdo con las creencias en que se basa. Esta apreciación es por supuesto también válida para aquellos que nos rodean. El comportamiento de otros puede parecerte ilógico e incomprensible, pero ten por seguro que es perfectamente coherente una vez conoces su sistema de creencias.
Nuestras creencias sobre nosotros mismos pueden moldear, influir e incluso determinar nuestro grado de inteligencia, nuestra salud, nuestra creatividad, la manera en que nos relacionamos e incluso nuestro grado de felicidad y de éxito personal. Son una fuerza realmente poderosa. Si alguien cree que puede hacer algo, lo hará. Si alguien cree que es imposible hacerlo, hará falta un gran esfuerzo para convencerle de lo contrario.
Mucha gente tiene creencias del tipo “Soy demasiado viejo para… “, “Haga lo que haga jamás conseguiré… “, “El éxito es para los ricos”, etc. Estas creencias limitan el aprovechamiento de los recursos propios de la persona y hacen que se autosabotee de manera inconsciente en muchas de las aventuras que emprende. El autosabotaje inconsciente le proporciona a la persona más pruebas de sus limitaciones y refuerza la creencia limitadora en un nefasto círculo vicioso. Sin embargo, también existen creencias positivas y generadoras.
El efecto pigmalión
Como hemos visto, las creencias son un poderoso filtro que tiene una importancia decisiva sobre nuestros propios resultados. Y no sólo sobre los nuestros, sino que lo que crees de otras personas tiene un efecto sobre ellas. Del mismo modo, lo que otras personas creen sobre ti también puede tener un efecto muy importante.
El efecto pigmalión está basado en un estudio realizado por Robert Rosenthal y Lenore Jackobson a finales de los años 60. En el mismo, un grupo de niños fue dividido de manera arbitraria en dos. El primer grupo fue puesto a cargo de un profesor al que se le dijo que los niños eran superdotados. El segundo grupo pasó a manos de un profesor al que se le declaró que los niños eran algo torpes. Ambos grupos tenían aproximadamente el mismo nivel, y ninguno de los profesores sabía la verdad. Al finalizar el año se les realizó pruebas a ambos grupos y los resultados obtenidos por el grupo de niños “superdotados” fue netamente superior a los del grupo de niños “torpes”. El estudio sugiere que las creencias de los maestros hicieron que trataran a ambos grupos de manera diferente, aunque fuera de un modo sutil e inconsciente, y que la diferencia de trato tuviera una notable repercusión en los resultados.
Por ello, no trates a los demás como lo que son, sino como lo que pueden llegar a ser. Contribuye a ayudar a otros a desarrollar su potencial.
¿Cómo se forman las creencias?
Las creencias se originan durante nuestro desarrollo y provienen de muchas fuentes distintas: educación, cultura, figuras parentales, amistades, mediante la expansión de modelos a partir de otros significativos, acontecimientos traumáticos, experiencias repetitivas… En general construimos las creencias generalizando nuestras experiencias en el mundo. Adquirimos gran parte de las creencias mediante la socialización, copiando inconscientemente las perspectivas y los modelos del mundo de aquellos que nos rodean, especialmente de aquellos a los que respetamos.
El efecto pigmalión es importante sobre nuestra identidad y el desempeño que de ella se sigue. Mientras crecemos, las expectativas que la gente que nos rodea tienen para nosotros van calando lentamente sin que nos demos cuenta. Cuando somos jóvenes, tendemos a creer lo que otros dicen sobre nosotros porque carecemos de experiencias que nos permitan contrastarlo, y estas creencias pueden permanecer ahí muchos años más tarde sin que logros posteriores sean suficientes para modificarlas.
Una creencia nace de una idea que posteriormente es alimentada con experiencias que la reafirman. Cuando se han reunido las suficientes experiencias de manera repetida, se siente que la idea inicial ha sido suficientemente refrendada y es por tanto cierta. Es entonces cuando la idea inicial se ha convertido en creencia. A partir de entonces, todo lo que hacemos mantiene y refuerza nuestra creencia. Finalmente, las creencias dejan de ser simples mapas o recuerdos de las experiencias para convertirse en planes o estrategias en la planificación de acciones futuras.
Cuando creemos algo, actuamos como si fuera verdad. De ahí que no sea fácil encontrar pruebas de su falsedad. Esto es debido a que las creencias actúan a modo de filtros perceptuales muy potentes. Los hechos se interpretan de acuerdo a las creencias y las excepciones nos sirven para confirmar la regla. Se trata de un círculo de realimentación que tiende a perpetuar lo que creemos cierto.
Siendo las creencias un generador tan potente de significado en nuestras vidas, teniendo un papel tan importante en la percepción misma, resulta conveniente tomar un control consciente de las creencias de acuerdo a las que operamos.