Archive for abril, 2010
¿Qué sentido tiene el desarrollo personal?
¿Qué sentido tiene el desarrollo personal? ¿Para qué evolucionar? Estas son algunas preguntas interesantes.
Vivimos en un país, España, en el que la gente es perfecta, o al menos recorre largas distancias para dar esa impresión a los demás. Desde esa perspectiva, el desarrollo personal no tiene ningún interés. Si uno es perfecto, ¿para qué evolucionar? ¿Evolucionar hacia dónde? ¿No es acaso la perfección el estado último del ser humano? ¿No hemos llegado ya ahí? ¿No estamos ya en la cima?
La realidad es, como uno puede suponer, bastante distinta.
Otras personas razonan sus argumentos de una manera más elaborada. Dicen: ¿Para qué mejorar? Nacemos. Morimos. Todo lo demás comparte el mismo destino. ¿Por qué ese interés en mejorar? ¿Cuál es el propósito? Las expectativas sólo llevan a la frustración cuando no se ven colmadas. ¿Por qué no llevar una vida sin expectativas y ver qué sucede? ¿Alguien ha probado a llevar una vida sin fijarse objetivos, sin competir, sin mejorar? ¿No nos trae eso la paz? ¿No es eso lo que estamos todos buscando?
Esas son algunas preguntas lícitas, lógicas, razonables comprensibles e interesantes.
La respuesta general es que no es necesario ponerse metas ni mejorar. Mucha gente lo hace. El desarrollo personal es una elección consciente, una elección que está a tu disposición en cualquier momento. Esta página tiene la intención de ayudar a aquellos que han elegido tomar ese camino. Si perteneces a otro grupo de personas y estás leyendo esto, sencillamente estás perdiendo el tiempo. No tiene ningún sentido para ti continuar, y te animo a que hagas cualquier otra cosa.
¿Existe un conflicto entre mantener la intención de mejorar continuamente y encontrar la paz interior? En absoluto. Ambas opciones pueden, de hecho, ser halladas en el mismo camino. Mantener la intención de crear un futuro mejor que el pasado y encontrar la paz interior pueden ser dos cosas más bien íntimamente relacionadas, puesto que soñar con un mañana mejor es algo que se encuentra profundamente grabado en la propia naturaleza del ser humano, al igual que la paz. En caso contrario nos hubiéramos quedado por el camino y no habría hoy nadie para escribir estas líneas. Lo que causa el problema de paz interior es el concepto del apego.
Cuando mantienes tu apego hacia un resultado concreto, cuando tratas de controlar todos los elementos de una situación, incluso aquellos sobre los que no tienes ningún tipo de influencia, es cuando pierdes la paz interior. Pero cuando creas la intención y después te desapegas de la necesidad de que las cosas salgan de una manera determinada, entonces puedes experimentar un enorme crecimiento y cambio positivo manteniendo la sensación de paz interior. Acepta que las cosas no siempre saldrán como has planeado y que existen fuerzas más allá de tu control. La vida tiene vida propia.
Al crear esta página y escribir artículos, mi principal intención es ayudar a la gente a evolucionar. Esto me proporciona una cierta paz interior porque es una actividad que me satisface espiritualmente y se encuentra alineada con mi propia visión del mundo. Al mismo tiempo, me mantengo desapegado de la necesidad de obtener un resultado en particular. Tengo una idea de lo que quiero que suceda y a la vez permanezco abierto y acepto cualquier posible escenario que se desencadene como resultado de mis acciones. Algunas personas sentirán que les he ayudado en gran medida; otras puede que malinterpreten lo que escribo y que se sientan incluso ofendidas por lo que digo. Ambas posibilidades son perfectamente aceptables para mí. Las reacciones de los lectores son algo que escapa completamente a mi control, y estar mínimamente confuso al respecto pondría una gran presión sobre mis hombros. Si permanezco a expensas de las reacciones de otros, jamás encontraré un sentimiento de paz interior en esta actividad. Creer que puedes controlar lo que está fuera de tu control es la receta fundamental para el estrés y la frustración.
En cualquier actividad que emprendas, puedes presuponer que un tercio de la gente estará a favor, un tercio estará en contra y al tercio restante le traerá sin cuidado. Procura hacer todo lo que hagas por tu propia satisfacción y no para la satisfacción de otros. De lo contrario, te encontrarás permanentemente frustrado. Careces de control sobre las reacciones de los demás. Acéptalo y habrás recorrido una gran distancia.
Mi perspectiva respecto al desarrollo personal es que se trata del mayor camino que uno puede emprender. Se trata de una sana competición con uno mismo, haciendo las cosas mejor cada día que pasa, buscando nuevos retos cuando los anteriores han sido superados, ampliando las miras y ensanchando la perspectiva ante la vida. Evolucionar supone dolor y placer. La propia vida se compone de estos mismos elementos. Está perfectamente bien vivir una vida esperando nada, pero eso es exactamente lo que conseguirás: una vida de nada. Estás en tu derecho y mucha gente lo hace. No estás sólo en ese camino.
¿Cuál es el sentido de la vida? La vida está ahí sentada haciéndote a ti la misma pregunta: ¿Cuál es el sentido de TU vida? Esto es algo que cada uno debe responder por sí mismo. Si no respondemos, la respuesta que estamos dando es “ninguno”, y terminaremos haciendo exactamente eso: vivir una vida sin sentido.
Es posible que el sentido más profundo de la vida sea la evolución. Desarrollarse y ayudar a otros a hacer lo propio, aunque sea simplemente sirviendo como modelo. Esta es una actitud ante la vida que carece de un final. Uno siempre está aprendiendo. Lo importante es el mismo camino. Si uno compite en un evento, la victoria o el fracaso es irrelevante; es la misma competición la que debe resultar excitante y divertida. Si uno fija un objetivo, la consecución del mismo importa poco; es el proceso mismo el que debe tener sentido para uno. Lo contrario compra demasiados boletos para el descalabro. Y es, paradójicamente, precisamente cuando uno consigue desapegarse del resultado que se encuentra en la mejor posición para obtenerlo. Diviértete con todo lo que hagas. La vida es diversión. Es algo que tenemos muy claro cuando somos niños y que olvidamos por el camino.
¿Qué importa si ganas millones de euros o montas un gran negocio o ganas un concurso? En un horizonte temporal lo suficientemente amplio, todas esas cosas son polvo. Es el proceso de conseguir todas esos objetivos, el acabar con los dragones del miedo, el aprender nuevas habilidades, el explorar nuevas perspectivas, el influir a otras personas por el camino, el caer y el volver a levantarse. Eso es lo realmente importante. La vida se vive día a día. Si cada uno de tus días está lleno de sufrimiento y frustración, tu vida será sufrimiento y frustración. Elige crear alegría, diversión, contribución y pasión, y toma los pasos necesarios para que cada uno de tus días sea significativo para ti.
Nadie tiene por qué elegir el crecimiento de manera consciente. La vida misma garantizará el crecimiento personal en cualquier caso. ¿Quién puede vivir en la tierra y no crecer? O te desarrollas de manera consciente o la vida te pondrá las pruebas necesarias para que aprendas determinadas lecciones. Hasta que estés muerto y enterrado, el crecimiento y el aprendizaje están asegurados. Mi decisión es abrazar este hecho y fluir con el mismo proceso evolutivo y de cambio consciente. La alternativa es el desarrollo inconsciente. He probado ambos y el primero me resulta mucho más agradable, significativo y satisfactorio.
“¿Qué es la felicidad sino el desarrollo de nuestras facultades?”
—Germaine de Staël
PD: Este artículo está basado en “Why pursue personal developmente at all?“ de Steve Pavlina.
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Invertir en uno mismo
Una de las primeras cosas que recuerdo a mi padre tratando de transmitirme era esta: “En mi vida, el primero soy yo”. No lo decía exactamente así, sino que decía “Para poder hacer felices a los demás, primero debo ser feliz yo”. Por obvio que resulte el concepto cuando uno lo comprende, mucha gente sigue entendiéndolo como algún tipo de derivado del egoísmo. Sin embargo, tú no eres tu ego; eres algo más grande y que contiene a tu ego aparte de muchas otras cosas. Y yendo un poco más lejos, varios niveles neurológicos por encima, tú eres lo que haces. Fundamentalmente eres una expresión de tu propósito en la vida. Puede que para ser feliz quieras hacer felices a otros a tu alrededor. Ambas cosas pueden estar perfectamente alineadas, y visto así tiene muy poco que ver con lo que normalmente se entiende por egoísmo.
Graba esto en tu mente porque es un pilar principal de toda esta experiencia: “En tu vida, lo más importante eres tú”. Si no lo comprendes todavía, actúa como si fuera cierto igualmente. Tus resultados cambiarán espectacularmente. Tú eres el centro de tu vida. Todo tu universo personal, toda tu experiencia de la vida, emana de ti mismo. Serás incapaz de respetar a otros hasta que no te respetes a ti mismo; tampoco los demás te respetarán si tú no te respetas a ti mismo. Si quieres que te respeten, debes mostrar a otros cómo lo haces tú. Serás incapaz de hacer felices a otros hasta que no seas capaz de hacerte feliz a ti mismo; tampoco otros te harán feliz hasta que no lo hayas hecho tú antes contigo mismo. Serás incapaz de amar a otros hasta que no te ames a ti mismo; tampoco otras personas te amarán hasta que tú no te ames a ti mismo. Amarse a uno mismo incluye conceptos como el respeto, la autoestima, la honestidad y la consciencia entre otros.
¿Cómo puede hacerte alguien feliz si tú no sabes lo que es estar feliz? ¿Cómo te lleva alguien a un estado que tú desconoces en ti mismo? ¿Cómo se supone que vas a llegar hasta allí si no sabes adónde vas? ¿Cómo muestras a otros lo que significa para ti ser respetado? ¿Pides a los demás que te amen cuando tú no te amas a ti mismo? Tú debes ser el ejemplo, tú debes dar el primer paso. Tú debes encontrar el camino en tu interior. Los demás te respetarán de manera natural cuando tú les muestres cómo lo haces contigo.
Hablando en términos generales, vivimos en una época en la que nos respetamos muy poco. Carecemos de criterios según los cuales estimar nuestros actos, y desconocemos qué son exactamente el bien y el mal según nuestro propio entendimiento. No somos conscientes de nuestros valores y, por tanto, vivimos ajenos a ellos. No tenemos una visión de la sociedad a la que podamos contribuir con nuestras acciones. No tenemos objetivos. No sabemos lo que queremos para nosotros más allá del fin de semana o de las vacaciones de semana santa. Nos conocemos muy poco, desconocemos las cosas que nos hacen realmente felices y nos llenan y, por tanto, a menudo nos sentimos vacíos e insatisfechos llenándonos el espíritu de actividades vacuas y consumismo caro que pagamos con nuestro tiempo y nuestra energía, con nuestra propia vida. Vivimos una época de soluciones rápidas, buscando experiencias que se asemejan a un chute de droga. Las sensaciones nos llenan un rato y luego quedamos igual o peor de lo que estábamos. Bienvenidos a la era de la gratificación instantánea. Hoy, el mundo se arregla con una pastilla.
Invertir en uno mismo puede ser extremadamente barato. Un primer paso puede consistir en tomarse algo de tiempo en investigar las fuentes de la propia satisfacción; darse cuenta de qué es lo que uno realmente valora, qué actividades le resultan gratificantes y le llenan por dentro dejándole una mezcla de satisfacción interna y de ganas de repetir. Saciar el hambre del espíritu. Investigar y establecer criterios y valores que nos ayuden a decidir lo que queremos para nosotros y lo que no.
Empezar a tomar decisiones en este sentido puede tener un gran impacto en tu vida. Decidirás a qué lugares quieres ir y a cuáles no irás bajo ningún concepto. Decidirás de qué personas te quieres rodear y de cuáles no quieres saber nada por considerarlas simplemente tóxicas para ti. Explorarás qué comida te sienta bien y qué te sienta mal e introducirás cambios en tu dieta. Dejarás atrás tus adicciones y cambiarás tus hábitos por otros alineados con tu estilo de vida.
El mero hecho de tomar consciencia de tus criterios y de tus valores tiene un gran impacto en tu vida y te puede llevar a cambiar de amigos, de trabajo o de actividades. Por otra parte, regirte mediante tus propios criterios te convierte automáticamente en una persona más atractiva para los demás. Al valorarte a ti mismo, con el tiempo adquieres cada vez más valor y, para otros, el simple hecho de estar contigo resulta estimulante a muchos niveles. Sabes lo que quieres y lo persigues. Si quedas con alguien, la otra persona sabe que no se trata de que no tuvieras nada mejor que hacer, sino que tienes un interés activo en encontrarte con ella para pasar un buen rato. Al tomarte en serio tus actividades y disfrutar con ellas, mucha gente se interesará por las mismas. Regirte por tus propias directivas te permite crear una vida ajustada a tus necesidades, con la gente que te gusta y llena de actividades que te sacian interiormente y que son un reflejo de lo que, en el fondo de ti, eres.
Invertir en uno mismo no es necesariamente una cuestión de dinero; basta con invertir algo de tiempo y atención sobre uno mismo y sus circunstancias para lograr cambios importantes. Por supuesto, el dinero nos permitirá acceder a otros recursos que nos resultarán de gran ayuda en nuestra evolución o desarrollo personal. Puedes invertir en ti mismo en cualquier momento dependiendo de la cantidad de dinero que puedas destinar.
Cualquier empresa que desee mantener una evolución sostenible en su mercado invierte aproximadamente en torno al 10% de sus ingresos en su propio desarrollo. Esa parte de los beneficios se emplea en cursos de formación de los trabajadores, renovación de la maquinaria, investigación de nuevos procesos, exploración de mercados… Puedes considerar tu propia vida como tu empresa. ¿Inviertes tiempo en ti mismo? ¿Inviertes dinero? ¿Qué cantidad anual inviertes en tu desarrollo? ¿Cómo esperas crecer si no dedicas parte de tus beneficios a descubrir y potenciar tus propios recursos? Ten en cuenta que tú eres tu mayor valor, tu principal activo, de la misma manera que la empresa es el principal activo de la propia empresa.
Puede ser algo tan sencillo como hacer algo que te haga sentir mejor. Hace sol; sal y compra un helado. Te interesan los ordenadores; compra un par de revistas mensualmente. Quieres desarrollar la memoria; cómprate un libro sobre el tema y comprométete a practicar. Quieres mejorar tus posibilidades laborales; aprende inglés o asiste a algún seminario relacionado con tu sector. Aprende, desarrolla nuevas habilidades, explora nuevas posibilidades. Invierte en conocimiento. Invierte en tus relaciones. Cada pequeño avance tendrá repercusiones futuras en diferentes áreas de tu vida. Haz todo lo necesario para sentirte bien y fomentar tu felicidad futura, una felicidad sólida, estable y cimentada en ti mismo y no en circunstancias externas ajenas a tu control. La suerte es la suma de la preparación más la oportunidad. Sólo aquel que está preparado es el que repara en esa ventana que se abre apenas un instante en el tiempo.
En mi caso, y gracias a los consejos de mi padre, siempre tuve claro más claro que muchos que yo era lo primero. Ahora estoy llevando este entendimiento a un nivel superior y cada vez soy más consciente de mi importancia en mi propia vida. El mero hecho de escribir que soy lo más importante de mi vida me resulta ya casi estúpido por excesivamente obvio. Sólo en los dos últimos años he invertido 3.000 euros en mi propia formación y adquisición de conocimientos y experiencias, y sólo en el próximo año ya invertiré otros 3.000 euros más. Los beneficios de esta inversión me resultan más y más obvios cada mes que pasa, y estoy tremendamente satisfecho con estas decisiones.
Para mí, el trainer y el master de PNL han sido una gran experiencia. Para poder transmitir lo que ha significado para mí adquirir estos conocimientos te plantearé la siguiente metáfora:
¿Recuerdas cuando ibas al colegio? En tu día a día te preocupabas por la ropa que llevabas, por lo que otros pudieran pensar de ti, porque se te viera con determinadas personas, porque nadie te encontrara en determinados lugares. Que otros pudieran hablar mal de ti te podía quitar el sueño. Hoy, quizá 20, 30 ó 40 años después, has adquirido una serie de conocimientos, una experiencia, que te permite recordar aquellos tiempos y reírte de ti mismo, de tu ignorancia sobre cómo funcionan las cosas de la vida y de lo mal que lo pasaste en comparación a cómo te encuentras hoy en día. En todo ese tiempo has cambiado o, como se dice comúnmente, has madurado. Yo prefiero el término ‘evolucionar’. Mientras vivas, estarás evolucionando. En las próximas décadas adquirirás una serie de conocimientos y una sabiduría que hará que de aquí 20, 30 ó 40 años te permitas observarte a ti mismo ahora y reírte de ti, de tu ignorancia sobre cómo funcionan las cosas de la vida y de lo mal que lo puedas estar pasando en estos momentos. Bien. Ahora imagina que pudieras adquirir esos conocimientos, en vez de 20, 30 ó 40 años, en 2, 4 ó 6. Imagina que pudieras cubrir ese proceso evolutivo en un tiempo diez veces menor. ¿No sería fantástico? ¿Cómo cambiaría tu vida? ¿Cuáles serían las consecuencias? ¿Qué te depararía el futuro? ¿Qué puertas se abrirían? ¿Con qué nuevas opciones contarías? ¿Qué sueños podrían resultar entonces asequibles? ¿Cómo sería haber integrado gran parte de la sabiduría sobre la vida y haber tenido acceso a una gran fuente de conocimiento humano? Piensa que podrías ser una nave espacial y estar conduciéndote a ti mismo como un 600. ¿Realmente crees que has terminado de aprender a hablar? ¿Realmente piensas que has terminado de aprender a manejarte a ti mismo? ¿Qué te hace pensar eso? La vida es un aprendizaje que continúa cada día hasta el último.
En mi caso he comprobado en dos años, fundamentalmente, una reducción drástica del drama en mi vida, una mayor comprensión de mí mismo y de los que me rodean, una significativo aumento de mi autoestima, un mayor entendimiento de los procesos mentales y del impacto que tienen en mi vida, una enorme comprensión del lenguaje y de las implicaciones de su uso sobre mí y sobre otros, una mayor facilidad para detectar aquellas influencias negativas en mi entorno y una gran efectividad a la hora de deshacerme de ellas. También he tomado consciencia de mis valores y he establecido criterios en mi vida que me permiten decidir qué es para mí importante y qué es completamente irrelevante y por tanto directamente descartable. El cambio ha sido tan radical que a veces me pregunto qué tipo de vida llevaba yo antes y cómo pude sobrevivir tanto tiempo en esas condiciones. Ahora me resulta fácil ilusionarme con mis proyectos futuros e imaginar posibilidades. Saber cómo eres y cómo funcionas, e ir descubriendo poco a poco quién eres y para qué, es para mí la única manera digna y merecedora de vivir.
Invierte en ti mismo. Es una gran decisión.
“La mayor parte de la gente sobreestima lo que puede hacer en un año e infravalora lo que puede hacer en cinco”
—Anthony Robbins
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Incomunicación entre estados de consciencia
Aprovechando el artículo anterior (La escala de la consciencia) hablaré esta vez de un fenómeno poco documentado, denominado “Incomunicación entre estados de consciencia”.
Un estado alterado de consciencia es un estado diferente del “habitual”. Esta alteración es debida a algún cambio en el sistema fisiológico que nos compone, y afecta directamente a los procesos mentales. Cualquier cosa que altere nuestro estado habitual influye en nuestra perspectiva sobre todo lo que nos rodea. Actividades tan sencillas como un poco de deporte o una euforia pasajera pueden llevarnos a considerar las cosas de otra manera. Coincido con mi padre en que la noche, con el cansancio acumulado durante la jornada, impide tomar decisiones lúcidas. Todo se ve de otra manera por la mañana. También un ataque de rabia nos puede llevar a actuar de un modo que normalmente ni siquiera consideraríamos.
Una manera directa y sencilla de alterar nuestro estado de consciencia es mediante el uso de drogas, ya sean blandas (tabaco, cafeína, alcohol, marihuana) o duras. Seguramente cualquiera de nosotros ha experimentado con algunas de esas drogas y es consciente de las alteraciones que bajo sus efectos tienen lugar (especialmente en el caso del alcohol, la marihuana y otras drogas más potentes).
La mente funciona realizando asociaciones. Estas asociaciones siguen caminos neurológicos preestablecidos por el condicionamiento diario. Esto es, tenemos tendencia a pensar siempre las mismas cosas y de la misma manera, conectando conceptos similares ante determinados estímulos. Imagina los caminos neurológicos como surcos en la arena, y a la relación entre pensamientos como agua que corre por estos surcos. A medida que un camino se repite una y otra vez, se hace más profundo, de modo que cada vez será más difícil que partiendo de un punto A deje de llegarse a un punto B para llegar a C o a D.
Imagina la mente como un ordenador. En él funcionan una serie de programas, de tal manera que una determinada entrada proporciona una determinada salida. Un estado alterado equivaldría a haber alterado la programación, de tal manera que una determinada entrada proporciona una salida inesperada. Si el ordenador se reprograma de una manera diferente, el mismo dato de entrada será manejado de una manera completamente distinta. Nuestro conocimiento del programa antiguo nos permitirá saber muy poco sobre cómo serán procesados los datos, incluso aunque ambos programas tengan algunas subrutinas en común.
En condiciones alteradas y relajadas, la mente es especialmente creativa. Esto supone que podemos comenzar en un pensamiento habitual y enlazar con un pensamiento extraño que quizá tengamos por primera vez. Al proseguir iterando desde el nuevo pensamiento, llegaremos a otro pensamiento todavía más alejado del camino neurológico habitual. Es decir, en estados alterados, se tienden a ignorar los patrones habituales para explorar otros terrenos de una manera más creativa y menos limitada. Profundos estados de relajación pueden llevarnos a lugares desconocidos y de extremada creatividad. En el caso contrario, y siendo que tenemos tendencia a creernos lo que pensamos sin contrastarlo previamente con el mundo exterior, el proceso mental en un estado angustioso puede llegar a desembocar en la paranoia.
El estado de consciencia está directamente relacionado con la manera en que asignamos significado a los sucesos que nos rodean. Y aquí es donde aparece el concepto de la incomunicación: cuando dos personas se encuentran en estados de consciencia muy dispares, existirán dificultades a la hora de comunicarse entre sí. Ambos percibirán el entorno de una manera tan diferente que será difícil el entendimiento entre ellos.
La comunicación es un proceso complejo. Cada persona posee una interpretación del mundo que le rodea, un mapa del territorio. Para comunicar una experiencia debe hacer una selección de aquellos conceptos que quiere comunicar y, posteriormente, debe codificarlos en palabras. El significado de cada una de las palabras que escoge es estrictamente personal, y una misma palabra en un mismo contexto puede tener significados muy dispares para dos comunicantes. En un caso extremo, una persona puede escuchar una frase y ser incapaz de encontrar un significado coherente en la misma. Es decir, será incapaz de decodificar la información que le ha sido entregada.
Llevo escribiendo textos más de seis años en El Sentido de la Vida, y todavía me resulta curioso que cada una de las historias que cuento parece desdoblarse con cada lector. Todos leen los mismos textos, pero cada uno entiende una cosa distinta. Es como si de cada texto se creara una nueva copia por cada persona que la lee. Unas frases adquieren especial relevancia y ocultan otras, otras pasan desapercibidas mientras que otras parecen directamente no ser leídas. Por otra parte, cada persona lee el texto con una voz diferente en su mente, dependiendo de lo que esperen encontrar y de la imagen que se hayan formado de mí. Solamente el título y el primer párrafo ya crean un contexto o marco que el lector puede emplear para decodificar el resto del texto. Rara vez encuentro un lector que haya sido capaz de conectar directamente con lo que quería comunicar, lo que todavía me resulta absolutamente fascinante. Por ilustrar este efecto, piensa en el significado que extraerían de esta misma columna un lector de 15 años y otro de 30.
Siendo que a los seres humanos nos encanta comprender y ser comprendidos, es natural que tendamos a juntarnos con otros en un nivel de consciencia similar al nuestro. Observa que aquellas personas con las que mejor te llevas siguen patrones de pensamientos similares al tuyo, de tal manera que muchas veces uno se adelanta a decir lo que el otro tenía en la punta de la lengua. Unos pocos minutos de conversación pueden bastar para saber si nos llevaremos bien o no con un nuevo conocido y si valdrá la pena un próximo encuentro. Mismos estados de consciencia tienden a crear fisiologías similares, lenguaje corporal parecido y por tanto sintonía o rapport.
Un caso curioso es el de diferentes estados de consciencia en una misma persona. En ocasiones uno, en un estado alterado, puede hacer o decir cosas que en ese momento resultan perfectamente lógicas y razonables para, al retornar al estado habitual, encontrar que sus palabras o sus acciones no tienen ningún sentido. A nivel personal, en ocasiones he escrito algunas ideas en un estado alterado. En ese momento cada uno de los pasos del razonamiento son perfectamente válidos, lógicos y factibles, y a menudo sencillamente brillantes. Puedo enlazar varias ideas que considero geniales y pensar que tienen perfecto sentido. Al día siguiente, cuando reviso mis notas, no consigo o me cuesta encontrar la perspectiva desde la que eran brillantes o siquiera factibles. Es un ejemplo de incomunicación entre diferentes estados en la misma persona.
Cada una de nuestras consciencias se encuentra en un punto diferente de su propia evolución. Una persona en el nivel de orgullo y una persona en el nivel de razón tendrán poco de lo que hablar. La primera puede tratar de impresionar a la segunda con un bolso o unos zapatos nuevos que acaba de incorporar a su identidad, y la segunda encontrará la conversación insípida y poco estimulante. Si la diferencia entre sus niveles es lo suficientemente dispar, inconscientemente harán lo posible por evitarse, ya que un encuentro entre ambas resultará muy poco provechoso.
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