El coraje necesario para vivir tu propia vida (II/III)
“La vida se contrae o se expande en proporción al propio coraje”
—Anais Nin
“Acumulas fuerza, coraje y confianza en cada experiencia en la que, de verdad, te detienes a mirar al miedo a la cara. Debes hacer aquello que crees que no puedes hacer”
—Eleanor Roosevelt
La salida del círculo vicioso del miedo se encuentra cuando uno reúne su coraje y se enfrenta a su propia voz interior. Vete a un lugar en el que te sientas a gusto y tranquilo y puedas escribir. Escucha esa voz y enfréntate a lo que te dice, no importa lo difícil que sea escucharla. Puede que no se trate de una voz, sino de imágenes o sentimientos. Puede que descubras que tu matrimonio ha estado roto los últimos diez años y que no has tenido el valor de enfrentarte a ello porque tienes miedo del divorcio. Puede que te diga que tienes miedo de empezar tu propio negocio porque vas a fracasar, y esa es la razón por la que sigues en un trabajo que ya no te motiva. Puede que te diga que ya te has rendido en tu meta de adelgazar porque ya has fracasado muchas veces antes y eres un adicto a la comida. Puede que te diga que tus amigos no encajan con tu manera de ver la vida y que sigues viéndolos porque tienes miedo de dejar un grupo de referencia y construir uno nuevo. Puede que te diga que siempre quisiste escribir sobre desarrollo personal pero estudiaste ingeniería industrial porque parecía más cómodo y seguro. Puede que te diga que estás desperdiciando tus talentos.
Trata de reducir lo que te dice esa voz a una o dos palabras. ¿Qué te dice? Vete. Deja el trabajo. Habla. Escribe. Baila. Haz ejercicio. Vende. Cambia. Deja ir. Pregunta. Aprende. Perdona. Diga lo que diga, escríbelo.
Ahora toca el difícil paso de hacerte consciente de que esto es lo que de verdad quieres hacer. Está bien si piensas que no es posible para ti. Está bien si crees que no hay una manera de que lo puedas hacer. Pero acepta que lo quieres. Cuando te mires la panza, admite que te gustaría tener un cuerpo en forma. Cuando te enciendas el próximo cigarro, admite que quieres dejar de fumar. Cuando encuentres a esa persona, admite que te encantaría estar con ella. Cuando encuentres a alguien que esté en paz consigo mismo, admite que te gustaría estar igual. Escapa de ese estado de negación. En su lugar admite que “Realmente deseo esto, aunque no siento que lo pueda hacer o conseguir”. Está perfectamente bien admitir que deseas algo que no puedes tener. Y desde luego estás completamente equivocado si crees que está fuera de tu alcance.
Lo primero: deja de mentirte y de hacer como que en realidad no lo quieres.
Pasa del miedo a la acción, incluso aunque esperes fracasar.
Ahora que eres consciente de que hay cosas a las que has tenido miedo de enfrentarte, ¿cómo te sientes? Es probable que sigas paralizado, incapaz de entrar en acción. Eso está bien. Cuando uno se enfrenta a este tipo de cosas, es normal encontrar que será necesario más coraje del que puedes reunir ahora mismo. Lo más importante que debes recordar es que el valor es una capacidad mental, no emocional. A nivel neurológico, significa que debes emplear el neocortex en tu cerebro para sobreponerte a los impulsos del sistema límbico. En otras palabras: debes utilizar tu inteligencia humana, tu lógica y tu voluntad para superar las limitaciones que heredaste como mamífero emocional.
Esto puede tener sentido, aunque se dice mucho más fácil que se pone en práctica. Tu lógica te puede decir que no estás corriendo ningún riesgo real si sales a un escenario a hablar frente a mil personas, pero el miedo aparece igualmente, y ese miedo imaginario te impide involucrarte en semejantes actividades. O puedes tener la certeza de que tu trabajo es un callejón sin salida y sin embargo no ser capaz de pronunciar las palabras “Lo dejo”.
El coraje, sin embargo, no precisa de acciones drásticas, sino que es una habilidad mental que puedes desarrollar. Es como un músculo que se puede desarrollar progresivamente. De la misma manera que uno no entra en el gimnasio el primer día y levanta cien kilos, no es posible atajar tus miedos más arraigados en un par de días.
Un método para entrenar tu coraje es similar al que seguirías en el gimnasio. Empieza por pesas ligeras y levanta cada vez más peso a medida que vayas haciendo músculo. Enfréntate a tus miedos más asequibles y ve levantando el listón poco a poco a medida que te sientas cada vez más capaz. Levantar cien kilos es fácil cuando ya has levantado noventa. Hablar delante de mil personas es fácil cuando ya lo has hecho delante de novecientas.
Escribe uno de los miedos a los que te quieras enfrentar. Después escribe diez variaciones de este miedo y ordénalas en función de la ansiedad que te produzcan. Estas diez variaciones serán tu juego de pesas. Por ejemplo puedes tener miedo de pedirle a alguien que salga contigo en una cita. El primer paso podría ser ir a un lugar público y sonreír a alguien que te resulte atractivo. Luego puedes sonreír a diez personas atractivas cada día. El último paso puede ser pedirle a alguien que salga contigo delante de todos sus amigos teniendo la certeza de que te va a decir que no (totalmente aterrador).
Si quieres superar un miedo, debes comprometerte a hacerlo. Debes dedicar energías y disciplina. Ve escalando en la lista y haciendo cada una de las cosas que te propongas. Si el siguiente paso de la lista te da demasiado miedo, puedes adaptar el gradiente para que te resulte más asequible, aunque asegurándote de que cada prueba es más difícil que la anterior. Si puedes levantar noventa kilos pero no cien, prueba a levantar noventa y cinco. Puedes repetir un paso varias veces si crees que te va a preparar mejor para el siguiente. Sé tu propio entrenador y entrena a tu propio ritmo asegurándote de que avanzas.
Siguiendo con este entrenamiento estarás consiguiendo dos cosas. Por un lado, estarás rompiendo la asociación entre miedo e inacción, y por otro estarás condicionándote para actuar con más coraje en futuras situaciones.
Un segundo método para desarrollar el coraje consiste en adquirir nuevos conocimientos y habilidades que te ayuden con un miedo concreto. Confrontar tus miedos directamente puede ser muy efectivo, aunque si tu miedo está relacionado con tu ignorancia o tu falta de habilidades, entonces puedes reducir o eliminar el mismo adquiriendo más información al respecto o entrenando alguna capacidad. Por ejemplo, si tienes miedo de empezar tu propio negocio aunque te encantaría, puedes dedicar un tiempo a leer al respecto, a informarte o a tomar cursos. Aprende cada vez más hasta que tengas la certeza de que estás preparado para hacer lo que quieres hacer. Este proceso puede ayudarte a actuar de manera más valiente y con más coraje una vez que finalmente te lances. Este método es especialmente apropiado cuando gran parte de tu miedo se debe a lo desconocido. A veces leer un libro o dos sobre un tema determinado puede disipar gran parte de tus miedos.
Además de estos métodos, hay muchos otros que te pueden ayudar a superar tus miedos, como la PNL, la desensibilización sistemática y la auto confrontación. En realidad, la manera en que aumentes tu coraje es irrelevante. Lo importante es que lo hagas de una manera consciente. Del mismo modo en que los músculos se atrofian si no se utilizan, el coraje se encoge si dejas de afrontar todos tus miedos. Si no ejercitas tu coraje de manera habitual, estás desarrollando tu miedo.
El miedo no es tu enemigo, sino una brújula apuntando a lugares que debes explorar para desarrollarte. Cuando encuentres un miedo, celébralo como una oportunidad para el crecimiento.
–––––
Puedes contactar con el autor aquí.
Artículos relacionados:
Iré descorchando una botellita de vino, que por lo visto tengo mucho que celebrar
salu2
AniZ
10 mar 10 at 17:13
Sé que mi comentario será absurdo pero bueno, el par de artículos sobre el tema me han gustado y me apetece expresarme.
Por lo que veo a mi alrededor, creo que a la inmensa mayoría le gustaría que su vida fuera de otro modo. Ya sea por el trabajo, por la pareja, por el dinero, por el tipo de vida que llevan; o por una combinación de un poco de todo. La mayoría de gente que conozco echa pestes de su trabajo, dicen estar hartos, que “ojalá me toquela lotería. Lo primero mandar a cagar a mi jefe y a vivir”. En cuanto a las parejas, es más difícil de saber porque es un tema más tabú. La gente que lleva muchos años con su pareja no va a decir tan abiertamente que “estoy desencantado, ya no sé si siendo amor o pura necesidad/dependencia/miedo a quedarme solo” pero, no sé, ¿todas esas parejas con muchos años a sus espaldas viven el uno junto al otro porque así lo quieren realmente o tal vez porque es lo que hay, por necesidad/seguridad?
Me considero alguien con mucho del miedo que dices en estos artículos. Miedo a vivir o, mejor dicho, a cambiar de vida o atreverme a lo que realmente quiera. Mi pregunta es: ¿CÓMO reunir ese coraje para enfrentase uno mismo a su voz interior?
Actualmente estoy estudiando una carrera (ingeniería informática) que, por más que lo intente, no me motiva. La retomé hace poco, después de haberla dejado hace ya unos años para trabajar en lo que me encantaba (desarrollo de software), que ahora ni eso tengo seguro de si me gusta tanto como pensaba. Dejé mi trabajo porque me sentía obsoleto y estancado, la posibilidad de volver a estudiar siempre estuvo ahí pero más por obtener un título que por otra cosa. Ya había probado la universidad y ya había comprobado que no era para mí. Ahora apruebo más asignaturas que antes pero sigue siendo lo mismo, incluso peor. Tengo la sensación de estar perdiendo el tiempo y cada mes que pasa me cuesta un poquito más seguir asistiendo a clases, realizar las interminables (y muchas de ellas inservibles) prácticas, la biblioteca (lugar que más me motivaba, ahora cada vez menos…), incluso ver la actitud y pasividad de la gente también me empieza a hacer que me sienta más incómoda si cabe.
Creo que no quiero seguir estudiando pero estoy contra la espada y la pared ya que me queda un año más como mucho. Pero ¿realmente estoy dispuesta a seguir un año más así? Esto no tiene sentido, incluso pienso que no vale la pena pero sigo “como si nada” porque es la opción fácil, la más segura a corto plazo, la que me permite no enfrentarme a la vida.
También tengo pareja estable de hace ya varios años pero hace mucho que creo que estoy con él porque pienso que ya no sabría vivir sin él. Pura dependencia (no económica), al punto de que cuando discutimos me siento mal conmigo misma, de mezclar amor con necesidad. Creo que le quiero, que le quiero mucho pero ¿realmente es así, o es que en realidad me da miedo a enfrentarme a la realidad y empezar de cero con una nueva relación?
Y en cuanto a mi trabajo, solo estoy en él porque sé que con mis horarios de clases no podría conseguir nada. Trabajo a tiempo parcial, cobrando poco y en proyectos para nada inspiradores con mucho cliente insoportable. Pero buscar otra cosa sería con la carrera a cuestas sería misión imposible, a no ser que me haga autónoma. Y me da miedo dejar de pagar el alquiler porque lo de autónoma no me funcione, o dejar de asistir a clases y suspender por tener que dedicarle más tiempo a los asuntos laborales.
En resumen, creo que mi vida no me gusta. Me gustaría hacer otras cosas: trabajar fuera de España, dejar la carrera porque estoy completamente cansada de seguir así y no me interesa definitivamente, de darme un tiempo con mi pareja para estar segura de si le quiero o si esto ya debe terminar, de tener algo más de dinero y poder salir algún fin de semana, de reencontrarme con mi gente porque la mayoria de amigas y personas que me importan las he perdido de vista, de volver a hacer atletismo que dejé hace más de una década y ya no he vuelto a hacer deporte, …
Es fácil decirlo, sobretodo escribirlo en un comentario de blog. Sería fácil aconsejarme y recibir/asimilar/entender/darle la razón a tales consejos. Sí, todo muy bonito. Fácil es incluso escribir el par de posts que has escrito, muy fácil en serio. Ahora bien, ¿liarse la manta a la cabeza? Eso es otra cosa debido a:
- Nadie te enseña a enfrentarte a tus miedos.
- Nadie te puede enseñar. No hay aprendizaje para enfrentarte a tus problemas.
- El miedo está ahí y no hay cojones a cambiar las cosas. Nadie puede ayudarte (a lo mejor me equivoco)
- La vida, la sociedad, te ponen trabas. No es fácil cambiar las cosas porque no depende todo de ti.
- Sentimiento de culpabilidad por sentirte así. Ya no es solo miedo o falta de coraje.
En fin, lo que me pasa a mí es de lo más normal. Nada nuevo bajo el sol. Si supiera cómo orientar mi vida, sobretodo como conseguir ese coraje necesario lo haría. Y creo que yo y muchos lo haríamos, pero incluso la falta de coraje nos hace pensar que estamos bien cuando en realidad no nos sentimos ni remotamente realizados.
superp
11 mar 10 at 00:26
Dos ideas Superp, por si te sirven:
1.-No es lo que haces sino como lo haces lo que marca la diferencia.
2.-La única forma de comerse un elefante es a bocados.
quien
11 mar 10 at 15:34
Superp, casi me gusta más tu texto que el de Javier. Y eso ya es decir.
Alberto
12 mar 10 at 18:51
Estoy deacuerod con quien, y no sabría decirlo mejor. Marca un objetivo y avanza paso a paso, no con la mirada en la meta, sino en el camino, disfrutando del paseo. Si avanzas, tarde o temprano llegarás a la meta… pero éso no es tan importante porque las personas en seguida nos fijamos nuevos horizontes hacia los que caminar.
kusanagi
17 mar 10 at 09:51
Alberto, en ésta ocasión el texto no es de Javier, sino en su mayor parte una traducción.
kusanagi
17 mar 10 at 09:52
@superp: he estado en una situación muy similar y he salido. Deja de pensar que eres víctima de las circunstancias y lanzate al vacío. La primera semana te va a doler hasta en el dni y te vas a arrepentir de haber saltado, a partir de la segunda, te preguntarás porque no saltaste antes y sonreirás al mirarte las heridas. Tu puedes.
Ana
19 mar 10 at 23:35