El coraje necesario para vivir tu propia vida (I/III)
Nota: Esta columna es, mayormente, una traducción de un artículo de Steve Pavlina.
La seguridad es, básicamente, una superstición. No existe en la naturaleza, ni tampoco la experimentan los hijos de los hombres como tal. A largo plazo, evitar el peligro no es más seguro que exponerse directamente. La vida es, o una aventura audaz, o nada. Mantener nuestras miradas puestas en el cambio y comportarnos como espíritus libres en presencia del destino nos otorga una fuerza imparable.
—Helen Keller
En el mundo en que vivimos, el coraje no es una virtud a la que se preste demasiada atención. El coraje es un cualidad que parece reservada a los soldados o a los bomberos. La seguridad y la prudencia son los valores más arraigados. Quizá te enseñaron a que no fueras demasiado atrevido o valiente. Es demasiado peligroso. Es mucho mejor no tomar riesgos innecesarios. No atraigas la atención en público. Sigue las tradiciones familiares. No hables con extraños. Ten cuidado con la gente sospechosa. Ten cuidado en general.
En principio se trata de una buena idea, pero el efecto secundario de hacer demasiado énfasis en la seguridad personal es que puedes terminar viviendo tu vida de una manera estrictamente reactiva. Dejas de hacer tus propios planes, de perseguir tus propios sueños, para optar por la seguridad. Sigues trabajando en el mismo empleo estable, aunque no te satisfaga en absoluto y te pases el día quejándote de lo que haces. Perpetúas una relación sentimental aunque no te proporcione la misma pasión que una vez experimentaste. ¿Quién se supone que eres para cuestionar el sistema? Acepta tu lugar en el orden de las cosas y trata de pasarlo lo mejor posible. Sigue la corriente y no sacudas la barca. Y así pasas los días, rezando para que las corrientes de la vida te lleven a donde tú quieres.
Claro que existen peligros en la vida que conviene evitar, pero hay una gran distancia entre la imprudencia y el coraje. No me refiero al coraje necesario para sacar a alguien de un edificio en llamas. Hablo de la capacidad de atravesar todos esos miedos mentales y reclamar tu propio poder.
Miedo al fracaso. Miedo al rechazo. Miedo a no tener un duro. Miedo a estar solo. Miedo a la humillación. Miedo a hablar en público. Miedo a ser dejado de lado por la familia o los amigos. Miedo al arrepentimiento. Miedo al éxito.
Miedo al propio miedo.
¿Cuántos de estos miedos te están reteniendo? ¿Cómo vivirías tu vida si pudieras despojarte de todos estos temores? Dispondrías todavía de tu inteligencia y de la capacidad de navegar entre los peligros de la vida pero, sin sentir la emoción física del miedo, ¿estarías dispuesto a vivir de manera más arriesgada, especialmente en aquellos casos en que ni siquiera te enfrentes al dolor físico? ¿Hablarías más a menudo, hablarías con extraños, te zambullirías en todos esos proyectos que nunca te has atrevido a afrontar? ¿Y si pudieras aprender a disfrutar de todos esos miedos? ¿Cómo estarías viviendo tu vida ahora?
Puede que te hayas convencido en este punto de tu vida de que no tienes miedo de nada, de que, sencillamente, existen explicaciones perfectamente lógicas para evitar todas esas situaciones. Es de mala educación presentarte a un extraño. Da igual si hablas en público o no porque no tienes nada que decir. Pedir un aumento no sería apropiado porque tienes que esperar a la siguiente revisión salarial.
Son sólo racionalizaciones. Imagina cómo podrías vivir tu vida si pudieras tener el coraje de hacer con confianza todas esas cosas a las que todavía tienes tanto miedo.
¿Qué es el coraje?
“Coraje no es la ausencia de miedo, sino la idea de que algo es más importante que el mismo miedo”
—Ambrose Redmon
“Coraje es la resistencia al miedo, el dominio del miedo, no su ausencia”
—Mark Twain
“Coraje es estar acojonado y hacerlo igualmente”
—John Wayne
De acuerdo con el diccionario de la RAE, el coraje tiene dos acepciones:
1. m. Impetuosa decisión y esfuerzo del ánimo, valor.
2. m. Irritación, ira.
Me encanta la segunda, ya que muchas veces el valor necesario nace de la irritación y la ira. Es una transformación de energías.
En general se entiende el coraje como la capacidad de llevar a cabo una acción a pesar del miedo. A menudo el coraje es más cosa del intelecto que de la emoción. Precisa poner en juego una parte del sistema nervioso humano, el neocortex, para tomar el control sobre el sistema límbico emocional que compartimos con el resto de los mamíferos. El sistema límbico nos avisa del miedo, y el neocortex se impone afirmando que el miedo no es real, así que tenemos la capacidad de sentir el miedo y actuar igualmente. Cuanto más aprendes a actuar a pesar del miedo, más humano te haces. Cuanto más te dejas dominar por el miedo, más vives como un mamífero inferior.
La gente valiente siente el miedo, pero evita que éste les paralice. La gente que no tiene coraje tiende a actuar dirigida por el miedo más a menudo, lo que a la larga refuerza este comportamiento. Cuando evitas algo que te da miedo, el alivio posterior actúa como una recompensa psicológica que refuerza este tipo de acciones. Así que cuanto más evites enfrentarte a un miedo, más te condicionas a seguir este patrón en el futuro.
Este patrón causa, a la larga, estancamiento. A medida que pasa el tiempo, refuerzas estos comportamientos hasta que llega un punto en el que ni siquiera puedes imaginarte enfrentándote a tus miedos. Empiezas a pensar que tus miedos siempre han estado ahí, que son reales. Creas una burbuja que te protege de ellos: un matrimonio estable pero infeliz, un trabajo poco exigente, unos ingresos que simplemente te mantienen cómodo. Después racionalizas tus comportamientos: tienes una familia que mantener y no puedes asumir riesgos, eres demasiado viejo para cambiar de trabajo, no puedes adelgazar porque tu familia siempre ha sido gorda. Pasan cinco, diez y veinte años y te das cuenta de que tu vida ha cambiado muy poco. Te has estancado. Todo lo que queda es la esperanza de vivir los años que te quedan de la manera más resignada posible y esperar que un día alcances la seguridad completa.
Pero siempre habrá algo en el fondo de tu alma. Quizá una voz que te recuerde que esta no es la vida que querías vivir. Quiere más, mucho más. Quiere más dinero, quiere una relación apasionada, quiere que tu cuerpo esté en forma, quiere aprender nuevas habilidades, quiere ver el mundo, quiere tener amigos maravillosos, quiere ayudar a otras personas más necesitadas, quiere marcar una diferencia en el mundo. La voz te dice que vender escobas el resto de tu vida no es lo que querías. La voz se queja cuando te ves la barriga en el espejo o te ahogas al subir unas escaleras. Te dice que la razón por la que no harás nada decente en tu vida es porque tienes miedo. Y te niegas a escuchar.
Siempre estará ahí, recordándote tu mediocridad hasta que mueras lleno de arrepentimiento por lo que podría hacer sido.
Una vez leí una frase que me encantó:
“La gente no tiene miedo de morir; tiene miedo de no haber vivido”
¿Cómo vas a responder a esa voz que no parece callar? ¿Qué vas a hacer al respecto? ¿Qué haces cuando sientes esa sensación de que algo en tu vida no es lo que tendría que ser? ¿Cuál es tu método favorito para silenciarla? ¿Te enchufas a la tele o a la radio? ¿Trabajas horas interminables en un trabajo que no te dice nada? ¿Te empapas en alcohol?
Cuando lo haces, reduces tu nivel de consciencia. Te comportas como un animal asustado y te alejas de lo que significa ser un ser humano consciente. Reaccionas ante la vida en vez de hacer a la vida reaccionar ante ti. Caes en un estado de impotencia en el que empiezas a pensar que tus metas ya están fuera de tu alcance. Te conviertes más y más en un ratón, e incluso te convences de que no está tan mal después de todo, sobre todo teniendo en cuenta que todo el mundo parece estar de acuerdo al respecto. Te rodeas de amigos ratones y, cuando alguna vez encuentras a un ser humano completamente consciente, te cagas encima al recordar cuánto de tu coraje se perdió por el camino.