Archive for marzo, 2010
¿Para qué meditar?
Meditar de manera regular era uno de mis objetivos para este año, y estoy siendo constante en ello. Algunos lectores me han escrito pidiéndome que explicara cómo lo hacía yo. Como me gusta tener un mínimo de experiencia antes de hablar de cualquier cosa, he querido esperar un tiempo. En este primer artículo abordaré algunas cuestiones sobre los beneficios de la práctica de esta disciplina.
¿Para qué meditar?
Mucha gente se preguntará qué ventajas tiene la práctica regular de la meditación. Explicaré los beneficios con un contrajemplo.
Ayer saqué la moto del garaje. Llevaba apenas un par de semáforos cuando vi a un tipo que caminaba por la acera con un perro sin correa. Sin darme cuenta, comencé a proyectar en mi cabeza una película mental en la que me sumergí completamente. En la misma, el perro saltaba al asfalto al pasar yo por allí, se interponía en mi camino y me hacía caer. Una vez recuperado, inspeccionaba el estado de la moto. Tenía algunos rasguños, pero lo importante era que yo estaba bien. Me acercaba al dueño del perro y le decía que debía pagarme la reparación del vehículo. Él se negaba. Yo discurría una manera de solventar el asunto de la mejor manera posible.
De repente me di cuenta. Llevaba unos treinta segundos enfrascado en una película mental en la que caía por el suelo, me hacía daño y luego discutía con tipo que no me podía solventar la situación. Por un lado tenía la carga emocional asociada a todo aquel proceso mental. Por el otro, mientras yo estaba pendiente de aquel drama que se desenvolvía en mi cabeza, mi moto debía ser conducida de manera inconsciente. Si hubiera sido consciente de todo el proceso mental desde el primer momento, podía haberme ahorrado el drama y su impacto emocional y además hubiera conducido más seguro durante aquel tiempo, más pendiente de todo lo que sucedía a mi alrededor.
Este es sólo un pequeño ejemplo de un proceso que repetimos docenas de veces en una sola hora, y lo peor de todo es que a menudo pasa por debajo del radar, completamente desapercibido. En el futuro explicaré cosas sobre hipnosis, y cuando veamos el concepto de trance te darás cuenta de que el trance es un estado natural del que entramos y salimos infinidad de veces cada día. Cuando te sumerges en una de estas películas mentales, estás en un estado de trance. Los hipnotizadores estiman que un gran sector de la población circula por la vida en un estado que ellos llaman “de sonambulismo”. Es normal, por tanto, que luego salga en el telediario el caso de un hombre que metió en el maletero la cuna del bebé y salió disparado para descubrir, horas después, que su hijo había muerto asfixiado. En un extremo, tales pueden ser las consecuencias de circular en estado de trance por la vida.
La salida al eterno drama mental
A medida que uno va ganando en consciencia de sí mismo, va descubriendo y desentrañando este tipo de procesos mentales. En cuanto te despistas estás enfrascado en una película en tu cabeza que a menudo es desagradable. Por otra parte, la atención es un recurso limitado, y cuando estás inmerso en lo que está sucediendo en tu mente te estás perdiendo gran cantidad de información que llega del exterior y que te podría ser de gran utilidad si fueras consciente de ella.
El proceso mental es incansable. En cuanto te despistas comienzas a ver imágenes en tu cabeza, a dialogar contigo mismo o con otras personas a las que imaginas. A veces incluso tienes discusiones acaloradas con gente de tu entorno. Esas discusiones, de las que apenas eres consciente, modifican tu percepción sobre la persona con la que interactúas, de manera que la próxima vez que te encuentres con ella es muy probable que reacciones en función de la discusión que acabáis de sostener (en tu cabeza, recuerda).
Hace poco escuché a un tipo contar una historia. La historia era sobre un hombre que pinchaba una rueda en una carretera muy poco transitada. Tras cambiarla, ya de mal humor, pensaba en si debía continuar la marcha o volver sobre sus pasos hasta la gasolinera que había dejado 50 kilómetros atrás y tras cuya caja había un imbécil con una gorra. Al final decide regresar hasta esa gasolinera para que le reparen el pinchazo. Por el camino, empezó a pensar en cómo se desarrollaría el diálogo. Poco a poco, debido a su mal humor inicial, su enfado iba creciendo y el tono de la interacción iba escalando cada vez que la revisaba mentalmente. Al final, el hombre entró en la gasolinera y le gritó al empleado “¡Cállate y arregla la puta rueda!”.
Es increíble darse cuenta de lo común que es este patrón, en el que antes de hablar con alguien imaginamos una y otra vez cuál será su reacción y terminamos sobre reaccionando nosotros de entrada gracias a una acalorada película mental que no ha tenido lugar más que en nuestra imaginación en un inútil estado de ensueño. Aquí un ejemplo en forma de cómic de esta suerte de paranoia tan habitual.
Este tipo de ensoñaciones son muy peligrosas también cuando hablamos con alguien. No es difícil, mientras alguien nos está hablando, empezar a decirnos cosas a nosotros mismos. A menudo juzgamos a la otra persona, o juzgamos lo que nos está contando, o presuponemos detalles importantes que no están claros pero que nos apresuramos a completar en nuestra imaginación, o simplemente nos deslizamos en películas sobre lo que tenemos que hacer después y las consecuencias que se seguirán si no las hacemos. Mientras tanto, la persona que nos está hablando cree, inocentemente, que cuenta con nuestra atención. A partir de ahí surgen los malentendidos, los olvidos y las discusiones.
Estas películas mentales nos distraen, nos llevan lejos de lo que realmente está sucediendo, nos someten a un desgaste emocional inútil y sin sentido, distorsionan los hechos, evitan que recopilemos información fidedigna y nos ayudan a construir una realidad a menudo menos agradable de lo que debiera ser.
La meditación tiene por tanto muchos beneficios:
- Nos ayuda a ser más conscientes de estos y otros procesos mentales.
- Nos ayuda a estar en el aquí y en el ahora, inmersos en lo que está pasando y no en lo que estamos imaginando.
- Nos ayuda a separar la realidad de la ficción imaginaria.
- Nos ayuda a estar más centrados en nosotros mismos, evitando que nos perdamos en largas peroratas sin sentido.
- Nos ayuda a estar más tranquilos y relajados.
- Nos ayuda a ser más conscientes de nosotros mismos, de nuestros pensamientos, de nuestras emociones y del efecto que las películas mentales tienen sobre la realidad en la que vivimos y sobre aquellos que se relacionan con nosotros.
- Nos ayuda a redirigir toda esa energía mental hacia fines mucho más interesantes y más útiles.
- Nos permite estar a solas con nosotros mismos durante un rato al día.
Si te quieres conocer, pasa tiempo contigo mismo. Tan sencillo, o tan complicado, como eso.
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Puedes contactar con el autor aquí.
El coraje necesario para vivir tu propia vida (III/III)
Lo más difícil que tendrás que hacer en esta vida, es ser tú mismo.
“Todo el mundo tiene talento. Lo realmente difícil es seguir ese talento hasta los oscuros lugares a los que te llevará”
—Erica Jong
“El mayor coraje será necesario para mostrarte como realmente eres”
—John Lancaster Spalding
“Hagas lo que hagas, necesitarás coraje. Independientemente de lo que decidas hacer, siempre habrá alguien que te diga que estás equivocado. Siempre habrá dificultades que te inclinen a pensar que sus críticas son acertadas. Trazar un rumbo y seguirlo precisa del mismo tipo de coraje que precisa un soldado. La paz tiene sus victorias, pero necesita de hombres y mujeres valientes que las ganen”
—Ralph Waldo Emerson
¿Qué haces con ese coraje recién adquirido? ¿Adónde te llevará? Te permitirá llevar una vida mucho más satisfactoria y significativa. Empezarás a vivir como un ser humano valiente en vez de como un ratón huidizo. Descubrirás y desarrollarás tus mayores talentos. Empezarás a vivir más consciente y más deliberadamente de lo que nunca lo has hecho antes. En vez de reaccionar a sucesos, empezarás a planear y a crear tus propios eventos de manera proactiva.
El coraje es algo que, en el fondo, experimentarás en soledad. No es una victoria pública, sino una privada. Reunir el coraje para escuchar y perseguir tus deseos más profundos no es una actividad de grupo y no es algo que puedas acordar con nadie. El propósito de tu existencia es algo que deberás averiguar por ti mismo. Nadie en la tierra ha vivido tus experiencias y nadie tiene exactamente los mismos pensamientos que tú.
Por una parte, este es un hecho solitario. No importa si vives solo o con tu pareja, en lo más profundo debes enfrentarte a la idea de que tu vida es sólo tuya. Puedes elegir ceder temporalmente el control a otros, ya sea a una empresa, a tu pareja o a las presiones de la vida diaria, pero siempre has de aceptar la responsabilidad personal por tus decisiones y sus resultados. Da igual si asumes el control sobre tu vida completa o si simplemente reaccionas a las circunstancias, al final eres tú, y sólo tú, quien debe asumir las consecuencias.
Si continúas por el camino del coraje, al final te deberás enfrentar al que quizá es el hecho más aterrador de todos: que eres mucho más poderoso y capaz de lo que en algún momento creíste, que los límites de tu potencial están mucho más lejos de lo que alguna vez soñaste, y que con este poder viene una enorme responsabilidad. Quizá no seas capaz de solucionar todos los males del planeta, pero si te comprometes a desarrollar todo tu potencial, puedes influir en la vida de muchas personas, y esta influencia tendrá su continuación en futuras generaciones.
¿Qué te diferencia de todos esos personajes de los libros de historia? Ambos teníais muchos miedos en común. Ambos nacisteis con talentos y con carencias. Lo único que te detiene es el miedo, y lo único que te hará superarlo es el coraje. Lo que hagas con tu vida no depende de tus padres, de tu jefe o de tu pareja. Depende de ti, y sólo de ti.
Descubrir por un momento las posibilidades de tu propio potencial puede ser una experiencia inquietante, y es todavía más aterrador echar un vistazo a los retos que te esperan si decides seguir el camino. No es un camino fácil, pero probablemente sea el único que vale la pena. Todos sentimos miedo ante la idea de perseguir nuestros sueños y desarrollar nuestro verdadero potencial experimentando la victoria y el fracaso por el camino. Estás acompañado.
Abrazando la aventura
“Antes de embarcarte en un camino, hazte una pregunta. ¿Es este un camino con corazón? Si la respuesta es no, lo sabrás y deberás elegir otro camino. El problema es que nadie se hace esa pregunta, y cuando el hombre finalmente se da cuenta de que ha tomado un camino sin corazón, el camino está preparado para matarle”
—Carlos Castaneda
“La inacción alienta la duda y el miedo. La acción alimenta la confianza y el coraje. Si quieres conquistar el miedo, no te sientes en casa y pienses sobre ello. Sal a la calle y mantente ocupado”
—Dale Carnegie
A medida que entres en contacto con tu propósito vital, puede que sientas una incómoda desconexión entre tu vida actual y la visión hacia la que te mueves. Estos dos mundos te pueden parecer tan distantes que ni siquiera eres capaz de construir un puente mental que los une. ¿Cómo equilibrar la satisfacción de tus necesidades como ganar dinero para pagar tus gastos más básicos, agradar a tu jefe, conectar con tu familia y mantener relaciones sociales con personas que no pueden siquiera comprender lo que estás experimentando, y a la vez seguir avanzando hacia tu visión? Puede que en esos momentos descubras un nuevo capazo de miedos relacionados con la aventura que estás emprendiendo. ¿Cómo te mantendrás? ¿Qué harás con tus amistades? ¿Te estás volviendo loco?
Lo mejor que puedes hacer es olvidarte de siquiera tratar de construir un puente. Céntrate en ser esa persona que quieres ser desde este mismo momento. Probablemente esto creará una incongruencia temporal en tu vida, pero hazlo igualmente. Hazlo aunque sólo se trate de un par de horas a la semana. Empieza a caminar en tu propia dirección. Acostúmbrate a vivir en una paradoja. Crea un nuevo tú que viva en paralelo, al menos durante un tiempo.
Prepárate para afrontar todo tipo de dificultades. Eres parte de un sistema, eres una pieza que acaba de cambiar de forma de la noche a la mañana. El sistema completo debe reacomodarse al nuevo tú. Puedes estar seguro de que te meterás en problemas. El resto de piezas pretenderán seguir donde estaban. O cambian ellas o cambias tú y vuelves a estar donde estabas. Habrá idas y venidas, pero te saldrás con la tuya si perseveras.
Da igual lo difícil que te parezca, toma la decisión de vivir conscientemente. Evita sucumbir al reino de la vida semiconsciente dirigida por el miedo en un mundo lleno de distracciones para evitar enfrentarte a lo que sientes en esos espacios en los que tienes un momento para pensar en ti. Ejercita tu deseo humano y desarrolla tu coraje para enfrentarte a tus miedos más profundos para vivir como el ser poderoso que eres, o admite que tus miedos son demasiado para ti y abraza la vida como ratón. Pero toma esta decisión conscientemente y sé consciente de todas sus consecuencias. Si vas a permitir que el miedo gane la batalla de tu vida, entonces proclama ya su victoria y ahórrate la guerra. Si simplemente evitas vivir con coraje y de manera consciente, estás rindiéndote ante la vida, y tu existencia se resume a poco más que un periodo de espera antes de tu muerte.
Vive abrazando la aventura que la vida se supone que tiene que ser. Puede que estés en bancarrota. Puede que experimentes el fracaso y el rechazo una y otra vez. Puede que pases por algunas relaciones insípidas. Pero esto son sólo hitos en una vida vivida valientemente. Son tus victorias privadas. Da un paso adelante y siente el miedo, y luego reúne el coraje para perseguir tus sueños igualmente.
Eso es la fuerza imparable.
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Puedes contactar con el autor aquí.
El coraje necesario para vivir tu propia vida (II/III)
“La vida se contrae o se expande en proporción al propio coraje”
—Anais Nin
“Acumulas fuerza, coraje y confianza en cada experiencia en la que, de verdad, te detienes a mirar al miedo a la cara. Debes hacer aquello que crees que no puedes hacer”
—Eleanor Roosevelt
La salida del círculo vicioso del miedo se encuentra cuando uno reúne su coraje y se enfrenta a su propia voz interior. Vete a un lugar en el que te sientas a gusto y tranquilo y puedas escribir. Escucha esa voz y enfréntate a lo que te dice, no importa lo difícil que sea escucharla. Puede que no se trate de una voz, sino de imágenes o sentimientos. Puede que descubras que tu matrimonio ha estado roto los últimos diez años y que no has tenido el valor de enfrentarte a ello porque tienes miedo del divorcio. Puede que te diga que tienes miedo de empezar tu propio negocio porque vas a fracasar, y esa es la razón por la que sigues en un trabajo que ya no te motiva. Puede que te diga que ya te has rendido en tu meta de adelgazar porque ya has fracasado muchas veces antes y eres un adicto a la comida. Puede que te diga que tus amigos no encajan con tu manera de ver la vida y que sigues viéndolos porque tienes miedo de dejar un grupo de referencia y construir uno nuevo. Puede que te diga que siempre quisiste escribir sobre desarrollo personal pero estudiaste ingeniería industrial porque parecía más cómodo y seguro. Puede que te diga que estás desperdiciando tus talentos.
Trata de reducir lo que te dice esa voz a una o dos palabras. ¿Qué te dice? Vete. Deja el trabajo. Habla. Escribe. Baila. Haz ejercicio. Vende. Cambia. Deja ir. Pregunta. Aprende. Perdona. Diga lo que diga, escríbelo.
Ahora toca el difícil paso de hacerte consciente de que esto es lo que de verdad quieres hacer. Está bien si piensas que no es posible para ti. Está bien si crees que no hay una manera de que lo puedas hacer. Pero acepta que lo quieres. Cuando te mires la panza, admite que te gustaría tener un cuerpo en forma. Cuando te enciendas el próximo cigarro, admite que quieres dejar de fumar. Cuando encuentres a esa persona, admite que te encantaría estar con ella. Cuando encuentres a alguien que esté en paz consigo mismo, admite que te gustaría estar igual. Escapa de ese estado de negación. En su lugar admite que “Realmente deseo esto, aunque no siento que lo pueda hacer o conseguir”. Está perfectamente bien admitir que deseas algo que no puedes tener. Y desde luego estás completamente equivocado si crees que está fuera de tu alcance.
Lo primero: deja de mentirte y de hacer como que en realidad no lo quieres.
Pasa del miedo a la acción, incluso aunque esperes fracasar.
Ahora que eres consciente de que hay cosas a las que has tenido miedo de enfrentarte, ¿cómo te sientes? Es probable que sigas paralizado, incapaz de entrar en acción. Eso está bien. Cuando uno se enfrenta a este tipo de cosas, es normal encontrar que será necesario más coraje del que puedes reunir ahora mismo. Lo más importante que debes recordar es que el valor es una capacidad mental, no emocional. A nivel neurológico, significa que debes emplear el neocortex en tu cerebro para sobreponerte a los impulsos del sistema límbico. En otras palabras: debes utilizar tu inteligencia humana, tu lógica y tu voluntad para superar las limitaciones que heredaste como mamífero emocional.
Esto puede tener sentido, aunque se dice mucho más fácil que se pone en práctica. Tu lógica te puede decir que no estás corriendo ningún riesgo real si sales a un escenario a hablar frente a mil personas, pero el miedo aparece igualmente, y ese miedo imaginario te impide involucrarte en semejantes actividades. O puedes tener la certeza de que tu trabajo es un callejón sin salida y sin embargo no ser capaz de pronunciar las palabras “Lo dejo”.
El coraje, sin embargo, no precisa de acciones drásticas, sino que es una habilidad mental que puedes desarrollar. Es como un músculo que se puede desarrollar progresivamente. De la misma manera que uno no entra en el gimnasio el primer día y levanta cien kilos, no es posible atajar tus miedos más arraigados en un par de días.
Un método para entrenar tu coraje es similar al que seguirías en el gimnasio. Empieza por pesas ligeras y levanta cada vez más peso a medida que vayas haciendo músculo. Enfréntate a tus miedos más asequibles y ve levantando el listón poco a poco a medida que te sientas cada vez más capaz. Levantar cien kilos es fácil cuando ya has levantado noventa. Hablar delante de mil personas es fácil cuando ya lo has hecho delante de novecientas.
Escribe uno de los miedos a los que te quieras enfrentar. Después escribe diez variaciones de este miedo y ordénalas en función de la ansiedad que te produzcan. Estas diez variaciones serán tu juego de pesas. Por ejemplo puedes tener miedo de pedirle a alguien que salga contigo en una cita. El primer paso podría ser ir a un lugar público y sonreír a alguien que te resulte atractivo. Luego puedes sonreír a diez personas atractivas cada día. El último paso puede ser pedirle a alguien que salga contigo delante de todos sus amigos teniendo la certeza de que te va a decir que no (totalmente aterrador).
Si quieres superar un miedo, debes comprometerte a hacerlo. Debes dedicar energías y disciplina. Ve escalando en la lista y haciendo cada una de las cosas que te propongas. Si el siguiente paso de la lista te da demasiado miedo, puedes adaptar el gradiente para que te resulte más asequible, aunque asegurándote de que cada prueba es más difícil que la anterior. Si puedes levantar noventa kilos pero no cien, prueba a levantar noventa y cinco. Puedes repetir un paso varias veces si crees que te va a preparar mejor para el siguiente. Sé tu propio entrenador y entrena a tu propio ritmo asegurándote de que avanzas.
Siguiendo con este entrenamiento estarás consiguiendo dos cosas. Por un lado, estarás rompiendo la asociación entre miedo e inacción, y por otro estarás condicionándote para actuar con más coraje en futuras situaciones.
Un segundo método para desarrollar el coraje consiste en adquirir nuevos conocimientos y habilidades que te ayuden con un miedo concreto. Confrontar tus miedos directamente puede ser muy efectivo, aunque si tu miedo está relacionado con tu ignorancia o tu falta de habilidades, entonces puedes reducir o eliminar el mismo adquiriendo más información al respecto o entrenando alguna capacidad. Por ejemplo, si tienes miedo de empezar tu propio negocio aunque te encantaría, puedes dedicar un tiempo a leer al respecto, a informarte o a tomar cursos. Aprende cada vez más hasta que tengas la certeza de que estás preparado para hacer lo que quieres hacer. Este proceso puede ayudarte a actuar de manera más valiente y con más coraje una vez que finalmente te lances. Este método es especialmente apropiado cuando gran parte de tu miedo se debe a lo desconocido. A veces leer un libro o dos sobre un tema determinado puede disipar gran parte de tus miedos.
Además de estos métodos, hay muchos otros que te pueden ayudar a superar tus miedos, como la PNL, la desensibilización sistemática y la auto confrontación. En realidad, la manera en que aumentes tu coraje es irrelevante. Lo importante es que lo hagas de una manera consciente. Del mismo modo en que los músculos se atrofian si no se utilizan, el coraje se encoge si dejas de afrontar todos tus miedos. Si no ejercitas tu coraje de manera habitual, estás desarrollando tu miedo.
El miedo no es tu enemigo, sino una brújula apuntando a lugares que debes explorar para desarrollarte. Cuando encuentres un miedo, celébralo como una oportunidad para el crecimiento.
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