Submodalidades

Cada uno de nosotros dispone de cinco sentidos: vista, oído, tacto, olfato y gusto. En PNL, los inputs sensitivos se organizan en cinco categorías denominadas “modalidades sensoriales” o “sistemas de representación”, y son: Visual (V), Auditiva (A), Cinestésica (K) (del inglés, kinesthetic), Olfativa (O) y Gustativa (G). Generalmente, las modalidades olfativa y gustativa se agrupan dentro de la cinestésica porque suelen tener menor relevancia que las anteriores.

Las submodalidades, como su nombre indica, son los componentes de las modalidades. Es decir, son los ladrillos básicos con los que componemos la experiencia.

Por ejemplo, para describir una imagen mental, podemos decir que es en color o en blanco y negro, o que los colores son brillantes o apagados. Los sonidos pueden ser altos o bajos en su volumen, o pueden venir de una dirección en particular. Las sensaciones pueden estar en diferentes partes del cuerpo o tener diferentes temperaturas.

Todas estas pequeñas distinciones que podemos hacer en los recuerdos o proyecciones futuras, en cualquier tipo de experiencia mental, se denominan submodalidades, y determinan cómo interpretamos nuestras representaciones internas.

Por ejemplo, cuando estamos viviendo una situación que nos resulta agradable, las pupilas se dilatan y permiten que entre más luz en el ojo, lo que resulta en recuerdos más brillantes de lo que percibiría otra persona que, en la misma situación, se sintiera mal. En general, todos los recuerdos agradables son nítidos y brillantes.

El mundo ha conocido las submodalidades y trabajado con ellas desde hace mucho tiempo. Aristóteles, aunque no les daba ese nombre, se refería a ellas como las cualidades de los sentidos.

¿Por qué son interesantes las submodalidades? La manera en que representamos una experiencia en nuestra mente influye directamente en cómo la percibimos, en las emociones que genera en nosotros y en las reacciones que mostramos a partir de la misma. Si tenemos un recuerdo traumático, el mero hecho de cambiar conscientemente algunas de las características de la representación mental nos permite cambiar las emociones asociadas al recuerdo, y de alguna manera reescribirlo en nuestra memoria para evitar que nos continúe afectando en determinadas circunstancias. Un pequeño cambio en la manera de percibir un recuerdo puede tener consecuencias muy positivas en situaciones futuras relacionadas con el mismo.

En mi caso, he hecho ejercicios de este tipo en varias ocasiones y he terminado riéndome de recuerdos amargos, y también he visto a otros pasar por el mismo proceso. La modificación de submodalidades es una técnica fantástica y sorprendente cuando se trabaja con ella.

A continuación hago una pequeña lista de submodalidades para las modalidades visual, auditiva y cinestésica.


Visual

  • Blanco y negro o en color
  • Cerca o lejos
  • Brillante o apagada
  • Ubicación dentro de la pantalla mental
  • Tamaño de la imagen
  • Asociado o disociado: Esta submodalidad es muy importante y se refiere a si te puedes ver a ti mismo en la imagen o no. Si estás asociado, la imagen se observa desde tu propio punto de vista. Si estás disociado, te ves como un personaje más de la acción.
  • Enfocada o desenfocada
  • Imagen fija o película en movimiento
  • Imagen tridimensional o bidimensional


Auditiva

  • Volumen alto o bajo
  • Cerca o lejos
  • Interno o externo
  • Ubicación
  • Sonido rápido o lento
  • Tono alto o bajo
  • Tipo de ritmo
  • Claridad del sonido
  • Pausas


Cinestésica

  • Sensación intensa o suave
  • Ubicación en el cuerpo
  • Dentro o fuera del cuerpo
  • Textura de la sensación
  • Constante o intermitente
  • Temperatura de la sensación
  • Tamaño
  • Forma
  • Presión
  • Vibración

La submodalidad visual asociado/disociado es muy importante. En un recuerdo, si estás asociado, tus sensaciones serán mucho más intensas que si simplemente te ves como un personaje más de la acción. Si la persona se está enfrentando a un recuerdo muy emocional o traumático, puede ser ventajoso extraerlo de su propio punto de vista y hacer que se enfrente a la situación desde un punto de vista disociado. Esta aproximación se utiliza en la técnica para la cura rápida de fobias.

A continuación propongo un par de ejercicios para que puedas comprobar la potencia de alterar submodalidades.


Ejercicio 1:

Siéntate de una manera cómoda, cierra los ojos y evoca una imagen mental de una persona cuya compañía disfrutes. Cuando lo consigas, fíjate en las submodalidades. ¿La imagen es brillante o apagada? ¿Dónde se ubica en tu espacio mental? ¿Estás asociado o disociado? Una vez hayas terminado, rompe estado. Esto es, abre tus ojos, mira a tu alrededor y borra tu mente pensando en otra cosa.

A continuación repite el proceso, y esta vez piensa en una persona cuya compañía te resulte desagradable o incómoda. Observa la submodalidades. Una vez hayas terminado, rompe estado.

¿Qué submodalidades has visto que hayan cambiado de una imagen a la otra?

Normalmente empleamos, inconscientemente, las mismas submodalidades para todas las personas que nos resultan agradables, y las mismas para todas las personas que nos resultan desagradables. El conjunto de unas y otras submodalidades será diferente de alguna manera. Esta semejanza nos permite codificar nuestras experiencias y dar sentido a nuestros recuerdos y proyecciones hacia el futuro.

Jugando con esas submodalidades puedes hacer que una persona que te resulte desgradable te parezca más agradable, lo que en ocasiones puede ser útil.

Juega con las representaciones internas. Si, por ejemplo, la imagen de una persona que no soportas te aparece grande y muy cerca, prueba a hacerla más pequeña y a alejarla hasta una cierta distancia. Observa cómo te sientes después de hacerlo. Esa persona te puede seguir resultando desagradable, pero quizá te parezca ahora más tolerable. Si tu jefe te impone, puedes probar a disfrazarle de pitufo y a ponerle una voz aflautada. Hará tus experiencias de oficina mucho más divertidas.


Ejercicio 2:

Cierra los ojos y piensa en un recuerdo traumático. Observa las submodalidades y después rompe estado. Repite ahora el proceso con un recuerdo alegre. Observa las submodalidades y rompe estado. Después prueba a asignar las submodalidades del recuerdo alegre al recuerdo traumático. Si el recuerdo alegre era brillante y grande, cierra los ojos, accede de nuevo al recuerdo traumático y haz su imagen brillante y grande. Repite los pasos con las modalidades que más te hayan llamado la atención y observa cómo te sientes al hacerlo. Con esta técnica puedes revisar tantos recuerdos negativos como desees y hacerlos mucho más llevaderos.

Mucha gente, inconscientemente, hace lo contrario. Procesa sus recuerdos alegres haciéndolos pequeños, oscuros y lejanos, mientras que hace sus recuerdos desagradables más grandes y luminosos. Es un patrón de procesado de recuerdos altamente disfuncional y muy poco útil.

Estos dos ejemplos muestran que las submodalidades que utilizas para almacenar tus recuerdos dan significado a esos recuerdos. No puedes cambiar un suceso una vez ha tenido lugar, pero ajustando las submodalidades del recuerdo puedes cambiar la manera en que lo percibes y respondes al mismo. Esto también es válido para imaginar y visualizar sucesos futuros.