Sé proactivo

—Sólo quiero saber qué camino debo tomar —pregunta Alicia.

—Pues depende de adónde quieras ir tú —responde el gato.

—Eso no importa —responde Alicia.

—Entonces no importa el camino que escojas.

“Alicia en el país de las maravillas”

Hace diez o quince años compré un libro titulado “Cómo controlar la ansiedad antes de que le controle a usted”. Yo era de los que se ponía terriblemente nervioso comprando una empanadilla en la panadería. Tengo una mente ágil, y entonces la usaba para analizar los mil detalles de todo lo que estaba haciendo “mal” en cualquier situación cotidiana y llevarme a un estado inquietud extremo. A pesar de que a aquel libro no le saqué un partido especial, aprendí por primera vez un concepto que después volvería a ver en PNL y que ya entonces me resultó muy interesante: el espacio entre el estímulo y la reacción. En pocas palabras, este concepto explica que, como seres humanos, contamos con la capacidad de elegir la reacción que queremos mostrar ante un estímulo determinado. Tenemos flexibilidad de respuesta.

La mayor parte de la gente vive reactivamente, simplemente reaccionando a lo que sucede a su alrededor. Esta es una manera perfectamente válida y lícita de vivir, aunque se convierte en un problema cuando es la única de que disponemos. Aquel que vive reactivamente simplemente reacciona ante todo aquello que le sucede. Reacciona instintivamente a los estímulos, como un perro o como un gato, generalmente para alejarse del dolor sin tener en cuenta más variables o criterios.

Afortunadamente, para los seres humanos, existe un espacio entre el estímulo y la reacción, y es en ese espacio donde reside nuestra capacidad y flexibilidad para hacer elecciones. Cuatro capacidades humanas nos otorgan ese poder:

  • La percepción de ese espacio: La comprensión de que existe una opción a la hora de conectar un estímulo y una respuesta. Si alguien te insulta, puedes elegir permanecer tranquilo. Si todo el mundo corre despavorido, puedes elegir permanecer en tu sitio y mantener la calma.
  • Consciencia: La habilidad para decidir, en función de tus propios valores, lo que es correcto y lo que no. Puedes escoger hacer elecciones teniendo en cuenta valores personales perennes y sólidos, independientemente de lo que la sociedad opine al respecto.
  • Imaginación creativa: Posees la habilidad de visualizar e imaginar respuestas alternativas. Usando tu imaginación puedes, mentalmente, crear diferentes opciones para ti mismo y evaluar sus resultados.
  • Voluntad independiente: Tienes la libertad de elegir tu propia respuesta, independientemente de lo que otros esperen de ti. Eres libre.

La falta de proactividad puede encontrarse en la falta de aplicación o desconocimiento de alguna de estas cuatro habilidades. Quizá no sepas que existe un espacio entre estímulo y respuesta, o simplemente nunca te hayas parado a reflexionar sobre esta posibilidad. Quizá estás demasiado influido por el condicionamiento social hasta el punto en que ni siquiera sabes lo que es mejor para ti o lo que quieres en la vida. Cuando no te sientes bien por algo, miras a tu alrededor para saber cómo te tienes que sentir al respecto o qué es lo que tendrías que hacer ahora. Es posible que no te estés tomando el tiempo necesario para imaginar y crear alternativas a lo que estás haciendo con tu vida. En cuanto tienes un problema corres a tus amigos para que validen tu punto de vista o para que se unan a ti en tu crítica a esa persona que te ha hecho tanto daño. Quizá estás restringiendo tu voluntad al deseo de agradar a otros, cediendo a la presión de sus expectativas (padres, amigos, pareja…).

La gente reactiva tiende a estar desconectada de sus propios valores. En vez de gestionar su vida en función de una serie de valores sólidos e inamovibles, eligen valores temporales que toman de aquellos que les rodean. A menos que surjan oportunidades especiales, continuarán en el mismo trabajo un año tras otro mientras sea medianamente satisfactorio o mientras “no se puedan quejar”. Si la mayor parte de sus amigos hace algo, probablemente ellos hagan lo mismo. En caso contrario, no lo harán. Siguen la corriente de las circunstancias y de la gente que les rodea, pero no tienen ningún control sobre esa corriente. La mayor parte de sus vidas escapa de su control consciente. Sólo se paran a pensar en momentos traumáticos, e incluso en esos trances apenas harán gran cosa salvo quejarse y lamentarse. Mientras las cosas sean moderadamente aceptables, estarán contentos.

Utilizando una metáfora, si una persona reactiva estuviera al mando de un barco, el barco iría a la deriva con las corrientes. Su foco de atención se centraría en averiguar hacia dónde van las corrientes para tener una idea de dónde acabará el barco. Si la corriente es favorable, la persona estará feliz. Si la corriente es desfavorable, la persona se estresará y se preocupará sabiendo que su control sobre la situación es prácticamente inexistente. Su estado emocional dependerá de la dirección del viento. Si la persona elige un destino y las corrientes son favorables, el barco llegará a puerto. Si las corrientes son desfavorables, la persona las maldecirá y, resignada, cambiará su destino por otro que le resulte más accesible y se convencerá de que es ahí adonde quería llegar en primer lugar.

Por otra parte, la gente proactiva está en contacto con sus propios valores, y toma decisiones conscientes en función de los mismos, en función de lo que ellos entienden que está bien y que está mal. Buscan y crean sus propias oportunidades y deciden hacia dónde quieren llevar sus vidas. Incluso cuando todo va bien están tomando nuevas decisiones de manera consciente. En PNL se dice que todo lo bueno es susceptible de mejora, y este tipo de personas están enfocadas a la mejora continua. A veces sus valores se alinearán con los de la sociedad, y otras veces no lo harán. Dado que la gente proactiva se rige por sus propios valores, a menudo tomarán decisiones que resultarán extrañas para la gente reactiva. Pueden, por ejemplo, dejar sus trabajos de repente para empezar con otra cosa, incluso aunque pareciera que todo les iba bien. En ocasiones emprenderán nuevos proyectos y actividades aunque parezca que no hay ninguna motivación externa que lo justifique. La persona proactiva también reacciona ante los sucesos externos, pero se conduce a sí misma para llegar a sus objetivos a pesar de los acontecimientos.

Si una persona proactiva dirige un barco, entonces el barco va hacia donde ella decide. Esta persona presta atención a las corrientes pero con un interés para la navegación. En ocasiones el barco irá con la corriente y las cosas serán más fáciles; a veces tendrá que ir en contra y deberá hacer un esfuerzo extra. Independientemente de la dirección de las corrientes, el barco terminará alcanzando su destino. Las corrientes influirán en la hora de llegada y en el camino que se haya seguido, pero al final el barco llegará al puerto asignado. Las corrientes no tienen ningún poder sobre el destino final, sino que se trata de una elección del capitán.

El lenguaje es un reflejo de nuestra manera de pensar. La elección de las palabras que empleamos al hablar es un proceso inconsciente, y por tanto revela muy bien actitudes y perspectivas sobre la vida de cada uno. Escuchando hablar a una persona podemos identificar si se trata de alguien reactivo o proactivo:

  • No tengo tiempo para hacer ejercicio / ¿De dónde puedo sacar tiempo para hacer ejercicio?
  • Intentaré hacerlo y veré qué pasa / Lo haré
  • Mi pareja jamás me permitirá hacer algo así / ¿Cómo puedo hacer esto a pesar de mi pareja?
  • No puedo porque… / Quiero encontrar la manera de…

En general, la gente reactiva se pierde en justificaciones y en culpar a los demás de las circunstancias de su vida, mientras que la gente proactiva se centra en las soluciones y en buscar la manera en que terminarán haciendo aquello que quieren hacer. Para el que no quiere hacer algo, todo son excusas. Para el que no sabe adónde va, cualquier camino es bueno.

La gente reactiva se preocupa mucho de lo que hacen los demás. Normalmente quieren trabajar en un puesto “estable” en una “buena” área de actividad económica, y se ven a sí mismos a merced de los vaivenes del mercado. Si deciden empezar un negocio es porque han visto a muchos otros hacerlo antes y se quieren unir al grupo. Quieren saber qué está funcionando para hacer algo parecido. Si fracasan, es porque la economía no va bien, o porque hay demasiada competencia, o por algún azaroso factor externo que les ha dado la espalda. Para la gente proactiva, los acontecimientos externos sólo influyen en el tiempo de la travesía y en la trayectoria de la misma, pero no deciden cuál será el final del viaje. Eso lo deciden ellos. La gente proactiva también se ve, como todos, afectada por las corrientes, pero siguen ajustando la trayectoria para llegar al lugar deseado.

La gente reactiva tiende a tener una mano en el timón de su barco y otra mano en el timón del barco de otro. A menudo dicen a otros lo que tienen que hacer mientras ellos hacen lo contrario. La gente proactiva tiene las dos manos sobre el timón de su propio barco y permiten y animan a los demás a hacer lo propio.

Por supuesto todos tenemos una mezcla de proactividad y reactividad. Ejemplos extremos de un caso u otro son escasos. Puede que seas proactivo en unas áreas de tu vida mientras que en otras no prestes demasiada atención a lo que sucede. Te aconsejo que te tomes tu tiempo para revisar tus circunstancias y elijas hacer algo diferente de una manera creativa. Plantéate objetivos y comprométete contigo mismo para llegar hasta allí a toda costa. Si no te gusta el lugar al que te están llevando las corrientes, cambia de rumbo. No esperes a que sucedan las cosas; haz que sucedan.

No esperes que la gente reactiva en tu vida lo comprenda; es incluso probable que al principio se opongan con mayor o menor intensidad. En ese caso, impón tu propia voluntad sobre tu propia vida; estás en tu derecho. Puede que al principio sientas que estás nadando contra corriente. Si las corrientes te están llevando a un lugar que te desagrada, entonces estar nadando contra corriente es una buena señal.

Reflexiona un par de tardes y pregúntate hacia dónde estás yendo. ¿Hacia dónde te está llevando la corriente de tu vida? Y si sigues así, ¿dónde estarás en cinco años? ¿Y en diez? ¿Y en veinte?

“Si no tienes tus propios planes, terminarás siendo un peón en los planes de los demás”

—Anthony Robbins